Freddie Gibbs & Madlib

Freddie Gibbs & Madlib –
Bandana

Madlib vuelve de la mano de un Freddie Gibbs en su versión más inspirada en esta digna continuación de Piñata (2014). Beats soul y un buen puñado de barras recuperan el espíritu gangsta de una West Coast modernizada.


Como un Rocky del gangsta rap millennial, Freddie Gibbs vuelve al ring en 2019 después de cinco años de su última colaboración con el archiconocido productor Madlib para traernos este Bandana como un regalo caído del cielo. En medio, varios proyectos con más o menos acierto entre los que destacar Fetti (2018, colaboración con Curren$y y The Alchemist), quizás el más cercano a este estilo boom-bap/jazz rap que pretende rescatar de sus cenizas en una escena donde el trap está guiando la actualidad y en la que Gibbs también se ha anotado unos tantos con You Only Live 2wice (2017) y Shadow of a Doubt (2015), discos que explotan el universo trap sin caer en el autotune barato y siempre defendiendo el rap tradicional sobre el mumble rap que reina entre los newcomers.

Marcar la diferencia. Es lo que el productor Madlib busca sin cesar en todos sus cuidados trabajos, sin importar cuánto tiempo tenga que echar en la mezcla, en los detalles, en los arreglos, en sus infecciosos beats tan bien curados por el tiempo y que le catapultaron a ser el productor de culto de este milenio con esa joya perfecta de lo abstracto que es Madvillainy (2004), realizada junto a un MF DOOM en el punto álgido de su carrera pero que después abandonó para seguir en un perfil bajo. Imagino entonces a un Madlib huérfano, en busca de ese rapero merecedor de sus beats, y no se me ocurre otra fórmula tan contundente como la que cocinó junto a Gibbs en Piñata (2014), una patada al estómago de todo el rap comercial con una producción tan clásica como innovadora, temas cortos con mensajes directos y una química sin fisuras entre productor y rapero. Y es que cuando las ideas conectan, fluyen, y eso es lo que mejor saben hacer estos dos grandes del hip-hop actual; volver a lo grande para dar una sacudida a todo el panorama y mostrar que el rap de verdad aún no está tan muerto, aunque algunos quieran enterrarlo.

Fotografía: Nick Walker

Rompiendo la maldición de las segundas partes

Vuelta a las referencias clásicas que hicieron grande al rap de los noventa: Wu-Tang Clan mezclados con el flow de un 2Pac trasnochado forman la unificación de ambos estilos venidos de las dos costas, haciendo que los temas suenen consistentes, cohesionados y a la vez nuevos como el primer día que le quitas el plástico al álbum recién comprado.

Bandana, a pesar de sus años de cocción y trabajo, suena tan fresco como si lo hubieran grabado en una tarde con los colegas. Ahí radica su valor añadido, la capacidad de teletransportarnos instantáneamente al sórdido mundo de un gánster cocainómano que se ha hecho a sí mismo y que defiende sus ideales cual yakuza con otras bandas enemigas. Esa vuelta a las referencias clásicas que hicieron grande al rap de los noventa, como Wu-Tang Clan mezclados con el flow de un 2Pac trasnochado (que es cuando mejor salen las cosas para estos raperos, para qué nos vamos a engañar), une ambos estilos venidos de las dos costas, haciendo que los temas suenen consistentes, cohesionados y a la vez nuevos como el primer día que le quitas el plástico al álbum recién comprado.

Desde el día en que traficaste tu primera placa, ese en que te atrapó la policía, hasta cuando te saliste con la tuya y acabaste en un jet privado con una fiesta a bordo, Bandana abarca la vida de un narcotraficante mientras Gibbs suelta sus más inmediatos pensamientos. Sin esconder la parte oscura del asunto; la realidad es que nunca se estará fuera del negocio para siempre, seguirás siendo un esclavo aunque sea con cadenas de diamantes. Una fórmula que nunca pasará de moda, y al igual que han sacado tres partes de la saga John Wick, el género de acción y las drogas en el contenido lírico, más las bases recién salidas del horno de Madlib, siempre serán bienvenidas.

“You’ve got control to start again and do it right
Look to the sky and you will feel how to live a life that’s real”

Rap de primera, bases de primera. ¿Qué puede fallar?

Gibbs habla sin tapujos de su adicción a la cocaína y de lo que eso ha ocasionado en su vida sobre unas bases que recuerdan al trap más oscuro que ha podido producir Madlib en toda su carrera, con unos cambios de tempo en el estribillo marca de la casa, realzando su inquietud sonora ante explorar nuevos caminos para distorsionar estilos sin caer en la monotonía.

Tras la clásica introducción a modo de sketch grabado en “Obrigado”, ya nos dan la idea de que aquí ante todo hemos venido a divertirnos; “Freestyle Sh**t” refuerza esa sentencia con un sample de soul lleno de trompetas triunfantes que nos dan la bienvenida al mundo de Gibbs, escupiendo lo primero que se le ocurre con su particular estilo en el que nada parece sonar mal. Pasamos a “Half Manne Half Cocaine”, donde ya nos metemos, precisamente, ‘en harina’, hablando sin tapujos de su adicción a la cocaína y de lo que eso ha ocasionado en su vida sobre una base que recuerda al trap más oscuro que ha podido producir Madlib en toda su carrera, con unos cambios de tempo en el estribillo marca de la casa, realzando su inquietud sonora ante explorar nuevos caminos sin caer en la monotonía.

Madlib aplica una producción actual para hacer pasajes ensoñadores en “Crime Pays”, volándonos la cabeza con samples setenteros en la contradicción entre el glamour de ser un gánster forrado de pasta y caer en una celda durante años como un pardillo, cosa que puede pasarle en cualquier momento a estos thugs. Este particular juego de comedia negra sobre sus propias vidas es también la comidilla de Bandana, donde lo ‘bonito’ suena contradictorio ante unas barras cargadas de toxicidad cual película de Tarantino.

Con “Massage Seats volvemos al estilo más clásico de Gibbs con Madlib, sampleando soul en sus beats y usando vocales, ruidos, sonidos, ecos, como adornos en cada fraseo. Esta armonía entre la base y la actitud de Gibbs capta nuestra atención y no nos suelta en ningún momento, creando una pista orgánica en todas sus capas que no queremos que cese nunca. “Palmolivees uno de los temas más largos y serios del disco. Incluyendo los feats de Killer Mike y Pusha T, es un hit directo con referencias a sus inicios, el crack y las drogas que como el aceite de palma han corrompido sus mentes, sus barrios y su entorno hasta ver cómo se deteriora todo a su alrededor. No vienen precisamente del paraíso, simbolizan todo como un proceso de selección natural hasta llegar a lo que son actualmente: “Todo pudo ser mucho peor”.

Un LP en el que prima el dinamismo y el flow continuo

Los años no han pasado factura y tanto Madlib como Freddie Gibbs sacan su mejor versión en cada tema, continuando un estilo muy trabajado que se hace, sobre todo, personal e identificable de un dúo que ha creado una escena propia donde sólo ellos mandan.

Con “Fake Names” tenemos otro track clásico en contra de la hipocresía del mundillo del rap y todos los que quieren lograr la fama fácil. Sólo unos pocos tienen las armas correctas y Gibbs con Madlib las tiene para crear un tema que suena a hip-hop consciente y lleno de duras barras en un flow como sólo Freddie puede manejar actualmente. Madlib introduce orquestas, flautas y su particular imaginería sonora, que nos lleva a unos sesentas llenos de libertinaje y opiáceos. En “Flat Tummy Tea” no bajan el ritmo, la metralleta de Gibbs está cargada y lista sobre una base acelerada hasta el punto de hacerse demasiado corta; desde sus orígenes africanos hasta los atracos, la vida pasa rápido para un traficante y esa es la sensación que quiere transmitirnos con su flow incesante. “Situations” es otra muestra de la experiencia de Gibbs para engancharnos con sus hooks y ribetes de barras, Madlib simplemente deja al servicio de la base el juego vocal de esta bestia de las rimas, que además en Bandana demuestra estar al máximo de sus posibilidades.

Giannislevanta al público a dar palmas con un beat humeante sobre el que Gibbs continúa haciendo maravillas junto a los estribillos de Anderson .Paak, que entran como un porro para dormir después de una intensa noche de fiesta. Madlib apuesta por la world music, dándole feeling internacional a un disco que busca ante todo trascender dentro de la escena norteamericana y expandirse hacia terrenos no explorados. En “Practice”, ellos mismos parecen ser conscientes de su derroche de creatividad; los años no han pasado factura y tanto Madlib como Freddie Gibbs sacan su mejor versión en cada tema para dejarnos, simplemente, sin palabras. “Cataracts parece sonar a algo ya escuchado en sus anteriores trabajos pero, aun así, mantiene la compostura continuando un estilo muy trabajado que se hace, sobre todo, personal e identificable de un dúo que ha creado una escena propia donde sólo ellos mandan.

Mirando en ambas direcciones se siente más real

Quizás estemos ante un álbum que explota viejos trucos, pero precisamente por eso son eficaces: la experiencia y la madurez se ponen en juego y no dejan títere con cabeza. Lejos de todo lo accesorio que rodea al rap (lo cual es mucho), Gibbs se centra en lo verdaderamente importante y saca partido hasta a la última gota exprimida en sus barras para hacer de Bandana lo más recomendado de este año en cuanto a hip-hop internacional.

Gat Damnes una balada al estilo 2Pac como le gustan a Gibbs, similar al “Harold’s” de Piñata pero en este caso dándole el sentimiento soul que, quizás, le faltaba a algunos trazos de su anterior colaboración. En este último tramo del disco echamos el freno para disfrutar de las bases de un Madlib de quien parece brotar la nostalgia mientras samplea. “Educationes lo más cercano a la esencia noventera que he podido escuchar en esta década, posiblemente por las colaboraciones de Yasiin Bey y Black Thought, quienes los acercan a esa East Coast de oro de donde salieron A Tribe Called Quest y Mobb Deep.

Culminando esta mirada al pasado, Gibbs parece atemporal sobre cualquier base que le pongan por delante; hay que rendirse ante su dominio de todos los registros y géneros sin perderse a sí mismo por el camino. El jazz rap no es explotado tanto como en sus otros trabajos, pero sí es utilizado como aderezo en todos los temas, amenizándonos el camino hasta esa “Soul Rightdonde, como su propio nombre indica, una dosis de hip-hop directa de sus raíces con una producción impecable para estos tiempos cierra el disco poniendo el broche de oro.

Freddie Gibbs y Madlib son dos de los nombres a venerar en esto del hip-hop en 2019. Cuando el rap parecía estar en horas bajas frente a la popularización desmedida del trap, vuelven con este Bandana para demostrar que no tienen que bajarse los pantalones ante nadie. Quizás estemos ante un álbum que explota viejos trucos, pero precisamente por eso son eficaces: la experiencia y la madurez de estos dos artistas se ponen en juego y no dejan títere con cabeza. Lejos de todo lo accesorio que rodea al rap (lo cual es mucho), Gibbs se centra en lo verdaderamente importante y saca partido hasta a la última gota exprimida en sus barras para hacer de Bandana lo más recomendado de este año en cuanto a hip-hop internacional. La unión hace la fuerza y esperemos que esta siga durante muchos álbumes más con este mismo nivel de calidad productiva.

error: ¡Contenido protegido!