Two Door Cinema Club

Two Door Cinema Club –
False Alarm

Alex Trimble es un autodeclarado fan del pop, y en False Alarm queda patente con una exhibición de grandioso pop electrónico que da vida a unas canciones cargadas de altas dosis de humor y sátira social. El camino de reinvención tomado por Two Door Cinema Club en este nuevo trabajo es una muy grata sorpresa para quienes hemos sido fans de la banda y creemos en el potencial de un grupo que aún tiene recorrido musical para dar y tomar.


Nueve años han pasado desde que se publicó Tourist History (2010), aquel primer álbum de estudio que llevó a Two Door Cinema Club a la primera línea del circuito independiente (y no independiente), con una fórmula que apostaba por mezclar elementos electrónicos con guitarras, y que les dio tan buenos resultados. El mundo se rindió a su indie-rock de punteos de guitarra y estribillos melódicos cantables hasta la saciedad con temas como “What You Know” o “Something Good Can Work”, que a velocidad supersónica se convirtieron en pepinazos de talla mundial y que, a día de hoy, siguen arrasando en festivales multitudinarios y discotecas genéricas.

Tomar riesgos para volver al candelero

False Alarm es un álbum más arriesgado estilísticamente respecto al camino abierto por su anterior disco, presentándose más luminoso, festivo y experimental.

A ese exitoso álbum debut le siguió un segundo cortado por el mismo patrón guitarrero y un tercero en el que dieron más protagonismo a los sintetizadores. Ahora, los de Alex Trimble vuelven con su cuarta entrega, False Alarm, un álbum más arriesgado estilísticamente respecto al camino abierto por su anterior disco y que se presenta más luminoso, festivo y experimental.

La nueva referencia de los norirlandeses conserva el aire ochentero de su entrega previa, pero abraza más fuertemente esos sonidos synth-pop y los empaña de un ambiente disco-funk. Esta reinvención parece una decisión acertada para quitar el mal sabor de boca que nos dejó su anterior Gameshow (2016), de bastante menor calidad que este elepé. La experimentación y la priorización de la diversión producen resultados ambiguos en este False Alarm, pero el riesgo tomado es lo que hay que poner en valor.

Fotografía: Katy Cummings

Madurez que sienta bien

La nueva referencia de los norirlandeses conserva el aire ochentero de su entrega previa, pero abraza más fuertemente esos sonidos synth-pop y los empaña de un ambiente disco-funk. Esta reinvención parece una decisión acertada para quitar el mal sabor de boca que nos dejó su anterior Gameshow (2016).

Otra cuestión que hay que poner sobre la mesa es el sentido conceptual del disco. Mientras que Gameshow se mostraba crítico con las nuevas tecnologías y las planteaba como el enemigo, la faceta de False Alarm es más serena y aborda los problemas de la sociedad actual con sorna. Y a pesar de que las letras puedan resultar un tanto confusas y ambiguas, es evidente que la banda ha dejado atrás su visión pesimista del mundo y ha decidido afrontarlo con ironía.

Veamos si no la pieza de apertura del álbum, “Once”, pop ostentoso donde Trimble satiriza elocuentemente acerca de la falsa popularidad que uno se crea en las redes sociales medida en ‘followers’ o ‘likes’ y sobre cómo el concepto de vivir sensaciones únicas en la vida se diluye entre fotomontajes. A esta le sigue “Talk”, uno de los singles del álbum con hambre de rompepistas, de estribillo pegadizo y lleno de ritmos funkys bailongos. Sigue el curso de su anterior disco, con una importante presencia de sintetizadores a los que ahora se suman cantos robóticos y sus clásicas líneas de guitarra funkeras. 

Tras esta inyección de gresca nos topamos con “Satisfaction Guaranteed”, uno de los momentos más destacados que la banda firma en colaboración con el grupo Mokoomba. Con regusto vintage pero manteniendo un sonido moderno y refrescante, no hay más que dejarse seducir por las pinceladas del Michael Jackson más ochentero y ese synth-pop a caballo entre Cut Copy y Hot Chip.

Alejándose de la fórmula del hit

False Alarm exhibe una producción muy cuidada que resulta en una miscelánea estilística donde despunta el synth-pop, pero que no tiene reparos en tontear con el disco-funk, el krautrock o incluso el hip-hop.

A continuación descubrimos una decente “So Many People”, que alterna sonidos electrónicos con ecos funk estilosos, y la distorsión vocal a lo Daft Punk de la interesante “Think” para cerrar la cara A y anticipar una segunda mitad prometedora.

Superado el escepticismo antes de darle al play, esta segunda tanda se encara con optimismo. En “Nice to See You” la banda vuelve a señalar irónicamente las redes sociales como el elixir de la felicidad del siglo XXI y lo hacen mediante tremendos ecos al Bowie de los ochenta y una eficaz incursión hiphopera de la mano del rapero Open Mike Eagle, tirando de su verborrea en mitad del corte. 

Acto seguido aparece “Break”, una efímera y beatlesca balada que muestra a Trimble haciendo las veces de gran orador y que nos prepara para el estupendo cierre que está por venir. Con “Dirty Air”, los norirlandeses se vienen arriba y despliegan todo ese arsenal de arpegios rockeros que antaño les hizo grandes y aportan al disco esa dosis de nostalgia que tanto gusta a los fans más puristas. Notorio es también el single “Satellite”, un verdadero éxito de indie-pop electrónico con Alex Trimble emulando tonalidades bowiescas, a lo cual sumamos flirteos con el krautrock y miradas de soslayo a Human League. 

Sacando su mejor versión de la crisis

Si por algo destacan Two Door Cinema Club es por su atrevimiento a la hora de enfrentarse a lo desconocido, sin miedo a reinterpretar fórmulas y patrones ya existentes.

Durante todo False Alarm, la voz de Trimble recorre una paleta de tonos que va desde Bowie hasta llegar incluso a jugar con el falsete a lo Tame Impala en “Already Gone”, tema final que pone el broche neopsicodélico a un disco imposible de encasillar en un único género y que, sin duda, es el más heterogéneo de la banda hasta la fecha.

Con Gameshow llegaron voces de separación y la banda estuvo al borde de la disolución. Sin embargo, los chicos de Two Door Cinema Club han sabido sacar lo mejor de sí mismos a partir de esa crisis y materializarlo en False Alarm, un trabajo con una producción muy cuidada que resulta en una miscelánea estilística donde despunta el synth-pop, pero que no tiene reparos en tontear con el disco-funk, el krautrock o incluso el hip-hop.

Si por algo destacan Two Door Cinema Club es por su atrevimiento a la hora de enfrentarse a lo desconocido, sin miedo a reinterpretar fórmulas y patrones ya existentes. En False Alarm, el grupo nos demuestra sobradamente sus dotes para cambiar los códigos y salirse del tiesto.

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