Protomartyr

Protomartyr –
No Passion All Technique

Un paseo neurótico y terrible por los sitios más decadentes de Detroit, así como por todos sus bares y fábricas abandonadas. El debut que sirvió para encumbrar a los de Joey Casey como una de las bandas más prometedoras de la escena alternativa. Ahora, años después, han cumplido con creces los destellos de genialidad que ya dejaron atisbar en este primer largo. Para celebrarlo, lo han reeditado junto con cuatro canciones inéditas de la grabación original.


Crecer y subsistir en una ciudad como Detroit no tiene que ser nada fácil. Esta metrópoli, cuna del punk-rock norteamericano y actual ruina urbana, planea en el imaginario colectivo como la viva reencarnación de los desastres del sistema capitalista (tasas de paro desorbitadas, especulación inmobiliaria, delincuencia, despoblación, etc). En los últimos años, ha visto florecer un sinfín de propuestas musicales radicales que han realizado un retrato bruto y descarnado de la sociedad en la que se han tenido que desenvolver. Este es el caso de Protomartyr. En 2012 y en plena crisis financiera, la banda de Joey Casey sacaría a la luz su álbum debut, No Passion All Technique, y que ahora, después de siete años, han vuelto a reeditar con cuatro bonus tracks que se quedaron atrás en las sesiones de grabación.

Una cascada de punk efervescente con distintos mimbres

En comparación con sus siguientes trabajos, No Passion All Technique quizás sobresale por ser el más agresivo: el torbellino de guitarras y batería, junto con el registro vocal más histriónico, confieren las señas de identidad a esta banda que sirvió para revitalizar el punk en su vertiente más turbia, sombría y exasperante.

En comparación con sus siguientes trabajos, este quizás sobresale por ser el más agresivo: el torbellino de guitarras y batería, junto con el registro vocal más histriónico, confieren las señas de identidad a esta banda que sirvió para revitalizar el punk en su vertiente más turbia, sombría y exasperante. Aquí encontramos algunos de los temas más canónicos que pasarían a ser imprescindibles en sus conciertos hasta el día de hoy. Protomartyr siempre han sido fieles a su sonido, encumbrado en este debut.

Si eres un iniciado y los descubriste con Relatives in Descent (2017), este primer largo puede ser un buen comienzo, aunque a juicio personal el más conseguido es The Agent Intellect (2015). En cualquier caso, se trata de una banda que desde el principio ha mantenido su garra y carácter, por lo que cualquier momento de su discografía es bueno y adecuado para dejarte embriagar por esta cascada de punk efervescente con distintos mimbres, desde el noise hasta el psych-rock. 

Fotografía: Angel Ceballos

Nunca crezcas en una ciudad como Detroit

A lo largo de las canciones podemos encontrar ecos de bandas tan variadas como Sonic Youth (en algunos riffs borrachos de feedback), Pixies (y su característico fingerpicking), Joy Division (en las atmósferas absorbentes y lúgubres de bajo), de la Velvet Underground (en las estructuras progresivas y los momentos más instrumentales) o de canónicos del punk alternativo como Wire.

Casey y los suyos decidieron establecer a su ciudad natal, Detroit, como eje central de su discurso y a sus habitantes prototípicos como protagonistas principales. Una de las bandas clásicas por la que parecieron sentirse claramente influenciados fueron sin duda los Stooges, con quienes también comparten lugar de nacimiento. Tanto es así que el mismísimo Iggy Pop declaró en una entrevista en un programa de radio que Protomartyr era “la mejor banda americana del presente”. Y es evidente encontrar similitudes sonoras a, por ejemplo, el Fun House en los momentos de mayor rabia contenida del disco o en sus chispazos de intenso ruido y frenesí. Pero su abanico de influencias es mucho más amplio. Nada más arrancar con In My Sphere es inevitable acordarse de Mark E. Smith y The Fall. A lo largo de las canciones podemos encontrar ecos de bandas tan variadas como Sonic Youth (en algunos riffs borrachos de feedback), Pixies (y su característico fingerpicking), Joy Division (en las atmósferas absorbentes y lúgubres de bajo), de la Velvet Underground (en las estructuras progresivas y los momentos más instrumentales) o de canónicos del punk alternativo como Wire. 

Los temas que más sobresalen de todo el conjunto son, sin duda “Jumbo’s” (un imprescindible de la banda), How He Lived After He Died (una dramática y paranoica agonía continuada de tintes heroicos) o “Ypsilanti” (una acelerada sonata con aires pop que llena el espacio sonoro de distorsión). Del mismo modo, Too Many Jewels parece ser un híbrido entre The Fall (gracias a esa voz exaltada a lo Mark E. Smith) y los primeros álbumes de Black Sabbath (su inicio claramente resuena a la inmortal “War Pigs”). Estas dos últimas en concreto están basadas en el libro The Three Christ of Ypsilanti, escrito por Milton Rokeach, el cual trata de tres pacientes psiquiátricos reales de Michigan que creen ser la viva reencarnación de Jesucristo. Esta elección argumental no es baladí, ya que la temática de las canciones de Protomartyr se nutrirá de historias bañadas en neurosis y esquizofrenia a lo largo de toda su discografía. Al fin y al cabo, tanto en Detroit, como en Madrid o Hong-Kong, los trastornos mentales son parte del día a día de estas ciudades como consecuencia de los problemas del yugo imperial del capitalismo global, de cuyas redes parece imposible salir o, al menos, esconderse. Esta también será una temática constante en creaciones posteriores, sobre todo en el álbum Relatives in Descent, el más político de toda su discografía. 

Tres botellas de whiskey a solas con uno mismo

La temática de las canciones de Protomartyr se nutrirá de historias bañadas en neurosis y esquizofrenia a lo largo de toda su discografía. Al fin y al cabo, tanto en Detroit, como en Madrid o Hong-Kong, los trastornos mentales son parte del día a día de estas ciudades como consecuencia de los problemas del yugo imperial del capitalismo global, de cuyas redes parece imposible salir o, al menos, esconderse.

“Al final te acostumbras”, declaraba Joey Casey en una entrevista para un reportaje sobre el declive y posterior ruina de Detroit. Es por ello que sus personajes, lejos de imaginarse liberados de la condena que les impone la ciudad, han decidido volverse impasibles, estoicos, ajenos a sí mismos y a la sociedad en la que están inmersos. El consumo de drogas y alcohol (sobre todo alcohol), embadurna las canciones de No Passion All Technique como opción más inmediata para mitigar esa ruina personal y colectiva en la que se ha convertido su vida. De ahí canciones como Machinist Man, que versa sobre un trabajador nocturno que todos los fines de semana se bebe varias botellas de whiskey para evitar sufrir el hecho de no tener apenas relación con nadie. 

También en 3 Swallows (“Tres tragos”, en español), la cual, con una voz perfectamente ebria (no sabemos si real o interpretada), Casey admite que ya se siente viejo y ahora bebe mejor, más despacio, con el fin de esperar a que “otros hombros le sostengan”: “Down the hall, alcohol for free, all alone with me. O la frase quizás más lapidaria, que sugiere un amor perdido cuyo dolor es apaciguado por litros de whiskey: Solía encender mis cigarrillos / con el fuego de tus ojos / y yo era el rey del hecho de malgastar el tiempo”. En definitiva, una visión existencial de una sociedad rota, de unos individuos perdidos en sí mismos y en sus adicciones, muy cercana a la narrada por bandas que, a pesar de no ser de Detroit, parecen tener muchos puntos en común, como Modest Mouse y su This Is a Long Drive for Someone with Nothing to Think About (1996).

Un adictivo, ruidoso y asfixiante mundo

Sus personajes, lejos de imaginarse liberados de la condena que les impone la ciudad, han decidido volverse impasibles, estoicos, ajenos a sí mismos y a la sociedad en la que están inmersos. El consumo de drogas y alcohol (sobre todo alcohol), embadurna las canciones de No Passion All Technique como opción más inmediata para mitigar esa ruina personal y colectiva en la que se ha convertido su vida.

Pero también existe un hueco para el humor. En Feral Cats, con una sobresaliente intervención de Alex Leonard a la batería, recurren al absurdo (muy a lo Pixies) para ahondar en esa aguda crisis existencial. El resto de temas, como Hot Wheel City”, “Wine of Ape o (Don’t You) Call Me out My Name, son pequeñas píldoras que no llegan a los dos minutos y que sirven para aportar coherencia y dar relleno al conjunto del disco, imprimiendo esa esencia de punk-rock tabernario con guitarras chirriantes y melodías encolerizadas, así como Free Supper”, que admite una pequeña variación más hacia el psych-rock. Para terminar, “Principalities” que, aunque parece arrancar como una balada, a los pocos minutos ya está embadurnada de ruido. La canción comienza con una letra que bien puede servir de colofón al resto de ideas expresadas en el disco, esa resignación y estoicismo ante una vida carente de sentido o completamente esclava: 

“Show restraint in all things
Go to sleep when the sun goes down
Wake up in the morning when it rises
Know yourself, don’t know anyone else
You are stuck to rules where you live in principalities”

La reedición de 2019 contiene cuatro temas más que en un principio quedaron descartados. Se trata de King Boots” (de guitarras muy cercanas al “What Goes On” de la Velvet Underground), Bubba Helms (con un riff irresistible de ecos grunge), “Cartier E.G.S.” (un potente show rítmico de batería de Alex Leonard) y, por fin, Whatever Happened to the Saturn Boys?(una especie de composición a camino entre el garage y el glam-rock que acaba derivando en un potente feedback de guitarra acompañado de los ecos estentóreos de Casey). En definitiva, un álbum perfecto al que regresar o bien por el que entrar como incautos en el adictivo, ruidoso y asfixiante mundo de Protomartyr. 

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