Sorpresas y decepciones del Mad Cool Festival 2019

Segunda (y última entrega) de nuestro especial sobre la más reciente edición del festival madrileño



Como en todo festival, uno se decide a acudir atraído por ciertas bandas del cartel de las que es seguidor, o de las que ha oído alabanzas aquí y allá. Desde luego, no siempre se cumplen esas quinielas que son los deseos, esos que nos empujan hacia los diferentes escenarios, y los chascos que sobrevienen inevitablemente dan forma, de un modo más real, a nuestra opinión sobre determinados grupos. A su vez, también es aconsejable dejarse caer por conciertos de artistas menores, normalmente programados a horas intempestivas y en las carpas más olvidadas, pues las sorpresas, al igual que las decepciones, también suelen dejarse caer por estos eventos. A ese respecto, esto es lo que os podemos contar de la última edición del  Mad Cool Festival:

black midi: no se juega con fuego

El cuarteto londinense demostró pasadas las nueve de la noche por qué son la banda del momento, de la que todo el mundo habla. Bajo la carpa del escenario Consequence of Sound, presentaron su flamante debut Schlagenheim. Allí se desplegó toda una experiencia orgánica e inmersiva por sus estrambóticas canciones, fabricadas a partir de ritmos imposibles, cacareos vocales y estruendos esquizofrénicos. Un espectáculo muy difícil de catalogar, así como su música, tan difícil de entrar en ella que a muchos de los espectadores se les hizo bien corto. black midi, con su particular mezcla de géneros a camino entre el post-hardcore, post-punk y el noise de alto voltaje (muy inspirado en la eterna escena neoyorquina), dejaron boquiabiertos a los incautos asistentes, que no podían decidirse entre morderse unos a otros, gritar de locura o caer desmayados en un silencio de lo más catatónico.

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Rolling Blackouts Coastal Fever: la mejor manera de comenzar el viernes

El grupo australiano inauguró la jornada del viernes a unas intempestivas seis de la tarde, con unos pocos curiosos presentes frente al escenario. Pronto quedó patente el dominio de la fórmula pop/rock veraniega que les ha llevado a empezar a asomarse al circuito festivalero europeo. Un sonido muy característico, fresco y con un protagonismo del arpegio de guitarra, tendiente a largas sesiones instrumentales al final de las canciones que perduran en la cabeza de los oyentes. Especialmente sus dos hits, “Talking Straight” y “French Press”, fueron de las mayores delicias que se pudieron escuchar en directo en esta edición del festival.

Jorja Smith: se avecina fenómeno internacional (si no lo es ya)

Impresionante el despliegue de esta mujer en directo, que a su presencia hemos de sumar una voz celestial y una banda de acompañamiento sublime. Con sus recién cumplidos 22 años, presentó en Madrid su primer disco, Lost & Found, álbum compuesto con una sorprendente madurez, y cuyas melodías funcionan en directo. En más de una ocasión se escuchó entre los allí presentes compararla con la malograda Amy Winehouse, y es que, por condiciones y edad, Jorja tiene muchas papeletas de convertirse en la nueva reina del soul. Veremos, pero desde luego su primera carta de presentación fue sensacional.

La Dispute: a flor de piel

Los de Míchigan tenían ante sí el reto de disputarse las primeras horas del jueves con Tash Sultana, otra de las grandes sorpresas de esta edición. Lo lograron, ya que ambos se repartieron el aforo en aquella hora, y quedó patente que poseen un elevado número de fans en nuestro país. Fueron un auténtico vendaval sobre el escenario, elevando el post-hardcore que llevan por bandera. Con un sonido precioso y bien calibrado, el recital fluyó gracias a los esfuerzos vocales y expresivos del vocalista Jordan Dreyer, que se dejó la vida por hacer de cada canción una experiencia religiosa. Por ponerle un pero al show, muchos nos quedamos con ganas de escuchar en directo esa joya que es “Such Small Hands”, pero, pese a todo, el espectáculo mereció la pena.

Tash Sultana: garra, carácter y ambición

La australiana tuvo mala suerte: la primera actuación del primer día, nada más y nada menos que en el escenario principal. Sin embargo y pese a su juventud (apenas 24 años), se comió el proscenio ella sola. Armada de su inseparable guitarra y una amplia gama de sintetizadores que la rodeaban por completo, ofreció un show de alto voltaje en el que hubo de todo: solos a lo Woodstock, ritmos tropicales barnizados en su reconocible marcha reggae y, sobre todo, mucho, mucho amor. Sultana dejó para el final la canción con la que consiguió saltar a la fama, la irresistible “Jungle” que el público degustó entre bailes bajo un sol de justicia. En pie y a voz en grito, defendió su inusitado talento, que no ha hecho más que comenzar a brillar.

Bring Me the Horizon: perdidos en el desierto

Da un poco de pena ver como un grupo que en su día ponía patas arriba a los públicos más exigentes va perdiendo fuelle con los años hasta hacerse insostenible. Uno se pregunta el porqué de tal circunstancia, más aun comprobando que el grupo cuenta con presupuesto más que suficiente para invertir en escenografía, y que la voz de Oliver Sykes sigue teniendo fuelle, pero hay algo que no funciona, o al menos no funcionó el miércoles. Un factor importante fue la decisión de ubicarles en la fiesta de bienvenida, a las once de la noche un día laboral y (bastante) después de Rosalía. El público no era suficiente para un espectáculo de estas condiciones, que sólo fue capaz de producir tenues coros y conatos de pogo que no contribuyeron a agrandar un espectáculo que se caía por todos los lados. Ni los lanzallamas, ni los músicos saltando entre amplificadores gigantes, ni los clásicos entremezclándose con el sonido plano de sus últimos discos levantaron un concierto que ha terminado siendo de lo peor de esta edición.

The Cat Empire: el verano no llegó para ellos

Había muchas expectativas puestas en la actuación de estos chicos. La actuación el pasado año en el WiZink Center dejó muy buenas vibraciones, lo que se espera de un grupo con una buena legión de seguidores y con la vitola de ser grandes hacedores de directos gracias a su polifacética paleta de sonidos y numerosa plantilla. Pero el miércoles, quizá condicionados por tocar aún con el sol bastante alto, no consiguieron ofrecer un espectro mejor del que se puede escuchar en Spotify poniendo sus discos. El público respondió, dando botes con “Bringer Than Gold”, “The Chariot” o “Two Shoes”, pero la sensación general fue de desasosiego. Desasosiego por una escenografía carente de gracia y luces, poca improvisación y un Félix Riebl algo retraído, sin gracia. No dejan de ser un grupo con gran potencial y capacidad estimulante, pero su directo en el  Mad Cool Festival 2019 pedía una marcha extra.

Miles Kane: unos tanto y otros tan poco

Otro que venía con un último trabajo interesante bajo el brazo y que tradujo expectativas de éxito, en vez de aburrimiento, esta vez en estrés. Coup De Grace es un buen disco, de eso no cabe duda, y sus canciones fueron lo mejor del directo, pero su trabajo del año pasado no sirvió para moderar un espectáculo de aspavientos y un paroxismo exagerado que comenzó a hartar desde los primeros compases. Miles salió a tope, ataviado con un gorro de pescador y con purpurina bajo los ojos, empeñado en hacer más de sí mismo que de sus canciones. Y, qué queréis que os diga, abarca mucho más escenario su compañero Dominic John (ex guitarrista de The Bohicas) que él. Una pena, pues su talento se podría haber apreciado más puliendo de otra manera la puesta en escena.

Cat Power: dueña de una sensibilidad uniforme

La diva no estuvo a la altura de la cita. Su folk-rock de carácter intimista no supo convencer a un público que aguardaba con impaciencia la llegada de otras bandas y pasaba la tarde entre cachi y cachi y preferiblemente a la sombra. Chan Marshall no está hecha para grandes festivales, ya que su ligereza musical derriba toda expectativa de crear un ambiente catártico. En concreto, sólo ella parecía creer en su show, ya que los músicos que la acompañaban tampoco dieron signos de sentir una mínima emoción. Lo único bueno fue que muchos aprovecharon para descansar y sentarse con los suyos, algo imprescindible en todo buen festival. Te queremos, Cat, pero tanta sensibilidad uniforme se nos hace bola.

Smashing Pumpkins: aprobados, pero sin sangre

A pesar de todo el despliegue técnico (con muñecos gigantes en el escenario y todo), los Smashing Pumpkins no supieron salir de su propio ensimismamiento. Los fans más acérrimos dirán que estuvieron más que a la altura del momento, pero Corgan y los suyos no dieron ni un mero signo de querer conectar con el público, interpretando sus clásicos como si fuera un concierto más (teniendo en cuenta que hacía muchos años que no les veíamos por España), imprimiendo una extraña y desilusionarte sensación de karaoke a todo el show. Al margen de todo esto, siempre podremos decir que vimos interpretar en directo temas tan decisivos e importantes en la historia de la música contemporánea como “Zero”, “Disarm”, “Tonight, Tonight” o “Bullet with Butterfly Wings”.

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