Of Monsters and Men

Of Monsters and Men –
Fever Dream

La banda islandesa firma un álbum perfectamente disfrutable, aunque falto de cierta consistencia, que bucea entre melodías pasadas por el filtro electrónico ochentero y una lírica enternecedora. Tal vez haya una excesiva dependencia de los ochenta, pero el sentido de experimentación de la banda es evidente y, en ese sentido, Fever Dream es un triunfo. Aún no han sido capaces de superar el cénit que supuso “Little Talks”, pero con el empeño que ponen es posible que lo consigan.

Después de cuatro años de silencio, Of Monsters and Men nos traen una tercera referencia de estudio que lleva por título Fever Dream. En esta nueva entrega, los islandeses se han apartado de su característico indie-folk para buscar inspiración en el pop-rock de teclados y sintetizadores. Este giro musical responde a una propia necesidad de la banda y, concretamente, de su vocalista principal Nanna Bryndís Hilmarsdóttir, con el fin de abrir su abanico de géneros alejándose de los sonidos acústicos en favor de elementos electrónicos e incursiones guitarreras.

Electro-pop ochentero para salir de la zona de confort

En esta ocasión, los islandeses han abandonado la comodidad de sus anteriores elepés para transitar por nuevas vías sonoras. Así, en Fever Dream apuestan por ritmos más enérgicos y bien diferenciados de todo lo que nos venían ofreciendo.

Of Monsters and Men publicaron su álbum debut en 2012, el cual contenía aquel megahit titulado “Little Talks” que les catapultó a la primera línea del ‘indie mainstream’ y supuso su momento de mayor pegada. La banda consiguió mantener el tirón de ese primer disco en su posterior Beneath the Skin (2015), de similar estructura y que supuso también un éxito comercial.

Para goce de algunos fans y desilusión de otros, en esta ocasión los islandeses han abandonado la comodidad de sus anteriores elepés para transitar por nuevas vías sonoras. Así, en Fever Dream apuestan por ritmos más enérgicos y bien diferenciados de todo lo que nos venían ofreciendo.

Aunque las baladas acaparan casi todo el protagonismo en el álbum, también hay lugar para el pop bailable de aires ochenteros y esporádicos riffs eléctricos que evidencian la labor de experimentación que ha llevado a cabo la banda islandesa.

Fotografía: Meredith Truax

El sintetizador como eterno compañero de viaje

A pesar de que hay lugar para el pop bailable de aires ochenteros y esporádicos riffs eléctricos que evidencian su labor de experimentación, en Fever Dream hay un regusto a plasticidad mainstream y motivación de consumo que es difícil de ignorar o perdonar, algo que pasa factura en el global del proyecto.

De esta nueva etapa creativa han salido cosas como la “Alligator” que abre el disco, una alegre pieza de rock electrónico que muestra a unos Of Monster and Men con ideas nuevas y más contundentes al dar más presencia a las guitarras. Sin embargo, esta urgencia es sólo un espejismo, pues los islandeses nos enternecen con la siguiente pista, “Ahay”, una balada de melodía azucarada dominada por ritmos de sintes ochenteros, lo que desvanece nuestras sospechas iniciales de estar frente a un disco de corte rockero.

En temas como “Róróró” incorporan nuevas marcas que son atractivas en esa identidad recién descubierta. Aun así, hay un regusto a plasticidad mainstream y motivación de consumo que es difícil de ignorar o perdonar, incluso en la calidad lírica, algo que pasa factura en el global del proyecto.

La formación vuelve a pisar terreno baladesco con “Waiting For the Snow”, donde la voz de Nanna con ligeros toques de autotune prevalece por encima de una instrumentación minimalista basada exclusivamente en una sutil melodía de piano acompañada por un suave sonido de sintetizador. A continuación, “Vulture, Vulture” nos deja uno de los momentos más reseñables del LP gracias a una composición instrumental a medio camino entre el pop electrónico de Depeche Mode y ese riff de guitarra que bien podría servir para un tema de HAIM.

El que fuera segundo single del disco, “Wild Roses”, suena conmovedora en el temblor de la voz de Nanna e intensa en el poder rítmico del estribillo, dando como resultado una de las mejores piezas del álbum. Fever Dream pierde cierta altitud debido a las intrascendentes “Stuck in Gravity” y “Sleepwalker”, pero remonta de nuevo el vuelo con esa fenomenal “Wars” que desprende energía de rompepistas por todos lados (sin duda, el otro pico del disco junto con “Alligator”).

Los golpes de bombo y texturas electrónicas de la ambiental “Under a Dome” aportan un valor diferencial a la tónica general de un álbum que cierra con “Soothsayer”, una notable pieza donde la presencia de las guitarras recobra cierta importancia ante los omnipresentes elementos electrónicos de Fever Dream.

Afrontado su nuevo sonido con otra perspectiva

Fever Dream está lejos de ser una obra mayor, pero el giro implica un cambio positivo en la trayectoria de Of Monsters and Men y ofrece una evolución estilística interesante que, además, no traiciona sus orígenes.

Si bien la combinación de ritmos bailables con tempos lentos es acertada, en Fever Dream hay demasiados altibajos rítmicos que restan coherencia a un disco cuyo resultado hubiera sido diferente con otra organización de las pistas.

Sin embargo, hay un cambio claro en la mentalidad de la banda, la cual se percibe más abierta musicalmente y busca referencias fuera de la órbita del folk. Y esto hace que encaremos el álbum con otra perspectiva. Su habilidad para reinventarse es notable y muestra de ello es este disco.

Fever Dream está lejos de ser una obra mayor, pero el giro implica un cambio positivo en la trayectoria de Of Monsters and Men y ofrece una evolución estilística interesante que, además, no traiciona sus orígenes, además de demostrar una vez más la estupenda capacidad de la formación para facturar canciones accesibles y fácilmente escuchables.

La confianza en sus posibilidades es su mejor baza y no hay duda de que su gran momento está cerca.

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