El Grajo

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El Grajo

Cinco años después de su último material con Los Claveles, Marcos Rojas vuelve como El Grajo. Sus letras incisivas y ácidas, así como sus punteos tan característicos, siguen ahí, pero basta con observar las melodías, ahora con más dinámicas y menos convencionales en cuanto a su estructura, para constatar las ambiciones artísticas que persigue Rojas con este nuevo proyecto.

Estando en casa de un amigo, en pleno centro de Madrid y viniendo de Málaga como yo, apenas hay indicios sobre su pasado salvo libros relacionados con la especialidad que estudió y una Polaroid de una fiesta celebrada en su salón. Exceptuando esos detalles, resultaría imposible saber quién vive ahí. Sin embargo, en su dormitorio, enmarcado encima de la cama, hay un elemento que rompe de cierta forma con el anonimato de la vivienda: el vinilo de Mesetario, el único larga duración de Los Claveles. Al preguntarle por qué lo tenía en un sitio tan especial, no parecía encontrar palabras para explicarlo. “Simplemente, no viviste a Los Claveles”, me decía. Demos gracias al cielo porque el cerebro principal de esa formación, Marcos Rojas, ha vuelto a la carga con un nuevo proyecto, El Grajo, y a éste sí que llego a tiempo.

Refrescando su sonido

El toledano inicia una nueva etapa en solitario bajo la denominación de El Grajo y se presenta al mundo con un debut homónimo que, si bien cuenta con esa lírica ácida y los punteos saltarines que podíamos encontrar en la obra de Los Claveles, se aleja bastante de la ambientación post-punk propia de Mesetario (2012).

Cinco años después de Ojos (2014), último EP de Los Claveles y primer material de Marcos Rojas con Sonido Muchacho, el toledano inicia una nueva etapa en solitario bajo la denominación de El Grajo y se presenta al mundo con un debut homónimo que, si bien cuenta con esa lírica ácida y los punteos saltarines que podíamos encontrar en la obra de Los Claveles, se aleja bastante de la ambientación post-punk propia de Mesetario (2012). El Grajo, en lugar de posar la vista sobre referencias ochenteras (Polanski y el Ardor, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente…), decide refrescar en cierta forma su sonido y unirse a la onda de Mujeres, Juventud Juché o incluso Carolina Durante.

Fotografía: Sergio Albert

Nuevas historias con misma raíz

El Grajo puede parecer un mero compendio de ideas únicamente hilvanadas por la ambición artística de un Marcos Rojas con ganas de demostrar qué es capaz de hacer después de Los Claveles, pero si uno escarba encontrará ciertos aspectos que unifican el contenido del álbum y lo llevan un paso más allá.

Aparece entonces una paradoja a la hora de hablar sobre Marcos Rojas y el contexto musical en el que se desarrolla su trabajo. Si tuviéramos que decir a qué nos recuerda El Grajo y, en especial, los momentos más potentes del álbum (Acuérdate”, “¡Que Te Mejores!”), aparecería el nombre de bandas que tienen entre sus referentes a formaciones como Juanita y Los Feos o los propios Claveles (Carolina Durante, sin ir más lejos). Al final, Marcos Rojas ha acabado relacionándose con bandas que se han inspirado en su propia obra, lo cual hace que lleve aún más lejos su propuesta para intentar abrir un nuevo camino a seguir por parte de las próximas generaciones. Quizás El Grajo no acabe constituyéndose como una nueva referencia para la escena, pero sí se trata de una colección de canciones harto interesantes que demuestran el buen estado artístico de Marcos.

Las canciones firmadas por Los Claveles eran pura energía directa a la yugular, muy en la línea del post-punk español de los ochenta que mencionaba antes. En este álbum, Marcos ha preferido madurar un cancionero con mayor juego de dinámicas y estructuras más expansivas. Para verlo más claro, es suficiente con escuchar las instrumentaciones de canciones como “¡Oh Dios!” y su carácter kraut, el final de “¡Que Te Mejores!” o “Un Proceso Lento”, si acaso la mejor y más mimada pieza de toda la placa gracias a esa introducción post-rock con guitarras ambientales, el exquisito contraste entre estrofas y el cierre con violines recordando a los Sigur Rós más en forma.

El Grajo puede parecer un mero compendio de ideas únicamente hilvanadas por la ambición artística de un Marcos Rojas con ganas de demostrar qué es capaz de hacer después de Los Claveles, pero si uno escarba encontrará ciertos aspectos que unifican el contenido del álbum y lo llevan un paso más allá. El primero de ellos es el apartado lírico. El Grajo es un álbum que nos presenta a un personaje ácido y algo canalla (fácilmente identificable en la western “Canción del Grajo” con la línea “Tengo una escopeta que te apunta a los cojones / Si les tienes cierto aprecio vas a escuchar lo que te cuento”), pero también francamente sentimental y personal (“Un Proceso Lento”, “Amor de Segunda Mano”, “¡Que Te Mejores!”). ¿Es algo autobiográfico o juega Marcos con el personaje de El Grajo de la misma manera que lo hicieron Hazte Lapón en Tú Siempre Ganas (2018)?

La dicotomía entre persona y personaje

Marcos Rojas no tiene miedo a experimentar con nuevos elementos para acabar introduciendo detalles del folklore entremezclados con una instrumentación más agresiva y, en ocasiones, algo destartalada. El resultado es una fantástica carta de presentación donde conocemos las motivaciones de este nuevo personaje bautizado como El Grajo.

El segundo elemento aglutinador es, precisamente, la conexión entre letras y melodías, que pasan de su forma más directa en los temas ácidos a mostrarse más expansivas y melosas en los versos puramente sentimentales. Por último, no podemos olvidarnos de la apuesta por el folklore, así como esos dejes más clásicos y cinematográficos de la música nacional que pueblan cada una de las diez composiciones de El Grajo. Es esa mirada a nuestras raíces lo que termina uniendo cada compás y dibujando la imagen de bandido con la que se presenta El Grajo; no lo digo yo, lo dicen las melodías de “Yo Camino Solo”, “Canción del Grajo”, “Vendrán Más Años Malos” o incluso ese cierre más psicodélico en “Otro Toledo”, cuyo sintetizador nos podría hacer pensar en Kokoshca o incluso en Quentin Gas & los Zíngaros.

Marcos Rojas ha creado un personaje que no tiene miedo a experimentar con nuevos elementos para acabar introduciendo detalles del folklore (tal y como hizo Alexanderplatz en ciertos momentos de Muera Usted Mañana) entremezclados con una instrumentación más agresiva (“Acuérdate”, “Canción del Grajo”) y, en ocasiones, algo destartalada (¿nadie piensa en La Estrella de David al escuchar “Amor de Segunda Mano”?). El resultado es una fantástica carta de presentación donde conocemos las motivaciones de este nuevo personaje, que lo tiene todo para constituirse como un nuevo referente de la música nacional. De momento no deslumbra tanto como Los Claveles, pero demos tiempo a Marcos. Va por buen camino.

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