Bon Iver

Bon Iver –
i,i

Bon Iver firma su álbum más completo y expansivo hasta la fecha. Atrás quedan las distorsiones vocales en un disco donde Justin Vernon se muestra en perfecta comunión con sus músicos, elaborando viajes sonoros sobre los cuales entona versos que abandonan finalmente el ostracismo y el individualismo para profundizar en las preocupaciones comunes de la sociedad.

Siempre hay miedo a un fin de ciclo. Uno se enfrenta al cambio, a salir de la zona de confort y al misterio con cierto malestar e inquietud. Sin embargo, Justin Vernon no pertenece a ese tipo de gente y parece haber encontrado paz al cerrar un capítulo de una historia que se ha ido desarrollando a lo largo de más de diez años, ilustrada a través de diferentes estaciones: Bon Iver.

Otoño, fin de un ciclo

i,i recoge el testigo de 22, A Million, pero también se constituye como un perfecto resumen de la carrera musical de Bon Iver y Justin Vernon. Lo que nació como un proyecto unitario y en soledad ha culminado en un proyecto donde Vernon cede su intimidad a numerosas personas, haciendo que Bon Iver sea, ahora sí, una banda.

Primero llegó el desolador invierno con aquel catártico For Emma, Forever Ago (2007) cocinado en esa insigne cabaña perdida en un bosque de Wisconsin, donde canalizó el frío del exterior y el que sentía en su pecho. Aquel falsete destilaba melancolía y dolor, intensificándose con los arreglos de guitarra acústica y los coros cantados por él mismo; teníamos a Vernon recordándose a sí mismo, desde todos los ángulos y octavas, que no había nadie más que él entre las nieves que le rodeaban.

Dicha nieve se fundió con la llegada de la primavera y el reconocimiento internacional, lo cual sirvió para potenciar las ambiciones artísticas de un Justin Vernon que sentía la necesidad de formar una banda a su alrededor para plasmar sus nuevas ideas: Bon Iver, Bon Iver (2011) fue un trabajo tremendamente luminoso, marcado por la idealización de su Eau Claire natal y una grandilocuencia sonora ideal para pintar de verde los paisajes que siempre le habían acompañado y que, en ese momento, parecían habitar su mente.

Entonces llegaron los Grammy, el éxito mundial, las colaboraciones con artistas de primera fila (Kanye West, James Blake, The National…) y, sin embargo, lo que pudo ser un verano fantástico acabó transformándose en una vuelta a la casilla de salida; Vernon se encontraba más solo que nunca. 22, A Million (2016) nació de su incapacidad para comprender el mundo que le rodeaba, ese mismo que le hizo volver a aquella metafórica cabaña para encontrar respuesta a ciertas preguntas: ¿Quién era realmente Justin Vernon? ¿Cuál es el sentido de todo? ¿Por qué se encontraba así a pesar de sus logros profesionales hasta la fecha? El resultado fue un trabajo rupturista, donde el norteamericano dejó atrás su folk alternativo característico en aras de crípticas simbologías, distorsiones vocales, uso de samples, sintetizadores y estructuras musicales vanguardistas con el fin de confeccionar melodías que reflejaran el dolor que sentía Vernon en aquel momento.

22, A Million se erigió como el álbum más confesional de Justin Vernon, quien, no obstante, fue capaz de dejar atrás sus miedos y abandonar el ostracismo en el tramo final del disco gracias a lo que veía a su alrededor: las personas a las que quería también sufrían lo mismo que él. Amor, dolor, pérdida… Vernon terminó por encontrar un sentimiento colectivo tras explorar su propio interior. Así es como i,i (2019) cierra el círculo de ese año metafórico para Bon Iver, terminando de indagar en el sentir comunitario para atar todos los cabos sueltos que dejó su predecesor. Si en aquel otoño de 2006, previo al primer invierno de Bon Iver, Justin Vernon vio cómo su mundo se desmoronaba, un año después es testigo de cómo todo lo que perdió vuelve a la vida. Y, esta vez, se encuentra mentalmente preparado para asumir la situación.

Fotografía: Graham Tolbert & Crystal Quinn

Un año después, todo vuelve a la vida

El Justin Vernon más puro y sincero nos da las claves necesarias para entender de qué trata i,i: mediante una actitud racional, hay que frenar el oscuro devenir de la sociedad. Debemos dejar atrás nuestras preocupaciones simplemente individuales para ocuparnos del mal mayor, el del colectivo.

i,i no va sobre miedo o angustia. Va sobre intentar hablar de ello, actuar y literalmente ayudar a que todo el mundo entienda cómo de importante es, porque nadie puede hacer una mierda por sí mismo”. He aquí la esencia de todo el álbum en palabras del propio Vernon. i,i recoge el testigo de 22, A Million, pero también se constituye como un perfecto resumen de la carrera musical de Bon Iver y Justin Vernon. Lo que nació como un proyecto unitario y en soledad ha culminado en un proyecto donde Vernon cede su intimidad a numerosas personas, haciendo que Bon Iver sea, ahora sí, una banda. Con todo, este movimiento responde a una evolución lógica si tomamos como referencia Big Red Machine y PEOPLE, dos proyectos en los que Vernon ha procurado crear idílicos ambientes artísticos para que diversos músicos se unieran con un fin común: la creación de música sin pretensiones en un ejercicio de catarsis y desahogo.

En aquel expansivo Big Red Machine (2018), Justin Vernon y Aaron Dessner (The National) funcionaban como una especie de núcleo para que, a su alrededor y tanto en estudio como en directo, orbitaran gran cantidad de colaboradores (Lisa Hannigan, Phoebe Bridgers, Richard Reed Parry…). La esencia de ese proyecto está en unas canciones nacidas de los lugares más recónditos de sus integrantes, pero con melodías fruto de la improvisación. i,i se encuentra lleno de momentos así, con multitud de músicos jugando con sus artilugios para pavimentar un suelo melódico sobre el que sobrevuela Justin Vernon, quien canta desde lo más profundo de su alma acerca de lo que siente al observar el mundo que le rodea.

Hay dos piezas cuya creación, en concreto, se corresponde con todo esto: Holyfields,y Sh’Diah”. Mientras que la primera tiene un aroma próximo a la vaporosa “Hinnom, TX” o a las colaboraciones de Vernon con Mouse on Mars, la segunda recuerda a la delicadeza de “21 M♢♢N WATER”. Ambas se encargan de acercarnos al Justin Vernon más puro y sincero, quien nos da las claves necesarias para entender de qué trata i,i: mediante una actitud racional, hay que frenar el oscuro devenir de la sociedad. Debemos dejar atrás nuestras preocupaciones simplemente individuales para ocuparnos del mal mayor, el del colectivo.

Bon Iver, apelando al futuro de la sociedad

El apoyo de los músicos que forman ahora Bon Iver como agrupación ha sido clave para que Justin Vernon se haya sentido seguro para mostrarse tal y como es, sin artificios ni distorsiones que emanasen dolor.

Es interesante explorar esto último: por primera vez en su trayectoria, Bon Iver hace referencia en sus letras al mundo en el que vive. Ahora no habla sólo de sí mismo o de Eau Claire, sino que algunos versos apuntan a la situación de su país. Lo comentaba antes: el sentimiento de comunión en el apartado musical también se encuentra presente en unas letras que llaman a la lucha. Lejos de empezar desde un principio con una especie de sermón señalando todo lo que estamos haciendo mal como sociedad (a lo Father John Misty en Pure Comedy), Vernon decide arrancar entonando un mea culpa en “iMi”. Sobre ciertas reminiscencias a las propuestas de James Blake (sobre todo en la apertura) y de Dirty Projectors en lo que respecta a mezclar elementos orgánicos y electrónicos para desembocar en estribillos apabullantes, Vernon realiza una interesante reflexión acerca de su desconexión con el resto del mundo durante en los últimos años. Una desconexión que ha tocado a su fin en otoño:

“Living in a lonesome way
Had me looking other ways
‘Cause I am, I am, I am lost here, again
But on a bright fall morning, I’m with it
I stood a little while within it
Man, you have to know
Know the way”

Los momentos de improvisación anteriormente mencionados y esta “iMi” plasman a la perfección el germen de los conceptos musicales y líricos que terminarán desarrollándose a lo largo de i,i. Comienza hablando del error que comete al estar centrado en sí mismo e ignorando así al resto para, a continuación, hacerlo sobre la recuperación de la paz y felicidad perdidas (We), el hecho de dejar de encerrarse en las drogas y empezar a pensar en la familia y la comunidad (“Hey, Ma”, “Naeem), la crisis de fe (Faith) y, en última instancia, aprender a convivir con sus circunstancias gracias al apoyo del resto (RABi). El álbum empieza mostrando dolor para culminar con una proclama de carácter ligeramente nihilista: todos vamos a morir, disfrutemos mientras podamos. Sobre “RABi”, una canción que se encarga de cerrar tanto este álbum como una etapa dentro de Bon Iver, Vernon comenta:

[En la vida] Hay mucho por lo que estar triste y confuso, pero también mucho por lo que estar agradecido. Apoyarse en la gratitud y el aprecio de la gente que te rodea te hace ser quien eres, te hace sentir a salvo y te da cobijo para que seas quien quieras ser.

El apoyo de los músicos que forman ahora Bon Iver como agrupación ha sido clave para que Justin Vernon se haya sentido seguro para mostrarse tal y como es, sin artificios ni distorsiones que emanasen dolor. Sin dolor no hay necesidad de una instrumentación en la línea de 22, A Million y, por ello, se deja llevar en cierta medida por la claridad que podíamos encontrar en Bon Iver, Bon Iver. Desde luego, no tenemos aquel folk luminoso de hace años, pero sí se encuentran paralelismos entre el segundo y el tercer álbum de su carrera, como si este i,i fuera el eslabón perdido que, ahora, nos explica aquel trabajo rupturista que muchos no comprendieron.

El eslabón perdido en la obra de Bon Iver

Sin dolor no hay necesidad de una instrumentación en la línea de 22, A Million y, por ello, se deja llevar en cierta medida por la claridad que podíamos encontrar en Bon Iver, Bon Iver. Así, encontramos paralelismos entre el segundo y el tercer álbum de su carrera, como si este i,i fuera el eslabón perdido que, ahora, nos explica aquel trabajo rupturista que muchos no comprendieron.

De esta manera, uno consigue explicar la co-existencia de la íntima y acústica Marion”, la ya mencionada “RABi” (con protagonismo especial de la guitarra y arreglos cercanos a su debut) o “U (Man Like)” (una crítica a la sanidad y economía estadounidenses trenzada a partir de un arreglo de piano a cargo de Bruce Hornsby y coros de Moses Sumney, entre otros) con piezas de carácter más experimental e IDM como la sintética e improvisada “Jelmore”, “Sh’Diah” o “Holyfields,”. Dos caras que, tras haber escuchado anteriormente Bon Iver, Bon Iver y 22, A Million, entendemos que pertenecen a la misma moneda.

La novedad con respecto a aquellos dos trabajos viene porque, situándonos en esa dicotomía entre ‘soundwriting’ y ‘songwriting’ siempre presente en su obra, Bon Iver ha terminado apostando aquí por lo primero, explotando al completo un camino que se abrió en 22, A Million. Salvo en contadas excepciones como “Hey, Ma” o la celestial “Faith”, cuyas voces, baterías y arreglos de guitarras te sumergen en un mar onírico, Bon Iver no firman canciones al uso. Como si de un Mark Kozelek vanguardista se tratara, Vernon compone estrofas más que canciones; viajes melódicos sin estructura pero llenos de belleza. En momentos como “We” (una mezcla entre Kanye West y “Minnesota, Wi” con grandes baterías) o “Salem” (una gran exhibición de la propuesta del grupo en directo al entremezclar electrónica con arreglos de saxofón y demás instrumentación orgánica), parece que tenemos una mayor concreción gracias a progresiones que conducen a un clímax, pero no son más que meros espejismos. Hay muchos detractores respecto a este tipo de escritura, pero en última instancia no podemos olvidar que estas estructuras son un reflejo de la libertad creativa de Bon Iver (banda), finalmente sin ningún tipo de ataduras que les impidieran mostrar la esencia del proyecto: la libertad que les proporciona estar juntos.

Al fin, un invierno en paz

i,i es el anverso de aquel triste y solitario invierno: un tranquilo y apacible otoño que Justin Vernon llevaba tratando de encontrar desde hace más de una década, todo lo que ansiaba conseguir en su vida. La paz.

El último invierno de Justin Vernon como Bon Iver estuvo marcado por un periodo previo de paulatino abandono: sin trabajo, sin pareja y sin fondos tuvo que ceder ante la reclusión en aquella recóndita cabaña al noroeste de Wisconsin, donde los días se difuminaban entre los mantos níveos, la caza, el alcohol y los pensamientos sobre cómo había llegado hasta ese punto.

i,i es el anverso de todo aquello: el tranquilo y apacible otoño que Justin Vernon llevaba tratando de encontrar desde hace más de una década, todo lo que ansiaba conseguir en su vida. Como decía al principio, se cierra una etapa de Bon Iver en la que hemos sido testigos de la evolución personal y artística de Vernon en estos años de descubrimiento, reclusión y búsqueda del perdón. No sabemos qué nos deparará el futuro de este proyecto, pero de momento está claro que Justin Vernon ha conseguido alcanzar lo que más ansiaba: la paz.

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