Amaia

Amaia –
Pero No Pasa Nada

Por fin respiramos tranquilos. Pero No Pasa Nada, el álbum debut de Amaia, es todo lo que podíamos esperar e imaginar de ella: un conjunto de canciones de pop que encuentran la belleza en su aparente sencillez y cuyas melodías se habrán apoderado de tu mente antes de que te des cuenta.

Una de las mayores dificultades de un artista, especialmente primerizo, es encontrar la manera de expresarse y desarrollar sus capacidades superando los límites impuestos por la falta de medios y recursos. Algunos se las saben apañar con pocos elementos, tal y como ocurrió con las múltiples figuras del lo-fi que, desde finales de los setenta, han conseguido entregarnos grandes obras con lo mínimo posible. Sin embargo, la mayoría acaban tratando de encontrar la manera de crecer y conseguir un mayor número de herramientas que les permitan evolucionar y seguir experimentando, como es el caso de Will Toledo con Car Seat Headrest o de bandas como The Black Keys, que empezaron siendo un dúo y han acabado aliándose con productores de talla mundial y trabajando con otros músicos o, incluso, montando proyectos paralelos.

Amaia, consciente de que necesitaba ayuda para encontrar los medios necesarios, apostó todo por un archiconocido concurso de televisión con la esperanza de, como mínimo, darse a conocer. Y la jugada le salió redonda. No sólo ganó, que a fin de cuentas es lo de menos, sino que, tras ello, rápidamente comenzó a actuar en festivales y en teatros, a hacerse un hueco en el mundillo y a codearse con artistas como Él Mató A Un Policía Motorizado, Carolina Durante o Love of Lesbian. Pero lo más importante es que, por fin, consiguió todo lo necesario para dar el pistoletazo de salida a su carrera artística y, sobre todo, hacerlo pedaleando en todo momento a su propio ritmo. La verdad es que se ha hecho un poco de rogar pero al fin podemos hablar de Pero No Pasa Nada, el primer disco de la artista navarra con el cual demuestra que, desde el principio, fue mucho más que una simple muchacha a la que le gustaba cantar y tocar el piano.

El particular universo de una chica de veinte años

Pero No Pasa Nada es, en esencia, un conglomerado de canciones de pop clásico, con letras costumbristas, la melodía como pieza central del puzzle, estructuras reconocibles y estribillos que acabas tarareando una semana sin que te des cuenta. Pero no sería justo reducirlo a simplemente eso.

El camino a recorrer no ha sido nada fácil y, por momentos, parecía que la cosa se tambaleaba. Desde que se anunció su contrato con Universal Music, surgieron múltiples rumores acerca de lo que sería el primer trabajo de Amaia. Al final, aquello que comenzó en Nueva York junto a Raül Refree parece que ha acabado trasladándose a Buenos Aires, donde Santiago Motorizado ha producido las canciones que componen el álbum y que, al parecer, no son –al menos en su totalidad– las que en un principio empezaron a tomar forma con Refree (quien sí produjo aquella breve “Un Nuevo Lugar”, algo lejana de lo que ha acabado siendo Pero No Pasa Nada).

¿Y qué es Pero No Pasa Nada? Podríamos decir, citando a la propia Amaia, que se trata de “un disco de pop español”. Y, en esencia, es eso. Canciones de pop clásico, letras costumbristas, la melodía como pieza central del puzzle, estructuras reconocibles y estribillos que acabas tarareando una semana sin que te des cuenta. Pero no sería justo reducir el álbum a eso y menos cuando estas diez canciones de sencilla e inocente apariencia consiguen, en más de una ocasión, emocionar y hacernos sentir que estamos escuchando el más puro y fiel reflejo posible de lo que Amaia es ahora mismo: alguien que ni puede ni parece interesada en esconderse detrás del arte.

Dejando a un lado el hecho de que las canciones pudieran ser mejores o peores y que su estilo me convenciera más o menos, el mayor miedo que tenía con un disco de una artista ligada a un concurso de televisión es que el producto final no sonase a ella misma. Porque creo que, además de, por supuesto, el increíble talento y el conocimiento musical que la artista demostró desde un primer momento, lo que atrajo a gente como yo, que jamás había prestado atención a este tipo de concursos ni tenía una opinión demasiado positiva acerca de ellos, fue la transparencia y la honestidad que Amaia desprendía constantemente (tanto dentro como fuera de las actuaciones). Y es que, si con canciones que no eran suyas conseguía parecer tan auténtica, ¿cómo sonaría cuando por fin hiciese lo que a ella le diera la gana?

Fotografía: Press

Pop sencillo, pero sofisticado

A nivel de producción, Santiago Motorizado ha hecho un trabajo excelente adaptándose a las necesidades de cada canción e intercalando los momentos más épicos y radio friendly con los más íntimos, consiguiendo así un tracklist muy equilibrado y una cohesión sonora lógica y armoniosa a pesar de tener entre manos canciones de indie-pop, himnos de estadio, baladas de salón e incluso momentos muy cercanos al folclore español.

Disipada cualquier duda desde la publicación de “El Relámpago”, tenemos la certeza de que Pero No Pasa Nada no podría sonar más a Amaia y que cualquier fan que haya seguido su trayectoria simplemente acabará esbozando una sonrisa cuando lo escuche de principio a fin. Eso no quiere decir que el álbum sea perfecto o revolucionario, pero resulta complicado sacarle pegas a las diez canciones que componen Pero No Pasa Nada.

A nivel de producción, Santiago Motorizado ha hecho un trabajo excelente adaptándose a las necesidades de cada canción e intercalando los momentos más épicos y radio friendly con los más íntimos, consiguiendo así un tracklist muy equilibrado y una cohesión sonora lógica y armoniosa a pesar de tener entre manos canciones de indie-pop, himnos de estadio, baladas de salón e incluso momentos muy cercanos al folclore español. Por si fuera poco, consigue aprovechar todas las habilidades de Amaia, desde el piano y la guitarra hasta los silbidos o la mandolina que le regalaron durante su estancia en Operación Triunfo.

La emotividad a través de la honestidad

La melancolía nunca termina de desvanecerse en todo el disco y funciona como un hilo conductor que va moldeándose y escondiéndose entre un buen puñado de instrumentos, aportando personalidad a todas las canciones y haciendo que los momentos épicos sean más épicos y los íntimos más íntimos.

Última Vez” desconcierta dada su brevedad y sencillez, empleando simplemente una guitarra, una melodía silbada y apenas un par de versos: “El avión se va a caer / tú serás mi última vez”. Su melancolía y su carácter introductorio recuerdan vagamente a las ya clásicas canciones con las que Big Thief suelen abrir sus discos, con Adrianne y su guitarra a solas. Y funciona. Porque, aunque “Quedará En Nuestra Mente” es mucho más jovial y pegadiza, esa melancolía nunca termina de desvanecerse en todo el disco y funciona como un hilo conductor que va moldeándose y escondiéndose entre un buen puñado de instrumentos, aportando personalidad a todas las canciones y haciendo que los momentos épicos sean más épicos y los íntimos más íntimos.

Son canciones así las que recuerdan a la Amaia más Marisol, al pop de aires sesenteros y con ecos de The Beatles traídos al siglo XXI y a grupos como La Buena Vida. Ahí también podemos situar piezas como “Nuevo Verano”, con unos crescendos que parecen querer elevarnos al cielo pero que, no obstante, acaban poniendo otra vez los pies en el suelo y mantienen ese costumbrismo en el que cualquiera puede verse reflejado:

“La luna se refleja en mis uñas mordidas
Estoy pasando frío porque me he olvidado el jersey
Mis amigos dicen que está mal
Y que tendría que acabar ya
Pero yo sigo temblando al verte cerca
Y me llega un mensaje tuyo”

De la euforia a la tristeza: las dos caras del pop

Los tan elegantes como sutiles arreglos y sintetizadores añaden cuerpo a las composiciones sin llegar a situarse en ningún momento por encima de una voz que, por otro lado, está tratada con una naturalidad increíble para dar la sensación de tener a Amaia cantando delante de ti.

Pero también hay otros momentos para hacer estallar esos crescendos en diversos clímax que muestran a una artista mucho más versátil y poderosa de lo que parece. Un buen ejemplo es “El Relámpago”, aquel primer adelanto que sigue manteniéndose como uno de los puntos álgidos del disco gracias a un estribillo que se reserva y nos deja con las ganas para acabar explotando con más fuerza al final (un poco como ocurre con “Drunk Drivers/Killer Whales”, por ejemplo). Lo mismo ocurre con “Quiero Que Vengas”, un tema más clásico donde ese estribillo tan sencillo (“Quiero que vengas, o voy yo / Ya voy yo”) consigue que lo épico y lo cotidiano se entremezclen sin necesidad de recurrir a palabras y expresiones pomposas para sonar con más potencia.

Es en canciones como esas donde más se nota la mano de Santiago Motorizado (mención aparte para la influencia del grupo argentino en la forma de cantar y frasear de Amaia), con arreglos y sintetizadores muy elegantes y sutiles que añaden cuerpo a las composiciones sin llegar a situarse en ningún momento por encima de una voz que, por otro lado, está tratada con una naturalidad increíble para dar la sensación de tener a Amaia cantando delante de ti. Tampoco olvidemos los coros ni la percusión, elementos que fortalecen un montón temas como “Un Día Perdido” donde, para nuestro disfrute, la pamplonica se acerca a los Arcade Fire más comedidos y poperos de The Suburbs (2010).

Es preciso señalar que un sector hater ha criticado las letras de los adelantos, tildándolas de simplonas e infantiles. Sin embargo, personalmente creo que eso es parte de la gracia de Amaia: plasmar en sus letras lo que ella es ahora mismo. En definitiva, una chica de veinte años que aún está descubriendo el mundo y descubriéndose a sí misma. No sólo eso, sino que a través de su sencillez y honestidad, junto a su forma de cantar, Amaia consigue a veces darnos la sensación de estar escuchando a alguien que ha vivido mucho más de lo que su edad debería haberle permitido. Los versos de “Todos Estos Años”, mirando con nostalgia lo que pudo ser y ya nunca será, son un buen ejemplo:

“Promesas que ya se rompieron
El recuerdo de un plan que nunca viviremos”

Un primer paso firme y con espacio para la madurez

Puede que no sea un trabajo redondo, que a veces deje ver sus imperfecciones más de la cuenta y que tampoco sea todo lo arriesgado o rompedor que esperábamos, pero lo importante es que, con su franqueza y su naturalidad, Amaia ha conseguido firmar un álbum debut fiel a sí misma y a la altura, el cual muestra a una artista que, a pesar de haber madurado enormemente desde su paso por Operación Triunfo, aún tiene mucho potencial por explotar.

Aunque donde mejor se plasma todo esto es, quizás, en los temas más íntimos del disco. “Nadie Podría Hacerlo”, que algunos han interpretado (de forma bastante acertada) como una oda y un canto de Amaia a la música, a su piano y al sacrificio de toda una vida llena de dedicación a cambio de haberse convertido en su más fiel compañero, nos muestra a la navarra acompañada únicamente de, precisamente, el piano. Las influencias de cantautores como Randy Newman en su carácter más personal y agridulce se mezclan aquí con esa clase de melodías que ya empiezan a ser definitorias de Amaia, conjugadas con una aparente sencillez por esa forma de cantar tan suave pero con una ejecución realmente complicada:

“Nada me parecerá igual
Porque lo miro con otros ojos
Me has hecho descubrir
Pasar buen tiempo
No es pasar tiempo

Quizá sea esta la estrofa que mejor resume el disco. Las experiencias vividas en su última etapa han convertido a la artista en otra persona diferente y, aunque anhela los recuerdos de una época que ya no volverá, todo lo que ha aprendido y lo que sus vivencias le han aportado va a permanecer ahí. Aunque a veces duela tanto como esa desgarradora “Porque Apareciste”, una pieza de carácter folclórico en la que un arpegio de guitarra da paso a una estrofa que se mantiene plana y que nos habla de la aceptación y reconciliación con un amor fallido, mostrando a una Amaia totalmente inmóvil que poco a poco comienza a dejar florecer el duelo: Todo lo que fuiste se quedó en su lugar / Todas esas cosas que no puedes explicar / Te quiero con todas las mentiras. Seguramente sea este, tan distinto y arriesgado, el momento más sincero y delicado del disco, con un solo de mandolina que da pie a la conclusión final:

“Todo lo que fuiste se quedó en su lugar
Tu existencia se explica porque es casualidad
Te quiero
Porque apareciste”

Puede que no sea un trabajo redondo y que a veces deje ver sus imperfecciones un poco más de la cuenta, como esas referencias tan recurrentes a la noche y a los atardeceres en las letras. Quizás tampoco sea todo lo arriesgado o rompedor que esperábamos de una artista con un abanico de gustos e influencias tan amplio, que van desde Neutral Milk Hotel o David Bowie hasta “Basin Street Blues” de Louis Armstrong o “Alfonsina y El Mar” de Mercedes Sosa, pero no pasa nada porque lo importante es que, con su franqueza y su naturalidad, Amaia ha conseguido firmar un álbum debut fiel a sí misma y a la altura, el cual muestra a una artista que, a pesar de haber madurado enormemente desde su paso por Operación Triunfo, aún tiene mucho potencial por explotar y evolucionar. Porque, tal y como afirma en esa balada chamber-pop titulada “Cuando Estés Triste” que recuerda a Carole King: “Todavía hay tiempo”.

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