American Football

American Football –
American Football (LP3)

La pasión por lo vintage ha devuelto a la orilla de nuestras playas a American Football. Los principales exponentes del emo noventero y de los años dosmil regresan con un nuevo disco homónimo (LP3) que, escuchado sin ataduras de etiquetas, resulta verdaderamente seductor.


El emo es, junto al grunge, una de las subculturas que peor ha llevado el paso del tiempo. Basta con entrar en Internet y buscar el término para dar con algunos divertidos ejemplos de ‘antes y después’, en los que puedes llegar a leer cosas como “ahora soy policía y también mando tarjetas de Navidad en pareja” adornadas con la foto de un tipo que, a todas luces, parece haber sido aplastado por la implacable apisonadora del sentido común.

Las razas de noche

Este American Football (LP3) es un bocado delicioso para todos aquellos que disfruten con una música hecha desde la más profunda delicadeza.

Cada década que se precie ha tenido su tribu urbana o raza de noche. Un pequeño balón de oxígeno donde poder refugiarse del mainstream imperante y un lugar privado donde marcar la diferencia buscando acomodo a los dolorosos años de la pubertad. El recodo de la fantasía y la comunión que, lamentablemente, se desintegra con la llegada de la madurez; algo que se sabe cierto cuando la chirriante alarma del mercado, siempre impertérrito y despiadado, convierte estos clubs privados en harenes de Babilonia donde el único requisito indispensable para entrar es, precisamente, no ser en absoluto especial.

Ha pasado con todas las tribus; primero fueron los hippies: soñolientos piojosos que leían a Marx y bailaban sobre las estrellas, transformados luego en conservadores padres de familia; el movimiento punk: irascible y nihilista, reconvertido en merchandising de bazar chino prêt-à-porter; los grunges: herederos formados del punk más mugriento, mudados ahora en responsables directores de oficina y, entre medias, los emo: sensibleros misántropos que, como todos, han terminado subrayando el catálogo de IKEA con el mismo fervor con el que pintaban de negro sus cuadernos del cole. Y, dentro de veinte años, sabremos el destino de los traperos, aunque ya puedo aventuraros que, como decía mi madre cuando se ponía perturbadora y profética: “buena fama, hurto cubre”…

A fuego lento…

Independientemente de todas las bobaliconas etiquetas que se introdujeron en el negocio de la música durante los años noventa con las que se pudiera relacionar este tipo de música (emo, math-rock, post-rock o cualquier otra) y escuchándolos sin ataduras, esta nueva entrega de la banda de Illinois suena fabulosamente creíble.

Cada una de estas tendencias sociales ha tenido su propia banda sonora implícita. El emo, que comenzó a mitad de los ochenta, se popularizó de forma underground en los noventa y cayó en las garras del mainstream para los dosmil, tuvo como representantes a American Football en las partes del auge y la caída.

Un caso raro dentro del negocio musical, dado que tras un primer EP en 1998 y el lanzamiento de su debut discográfico un año después, la banda decidió desintegrarse ante la falta de un éxito inminente. Y como en esos perversos cuentos de hadas que tanto gustan a su público, el material entregado fue creciendo en popularidad y arraigo en las siguientes décadas hasta conseguir que la banda se reformara en los albores de la decadencia del estilo que ellos mismos habían inaugurado (2016), editando un nuevo álbum para aquel año y uno más en este 2019. Tres en total a lo largo de veinte años, con proyectos paralelos, eso sí (Owen, Joan Of Arc), que sin embargo no les otorgarán ningún premio a la fecundidad artística.

Sus miembros, por otra parte, han sufrido el mismo destino del que hablaba al inicio de la crítica: ahora son orgullosos padres de familia y la música, después de todo, no deja de ser un curro con el que pagar sus facturas. Hasta el propio Mike Kinsella parece abominar de todo aquello diciendo que “hay una parte de mí que se avergüenza del término emo. Cuando alguien me pregunta qué tipo de música hacemos siempre digo indie-rock”. Y no le falta razón; las marcas obligan y aferrarse a ellas puede no ser la mejor idea si tienes algo que conservar, sobre todo si son minoritarias.

Fotografía: Atiba Jefferson

Pasadizos sonoros de extremada sofisticación

Se nota que American Football tienen mucho que decir y eso es algo que se agradece. Sería difícil de encajar hacer un tercer disco, alejado veinte años de su debut y referencia artística, queriendo continuar un legado que ellos mismos dejaron pasar.

Independientemente de todas las bobaliconas etiquetas que se introdujeron en el negocio de la música durante los años noventa con las que se pudiera relacionar este tipo de música (emo, math-rock, post-rock o cualquier otra) y escuchándolos sin ataduras, esta nueva entrega de la banda de Illinois suena fabulosamente creíble. Ambientes vaporosos, xilófonos, envolturas etéreas, letras compungidas y la sutil psicodelia de “Silhouettes” abren un disco que invita a la charla y la reflexión. Con “Every Wave to Ever Rise” dejan clara su impronta quebradiza y la querencia por un simbolismo musical que recuerda, por momentos, a los pesos pesados del post-rock sueco más profundo como son The Amazing.

Se nota que la banda tiene mucho que decir y eso es algo que se agradece. Sería difícil de encajar hacer un tercer disco, alejado veinte años de su debut y referencia artística, queriendo continuar un legado que ellos mismos dejaron pasar. Esto es algo que se refleja bien en “Uncomfortably Numb” (clara referencia a Pink Floyd con quienes comparten algo más que simpatía) y donde firman una pieza de folk ambiental, con la colaboración a las voces de Hayley Williams, ahondando en lo patológico de las relaciones paternofiliales como oda adolescente al concepto mismo de los años dorados del emo.

Existencialismo con el que sentirse identificado de un modo casi entusiasta que hila con “Heir Apparent”, donde dejan claro que son unos compositores exquisitos, que saben perfectamente cuál es el tratamiento que requieren las texturas de sus canciones y que saben cómo se toca una fibra, sobre todo por el acertado coro infantil a modo de coda final que, en otras manos, hubiera quedado empalagoso y facilón.

Ensoñaciones de vapor y congoja

La producción de American Football (LP3) es excelente, llena de matices, amplia en gamas y de un cromatismo tan vivo que casi puedes sentirles tocar.

Con “Doom in Full Bloom” suben, si cabe, un poco más la apuesta. La trompeta inicial, los arpegios marca de la casa, vibráfonos y coros se alinean en una composición atmosférica de una elegancia inmaculada, una pieza vibrante que acaba por filtrarse en todos los poros de tu cuerpo si la dejas pasar. La producción del disco es realmente sobresaliente pero, sin lugar a dudas, es en esta canción donde más se han esmerado. Un corte de más de siete minutos que es capaz de pintar y colorear durante cada segundo una nueva capa en tu amígdala.

En “I Can’t Feel You” entregan una pieza de ambiente jazzy con baterías sincopadas muy poderosas, una combinación fabulosa que combinan con colaboraciones femeninas a las voces; en total tres en todo el disco: Elizabeth Powell, Hayley Williams y Rachel Goswell en esta última. Nuevamente, la producción es excelente, llena de matices, amplia en gamas y de un cromatismo tan vivo que casi puedes sentirles tocar.

El disco, de tan sólo ocho canciones, se despide con “Mine to Miss”, donde podrían haber aprovechado para introducir alguna experimentación más que evitara su parecido con las anteriores composiciones; esto hubiera redondeado el disco hasta la excelencia. Una canción que, sin ser en absoluto mala, repite la fórmula de pop ambiental bañado en referencias a The Cure, los U2 que se podían escuchar o Talk Talk. Y digo todo esto porque, en “Life Support”, verdadero último corte del álbum, tampoco aprovechan la oportunidad de concluir un disco mayúsculo, prefiriendo entregar una pieza de post-rock, con una melodía cautivadora, pero que deja el impacto de la naturaleza visceral del disco en las primeras seis canciones.

Sin etiquetas todo suena mejor

Un pequeño viaje al interior de las entrañas que te devuelve a una realidad de poso calmo y diurético, muy difícil de encontrar en unos tiempos en los que lo que realmente importa es atragantarse con productos de fácil digestión que no requieran de demasiadas dentelladas.

En definitiva, este American Football (LP3) es un bocado delicioso para todos aquellos que disfruten con una música hecha desde la más profunda delicadeza. Un pequeño viaje al interior de las entrañas que te devuelve a una realidad de poso calmo y diurético, muy difícil de encontrar en unos tiempos en los que lo que realmente importa es atragantarse con productos de fácil digestión que no requieran de demasiadas dentelladas.

Personalmente, me importa bien poco que esta música se catalogue como emo-core o lo que sea, algo que también piensa Mike Kinsella: “no podría mencionar las bandas que tocan actualmente este estilo porque, sencillamente, no las escucho. Es raro que nos posicionen en algo de lo que actualmente estamos tan alejados”. Y esta claro, porque, a nosotros, lo que de verdad nos gusta a la hora de escuchar un disco es la experiencia musical; en este caso, una travesía penetrante de elaboración exquisitamente artesana.

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