King Gizzard & The Lizard Wizard

King Gizzard & The Lizard Wizard –
Infest the Rats’ Nest

¿Queríais heavy metal? Pues tomad dos tazas. Sí, por fin ha llegado el día en el que King Gizzard & The Lizard Wizard han decidido dejarse de coqueteos y se han lanzado de lleno a sonar más enfangados y guitarreros que nunca con Infest the Rats' Nest, un disco que mira de reojo al thrash metal de los ochenta para seguir engrandeciendo el Gizzverse y su ya inabarcable legado.

Tenía que ocurrir tarde o temprano. Era algo que los fans llevaban pidiendo prácticamente desde los comienzos de la banda y que, con cada resquicio que el grupo dejaba en sus (no pocos) discos, se acentuaba cada vez más. Coquetearon mínimamente en aquella “Evil Death Roll” cuando lanzaron Nonagon Infinity (2016), se acercaron peligrosamente en Murder of the Universe (2017) y se adentraron sin reparos en aquella “The Great Chain of Being” de Gumboot Soup (2017), pero nunca habían terminado de lanzarse a la piscina y cumplir esa fantasía con la que los fans no dejaban de soñar. Hoy, por fin, King Gizzard & The Lizard Wizard hacen uso de su magia para hacer realidad los sueños de su cada vez más extenso público. Los australianos se pasan al heavy metal por todo lo alto en Infest the Rats’ Nest, su segundo álbum de estudio en lo que va de 2019.

El (siempre particular) homenaje del lagarto al heavy metal

Infest the Rats’ Nest es, simple y llanamente, un disco de heavy metal, un recorrido a través de las distintas décadas y vertientes más reconocibles del género (heavy metal, thrash metal, stoner, heavy-psych) casi a modo de homenaje y pasando todo por el clásico filtro de King Gizzard.

La imprevisibilidad característica de los King Gizzard nos sorprendía una vez más cuando, el pasado mes de abril, publicaron un videoclip titulado “Planet B” que no figuraba en el tracklist de Fishing for Fishies, álbum que en aquel momento aún no se había lanzado. Eso dio pie a ciertas especulaciones acerca de la publicación de un posible segundo disco antes de acabar este año, algo que la banda no tardaría demasiado en confirmar. Parece que, mientras algunos de los miembros estaban ocupados con otros proyectos (Ambrose con el nuevo disco de The Murlocs y Cook Craig con Pipe-Eye), Stu Mackenzie necesitaba pasar el rato de alguna forma y se juntó con Joey Walker y Michael Cavanagh para ponerse manos a la obra con un disco mucho más pesado y primitivo que de costumbre, más centrado en los instrumentos clásicos de un cuarteto de rock, con menos adornos y experimentos sonoros.

Infest the Rats’ Nest es, simple y llanamente, un disco de heavy metal, un recorrido a través de las distintas décadas y vertientes más reconocibles del género (heavy metal, thrash metal, stoner, heavy-psych) casi a modo de homenaje y pasando todo por el clásico filtro de King Gizzard, consiguiendo canciones lo suficientemente dinámicas como para sostener el álbum de principio a fin y con Stu metido de lleno en su papel de profeta de la extinción humana (algo clásico en grupos como Megadeth). Musicalmente, Infest the Rats’ Nest es un disco que lleva a la formación australiana un paso más allá de lo que habían hecho hasta ahora. El propio grupo ha confesado que no podrían haber hecho algo así hasta este año, dado que cuando aprendieron a tocar lo hicieron con los Beatles y los Stones y, por consiguiente, el heavy metal les parecía un género increíblemente técnico y exigente.

Fotografía: Jamie Wdziekonski

Más políticos que nunca

Musicalmente, es un disco que lleva a la formación australiana un paso más allá. Ellos han confesado que no podrían haber hecho algo así hasta este año, dado que cuando aprendieron a tocar lo hicieron con los Beatles y los Stones y, por consiguiente, el heavy metal les parecía un género increíblemente técnico y exigente.

En cuanto al sonido, la banda intercala piezas más aceleradas y cercanas al thrash con otras más pesadas y lentas que coquetean con el stoner. Así tenemos canciones como “Planet B”, “Self-Immolate”, “Organ Farmer” o las dos “Venusian” que se acercan a los Metallica de Kill ‘Em All (1983) o a Slayer y temas como “Mars for the Rich” o “Superbug” que miran directamente a Black Sabbath, mientras que otros como “Perihelion” nos recuerdan a los Megadeth de Youthanasia (1994), aunque con una armónica marca de la casa (en menor medida, Ambrose y el resto de miembros también han puesto su granito de arena).

Pero la cosa no se queda en un simple homenaje o en esa clase de disco que recuerda constantemente a un grupo u otro. El reto en un trabajo que pega un volantazo de estas dimensiones hacia terrenos inexplorados siempre es conseguir algo coherente, satisfactorio y con identidad propia, y los de Melbourne son, a estas alturas, expertos a la hora de tirarse en paracaídas desde cualquier avión sin importar donde caigan o cómo aterricen. Ya lo han demostrado en álbumes como Sketches of Brunswick East (2017), donde abrazaron el jazz, o en el reciente Fishing For Fishies (2019), poseído por un blues que le daba la mano al funk y a la electrónica. Infest the Rats’ Nest vuelve a enfrentarse una vez más a la prueba de fuego y el resultado es, incluso, más reconfortante que el de su anterior trabajo, ya que, a pesar de ser quizás más conservador en cuanto a experimentación, consigue una mayor unidad entre su sonido y su temática.

Hablando de la temática, esta tampoco resulta extraña en absoluto. King Gizzard & The Lizard Wizard llevan mucho tiempo hablándonos sobre universos distópicos de ciencia ficción, batallas entre monstruos de terror, robots que no pueden parar de vomitar, tierras inhóspitas y seres capaces de detectar el cuarto color. La principal diferencia es que, en esta ocasión, bajan las letras a la tierra y la imaginería es aún más explícita si cabe, con un contenido político y social mucho más directo y crítico. Además, contiene una narrativa perfectamente hilada desde el comienzo del disco que, recogiendo el testigo de su anterior álbum, habla sobre los desastres naturales y ecológicos a manos de la humanidad.

Una epopeya acerca del éxodo y nuestra inminente extinción

Aunque la temática no resulta extraña en absoluto, esta vez los australianos bajan las letras a la tierra y la imaginería es más explícita, con un contenido político y social mucho más directo y crítico. Además, contiene una narrativa perfectamente hilada desde el comienzo del disco que, recogiendo el testigo de su anterior álbum, habla sobre los desastres naturales y ecológicos a manos de la humanidad.

“Planet B”, un juego de palabras entre planeta y plan B, trata de incitarnos a abrir los ojos y a darnos cuenta de que nos estamos cargando el planeta, con versos como “Bury children / Urbanization / Scarification / Population exodus” que dejan claro que la destrucción es irreversible. Mientras, en “Mars for the Rich” el grupo critica que un posible escape a Marte sólo sería posible para la burguesía debido a los disparatados costes que supondría viajar a otro planeta (Mars for the privileged / Earth for the poor). Otras canciones como “Organ Farmer” o “Superbug” describen un mundo putrefacto, lleno de cuerpos infectados en descomposición y virus exterminando a la población.

A partir de “Venusian 1” comienzan las andaduras de un grupo rebelde tratando de escapar a Venus, relatando su viaje y las dificultades para llegar debido a la cercanía del planeta con el Sol (“Perihelion”), hasta que consiguen establecerse en “Venusian 2”. Sin embargo, Venus no es un planeta habitable, lo cual hace que nada más pisar la superficie estos rebeldes mueran en un muro de llamas, tal y como se narra en “Self-Immolate”. Es una canción con doble lectura, dado que puede interpretarse como una crítica a la humanidad, que poco a poco se autodestruye. Como no podía ser de otra manera, el grupo de rebeldes acaba cayendo al infierno en “Hell”, “infestando el nido de las ratas” según el título del álbum y cerrando así el ciclo.

Incansables, impredecibles, infalibles e imperecederos

La banda intercala piezas más aceleradas y cercanas al thrash con otras más pesadas y lentas que coquetean con el stoner. Así, tenemos canciones que se acercan a los Metallica de Kill ‘Em All (1983) o a Slayer y temas que miran directamente a Black Sabbath, mientras que otros nos recuerdan a los Megadeth de Youthanasia (1994).

A estas alturas no debería sorprendernos ni que King Gizzard & The Lizard Wizard saquen un disco apenas tres o cuatro meses después del anterior, ni que ninguno se parezca más que por pertenecer al mismo grupo, ni que tan pronto estén dándole al jazz como al western garajero o planteen un álbum microtonal o uno infinito, pero lo cierto es que seguimos perplejos porque resulta impensable que una banda sea capaz de experimentar con tantos géneros y mantenerse tan frescos y divertidos.

Si miráis sus setlists actuales son tan locos y variados que no consiguen sino que deseemos con más fuerza verlos de nuevo en directo. Infest the Rats’ Nest es un disco que encandilará a muchos y espantará a otros tantos menos afines al heavy metal, pero no importa. Entre tanta variedad y calidad, hay de sobra donde elegir en su catálogo, y, total, si este no te gusta, tranquilo, que en unos meses los tendremos dando guerra con otro proyecto de los suyos. Una vez más, larga vida al Rey Molleja y el Mago Lagarto.

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