Sleater-Kinney

Sleater-Kinney –
The Center Won’t Hold

En un álbum donde cambian radicalmente su sonido al permitir que St. Vincent deje marca en su discografía produciendo este The Center Won't Hold, las Sleater-Kinney se enfrentan al mundo actual armadas con oscuridad, sensualidad, sintetizadores y nuevos sonidos en sus guitarras. De paso, nos dejan claro que, aunque han cambiado, continúan siendo de las mentes más creativas del rock.

Reinventarse es siempre complicado. Según crece nuestra trayectoria y aumentan las expectativas sobre nosotros, más difícil es dejar que fluya la creatividad. Por suerte, las Sleater-Kinney han sabido hacerlo varias veces a lo largo de su carrera, y su más reciente oferta no es ninguna excepción. Esta vez han contado con la ayuda de Annie Clark, más conocida como St. Vincent, para dejarnos un disco bastante alejado de todo lo que venía haciendo el trío de Olympia. Otorgando un mayor peso a los sintetizadores y alejándose del indie más agresivo, Sleater-Kinney se dejan llevar por la dirección de St. Vincent y nos entregan un trabajo que es, al mismo tiempo, oscuro y sensual. Más preocupadas por las texturas sonoras que por los coros pegajosos, también consiguen un buen equilibrio entre ambas facetas, aunque, como dice el título del disco, el centro haya tenido que ceder.

Las huellas de St. Vincent

The Center Won’t Hold muestra al grupo enfrentándose al caos del mundo actual y, al mismo tiempo, a diversas crisis personales. Un trabajo de madurez lírica y musical capaz de demostrar que Sleater-Kinney están más interesadas en reinventarse de cara al futuro que en sentirse cómodas en su pequeño nicho.

Si has escuchado a Sleater-Kinney con anterioridad sabrás que no son asiduas a los teclados. Las originarias de Olympia han sobrevivido desde los noventa con un ataque a tres bandas, con las guitarras de Corin Tucker y Carrie Brownstein guiándose por la batería de Janet Weiss (que abarca la totalidad de la sección rítmica). Sin embargo, en este álbum la presencia de Annie Clark ha cambiado el modus operandi de la agrupación. A pesar de todo, las guitarras no han bajado el volumen.

Fotografía: Charlie Engman

Una valiente reinvención

Sin perder un ápice de su identidad y trabajando al mismo nivel que su productora, Sleater-Kinney han sabido actualizar su sonido y propuesta para enviar un mensaje interesante y accesible incluso para nuevos oyentes.

Quizás por primera vez en su trayectoria, Sleater-Kinney se permiten incorporar sonidos electrónicos en sus canciones. “The Center Won’t Hold” abre el álbum a través de un loop industrial que recuerda a Nine Inch Nails, mientras que “Bad Dance” trabaja incluso con drum machines. Además, los teclados aparecen en varias canciones y es preciso señalar que nunca antes habíamos escuchado tantos efectos en las voces de Carrie Brownstein y Corin Tucker. Todo esto nos lleva hasta Annie Clark, quien inyecta su propio sonido en la propuesta de la banda. Pocas veces encontramos un esfuerzo colaborativo tan evidente entre productor y banda, ya que St. Vincent no sólo consigue sacar a la luz los mejores rasgos de las Sleater-Kinney, sino que insufla algunas de sus mejores cualidades en el sonido del grupo para encontrar sensualidad en su propia oscuridad.

Otro punto que no se puede ignorar en The Center Won’t Hold es la marcha de Janet Weiss luego de su grabación. Por suerte, la baterista deja un trabajo que muestra no sólo su ya conocida potencia, sino también su capacidad de adaptación. Por momentos, Janet es capaz de ceder su puesto a las drum machines e, incluso, sumar en ocasiones sus tambores al factor electrónico.

RUINS” y “LOVE” son dos temas que, situados sobre la mitad del disco, muestran a la perfección esa capacidad de adaptación de Janet, aunque sería más justo hablar de una única canción dividida en dos partes que empieza con sonidos apocalípticos y termina como una fiesta en clave indie celebrando la existencia del grupo. La baterista se adapta a cada uno de los sonidos, saltando desde lo más intimidante de su carrera a algunas de las líneas de batería más explosivas que nos ha dejado hasta la fecha, todo sin que le tiemble el pulso y sin opacar los sonidos ambientales característicos de la producción.

Que el fin del mundo nos pille bailando

A pesar de perder una integrante por el camino, Sleater-Kinney han empleado todas sus herramientas, incluso las que no conocíamos hasta ahora, para dejarnos un trabajo magnético y oscuro. Es complicado predecir el futuro del grupo, pero lo que han demostrado sobremanera es que pueden darse el lujo de transformarse sobre la marcha.

Sleater-Kinney tomaron prestado el título de este álbum de un poema de la posguerra, el cual plantea las preocupaciones de la Guerra Fría luego de los traumas de la Segunda Guerra Mundial. No es de extrañar que, en pleno caos mundial, cuando parece que no se puede leer las noticias sin ver un nuevo populista acercándose al poder, el grupo consiga algunas similitudes con esa época.

Sin embargo, Sleater-Kinney no apuntan directamente por ningún blanco político, sino más bien por el efecto que tiene este caos en nuestros días. “The Future Is Here” habla de la soledad que puede causar la tecnología y bien podría ser la banda sonora de un capítulo de Black Mirror. Mientras que la mencionada canción homónima versa sobre nuestras máscaras personales y cómo no sólo nos ocultan de los demás, sino de nosotros mismos, “The Dog / The Body” aborda cómo utilizamos el sexo para escondernos de la soledad a pesar de que, en el fondo, no todas nuestras emociones están allí.

La banda, sin embargo, sabe que en medio de la oscuridad hay que saber divertirse. “Si el mundo se acaba esta noche, entonces bailemos mal” repite el estribillo de “Bad Dance”, a la vez que “Reach Out” nos hace saber que, en medio de esta oscuridad, aún vale la pena mantenernos cercanos al resto del mundo. “Broken” trata el poder del movimiento #MeToo y la también mencionada “LOVE” celebra las relaciones que hemos hecho con el tiempo. Si las Sleater-Kinney ven el final como algo inevitable, al menos piensan que vale la pena reírnos de eso y celebrar el tiempo que hemos estado aquí.

Es difícil no ver un poco de lo que necesita el rock en la actualidad cuando escuchamos a las Sleater-Kinney. Sin perder un ápice de su identidad y trabajando al mismo nivel que su productora, la banda ha sabido actualizar su sonido para enviar un mensaje interesante y accesible incluso para nuevos oyentes (The Center Won’t Hold es uno de esos discos que puedes recomendar incluso a quienes no son fanáticos de la banda). A pesar de perder una integrante por el camino, Sleater-Kinney han empleado todas sus herramientas, incluso las que no conocíamos hasta ahora, para dejarnos un trabajo magnético y oscuro. Es complicado predecir el futuro del grupo, pero lo que han demostrado sobremanera es que pueden darse el lujo de transformarse sobre la marcha, así que seguiremos atentos.

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