Novio Caballo

Novio Caballo –
Novio Caballo

Uno de los discos más extraños que vas a escuchar en 2019, for real. Canciones que parecen pasar de toda recomendación que pudiera hacer cualquier productor sobre buen gusto, mezcladas con la agresividad de Triángulo de Amor Bizarro o El Columpio Asesino y, a veces, esa vena festiva al más puro estilo de Viva Suecia. Un cóctel molotov que llega con garantías de explotarnos en la cara.

Novio Caballo son uno de esos disparos en la cara que de vez en cuando recibe la industria musical. El quinteto de Castellón tiene una curiosa manera de hacer música. Agresiva, pero pachanguera a la vez. Con trazas de noches de fiesta en locales plagados de flash, pero también con la energía que reverbera en una sala de conciertos underground. Aunque la realidad es que este su primer disco homónimo ha llegado acompañado de una gira por escenarios de renombre como el del Festival Internacional de Benicàssim, el del Ebrovisión o el Festival Gigante.

El BoJack Horseman del indie español

El quinteto de Castellón tiene una curiosa manera de hacer música. Agresiva, pero pachanguera a la vez. Con trazas de noches de fiesta en locales plagados de flash, pero también con la energía que reverbera en una sala de conciertos underground.

Así son Novio Caballo: una contradicción en sí mismos, al igual que su nombre. Dos palabras que parecen no encajar muy bien, pero que finalmente terminan encontrando su lugar en el engranaje de toda su propuesta. Un nombre que, por cierto, se han apropiado de la novela gráfica Mi Novio Caballo, de clara influencia bojackhorsemaniana (una de las mejores y más intensas series de animación, además de inteligente y crítica con la sociedad y la adultez, que nos podemos echar a la cara).

La paradoja espacio-temporal que nos transporta a esos anocheceres en antros bailando está en su misma carta de presentación, donde explican que su proyecto artístico pretende “aportar su granito de arena a la noche, la fiesta y al revival del bacalao, y también a devolver a la música la irreverencia, el sudapollismo ilustrado y la lujuria”. Casi nada.

Fotografía: Promo

Irreverencia, sudapollismo ilustrado y lujuria

Por momentos, Novio Caballo se ponen duros y agresivos como Triángulo de Amor Bizarro o El Columpio Asesino. En cambio, otras veces transitan rutas más tranquilas utilizando ese spoken word que remite al estilo de León Benavente e, incluso, a los sevillanos Pony Bravo, pero también a grupos revientafestivales como Viva Suecia.

Sudapollismo. Ahora vamos encajando las piezas. Como en “Mi Arte”, donde mezclan su letra más loca (y la palabra “performance”) dentro de una vorágine de potentes ritmos discotequeros que recuerdan tanto a León Benavente como a PUTOCHINOMARICÓN. No es casualidad, ya que a los mandos de la producción está Carlos Hernández, conocido por su trabajo con Triángulo de Amor Bizarro, pero también con otras bandas como Los Planetas o Viva Suecia. Todo eso se nota, y mucho, pero no adelantemos acontecimientos. 

En “Jesús es Negro” se nos viene a la mente de inmediato la energía de Kitai, pero también esos ruiditos de sintetizadores y esas voces con vocoder que podrían aparecer en alguna canción de Hidrogenesse u Ojete Calor. Por otro lado, nos invita a crear una imagen mental de una versión nigga de Jesús a través de su animada base de techno-pop. Hitazo.

La consigna de repetir ciertas letras parece una seña de identidad en Novio Caballo y así vuelve a ocurrir en “Lento”, un tema que evoca esta vez a Triángulo de Amor Bizarro o El Columpio Asesino a través de una letra muy afilada y poderosos leads de sintetizadores de lo más makineros.

Caos y frescura

Este misterioso proyecto resulta de lo más polifacético, con potentes estribillos diseñados para bailar a lo grande en festivales o, incluso, clubs de electrónica.

Fiesta” sigue la misma línea, donde sacan a pasear también guitarras y cajas de ritmos más techno. Pero cuando parece que los deseos hedonistas y espídicos de esta canción están por desbordarse, llega el punto de humor con “pero tu prima no quiero que venga, pero al final aparecerá, algún capullo se lo dirá” en lo que es el corte más completo de todo el ¿EP?, ¿álbum corto?, ¿microdisco? Además, mención incluida a sus (intuimos que) amigos Los Bengala.

Y es que este misterioso proyecto resulta de lo más polifacético, con potentes estribillos diseñados para bailar a lo grande en festivales o clubs de electrónica. Las cajas de ritmos no parecen abandonarnos en ningún momento, con excelentes momentos en “Año Vegano”. A veces, las letras muestran ciertos toques ácidos y, en otras ocasiones, simplemente se dejan llevar por la fantasía que sugiere su música, por lo que no parece que haya ningún hilo conductor que encauce la temática del álbum.

Sin embargo, es en ese caos donde mejor se desenvuelven. A veces se ponen duros y agresivos y, en otros momentos, transitan rutas más tranquilas utilizando ese spoken word que remite nuevamente al estilo de la formación de Abraham Boba e, incluso, a los sevillanos Pony Bravo, pero también a grupos revientafestivales como Viva Suecia. Así ocurre en “1985”, donde dan una lección de frases cero sesenta acerca de las rupturas amorosas ideal para fans de Ojete Calor.

Para un roto y para un descosido

La mayor virtud de Novio Caballo es que lo mismo podrían sonar en una radio comercial (que deje espacio a sonidos no latinos) gracias a algunas de sus canciones con mayor pretensión de hit que, al contrario, se convierten en los nuevos ídolos del techno-petardeo.

Y es que no creáis que resulta fácil definir a este conjunto, que utiliza a su antojo elementos de la música más comercial de guitarras y sintetizadores con las bases más vintage que nos podamos echar a la cara. Por ejemplo, en “No Me Calienta” y en “Isla” tiran de oscuros riffs de guitarra cargados de efectos que nos llevan de viaje a un sitio muy diferente al que habíamos ido al comienzo del álbum.

Y esa quizá sea la mayor virtud de Novio Caballo. Que lo mismo te valen para un roto que para un descosido. Lo mismo podrían sonar en una radio comercial (que deje espacio a sonidos no latinos) gracias a algunas de sus canciones con mayor pretensión de hit (“Isla”) que se convierten en los nuevos ídolos del techno-petardeo con su “Jesús es Negro” o con  “No Chupar, No Amor”, canción de explícito título que cierra el disco.

Así es la nueva apuesta de Mushroom Pillow, discográfica que precisamente tiene en nómina a otros pesos pesados nacionales de estilo similar: Triángulo de Amor Bizarro y El Columpio Asesino, con quienes no dudan en trenzar comparaciones en su nota de prensa. No obstante, quizás se les ha olvidado mencionar su faceta más ‘comercial’, en la que también se desenvuelven sorprendentemente bien. Una propuesta bien fresca a seguir de cerca si estás necesitado de novedades en el panorama.

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