Hatchie

Hatchie –
Keepsake

Los vestigios renacientes del dream-pop y el shoegaze adquieren en manos de Hatchie una forma más moderna y un enfoque más personal, aunque no siempre con gran acierto. Keepsake es, ciertamente, un debut sólido, de letras sentimentales y sonidos que buscan experimentar con sus bases, pero cuya estructura acaba resultando repetitiva, su producción saturada y sus letras poco originales.


No creo que genere ninguna alarma ni sorpresa si anuncio que el dream-pop ha vuelto. Haciendo un especial hincapié en lo de ‘pop’, de hecho. Por muy Slowdive que te quieras poner, si eres joven y estás debutando, lo más normal es que quieras hablar de ti y que la gente lo entienda; el pop, al fin y al cabo, nunca ha ido de nada más que de identificación. Y las guitarras oníricas, los sintes ochenteros, el reverb y demás imaginería heredada del shoegaze se han convertido en herramientas escogidas por artistas emergentes como Hatchie para expresar esos sentimientos personales y tratar de que el público se sienta identificado con ellos.

Asegurando las bases de su propuesta

En Keepsake, Hatchie se apoya en el estilo de bandas como The Cure o Cocteau Twins como marco para unas estructuras y letras introspectivas y sentimentales; en definitiva, de unos conceptos más propios del pop.

Keepsake es la forma que Hatchie, alias de Harriette Pilbeam, tiene de asegurar las bases que sentó en Sugar & Spice (2018), un EP más soñoliento y edulcorado que este debut en el formato de larga duración. Aquí Hatchie se apoya en el estilo ya mencionado de bandas como The Cure o Cocteau Twins como marco para unas estructuras y letras introspectivas y sentimentales; en definitiva, de unos conceptos más propios del pop.

Una banda potente, algo más de énfasis en las guitarras y más experimentación con el uso de los sintetizadores para crear texturas más variadas son los aciertos que más distancian este trabajo del EP anterior.

Fotografía: Joe Agius

Sinceridad lírica y estilo familiar

Letras accesibles pero con figuras atractivas y dotadas de personalidad, estructuras bien medidas y trabajadas que pasan por varias fases (de las diez canciones del álbum, apenas dos bajan de los cuatro minutos, lo que no siempre recae en beneficio de la fluidez), y un sonido familiar pero refrescante. Esas son las cartas que Hatchie juega en Keepsake.

Ya desde que abre con “Not That Kind”, Hatchie pone bien las cartas sobre la mesa a todos los niveles: letras accesibles pero con figuras atractivas y dotadas de personalidad (“If I had a rose / For every sorry that was overdue / I’d have a garden full of flowers”), una estructura bien medida y trabajada que pasa por varias fases a lo largo de todo el tema (de las diez canciones del álbum, apenas dos bajan de los cuatro minutos, lo que no siempre recae en beneficio de la fluidez), y un sonido familiar pero refrescante. En una línea similar podemos encontrar una más reflexiva e íntima “Her Own Heart”, la nostálgica e inocente “Kiss the Stars” o la engañosa “When I Get Out”, que impacta con una sencilla pero efectiva línea de guitarra recurrente.

Con “Without a Blush”, single principal del álbum, Hatchie se adentra en terrenos más oscuros e intensos, de un modo similar a lo que ocurre con “Unwanted Guests”, aunque esta recae un tanto en la luminosidad naif del EP. En cierto punto, esta intensidad synthwave en lo sonoro y lo lírico deja entrever claramente sus costuras, y su producción muestra vicios y excesos que fueron más criticados (incluso ridiculizados) en otras bandas emergentes hace muy poco tiempo. Y es que resulta difícil no acordarse en muchos aspectos de Pale Waves con canciones como “Obsessed” o “Keep”, última pieza del álbum, y de cómo la crítica los describía como una banda ‘para adolescentes’ como una imitación de otros artistas a los que casi se usaba como descalificativo.

Un debut sólido y decidido que falla en su simplicidad

Pese a todo, en cierto punto las letras de Pilbeam dejan de ser sinceras o directas y pasan a ser planas, la producción llega a ser casi empalagosa y antes de llegar al contundente y efectivo cierre es fácil tener la sensación de que las estructuras se repiten y se hacen bola.

Cuesta entender por qué en el caso de Hatchie esto no ocurre: no necesariamente por hacer un demérito de los sólidos aciertos de su debut, sino porque lo que en este caso casi sirve como loa para la prensa, en el caso de la banda británica era motivo de escarnio. Es preciso ser honestos: las letras de Pilbeam dejan de ser sinceras o directas y pasan a ser planas (“Secret” es el paradigma de la monotonía que este disco puede llegar a alcanzar), la producción llega a ser casi empalagosa (se abusa del reverb hasta el punto de hacer incomprensibles ciertas frases) y antes de llegar al contundente y efectivo cierre que es “Keep” es fácil tener la sensación de que las estructuras se repiten y se hacen bola.

Nada de esto, repetimos, desmerece los muchos éxitos de Keepsake y la honestidad con que Hatchie se expresa: este es un debut sólido y equilibrado, con temas para el recuerdo y un nada desdeñable afán de experimentación, y nada puede suprimir esas victorias. El dream-pop no tiene por qué ser para todo el mundo, al fin y al cabo, y hay toneladas de géneros más saturados que este en la escena independiente, pero si Pilbeam se puede permitir ser sincera, también habrá que serlo por nuestra parte.

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