Thom Yorke

Thom Yorke –
ANIMA

Casi sin darnos cuenta, Thom Yorke se planta con un tercer álbum de estudio en solitario (sin contar otros proyectos) en el cual proyecta un universo distópico, sumido en un mar de sueños y pesadillas. Las atmósferas lúgubres, combinadas con la armonía y la calidez de las últimas referencias de Radiohead, hacen de ANIMA un trabajo muy destacable con el que Yorke logra su obra más consistente hasta la fecha.


Cuando un artista que forma parte de un reputado grupo desde hace mucho tiempo decide emprender una carrera en solitario, se ve obligado a afrontar dos retos muy duros: ofrecer algo que llame verdaderamente la atención más allá de por ser “uno de los integrantes de…” y, a la vez, diferenciar su propio trabajo del de su banda madre.

Thom Yorke consiguió saltarse prácticamente el primero de estos dos desafíos casi desde el principio, pues el músico siempre ha tenido un talento desbordante que ha mostrado desde aquel The Eraser (2006). Sin embargo, nunca ha terminado de conseguir separar su trabajo en solitario del de Radiohead, debido, en parte, a reutilizar canciones que ya se habían mostrado como material de la banda en giras anteriores. La búsqueda de esa identidad propia parece, al fin, llegar a su clímax con ANIMA, su última referencia en solitario que, si bien continúa valiéndose de material antiguo, obtiene aquí un lavado de cara muy interesante.

La consolidación del cantautor electrónico

Las canciones de ANIMA ya llevaban años en manos de Yorke e incluso había presentado varias de ellas durante sus últimas giras, por lo que ha sido un disco muy fácil de grabar al tener muy claro hacia dónde quería dirigirse y al contar, nuevamente, con su fiel y habitual colaborador Nigel Godrich.

Hace poco, debido a la publicación de este álbum, Music Radar Clan (un interesante canal en YouTube de habla hispana dedicado a la música) hablaba de Thom Yorke como una especie de cantautor electrónico, un término que veo bastante acertado excepto por aquella banda sonora de Suspiria (2018) que editó el año pasado y entre la cual había cortes de piano increíbles.

Yorke lleva inmerso en la música electrónica desde los tiempos de Kid A (2000). En aquel momento se obsesionó con Aphex Twin y es algo que ha salpicado en gran medida los discos de Radiohead hasta llegar a The King of Limbs (2011), álbum con el que directamente tuvieron que plantearse cómo reproducir algunas de sus canciones en directo y al que dieron continuación con el single “Supercollider”, que cobra más importancia que nunca en este momento, debido a su similitud con algunos de los cortes de ANIMA.

A pesar de ello, es en solitario cuando Thom Yorke ha dado mayor rienda suelta a esa faceta electrónica, con el mencionado The Eraser (2006) como un primer acercamiento algo prematuro. Después vendría Amok (2013) de Atoms for Peace, una continuación directa, y seguidamente aquel Tomorrow’s Modern Boxes (2014) que, sin llegar a destacar demasiado, siguió explorando esa vertiente de crooner que articula su discurso (siempre tan político y cerebral) a través de beats influenciados por el ambient de GAS, el IDM de Aphex Twin y el future garage de Burial.

Las canciones de ANIMA ya llevaban años en manos de Yorke e incluso había presentado varias de ellas durante sus últimas giras, por lo que ha sido un disco muy fácil de grabar al tener muy claro hacia dónde quería dirigirse y al contar, nuevamente, con su fiel y habitual colaborador Nigel Godrich. Es interesante también el cortometraje que se ha realizado sobre el disco, dirigido por Paul Thomas Anderson (ya se encargó de los últimos videoclips de Radiohead) y estrenado en Netflix de manera paralela a la publicación del disco en streaming. En él se desarrolla una faceta audiovisual que cada vez parece interesar más a  Thom Yorke.

Para escuchar con los cinco sentidos

Desde un primer momento, queda claro que ANIMA es el resultado de un proceso creativo mediante el cual el músico ha intentado reconducir una situación extrema de ansiedad para extraer algo positivo de ella.

¿De dónde nace ANIMA? Desde un primer momento, queda claro que este trabajo es el resultado de un proceso creativo mediante el cual el músico ha intentado reconducir una situación extrema de ansiedad para extraer algo positivo de ella. Yorke ha tenido que lidiar con la ansiedad a lo largo de su carrera y eso se ha reflejado en sus canciones multitud de veces.

Por otro lado, el frontman de Radiohead ha mencionado la influencia de los sueños en este álbum; lo importante que es dormir y soñar para mantener el cerebro activo. Del mismo modo, ha mostrado interés en una teoría del psicólogo Carl Gustav Jung acerca del arquetipo de lo eterno femenino en el inconsciente colectivo de los hombres.

Fotografía: Alex Lake

Para escuchar en soledad

Musicalmente, las canciones de ANIMA se desarrollan lentamente, manteniendo siempre un sentimiento de suspense y de alerta que nos impide relajarnos mediante el uso de coros espectrales y melodías que se asemejan a una electrónica industrial despojada de su cuerpo y exhibida tan sólo en su esencia.

Probablemente, estos son los motivos por los que, a pesar de contar con piezas en las que no pasan demasiadas cosas y donde el ritmo tampoco se acelera en ningún momento, se siente como un álbum más inquietante y en cierta manera opresivo que los anteriores. Así, “Traffic” nos sitúa en un mundo distópico (otro de los elementos principales, utilizado como el escenario ideal para retratar la ansiedad) donde poco a poco nos vamos ahogando mientras los ricos siguen haciéndose más ricos a costa del resto. Ese crescendo al que nos conduce Thom y que alcanza su clímax en el verso but you’re free” no es más que una mentira, una falsa libertad en un mundo que cada vez nos aprieta más y que nos hace creer lo contrario.

A pesar del carácter ambiental y el mayor peso de la música, la narrativa de Thom siempre nos da pistas sobre las sensaciones e imágenes que quiere evocarnos, describiendo en “Last I Heard… (He Was Circling in the Drain)” el despertar tras una pesadilla.

Musicalmente, las canciones de ANIMA se desarrollan lentamente, manteniendo siempre un sentimiento de suspense y de alerta que nos impide relajarnos mediante el uso de coros espectrales y melodías que se asemejan a una electrónica industrial despojada de su cuerpo y exhibida tan sólo en su esencia. Composiciones como “Twist”, con ese loop de voces y los coros infantiles como contrapartida sombría de aquellos que encontrábamos en “15 Step” de In Rainbows (2007), y otras como “The Axe”, con esa base tan aturdidora y alienante, nos exigen escucharlas con los cinco sentidos puestos para lograr una completa inmersión en el disco. Lo cierto es que tampoco cuesta demasiado, ya que si lo escuchamos en el momento y el lugar idóneos es muy fácil dejarse llevar y caer absorto en un estado de falso sueño.

Un estado de falso sueño

Thom Yorke combina mejor que nunca las atmósferas alienantes y lóbregas con una imaginería que mezcla y nos impide distinguir lo real de lo onírico, el presente de un futuro distópico inminente. El británico lleva un paso más allá sus experimentos anteriores y los vestigios de los Radiohead más actuales.

¿Y cuáles son los momentos idóneos para escuchar ANIMA? He escuchado este disco durante varios días en diferentes horarios y creo que funciona increíblemente bien en completa soledad, tanto en el interior del hogar como al aire libre, pero lo más aislado posible de otra gente. Es en momentos así cuando temas como “I Am a Very Rude Person” o “Not the News” destacan especialmente, cuando no hay nadie que nos distraiga y toda nuestra atención recae en el conjunto sonoro con el cual Yorke nos embriaga.

Hablábamos antes de la influencia de “Supercollider” en este trabajo, y es quizá lo más palpable aquí debido al lento desarrollo y a la duración de muchas piezas, sobrepasando la mayoría los cinco minutos e incluso llegando a los siete en varias ocasiones. Sin embargo, no es la única referencia al trabajo previo del artista que podemos encontrar en ANIMA: ahí tenemos “Impossible Knots”, que recuerda a la época de The King of Limbs, o el cierre de “Runwayaway” con unas guitarras totalmente Amnesiac (2001) a las que pronto se une una sección de cuerdas con la que se nos vienen a la mente los ambientes tan armoniosos de A Moon Shaped Pool (2016). Pero no se queda ahí la cosa, ya que la letra aparece narrada a modo de spoken word por una voz robotizada al más puro estilo de Kid A.

Si parecía que la carrera en solitario de Thom Yorke se iba a quedar como un mero anexo del grupo que revolucionó el rock a finales de los noventa y a principios del siglo XXI, ANIMA por fin destaca por méritos propios gracias a un Thom Yorke que combina mejor que nunca las atmósferas alienantes y lóbregas con una imaginería que mezcla y nos impide distinguir lo real de lo onírico, el presente de un futuro distópico inminente. El británico lleva un paso más allá sus experimentos anteriores y los vestigios de los Radiohead más actuales. Quizá todavía no sea un trabajo capaz de mirar de tú a tú a discos como In Rainbows o Amnesiac, pero ANIMA es toda una sublimación para el Thom Yorke más inmerso en sus propias inquietudes, tratando de recorrer su propio camino.

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