Fire! Orchestra

Fire! Orchestra –
Arrival

Entre la simetría y la asimetría, Fire! Orchestra esculpen una sinfonía estilizada hasta los límites del jazz de vanguardia, que se reencuentra con las raíces de forma orgánica, lejos de todo lo artificial.


Fire! Orchestra son un súper grupo Big Band que siempre ha tenido un punto de vista claro en los horizontes del jazz, y con Arrival no iba a ser distinto. Mats Gustafsson y los suyos han ido progresando en su esfuerzo por experimentar a lo largo de su carrera desde su debut Exit! de 2013, con el que ya sorprendieron por su originalidad por encima de toda fórmula. Juntos forman una máquina con una conexión perfecta entre sus engranajes, engrasándose ensayo tras ensayo para concebir una simbiosis que parece venida directamente desde el cielo; un cielo donde descansan grandes como Eric Dolphy, John Coltrane o Sun Ra que, sin duda, estarían orgullosos de escuchar a esta banda y su atrevimiento por explorar los límites del jazz.

Concretando su sonido desde la libertad

Los fantasmas del pasado juegan un papel crucial en el concepto del álbum, que representa la reencarnación europea de la tradición afroamericana del jazz más primitivo y ritualístico. Sesgos de Albert Ayler llenan el trasfondo de sus melodías, que fluyen río abajo, partiendo de una secuencia armónica modal en cada corte hasta desembocar en una liberación total de sus ataduras.

Fire! Orchestra han ido mutando en múltiples direcciones, pero siempre en busca de lo esotérico por encima de estándares impostados. Lejos de quedarse estancados, han continuado trabajando sus características con largas improvisaciones que no tienen nada que envidiar a la fuerza de un Anthony Braxton dando sus particulares clases de saxofón. Los fantasmas del pasado juegan un papel crucial en el concepto del álbum, que representa la reencarnación europea de la tradición afroamericana del jazz más primitivo y ritualístico. Sesgos de Albert Ayler llenan el trasfondo de sus melodías, que fluyen río abajo, partiendo de una secuencia armónica modal en cada corte hasta desembocar en una liberación total de sus ataduras. Fire! Orchestra ponen la elevación sensorial por encima de los estándares, ganándose pertenecer a la larga historia de una escuela europea vanguardista que ya alcanzaba sus hitos allá por los años sesenta con Krzysztof Komeda y su Astigmatism.

Fotografía: Johan Bergmark

Una simbiosis entre lo ancestral y lo trascendental

Es como si Fire! Orchestra hubieran integrado la cultura afroamericana del roots jazz hasta el punto de poder reinterpretarla en esta década, recordándonos esos lisérgicos años setenta con momentos de absoluta belleza musical en un ritual imaginario del que somos plenamente partícipes.

Con estos antecedentes, las expectativas están bastante altas y Fire! Orchestra son conscientes de ello, haciendo de “(I Am a) Horizon” una abertura icónica. No hay que ser ningún experto en música ni en composición para captar lo que nos quieren transmitir en esta pieza. Un solo de angostos violines nos introduce a un ritmo lento de guitarras, a las que se van añadiendo compás a compás las voces de Sofia Jernberg y Mariam Wallentin en forma de sincronizados salmos en un ritual imaginario del que somos plenamente partícipes durante los trece minutos de duración.

En “Weekends (The Soil is Calling)” vuelven a esas raíces tribales de The Pyramids con contrapuntos modernos de soul. Es como si Fire! Orchestra hubieran integrado la cultura afroamericana del roots jazz hasta el punto de poder reinterpretarla en esta década, recordándonos esos lisérgicos años setenta con momentos de absoluta belleza musical. Siempre guiados por un saxofón, el de Mats Gustafsson, líder espiritual de este súper grupo que explora tonal y atonalmente todos los recovecos; desde el blues hasta el free-jazz más retorcido y cerebral.

Reinterpretaciones místicas de clásicos ya olvidados

Todo suena irrepetible, a sesión mística que requirió meses en llevarse a cabo con un tratamiento arcaico de los instrumentos, que sobresalen por su naturalidad hasta revelar su verdadera esencia. Un álbum que justifica su metraje con explosiones sonoras llenas de catarsis espiritual, gritos, golpes de piano y atonalidades que son la fauna y flora de una selva improvisatoria que se rige por sus propias normas.

Fire! Orchestra se enfrentan en este álbum a retos de alto voltaje jazzístico. Prueba de ello es la reinterpretación de “Blue Crystal Fire”, un clásico de Robbie Basho. Una lenta progresión de los clarinetes bajos nos lleva hasta la indescriptible solemnidad que transmite la cantante Sofia Jernberg, quien bien podría alumbrar perfectamente un Woodstock imaginario en una noche cerrada con una voz venida de las profundidades del alma.

Entonces llega “Silver Trees” y se permiten jugar con nuestra percepción en bajas frecuencias, logrando que rítmicamente todo suene irrepetible, a sesión mística que requirió meses en llevarse a cabo con un tratamiento arcaico de todos los instrumentos, que sobresalen por su naturalidad hasta revelar su verdadera esencia. Todo crece en un álbum que justifica su metraje con explosiones sonoras llenas de catarsis espiritual, gritos, golpes de piano y atonalidades conformando la fauna y flora de una selva improvisatoria que se rige por sus propias normas.

Saxofones que se alzan como elefantes al sol de un desierto de teclados en “Dressed in Smoke. Blown Away”. Lentos pero seguros, se retuercen alrededor de la espina dorsal melódica que marca el estilo post-bop. Las vocales, por su parte, otorgan el misticismo propio de Sun Ra en un viaje por el espacio del subconsciente; un cabaret experimental que podría estar perfectamente dirigido por el espíritu de Charles Mingus. El sketch más corto del disco, “(Beneath) The Edge of Life”, crea una transición escueta para cerrar Arrival con el cover del hit ochentero de Chic “At Last I Am Free”, transformándolo en una joya jazzera que deja un poso antémico para finalizar un disco propio de unos artistas en su plenitud musical.

Todo natural, nada impostado

Con Arrival, Fire! Orchestra nos demuestran que aún existe ese reducto que hoy en día sigue apostando por la música en su mayor forma de expresión. Una dosis necesaria de autenticidad ante la proliferación de lo banal en la industria de estos días, que se vuelve un must para huir de la saturación en busca de nosotros mismos.

Donde hay espíritu, hay vida, y desde ahí la música puede representar nuestros impulsos de las formas más variadas posibles. Fire! Orchestra han madurado desde esa nebulosa indefinida de sus comienzos, adquiriendo la capacidad de fusionar las raíces del jazz hasta las nuevas corrientes y haciendo de éste Arrival un disco único para sentir; una prueba de que aún existe ese reducto que hoy en día sigue apostando por la música en su mayor forma de expresión incluso en las versiones. Una dosis necesaria de autenticidad ante la proliferación de lo banal en la industria de estos días, que se vuelve un must para huir de la saturación en busca de nosotros mismos.

Arrival es un álbum perfecto para iniciarse en el mundo de Fire! Orchestra, tanto para iniciados en el jazz como para los que apreciamos formas más libres y disonantes. Modernizando su sonido pero respetando a su vez las tradiciones de un género con una larga historia, se nota que Mats Gustafsson ha estudiado en profundidad para innovar con sus propuestas. Aun así, esto no deja de ser el resultado de reunir a talentosos músicos en consonancia total, la dirección de un grupo de una forma libre y a la vez contenida en su ejecución, colocando a esta big band a la cabeza de la escena de vanguardia jazzística internacional.

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