Zaragoza Psych Fest 2019: ¿Por qué nos gusta tanto la psicodelia?

La séptima edición del festival concentró en una única jornada su cartel más variopinto e intenso

Seguramente, no soy el único que tiene la sensación de que el garage y la psicodelia empiezan a flaquear y a no encontrarse en tan buen estado de salud como a principios de esta década (al menos en lo que a repercusión y factor sorpresa se refiere). Yo mismo me doy cuenta de que, cuando miro mis listas de discos escuchados durante estos últimos años, dichos géneros han decaído bastante en comparación a otros. Pero, cuando llega el Zaragoza Psych Fest, siempre me doy cuenta de que la escena sigue muy viva, en movimiento y con apuestas bien potentes.

Aunque la sensación es que el garage y la psicodelia empiezan a flaquear y a no encontrarse en tan buen estado de salud como a principios de esta década (al menos en lo que a repercusión y factor sorpresa se refiere), cuando llega el Zaragoza Psych Fest siempre nos damos cuenta de que la escena sigue muy viva, en movimiento y con apuestas bien potentes.

Aunque el cartel de este año se ha compactado en un único día, lo cual ha extendido la jornada, el funcionamiento ha sido el mismo de siempre: un grupo detrás de otro, empezando en el escenario de Las Armas al aire libre con tres conciertos gratuitos para todos, alternando después con los conciertos en sala y un pequeño descanso con DJs para cenar a los que sólo se podía acceder con entrada.

Noise y shoegaze para combatir la lluvia

Los encargados de abrir el festival este año fueron los barceloneses Olsen Twinz, un dúo de guitarra (o bajo, dependiendo de la canción) y batería al estilo de otros compañeros nacionales como Siberian Wolves. A pesar de ser sólo dos, la tralla que repartieron fue muy ejemplar, poniendo a punto el festival para lo que vendría después. Bajos que no parecían bajos, mucho fuzz y guitarrazos saturados al más puro estilo noise-rock y al punk de grupos como GØGGS, el concierto de Olsen Twinz fue breve pero contundente.

Poco después comenzaban los austriacos Juleah (capitaneados por Julia Hammer) que, a través de esa lisergia más cercana al dream-pop, despidieron la tarde con un puñado de perlas de la psicodelia más amable y melódica, esa que mira de frente al pop de los sesenta y se aleja un poco de la aridez, centrando su setlist en temas de Desert Skies (su más reciente álbum de estudio, publicado este mismo año).

Todavía quedaba un concierto antes de pasar al escenario interior, pero la lluvia no pudo aguantar más y por momentos pareció que el concierto de Uniforms iba a tener que cancelarse. Hasta tres veces tuvieron que subir y bajarse del escenario, pero, afortunadamente, el trío de Jaén consiguió sobreponerse al mal tiempo y nos dejaron atónitos con ese sonido que, en directo, fue puro shoegaze: el volumen de los instrumentos por las nubes, las guitarras creando muros de sonido y capas de distorsión que se retroalimentaban entre sí hasta convertirse en una vorágine conducida por la melodía de voz, lo cual hizo que temas como “Don’t Wake Up” o “Big Bang” sonasen enormes.

Synth-pop, neo-psicodelia y rock anatólico: aquí todo se baila

Cuando entramos dentro fuimos realmente conscientes de la gran asistencia al festival este año, que antes del sábado ya había vendido todas las entradas. La sala estaba a reventar desde el comienzo de Soledad Vélez, quien fue, sin duda, la propuesta más original y diferente del festival, con un synth-pop cercano al de artistas como León Benavente y una forma de cantar que se asemejaba a Alaska o la Mónica Naranjo más discotequera. Ella sola supo poner al público patas arriba, demostrando que no es necesario colgarse una Jaguar para hacer psicodelia. Aunque debo decir que, una vez más, la neo-psicodelia más clásica fue la que me conquistó. Y es que los franceses You Said Strange sonaron increíbles. Tan expansivos que la sala se les quedó pequeña, con canciones que se alargaron hasta lo indecible pero perfectamente bien medidas, apagándose en el momento justo para resurgir con clímax sonoros que junto a los visuales que acompañaron los conciertos hicieron de esta una experiencia extrasensorial.

No obstante, si este cuarteto de Vernon ya nos dejó atónitos, lo de Mohama Saz fue directamente de otro planeta. El grupo madrileño dio un espectáculo de sota, caballo y rey, con una ejecución de esas que te dejan preguntándote qué acabas de ver. Su rock anatólico puso a todo el mundo a bailar con un puñado de temas en los que encajaban el saxofón y el clarinete de Arturo Pueyo como un guante, acercándonos la música oriental como si la hubiéramos escuchado toda la vida. Porque más que un grupo, Mohama Saz parecen un conjunto de músicos cercanos a una big band, eso sí, con tan sólo cinco integrantes.

La ‘kinkidelia’ sevillana: lo más esperado de la noche

Seguramente, lo más esperado de aquella noche fue Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, uno de los petardazos nacionales del año que todavía no habían pisado tierras aragonesas. Y desde luego que lo hicieron, porque la huella que dejaron marcó un hito en la historia del festival. Gracias a esa mezcla de rock psicodélico con rock andaluz al estilo de Medina Azahara o Triana y a esa puesta en escena que tanto recuerda a los grandes grupos de los setenta como Led Zeppelin, lo de los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba fue una auténtica locura desde el primer momento, pero que además no dejó de crecer con cada canción. La primera mitad del concierto fue un trallazo tras otro que culminó con “Samrkanda”, momento a partir del cual sacaron a relucir su lado más pesado, que en directo se codeaba con el stoner. Y eso no fue todo, porque en el bis se marcaron una versión increíblemente digna de “La Nana del Caballo Grande” de Camarón, antes de culminar con “El Salto Del Gitano”, momento en el que, tanto Bacca como Dandy, saltaron literalmente del escenario.

Es una pena que esta edición se redujese a un único día, ya que se hace demasiado corta. Y no porque lo sea (que ojo, aguantar tantos grupos del tirón te hace dar gracias cuando pillas la cama después), sino porque el acierto que tienen los de Analog Love a la hora de seleccionar qué bandas vienen al festival siempre te deja con ganas de más. Lo bueno es que, mientras la ciudad siga respondiendo tan bien, todavía nos quedarán años tan maravillosos como este.

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