Deathspell Omega

Deathspell Omega –
The Furnances of Palingenesia

Una tremenda apología al caos reinante, a la destrucción de la esencia del hombre proveniente de su libertad, a la deconstrucción política y la creación de un ‘Nuevo Orden’ que impondrá su idea con el objetivo de dar forma a la verdad. Una radical distopía, un nuevo mundo tan perfecto que deshará al hombre.

Con origen en la pequeña ciudad de Poitiers, en el centro de Francia, Deathspell Omega comienzan su periplo musical en 1998. Se formaron a partir de miembros de Hirilorn, otro grupo fundado en 1994 cuando alguno de sus miembros tan sólo contaba con quince años de edad. La nueva banda comenzó su carrera en 1999 con el EP Disciples of the Ultimate Void, en el que no dejaron entrever demasiada originalidad con un sonido que ya había sido usado por otras bandas de su mismo estilo: el criticado y repudiado black metal.

Un impulso para el black metal

The Furnances of Palingenesia mezcla un oscurantismo musical extremo con un sonido vanguardista, disonante y atópico que ninguna otra banda de la faceta mas oscura del metal ha conseguido desarrollar.

Hasta 2004 no dan muestras de un estilo propio o de capacidad artística, lanzando ese mismo año el primer álbum de una trilogía que tiene como contenido un satanismo plagado de justificaciones filosóficas, metafísica y nihilismo, así como una amplia crítica a Dios, a la iglesia y a la relación de ambos con el hombre Considerada de culto en los núcleos más fanáticos del black metal, la trilogía comienza con Si Monumentum Requires, Circumspice (2004), que toma su nombre del epitafio de Christofer Wren (arquitecto de la Catedral de San Pablo en Londres), continúa con FAS – Ite, Maledicti, in ignem Aeternum (2007) y finaliza con el enigmático y esotérico Paracletus (2010).

Estos macabros y descabellados trabajos dieron origen al sonido que nos vamos a encontrar en The Furnances of Palingenesia, mezclando un oscurantismo musical extremo con un sonido vanguardista, disonante y atópico que ninguna otra banda de la faceta mas oscura del metal ha conseguido desarrollar. Épicos riffs disonantes ocultos en cambios de ritmo extremos y compases totalmente inusuales son los ingredientes de un experimento que no ha hecho sino dar alas al black metal dentro de la música de culto.

Una ideología extrema

No estamos ante un álbum de black metal al uso; no existe homogeneidad rítmica, no es una producción lo-fi, el contenido lírico es comprensible y, en ciertos momentos, se sitúa más próximo al death metal.

A mayores del vanguardista estilo musical y la estructura ideológica de Deathspell Omega, hay que añadir que algunos de los puntos más misteriosos de la banda se encuentran en los integrantes del grupo. Se desconoce la identidad del percusionista (de los mejores dentro del género). Se sospecha que uno de los compositores más conocidos de synth-wave, Franck Hueso a.k.a. Carpenter Brut, es el productor de Deathspell Omega, como afirmó Tobias Forge (Ghost) a la revista Loudwire. Además, la banda se divide en un primer círculo que considera enemigos ideológicos a los miembros del segundo círculo, con los que colaboran sólo por su maestría musical y no por formar parte del colectivo ideológico.

Todos estos detalles, sumados al hecho de que no dan apenas conciertos, que sólo han concedido una entrevista en quince años y que carecen incluso de página web, posicionan a Deathspell Omega entre las formaciones más misteriosas de la historia del rock (al nivel de agrupaciones como Golem, la banda que nunca existió).

Dentro de lo que es género, no estamos ante un álbum de black metal al uso; no existe homogeneidad rítmica, no es una producción lo-fi, el contenido lírico es comprensible y, en ciertos momentos, se sitúa más próximo al death metal. Las oscuras melodías vampíricas o folclóricas se sustituyen por cadencias más próximas al nihilismo y a la metafísica mediante elementos disonantes, aunque siempre conservando ese toque tenebroso. Por lo tanto, hayamos o no degustado el aroma y sabor de este renegrido género, hay que hacer un ejercicio de meditación antes de presionar el botón de play, siendo conscientes de que vamos a necesitar varias escuchas, varias lecturas del contenido lírico y, sobre todo, una mente abierta a consumir estos sonidos desde un punto de vista experiencial más que con el objetivo de entretenerse, sentirse identificado o pasar un rato agradable.

Un abanico de posibilidades muy amplio

Las oscuras melodías vampíricas o folclóricas se sustituyen por cadencias más próximas al nihilismo y a la metafísica mediante elementos disonantes, aunque siempre conservando ese toque tenebroso. Por lo tanto, hayamos o no degustado el aroma y sabor de este renegrido género, hay que hacer un ejercicio de meditación antes de adentrarse en la escucha.

Una vez asimilada la naturaleza y el objetivo del álbum, nos adentramos en los prolegómenos de un trabajo que está estructurado como una especie de discurso del líder de una distopía: ‘La Orden’. Abre con un despiadado título, “Neither Meaning nor Justice”, narrando la creación de un paraíso a la inversa, Nede (morfológicamente inverso al Edén). Un mundo tan perfecto que deshará al hombre tal y como es. Sigue el panfleto con argumentos tales como la “liberación de la libertad” para dar sentido a la vida del hombre y salvarlo de la frustración por no encontrar su lugar en el universo (“The Fires of Frustration”).

El castigo más extremo posible durante la infancia se impone como método para educar a la población insubordinada (“Splinters from Your Mother’s Spine”), una reprimenda que no desearía ni a mi peor enemigo. Varías referencias históricas hacen su aparición en los posteriores cortes. Mientras que en “Ad Arma! Ad Arma!” nos encontramos una celebre cita del dictador Mao Zedong (“el poder político crece en el cañón de un arma”) haciendo referencia a la mano dura de la ‘Nueva Orden’, en “Imitatio Dei” se ridiculiza el dolor y la destrucción de las civilizaciones bárbaras en comparación con la que creará la ‘Nueva Orden’.

La solidificación de la iglesia sufrida con el papa Clemente VII de la familia Médici, y cuyos efectos siguen notándose hoy en día, son descritos en “1523” (como referencia al año en que Juliano de Médici fue coronado como pontífice). Hasta el final del álbum, el alegato sigue aportando motivos para que las personas que no encuentren sentido a la vida se unan a la ‘Nueva Orden’, dándola más importancia que a la humanidad y prefiriendo un mundo convertido en cementerio antes que uno que no sea a imagen y semejanza de la nueva ideología; un sermón político cuyo epílogo narra un mundo en el que no existen ruinas del pasado (“You Cannot Even Find the Ruins…”), sólo cenizas.

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