León Benavente

León Benavente –
Vamos a Volvernos Locos

León Benavente reaparecen con un álbum difícil de explicar. Desde luego, es diferente e inesperado. La circunstancia de enfrentarse a él habiendo escuchado su material anterior y gozado en sus directos puede sembrar dudas en el primer contacto, pero este es un disco que, una vez lo escuchas, se aloja en tu cabeza y crece poco a poco. No hace falta buscar explicaciones ni darle muchas vueltas en caliente: llegado el momento, necesitarás regresar a él. Y es entonces cuando empezarás a entenderlo todo.

Para comenzar esta reseña, lo primero que he hecho ha sido regresar al final de 2 (2016). Fue el propio Abraham Boba quien aludió a “Habitación 615” en la rueda de prensa de presentación como cliffhanger de una historia que, tal y como cuenta la letra, tendría continuidad en un futuro incierto. Pues bien, en realidad han sido algo más de un par de años, pero la narración vuelve a emanar, haciendo honor al que avisó. Vamos a Volvernos Locos (2019) es una tercera fase de un grupo que, por encima de todo, siempre ha cuidado el discurso, en comunión con una instrumentación ácida y directa que lanzaba como un misil dichas consignas. El título, como ellos mismos han explicado, no encabeza la obra por ser especialmente atractivo, sino por su curioso doble sentido (puede ser a la vez imperativo y advertencia), aunque el sentido final se encuentre en las propias composiciones.

El curioso caso de León Benavente

El poso que le queda a uno tras la primera escucha es que no ha entrado en el estado de euforia al que inducían los dos trabajos anteriores, pero que ha estado escuchando atentamente lo que le contaban, mirando a la nada y pensando de forma casi inconsciente en la vida propia.

El poso que le queda a uno tras la primera escucha es que no ha entrado en el estado de euforia al que inducían los dos trabajos anteriores, pero que ha estado escuchando atentamente lo que le contaban, mirando a la nada y pensando de forma casi inconsciente en la vida propia. La introspección es una necesidad humana que cada cierto tiempo ha de ser alimentada, por ello funciona ver cómo se resquebrajan las corazas entre su inconfundible sonido, reconocible pero con un evidente desarrollo.

El synth-pop con aires kraut se difumina entre un nutrido trabajo de producción, con una amplia paleta sonora que hace de cada canción un mundo. Eso sí, pese a la evidente intención reflexiva, la evolución quizá se quede algo corta, echando en falta bombazos como los que contenían los discos anteriores y, aunque gracias al espectacular directo del grupo las canciones despegan, todo apunta a que la fuerza de los conciertos se seguirá apoyando en los himnos anteriores. No obstante, las virtudes aquí se encuentran en otro espectro.

Fotografía: Jorge Fuembuena

Cambio, que no evolución

La introspección es una necesidad humana que cada cierto tiempo ha de ser alimentada, por ello funciona ver cómo se resquebrajan las corazas entre su inconfundible sonido, reconocible pero con un evidente desarrollo.

Cuatro Monos” comienza donde lo dejó “Habitación 615” en 2016. Se trata de una canción autobiográfica, un espejo de lo que es León Benavente en la actualidad y de las sensaciones que se derivan en el transcurso de su vida como grupo. Uno de los aspectos más curiosos de la canción es que nazca poco a poco, como volviendo de algún lugar, llegando sin prisa hasta su cúspide en un viaje de seis minutos. En “Amo” los leones han contado con Eva Amaral para redondear los coros de esta composición basada en la anáfora de su título, a juego con una melodía lineal que hace de ella uno de los temas más potentes del disco.

La velocidad y el marcado ritmo de la melodía en “No Hay Miedo” nos remite a la música disco de los ochenta, asociando la felicidad e inusitadas ganas de bailar que provoca la música con el claro mantra de autodeterminación ante las inseguridades de cada cual, potenciando así el mensaje final. El positivismo y el jolgorio siempre han sido una postura defensiva mucho más eficaz que la agresividad; se evita la confrontación y la tensión anulando las tentativas de conflicto. “Como la Piedra Que Flota” se postula como una de las piezas más interesantes del álbum, con el plus de la voz de María Arnal acompañando a la banda. Su fuerza radica en la conjunción vocal, construida sobre una sensual cadencia partida de forma tan magnífica como abrupta por un convincente estribillo.

La atracción infalible del trabajo introspectivo

El synth-pop con aires kraut se difumina entre un nutrido trabajo de producción, con una amplia paleta sonora que hace de cada canción un mundo. Eso sí, pese a la evidente intención reflexiva, la evolución quizá se quede algo corta, echando en falta bombazos como los que contenían los discos anteriores.

La primera vez que escuché el disco, La Canción del Daño” me dejó noqueado. En ese estado de aturdimiento bailaban, de repente, muchos interrogantes: ¿de dónde se ha sacado esto esta gente? ¿Cómo piensan encajarla en los directos? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella? La única conclusión a la que llegué tras darle vueltas es que la canción es jodidamente buena y que, con toda probabilidad, pasará a ser una de las más queridas por el público. El emblema del nuevo disco, al igual que éste dentro de su discografía, presenta un nuevo cariz. Indispensable.

Ayer Salí” es una pieza costumbrista que vuelve a la senda habitual de la electrónica ácida y los devaneos de Boba. Tras ella, el tiempo se vuelve a detener con “Mano de Santo”. Lo que parece un diario íntimo de pareja sortea el marcado sintetizador entre las estrofas y se desliza en conjunto con el estribillo, consiguiendo de nuevo un efecto seductor gracias, en parte, al aporte inestimable de Miren Iza, de Tulsa, a la composición. “Disparando a los Caballos” es de las pocas nuevas canciones que podría mimetizarse sin problemas en alguno de los discos anteriores, lo cual es una buena noticia porque da fe tanto del cambio –que no evolución– producido como de la energía conservada. También es la única canción en la que se advierte de forma bastante explícita la crítica política.

La mierda en las aceras, y los lirios en el valle

En esencia, lo que se cuenta en este disco y hará que cueste sacarlo de la cabeza no es otra cosa que lo que tenemos a nuestro alrededor, esta existencia inevitablemente agridulce por culpa de nuestra naturaleza y el mundo que heredamos y nos siguen haciendo alimentar.

Pese a que no debería suceder debido a que Abraham Boba utiliza la disertación como vehículo para sus letras, la base de hip-hop en “Volando Alto” sorprende y agrada. La pericia y buen gusto para vestir la canción en la fase de producción sirve por sí sola para explicar esa idea de la que habla la canción de elevarse para adquirir una perspectiva que permita ver mejor los problemas y relativizarlos.

El disco no podría terminar de una forma diferente. “Tu Vida en Directo” es el retrato que se puede dibujar si uno recoge y utiliza los detalles que se cuentan en los cuarenta minutos precedentes. Del color de un paseo solitario un día nublado de otoño, la reflexión vital viene acompañada de un marcado y grave sintetizador que se encarga de abrir y cerrar el tema, cargándolo de la tensión necesaria para que quede clara la seriedad de lo que se cuenta. Y, en esencia, lo que se cuenta en este disco y hará que cueste sacarlo de la cabeza no es otra cosa que lo que tenemos a nuestro alrededor, esta existencia inevitablemente agridulce por culpa de nuestra naturaleza y el mundo que heredamos y nos siguen haciendo alimentar. La mierda en las aceras, y los lirios en el valle.

error: ¡Contenido protegido!