Djo

Djo –
Twenty Twenty

Twenty Twenty supone un gran esfuerzo como primer álbum de Joe Keery en solitario bajo el alias de Djo. Es un trabajo ingenioso y con el punto justo de seriedad. Ciertamente, hay un fuerte apego por el dream-pop y la psicodelia, pero no lo suficiente como para que los recursos utilizados huelan a rancio. Una de las sorpresas del año.

A pesar de ser más conocido como Steve Harrington, el melenas rompecorazones de la popular serie Stranger Things, Joe Keery nunca ha escondido poseer una interesante faceta musical. Antes de dar vida al personaje de Steve Harrington, Keery fue guitarrista de la banda de rock psicodélico Post Animal, con la que grabó su primer álbum de estudio y participó en labores guitarrísticas y vocales en el segundo trabajo del grupo.

Un paso adelante en su carrera artística

Desde el primer momento, Joe Keery ha mostrado gusto por un sonido de atmósferas envolventes y melodías ensoñadoras de aires neopsicodélicos.

Sin embargo, Keery ha ido más allá y el pasado mes de septiembre veía la luz Twenty Twenty, su ópera prima como solista con el sobrenombre de Djo. Y, por si fuera poco, sin apoyo de multinacionales ni farragosas estrategias de marketing: un claro ejemplo de estos tiempos donde las barreras que existían antaño entre artista y mercado cada vez están más difuminadas.

Este verano pudimos probar un pedacito con tres adelantos que llevaban por título “Roddy”, “Chateu (Feel Alright)” y “Mortal Projections”, en los que ya se empezaba a intuir la dirección que tomaría el álbum apostando por un sonido de atmósferas envolventes y melodías ensoñadoras de aires neopsicodélicos.

Con la publicación del disco al completo, constatamos el marco sonoro que pudimos observar en aquellos tres singles y, además, notamos como el artista ha desarrollado esas ideas llevándolas a un nuevo nivel. En Twenty Twenty nos sumergimos en el universo musical de Joe Keery a través de doce pistas de un colorido indie-rock que se acerca en gran parte tanto al sonido característico del dream-pop como a la psicodelia sesentera y el prog-rock setentero.

Actor y músico multidisciplinar

En Twenty Twenty nos sumergimos en el universo musical de Joe Keery a través de doce pistas de un colorido indie-rock que se acerca en gran parte tanto al sonido característico del dream-pop como a la psicodelia sesentera y el prog-rock setentero.

Pero su papel en el proyecto no se centra exclusivamente en las letras y la composición, sino que el propio Keery se ha encargado también de la producción y de la mezcla del LP. Y ahí es donde Djo llama más la atención. 

Twenty Twenty está cargado de abundantes giros en la producción y exhibe una gran diversidad estilística entre las canciones, algo que dice mucho de su talento no sólo como músico, sino también como productor. De esta manera, Keery demuestra ser un artista camaleónico al que le gusta deformar géneros y cambiar constantemente de registro instrumental.

Pero vamos a desmenuzar el meollo de la cuestión. Keery tiene muy clara su intención de disociar su personaje de Steve Harrington del álter ego musical que se ha creado. Es decir, Djo. Ese aura de misterio que enseña en las fotos de prensa luciendo gafas oscuras y un grueso bigote evidencian que no se trata del mismo chaval que vive en el terrorífico pueblo de Hawkins.

Fotografía: Simone Faoro

Ambientes hipnóticos y giros interesantísimos

Joe Keery tiene muy clara su intención de disociar su personaje de Steve Harrington del álter ego musical que se ha creado. Es decir, Djo.

Pero Keery es medio enigmático y medio travieso, un tono que marca en el disco con la irónica obertura de cuarenta y ocho segundos de “Showtime”. En ella, unos débiles acordes de guitarra se cortan en seco para dar paso a una voz que repite “Es la hora del show”

Y el show no puede empezar de mejor manera que con una “Personal Lies” construida en dos partes bien diferenciadas. Empieza con un riff eléctrico que se mantiene a lo largo del tema, hasta que sobre la mitad deriva en un estallido abrupto de sintetizadores que hacen honor al prog-rock más setentero mientras el riff languidece. 

Seguimos la misma senda en el mundo místico creado en “Tentpole Shangrila”, repleta de efectos lisérgicos y guitarras dreamy que se llenan de fuzz recordando la inspiración de Tame Impala. Todo está conducido por unos juegos vocales modulados que convierten la producción de la pieza en pura fantasía. 

A continuación, “Just Along for the Ride” arranca con un riff nirvanero que se alterna con elementos electrónicos y esa guitarra dreamy siempre presente para concluir con un sorprendente sintetizador que Djo utiliza a modo de nexo con el single “Chateu (Feel Alright)”, donde la nostalgia y la melancolía son las protagonistas en un estribillo en el que Keery suspira:

“So I turn back the time
I’m at the chateau and I feel alright”
 

Imaginario musical verdaderamente amplio

Twenty Twenty está cargado de abundantes giros en la producción y exhibe una gran diversidad estilística entre las canciones. De esta manera, Keery demuestra ser un artista camaleónico al que le gusta deformar géneros y cambiar constantemente de registro instrumental.

Con otro de los singles, “Roddy”, llegamos al ecuador del álbum. Aquí me llegan los ecos de las guitarras lánguidas de Mac DeMarco y vuelve a destacar el excelente olfato de Keery como productor con un uso intenso de reverb, distorsiones vocales conducidas por sintes y un ritmo de batería constante. 

Enfilamos la segunda mitad de Twenty Twenty con “Ring”, un crossover de Lou Reed y David Bowie en el que se pueden establecer paralelismos en las guitarras de Ziggy Stardust o la Velvet fusionadas con una voz robotizada y monótona que recita la lírica con apatía. 

Una vez más volvemos a percibir las grandes influencias del rock sinfónico setentero en “BNBG”, una estupenda pieza comandada por sonidos espaciales de sintetizador que dialogan con los de Pink Floyd o Emerson, Lake & Palmer. 

En “Mortal Projections”, tercer adelanto extraído de Twenty Twenty, la atmósfera dreamy imperante en todo el proyecto se vuelve más oscura y ganan fuerza las melodías de sintetizador tenebrosas que podrían situarnos perfectamente en los episodios de Stranger Things.

Sin trampa ni cartón

En este álbum, Keery despliega toda su personalidad y consigue que la música hable por sí misma sin beneficiarse de sus demás logros artísticos.

A continuación, una genial simbiosis de sintes a lo Daft Punk y riffs guitarreros de acento funk se dan cita en “Total Control”. El ritmo se acelera en “Flash Mountain”, donde los teclados ceden el protagonismo a unas guitarras poderosas y a una batería de cadencia punk que hace vibrar toda la canción hasta un estallido frenético de percusión, guitarra y sintetizadores hacia la mitad. Por último, Mutual Future (Repeat)” cierra el disco al ritmo de unos sutiles acordes de guitarra y bajo a los que se une un tintineo de sintetizador y un ritmo básico de batería. 

Lo que viene a decirnos Twenty Twenty a la cara es que Joe Keery es un músico de muy alto calibre, que no debería necesitar otros esfuerzos para llamar nuestra atención. En este álbum despliega toda su personalidad y consigue que la música hable por sí misma sin beneficiarse de sus demás logros artísticos.

A nosotros sólo nos queda esperar que pueda seguir haciendo malabares para combinar la actuación con su faceta musical y que podamos disfrutar de su talento en ambos campos.

error: ¡Contenido protegido!