Inter Arma

Inter Arma –
Sulphur English

No es fácil innovar en el heavy metal. Para ello hace falta, aparte de talento e imaginación, renunciar de manera prácticamente automática al éxito de masas y todo lo que conlleva. Afortunadamente y pese a todo, hay grupos dispuestos a hacerlo.


Es una tarde de domingo de principios de agosto, y me resulta difícil explicarme a mí mismo por qué prefiero estar escribiendo una reseña sobre un grupo de heavy metal actual poco conocido que en la playa tirado a la bartola. El puñado de potenciales lectores a los que pueda interesar esta pieza probablemente sea o bien porque ya conozcan a la banda, o bien porque sean unos mineros del underground poseídos por la fiebre del oro (o algún otro metal brillante). En ambos casos, no creo que mi opinión pueda aportarles más luz de la que se puede encontrar en otros artículos más inspirados. Y, sin embargo, hay una fuerza magnética en el disco que hoy nos ocupa que me obliga a hablar de lo bueno que es, aunque sea ante una audiencia de paredes y mi propio eco:

Inter Arma lo tienen absolutamente todo para triunfar en el metal moderno: juventud, potencia, un nombre cojonudo, cuatro discazos como cuatro soles, con unas portadas a su altura y un merchandising que no le va a la zaga. Sin embargo, no lo harán porque, nos guste o no, el heavy metal hace tiempo que perdió la guerra de la popularidad y la de mantenerse renovado a nivel de grandes nombres. A falta de una clase media cada día más en peligro de extinción, el género se está polarizando entre los últimos rugidos de los dinosaurios que todos conocemos y un underground que bulle de nuevas y geniales ideas en absolutamente todos sus subgéneros. Pero que está limitado, por desgracia, con un techo de cristal cada vez más grueso e irrompible.

Trascender subgéneros como seña de identidad

Como decía Leonard Cohen, hay una brecha en todo lo que existe: por ahí es por donde entra la luz. Y siguiendo esa luz en la brecha del doom, el folk, el sludge y el black metal se encuentran Inter Arma.

Lo de trascender subgéneros y categorías del metal, volviendo locos de paso a crítica y público (siempre afanados en guardar nuestros grupos en cajones estancos), es un rasgo típico de bandas importantes. Así sucede, por poner ejemplos recientes, con Mastodon o Gojira, que no encajan del todo bien en las etiquetas que se les asignan, sean progresivo, death o groove metal. En este cajón de sastre de grupos difícilmente definibles entran, aunque una división por debajo en popularidad, los americanos Inter Arma.

Fotografía: Joey Wharton

Belleza entre fuego y destrucción

Más allá de lo obvio del sonido, que te sitúa automáticamente en una atmósfera densa y cargada de azufre, como ya anticipaba su propio título, las letras de Mike Paparo aluden a un mundo exterior en llamas espejo de sus propios problemas con la depresión.

El primer disparo hecho en Bumgardner y su desarrollo en A Waxen Sea no ofrecen ningún tipo de dudas sobre el contenido opresivo y pesado de este disco. Más allá de lo obvio del sonido, que te sitúa automáticamente en una atmósfera densa y cargada de azufre, como ya anticipaba su propio título, las letras de Mike Paparo aluden a un mundo exterior en llamas en cierto modo similar a aquel de La Carretera de Cormac McCarthy, espejo de sus propios problemas con la depresión. No en vano, el disco está dedicado a dos amigos suyos recientemente fallecidos: el mencionado Bill Bumgardner, de Indian y Lord Mantis, y Adrian Guerra, de Bell Witch.

En cualquier caso y volviendo a lo puramente instrumental, la versatilidad del quinteto de Richmond es tal que en Citadel se pueden permitir acercarse al death metal, en quizá la canción más pesada del disco más pesado de su carrera. Por su parte, Howling Lands usa tambores tribales, gritos lejanos y tañidos para transportarte a una cueva iluminada por antorchas en la que se va a realizar un sacrificio ritual. Un corte duro y seco que conecta rítmicamente con el siguiente. Stillness”, sin embargo, cambia la agresividad por un canto etéreo y unos preciosos punteos acústicos, demostrando que sigue habiendo cabida para la belleza entre el fuego y la destrucción que imperan en Sulphur English. Esta mezcla de luz y oscuridad enrocada en torno a riffs pesados puede recordar en la forma, que no en el contenido, a lo más reciente de otra banda predilecta de esta casa como es Elder o la magia extraña de Yob, y los momentos acústicos de este tema a otros del mayor genio del black metal americano actual: Panopticon.

“A fire burns deep in the citadel of my weary heart”

Las canciones de Inter Arma son catedrales góticas: imponentes, bellas, oscuras, sólidas como la piedra caliza y de construcción lenta, muy lenta. Quizá demasiado.

El interludio Observances of the Path da comienzo a la segunda parte del trabajo. En ella destaca The Atavist’s Meridian, donde T.J. Childers, batería y chófer compositivo de la formación, impone un ritmo alto para que las guitarras sobrevuelen en círculos de manera obsesiva mientras Mike Paparo se desgañita casi literalmente.

Las canciones de Inter Arma son catedrales góticas: imponentes, bellas, oscuras, sólidas como la piedra caliza y de construcción lenta, muy lenta. Quizá demasiado, y es que en algunos momentos es fácil desconectar del motivo principal del tema cuando lleva cinco minutos caracoleando entre olas de sludge. Blood on the Lupines”, por ejemplo, es espesa incluso para sus estándares, y quitándola habrían bajado el disco de la hora de duración, lo cual siempre es un punto a favor. Y eso que estamos ante un disco bastante más breve que su anterior obra, Paradise Gallows, que les otorgaba definitivamente el certificado de banda de culto de su generación.

Un color raro y único

En este disco, los de Richmond, Virginia, parece que han optado por definir de una vez por todas su propio sonido, agitando todas sus influencias en la paleta con tanto brío que el color que extraen de ella es, ahora sí, suyo y de nadie más.

Sin embargo, aquel álbum parecía en el aspecto sonoro algo más estilizado que éste, mostrando cada una de sus bazas jugadas (el folk, el black, el doom…) de manera más transparente y menos mezclada con el resto. En este disco, sin embargo, los de Richmond, Virginia, parece que han optado por definir de una vez por todas su propio sonido, agitando todas esas influencias en la paleta con tanto brío que el color que extraen de ella es, ahora sí, suyo y de nadie más. Así, Sulphur English se sumerge con la canción que le da título en una ciénaga doom con guturales y un tempo ágil propios del black, mientras carga las tintas contra “el charlatán que se escabulle entre columnatas pálidas” (fácil adivinar de quién se trata). Un final con el cuchillo entre los dientes, como no podía ser de otra manera para clausurar la bomba de napalm que es este trabajo.

No es fácil innovar en el heavy metal. Para hacerlo hace falta, aparte de talento e imaginación, renunciar de manera prácticamente segura al éxito de masas y todo lo que ello conlleva. Afortunadamente, hay grupos que siguen bregando en la trinchera, nunca satisfechos con lo que ya hay y siempre buscando nuevos frentes desde la más pura vanguardia. Como decía Leonard Cohen, hay una brecha en todo lo que existe: por ahí es por donde entra la luz. Y siguiendo esa luz en la brecha del doom, el folk, el sludge y el black metal se encuentran Inter Arma.

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