Resurrection Fest 2019: Crónica alternativa

Algunos de los mejores conciertos de la XIV edición del festival gallego los dieron bandas situadas en la parte más baja del cartel. Recordamos algunos en esta segunda (y última) parte de nuestro especial



Si uno utiliza las camisetas de bandas (bautizado como camisetómetro por una mente más preclara que la mía) como medida de los gustos del público del Resu, podría obtener alguna conclusión interesante. Para empezar, el poso hardcore de los orígenes del festival aún pesa, y mucho, entre los fans. Para seguir, es un público que no tiene ningún tipo de pudor en reconocer que preferiría ver una cabecera de cartel compuesta por bandas como Bring Me the Horizon, Avenged Sevenfold o A Day to Remember, que por Black Sabbath. Eso implica cierta disparidad entre el alto nivel de la zona media del cartel con unos gustos del público que no siempre se ajustan a ella (lo cual honra al festival por apostar por bandas delicatessen con menor tirón que por otras a priori más comerciales). Y por último y como era de prever, la confirmación de que Slipknot ha sido el gran vendeabonos de esta edición.

Una Cabeza de Caballo en tu cama

El secreto mejor guardado (ugh, el cliché) del doom estatal proceden de Granada. Bajo un bochorno sofocante y tocando a las dos y media de la tarde, no se puede decir que su bolo fuera lo más refrescante del festival. Pero el que avisa no es traidor, es avisador. Y si su tremendo nombre, o su tremendo Dölmenn, con su tremenda portada, no te habían alertado de lo que se venía encima, la culpa es tuya por no prestar atención.

En directo, el sonido de Cabeza de Caballo recuerda a unos Conan menos monocromos o unos Corrosion of Conformity con una querencia especial con el metal clásico.

En directo, el sonido de Cabeza de Caballo recuerda a unos Conan menos monocromos o unos Corrosion of Conformity con una querencia especial con el metal clásico. Eso, sumado a un reseñable trabajo a la batería y la voz, me hace pensar que alguien ahí fuera tiene que coger a los Cabeza de Caballo y darles la visibilidad que se merecen, incluso más allá de nuestras fronteras. Hasta entonces, ellos seguirán a lo suyo. Esto es, hacerle la oposición clandestina a PACMA matando equinos a base de riffs contundentes.

Calados hasta los huesos (de Minerva)

Si hay que hacerle una crítica al cartel de este año del Resu, y no es una crítica menor, es la escasa representación femenina presente en él. Este hecho por sí solo prácticamente justificaría asistir al concierto de la única (sigh) banda formada exclusivamente por mujeres de todo el cartel, pero es que, además, la banda en sí, Bones of Minerva, bien merecía ir pronto al recinto.

Lo de Bones of Minerva es rock bien pesado con toques lisérgicos y de post-rock, pintando paisajes alienígenas sobre los que brilla el tremendo registro vocal de su frontwoman, Blue. Y que viene a confirmar que las madrileñas son uno de los mejores productos del verdadero underground patrio.

Pese a una lluvia persistente y que ayudó a darle un toque épico a la puesta en escena de las madrileñas, se juntó una cantidad nada desdeñable de público para ver el espectáculo de Bones of Minerva. El resultado fue un bolo de notable alto, con su culmen en el temazo que es “Privilege” (dedicatoria contra la extrema derecha incluida). Rock bien pesado con toques lisérgicos y de post-rock, pintando paisajes alienígenas sobre los que brilla el tremendo registro vocal de su frontwoman, Blue. Y que viene a confirmar que Bones of Minerva son uno de los mejores productos del verdadero underground patrio.

Altarage son los más duros entre los duros

Como ya comenté en la previa del festival, que lo de Altarage iba a ser de lo más brutal de esta edición del Resu era tan evidente como que su música no es para todos los oídos, metaleros o no. De ahí la tristemente multitudinaria huida previa a su concierto en dirección a pastos menos oscuros. A media tarde, el humo de sus propias máquinas mezclado con una neblina que hizo aparición en la ría de Viveiro y añadido al verde de los alrededores, formó el escenario perfecto para su ceremonia.

En cuanto al concierto en sí mismo, quizá la mejor definición gráfica de él sería algo así como el rugido moribundo de un animal del Pleistoceno en medio de la tundra. O, yendo a algo más terrenal, la cara que se les puso a los pobres de seguridad cuando comenzó la tralla blackened death de los de Bilbao. Un concierto sobrio y directo a las costillas, con la única licencia poética de los velos que ocultan las identidades del trío.

Fotografía: Bruno Pereira (Wav Magazine)

Brant Bjork, el chamán del desierto bajo

Cuando en la introducción de esta crónica hablaba de que no siempre se corresponden los gustos del público mayoritario con la selección de nombres del cartel, me refería a casos como el de Brant Bjork. El bueno de Brant podría reclamar, si quisiera, derechos de autor, o de paternidad, sobre el 99% de todo aquello que lleve las etiquetas desert o stoner asociadas, incluyendo el nombre del escenario al que se subió en la madrugada del jueves. Y, sin embargo, justo al comienzo de su concierto, el público no llegaba al centenar de personas.

El ex-batería de Kyuss y Fu Manchu dio un recital de fuzz y psicodelia de quitarse el sombrero (a la guitarra, eso sí). Si bien es cierto que, en mi humilde opinión, la colaboración de Sean Wheeler, otra leyenda del desierto de Coachella, no terminó de encajar del todo en el marco del concierto. Los bailoteos de Wheeler no hicieron mucho más que distraer de la magia que estaba creando a su lado un genio con melena, banda en el pelo y enormes gafas. En cualquier caso y pese a irnos a dormir con otra leyenda tachada de la lista de ver en directo y una sonrisa en la cara, nos quedamos con ganas de más Brant Bjork.

Fotografía: Bruno Pereira (Wav Magazine)

Atavismo trayendo el LSD desde Cádiz

Atavismo son otra de esas formaciones que desafían los cánones de la psicodelia pesada, mezclándola en este caso con una pizca de duende, de krautrock y de rock progresivo andaluz. Esa combinación exótica y ácida, cimentada sobre largos desarrollos casi progresivos y cantes en castellano salidos de las vísceras, les convierten en uno de los grupos más interesantes que podían pisar el Desert.

Su concierto fue breve pero intenso, con una banda enchufadísima que repasó algunos de sus temas más brillantes de sus tres discos (El Sueño, La Palmosa, Pan y Dolor…). El sol de justicia que cayó sobre el desierto a la hora de su bolo no restó ni una pizca de magia al show de los algecireños, sino que más bien se alineó con su psicodelia para aumentar el impacto. Bolazo.

Santo puñetazo en medio del Rostro

La última de las bandas andaluzas que invadieron Viveiro (concretamente el Desert Stage) fueron unos viejos conocidos del Resu, Santo Rostro. Tratar de categorizar su sonido es tan complicado como sinsentido, pues lo suyo aúna cosas del metal más clásico con sludge melviniano para dar una mezcla final grasienta y bruta como un bocata de lacón a palo seco. E igual de sabrosa (para más información consultar su maravilloso The Healer, Discos Macarras, 2017).

Tras unos cuantos temas, impecablemente ejecutados aunque con la voz de Antonio Gámez algo baja, el trío, que comparte al guitarrista Miguel Ortega con los Cabeza de Caballo, sacó a Javyer López, vocalista de estos últimos, para cantar en uno de sus temas finales. Más duros que la mayoría de las bandas que pisaron ese mismo escenario, el final de su concierto degeneró en una jam infernal que podría haber salido perfectamente del muro de amplificadores de Sleep.

Wet Cactus homenajeando a Brant Bjork

“Nosotros tocamos mañana, pero uf, ¡este es mejor!”. Cuando el cantante de Wet Cactus me dijo eso durante el concierto de Brant Bjork, supe que había que darles una oportunidad, aunque sólo fuese por esa muestra genuina de humildad. Así que efectivamente a la tarde siguiente los de Suances dieron una buena dosis de stoner clasicote y kyuss-ístico. Con la motivación por las nubes (se les notaba realmente emocionados por su bolo), Wet Cactus manejan todos los códigos del desierto como si en vez de Asturias procediesen de los Monegros o de Palm Desert. Así que, aunque no suenen realmente novedosos y se explayen a gusto en eso que muchos llaman tostoner, lo suyo suena auténtico y agradable. ¿Para qué queremos más?

¿Blues en el Resu? Cortesía de Radio Moscow

Es curioso como Radio Moscow han conseguido engañar a público y promotores de manera que su presencia no desentone en un cartel como el del Resu, que incluso les ha organizado una gira por salas recientemente. Ojo, yo estoy completamente a favor de esta bandaza y de que el festival se abra a mayor variedad de sonidos, pero lo cierto es que si hubiera que reducir lo de Radio Moscow a una palabra, esa no sería ni punk, ni metal, ni hardcore, ni tan siquiera hard-rock. Sería blues, puro y duro.

Si hubiera que reducir lo de Radio Moscow a una palabra, esa no sería ni punk, ni metal, ni hardcore, ni tan siquiera hard-rock. Sería blues, puro y duro.

Duro, en tanto en cuanto sí que han afilado un poco su sonido, influidos quizás por el revival setentero personificado en bandas como Graveyard. Y puro, en el sentido de que lo del trío de Iowa es blues psicodélico y vintage, que en ocasiones recuerda a los Black Keys primitivos (no en balde Dan Auerbach les produjo su disco debut) y en ocasiones se escabulle por vertientes más densas. En cualquier caso, un masaje sonoro agradecidísimo entre tanto ruido. Y una alternativa estupenda para los pocos infieles a los que Slipknot nos dejaba fríos.

The Black Wizards, promesas consolidadas

Sonoramente, los portugueses Black Wizards podrían verse como unos primos pequeños de Radio Moscow, por citar otra banda con la que comparten cartel. Situados en el baricentro de un triángulo cuyas puntas serían Black Sabbath, Jimi Hendrix y Blue Öyster Cult, los magos negros ofrecieron un concierto sobresaliente. Pese a comenzar con el público literalmente tumbado a la bartola en la explanada frente al escenario, consiguieron encenderlo con el paso de las canciones hasta terminar con un headbanging conjunto y sincronizado.

Ver a una banda tan joven y vecina ocupar el puesto en el cartel que otros años han copado bandas como Conan o Monolord es una muestra más de que el cuarteto comandado por Joana Brito está destinado a hacerse un hueco a corto-medio plazo en la parte alta de la escena psicodélica europea. Si a ello le sumamos canciones tan geniales como el par de nuevas que mostraron en el Resu (sacarán disco en agosto), y su similitud en el nombre y en su ramalazo bluesero, podemos hablar de que en Europa ya tenemos nuestros propios All Them Witches.

Fotografía: Bruno Pereira (Wav Magazine)

"" data-widget-id="GS_1">
error: ¡Contenido protegido!