Taylor Swift

Taylor Swift –
Lover

Taylor Swift alcanza la paz consigo misma en Lover. Musicalmente, consigue un equilibrio perfecto entre su vertiente acústica y la más electrónica gracias a Jack Antonoff, quien saca lo mejor de cada faceta en producciones elegantísimas. En el apartado lírico, Taylor se muestra romántica, dolorida y más madura que nunca dedicando, incluso, versos a la situación política de su país.


Eres lo que amas. No eres lo que odias y, menos aún, te representan las opiniones de quienes te odian. Taylor Swift ha tenido que confeccionar todo un álbum bajo esta premisa para autoconvencerse de ello y, así, salvarse de las turbulencias que parecían acechar su vida. El matrimonio West-Kardashian vertía opiniones sobre ella, la industria musical la subestimaba por ser mujer, el público alimentaba la broma de que era peligroso tenerla como exnovia… Así, reputation (2017) fue una respuesta en caliente que Taylor Swift no se supo gestionar, pero Lover, en cambio, nace desde una perspectiva más madura y calmada, y eso le permite constituirse como una genial carta de presentación de la Taylor Swift actual, que está a punto de cumplir la treintena y busca iniciar una nueva etapa tanto vital como musical. Todo ello mientras recoge lo mejor de su trayectoria hasta la fecha en un ejercicio bastante digno, el cual se corona como un armisticio entre la cantante y sus propias circunstancias.

Un armisticio personal

Lover nace desde una perspectiva más madura y calmada, y eso le permite constituirse como una genial carta de presentación de la Taylor Swift actual, que está a punto de cumplir la treintena y busca iniciar una nueva etapa tanto vital como musical. Todo ello mientras recoge lo mejor de su trayectoria hasta la fecha en un ejercicio bastante digno.

Lover no es tan directo como reputation ni se muestra nada vanguardista dentro del panorama pop de 2019. Tras la primera escucha uno puede, incluso, llegar a preguntarse si esto es todo lo que puede ofrecernos Taylor Swift en una escena donde la PC Music cobra cada vez más relevancia (SOPHIE, Charli XCX…) y el pop de masas abre sus puertas a nuevas tendencias y sonoridades (Billie Eilish, Lorde o incluso Lil Nas X mezclando trap y country). Lover es un álbum de pop “al uso”, sin –a priori– grandes sorpresas. Por lo tanto: ¿qué ofrece Lover en particular respecto al resto? La respuesta termina por mostrarse ante nosotros tras varias escuchas: un oasis de calma y paz dentro de una tumultuosa escena.

Fotografía: Valheria Rocha

Punto intermedio entre las diferentes Taylor Swift

Jack Antonoff no es el único productor de Lover, pero sí quien define su sonido. Tras el country llevado al pop mainstream de RED, el synth-pop grandilocuente de 1989 y la agresividad urbana de reputation, el sonido de Lover es, a grandes rasgos, un synth-pop delicado y lleno de teclados que crean el colchón sonoro para la Taylor Swift más confesional y madura hasta la fecha.

Es de admirar el rumbo que está tomando el pop gracias a personajes atrevidos como SOPHIE o incluso Arca, pero en ocasiones nos damos de bruces con propuestas demasiado áridas y complejas cuyo disfrute radica, a fin de cuentas, en dedicarles tiempo suficiente y descifrar sus entresijos. Y es que, muchas veces, simplemente nos apetece escuchar algo sin demasiada vuelta de hoja, pero con la suficiente complejidad para mantenernos entretenidos. Así es como, sin sacrificar un ápice de elegancia, Taylor Swift nos ofrece una colección de canciones bien entretenidas y aptas para disfrutarse en la radio, de vacaciones o en el modo aleatorio de una playlist cualquiera en tu plataforma de streaming favorita. Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre Lover y cualquier otra composición básica que cope las listas de éxitos: Jack Antonoff. El productor de Melodrama (2017) de Lorde o Dedicated (2019) de Carly Rae Jepsen se encuentra también a los mandos de Lover, así que os podéis imaginar el tipo de material que nos encontramos a lo largo de la hora que dura este álbum.

Antonoff no es el único productor de Lover, pero sí quien define el sonido de esta etapa en la carrera de Taylor Swift. De la misma forma que RED estaba marcado por el country llevado al pop mainstream, 1989 (2014) por el synth-pop grandilocuente y reputation por la agresividad urbana, el sonido de Lover es, a grandes rasgos, un synth-pop delicado y lleno de teclados envolventes que crean el colchón sonoro para la Taylor Swift más confesional y madura hasta la fecha. Grandes ejemplos del sonido Lover son The Archer”, “Cornelia Streeto False God, algunas de las favoritas para el público; y no es para menos atendiendo al carácter romántico de sus letras, que destacan gracias a esa producción vaporosa y detallista.

Pero Lover es algo más que este sonido sintético y elegante: es un tratado de paz entre Taylor Swift y su propio pasado. No olvidemos la frase que cierra el disco y, a la vez, Daylight (otra producción de synth-pop reflexivo y elegante de Antonoff): “You are what you love”. Swift recoge en Lover los mejores momentos de su discografía, los que la definen como artista, y encuentra así equilibrio entre sus diferentes facetas. Es por eso que los colchones de sintetizadores coexisten con momentos de pop más directo (como esa Cruel Summerescrita junto a St. Vincent) y con composiciones íntimas de carácter más orgánico (Soon You’ll Get Better”, “Lover”).

Un tratado de paz con su pasado

En Lover nos seguimos encontrando con las arquetípicas canciones románticas de Swift, pero ahora los versos parecen mostrar cierta madurez apelando también a la nostalgia (hola, Melodrama) y pellizcándonos ante la realidad diaria.

Teniendo en cuenta lo que caracteriza el sonido y concepto de Lover, uno no encuentra explicación alguna para las producciones de Frank Dukes: I Forgot That You Existed”, “Afterglowy la tropical It’s Nice To Have a Friend” son tres canciones completamente prescindibles cuyo carácter básico de R&B contemporáneo de manual no aportan absolutamente nada al conjunto del álbum.

Sólo con las producciones de Antonoff, Taylor Swift habría firmado un grandioso ejercicio de pop que hubiera expandido su sonido de forma más clara, pero, tal vez, el miedo a perder su reinado en los charts le ha llevado a firmar con Joel Little los singles principales de este trabajo: ME!” y “You Need To Calm Down”. La primera, con Brendon Urie, es una suerte de “Shake It Off” más reflexiva; tenemos su brillo y la misma marcha, pero con un punto menos de ímpetu. “You Need To Calm Down”, si bien no cuenta con la atractiva sensualidad de las producciones de Antonoff, se trata de una de las mejores canciones que ha logrado Swift en toda su carrera gracias a esos sintetizadores y melodías vocales.

El resto de aportaciones de Joel Little tratan de ser himnos pop, si acaso destacando más “Miss Americana & The Heartbreak Prince” frente a “The Man”, que hubieran granjeado un buen éxito a Taylor de haberse promocionado también como adelantos. Pero, en este punto, cabe preguntarse: ¿habría merecido la pena sacrificar estas canciones y quedarse con un álbum de pop sensual y vaporoso producido íntegramente por Antonoff?

Antonoff, una vez más: rey Midas del pop

Taylor Swift aún no se ha decidido a entregarnos un producto completamente alejado de las listas y el pop masivo, pero el trabajo realizado con Jack Antonoff nos da muestras de un futuro interesante para la artista, quien no teme explorar en ocasiones sonoridades más alejadas de la radiofórmula en aras de conseguir un pop más sensual y elegante.

Nunca sabremos si Taylor Swift hubiera sido capaz de sacrificar el éxito cosechado con sus dos primeros singles de adelanto, pero sí podemos comprender el motivo por el cual aparecen en el tracklist de Lover: su carga lírica. En Lover nos seguimos encontrando con las arquetípicas canciones románticas de Swift, pero ahora los versos parecen mostrar cierta madurez apelando también a la nostalgia (hola, Melodrama) y pellizcándonos de la misma manera; basta con atravesar la dupla formada por “Cruel Summer” y Lover” o (más adelante) “Cornelia Street” para saber a qué me refiero. Por otro lado, Taylor deja de centrarse únicamente en ella misma y dedica versos a su madre (la acústica “Soon You’ll Get Betterjunto a Dixie Chicks) e, incluso, se adentra en la situación sociopolítica de su país poniendo el foco sobre la masculinidad tóxica y la discriminación que ha sufrido por parte de la industria (“The Man”) o hablando sobre la indignación causada por la administración Trump (“Miss Americana & The Heartbreak Prince”). Pero, al final, volvemos a lo de siempre: Lover es un álbum de pop que escuchamos para pasar un buen rato, así que para aliviar la carga melódica y lírica del álbum tenemos esos dos ligeros singles facturados por Joel Little: los haters y su negativismo (“You Need To Calm Down”) y la reivindicación del amor propio con un himno motivacional (“ME!”).

Taylor Swift aún no se ha decidido a entregarnos un producto completamente alejado de las listas y el pop masivo, pero el trabajo realizado con Jack Antonoff nos da muestras de un futuro interesante para la artista, quien no teme explorar en ocasiones sonoridades más alejadas de la radiofórmula en aras de conseguir un pop más sensual y elegante que, a decir verdad, le sienta como un guante. Veremos qué le deparará la próxima década, pero de momento intuimos una prometedora trayectoria en la que, al menos, Taylor Swift estará en paz con su pasado, su presente y ella misma.

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