Angel Olsen

Angel Olsen –
All Mirrors

Angel Olsen vuelve con un disco tremendamente audaz, sensible y diferente a todo lo ofrecido hasta el momento. Entre tanto dramatismo, sentimiento a flor de piel y precisión a la hora de configurar cada una de las piezas con que construye sus canciones, All Mirrors exhibe su mayor virtud al ser capaz de enamorarnos una y otra vez sin caer en la autoparodia ni el histrionismo.

Que Olsen es una artista que crece con cada álbum es algo fuera de toda duda. Lo que quizá teníamos menos claro es cómo iba a intentar superarse tras el pico mediático y cualitativo que supuso MY WOMAN (2016). La de Misuri ha gozado siempre de buena reputación en eso que llamamos ‘prensa especializada’: desde el folk íntimo de Half Way Home (2012) que más tarde reforzó con una actitud rockera a lo Patti Smith en Burn Your Fire for No Witness (2014) hasta llegar a un incontestable MY WOMAN que mezclaba con acierto e inspiración el indie-rock noventero con un folk menos descarnado y, más que nunca, el gancho pop necesario para defender su música en cualquier festival masivo. Una trayectoria así, unida a su reciente colaboración con Mark Ronson, hizo que no pocas voces en los medios culturales se aventurasen a pronosticar un giro en el próximo disco de Angel Olsen que confirmase su apuesta definitiva por el pop más comercial. Bien, All Mirrors acaba de publicarse y el resultado no podría estar más alejado de lo que debería ser el disco de una estrella del pop.

Creciendo desde el desorden

En All Mirrors encontramos a la chica frágil que pone toda su seguridad en el afecto de un amante idealizado, pero también a la mujer despechada de carácter robusto y actitud dramática ante lo que acontece y, en términos talebianos, la personalidad antifrágil de quien no ha tenido más remedio que asimilar cada golpe y seguir adelante.

Si bien la temática del álbum vuelve a tener su origen en los conflictos personales y el desamor, no podemos dejar de advertir un crecimiento y un paso adelante en All Mirrors. Tanto la forma de construir sus canciones, como el modo de presentar relato (casi siempre parco en palabras) revelan que no estamos ante la misma chica indie-folk de 2012. De hecho, a veces es difícil saber ante qué Olsen estamos.

El disco nos ofrece varias caras, a menudo antagónicas, de la misma persona: la chica frágil que pone toda su seguridad en el afecto de un amante idealizado, la mujer despechada de carácter robusto y actitud dramática ante lo que acontece y, en términos talebianos, la personalidad antifrágil de quien no ha tenido más remedio que asimilar cada golpe y seguir adelante. 

Fotografía: Cameron McCool

Imposible no emocionarse

All Mirrors marca, sin duda, un alto en el camino. Olsen ha trabajado intensamente para ofrecernos algo que apenas tiene que ver con nada de lo que hasta hoy conocíamos de ella. Una jugada arriesgada que se muestra de lo más acertada y audaz en sus consecuencias.

I’m not in fear without you. And it’s not because I don’t love, just don’t have time to explain all the things you think you’ve come to understand about me canta con ternura Olsen en la brillante “Tonight”, quizá acordándose de su ex o de gente como yo que nos ponemos a psicoanalizarla sin tener ni idea de nada.

El caso es que All Mirrors marca, sin duda, un alto en el camino. Olsen ha trabajado intensamente para ofrecernos algo que apenas tiene que ver con nada de lo que hasta hoy conocíamos de ella. Y precisamente ésa parece haber sido la intención, sobre todo si tenemos en cuenta que la estadounidense prescindió de las grabaciones de folk acústico que inicialmente iban a conformar este álbum para llevárselas a su productor John Congleton y registrarlas desde cero con la colaboración del compositor Ben Babbitt, el arreglista orquestal Jherek Bischoff y una sección de cuerdas de doce piezas que, entre otros instrumentos y recursos sonoros, han catapultado su sonido a otra dimensión. Una jugada arriesgada que se muestra de lo más acertada y audaz en sus consecuencias, aunque algunos de sus fans puedan sentirse algo abrumados ante el giro cósmico de la estadounidense.

Caras, a menudo antagónicas, de la misma persona

La autoaceptación y enfrentarse a todas las caras (normalmente contrapuestas) que el espejo puede devolvernos, es, en cierto modo, el leitmotiv del LP. La falibilidad del ser humano y lo improbable de una entrega sincera a otra persona marcan, en gran parte, el contenido narrativo de All Mirrors.

Yo mismo era uno de esos fans aburguesados que en lugar de este laberinto dramático y embriagador esperaba encontrar un MY WOMAN 2.0: ¿para qué moverse un ápice de la fórmula de uno de los discos que más he escuchado en el último lustro? Confieso que traté de resistirme, no podía aceptar un disco que no me las devolviera cortitas y al pie; eso era exactamente lo que había terminado de convencerme de Olsen en su último disco. Menos de veinte segundos de “Lark” fueron suficientes para cambiar mi predisposición: ¿qué puedo hacer yo si tiene una voz que hipnotiza? Ahora podéis pensar que soy un chico fácil y que el crescendo es un truco muy simple, más viejo que la tos y que, para mayor escarnio, es imposible no verlo venir. Sólo puedo alegar que en Olsen es un recurso realmente efectivo, aquí las cosas simplemente funcionan y su música te arrolla sin que puedas hacer nada.

Otro tanto de lo mismo podría decir de “All Mirrors” (la canción), confirmando el tono dramático del álbum y la actitud artie en un tema que nos habla de autoaceptación y de enfrentarse a todas las caras, normalmente contrapuestas, que el espejo puede devolvernos. En cierto modo, ése es el leitmotiv del LP y es fácil rastrear una especie de conversación de la compositora consigo misma entre varias piezas del álbum. Como cuando desde el pop barroco de “Spring” habla de dejarse llevar, dando por sentado el amor en una relación (I’m beginning to wonder / If anything’s real”), para después recibir su oportuna regañina y una buena ración de reproches y te-lo-dije’s en “What It Is”, cuya asertividad se ve traducida también en la sección instrumental y el pulso del tema. Estas reflexiones sobre la falibilidad del ser humano y lo improbable de una entrega sincera a otra persona van a marcar, en gran parte, el contenido narrativo del disco.

“It’s never easy to admit
That maybe you just want
Just to feel something again
You just wanted to forget
That your heart was full of shit”

Sofisticación pop y sentimiento

Uno de los mayores éxitos de All Mirrors es que su disco más reflexivo, dramático y denso sea, por encima de todo, una joya pop de tan alto quilataje. Las canciones te atrapan en cada escucha, las cuerdas nunca ejecutan dos veces el mismo papel y su voz es simplemente fantástica.

Por supuesto, las melodías no van a desaparecer por completo; en realidad nunca lo han hecho, pero tenemos momentos que destacan especialmente por su concreción como “Too Easy”, donde se lanza al dream-pop encajando en un esquema más minimalista las texturas sintéticas de este álbum sin que la elegancia deje de ser una constante. Otro ejemplo lo podemos ver en la sensual “New Love Cassette”, uno de los momentos más poperos del trabajo, con unas cuerdas que aparecen hacia el final de la pieza para devolver a Olsen algo de esa apariencia clásica que tan bien le sienta. Tampoco podemos olvidar aquí “Summer”, el tema que mejor enlaza All Mirrors con su predecesor, haciendo resonar su guitarra añeja en el ambiente rico y reverberante que ha dispuesto para este LP.

Endgame” apenas ofrece nada nuevo a lo visto, pero mantiene la tensión dramática y el excelente cuidado de cada detalle en la producción preparando el terreno para la final “Chance”. Olsen se despide abrumándonos una vez más al tiempo que cierra el círculo que une este chamber-pop que se mira tanto en Scott Walker con esos primeros temas (como “The Waiting”) en los que nos conquistó con el vibratto de una voz que podríamos ubicar en los años cuarenta del siglo pasado: imposible no emocionarse. Y es que, al final, uno de los mayores éxitos de All Mirrors es que su disco más reflexivo, dramático y denso sea, por encima de todo, una joya pop de tan alto quilataje. Las canciones te atrapan en cada escucha, las cuerdas nunca ejecutan dos veces el mismo papel y su voz es simplemente fantástica.

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