Los Planetas

Los Planetas –
Super 8

Super 8 es mucho más que una portada bonita. En su interior se encuentra la ópera prima de Los Planetas, un viaje iniciático por los universos tóxicos de una banda llamada a hacer historia en la música nacional desde su primer disco gracias a joyas pop (“Brigitte”, “Qué Puedo Hacer”) y a apuestas por ese sonido más ruidoso que los caracterizaría (“De Viaje”, “Jesús”, “La Caja del Diablo”).


Es junio de 1994 y en España está a punto de pasar algo grande. Los Planetas lanzan su primer disco y, con él, dan el pistoletazo de salida a una etapa musical y a un género que poco se había visto por aquí. Ese disco es Super 8, una colección de diez canciones donde los granadinos ya dan muestras de que son un grupo diferente, alejados tanto de las tendencias de la escena internacional como de la nacional. En Estados Unidos todavía daba sus últimos coletazos el grunge de la mano del Vitalogy de Pearl Jam, el Superunknown de Soundgarden o el MTV Unplugged de Nirvana (publicado pocos meses después de la muerte de Kurt Cobain), mientras que Pulp y Blur disfrutaban repartiéndose la escena del britpop antes de la llegada del huracán Oasis.

Revolución noise

Los Planetas lanzan su primer disco y, con él, dan el pistoletazo de salida a una etapa musical y a un género que poco se había visto por aquí. Ese disco es Super 8, una colección de diez canciones donde los granadinos ya daban muestras de que eran un grupo diferente, alejados tanto de las tendencias de la escena internacional como de la nacional.

En España, lo estaba petando Extremoduro (que acababan de lanzar su quinto disco) o el Hay Poco Rock & Roll de Platero y Tú, pero sobre todo Laura Pausini y Alejandro Sanz. Sin embargo, al margen del rock patrio de toda la vida y el mainstream, hay realmente un público que demandaba otro tipo de música. Más alternativa. Es aquí donde Los Planetas hacen su jugada maestra lanzando uno de los primeros discos realmente ‘alternativos’ de aquella época, llegando a tener repercusión real. Por supuesto, habrá quien piense que nada de ese éxito habría llegado sin otros que recorrieron el camino primero (eso sí, sin tantas ventas), como los inolvidables Surfin Bichos (podrían describirse como unos protoplanetas) o sus paisanos Lagartija Nick, quienes ya le daban a eso de lo alternativo mucho antes y donde estaba tocando en esos momentos Eric, que un disco más tarde se convertiría en el batería oficial de la banda planetaria.

Anteriores a Los Planetas hay muchos. Sin embargo, sería Super 8 el disco que catalizaría los sonidos y las letras de muchas influencias para dar lugar a un cambio en el transcurso de la historia musical de este país hacia el mal llamado indie. Las de Jota y compañía (en este disco, Florent Muñoz, May Oliver y Paco Rodríguez) vienen de Estados Unidos y Europa, pero poco tienen que ver con el grunge o el britpop. Más bien, proceden de la escena alternativa internacional, donde bandas como Mercury Rev, Smashing Pumpkins, los Jesus and Mary Chain o My Bloody Valentine llenan grandes escenarios y construyen canciones para la eternidad. Ahí es a donde parecen apuntar Los Planetas con este primer trabajo, gestado bajo las órdenes de Fino Oyonarte, bajista de Los Enemigos y productor, quien supo sacar todo el partido al sonido que buscaba la banda, eso sí, con algunas críticas a la voz de Jota, como veremos más adelante.

Fotografía: Archivo

Un pop diferente

Los granadinos ya venían apuntando maneras desde los tiempos en que se hacían llamar Los Subterráneos (en honor a la Velvet), pasando por el EP Medusa (su primer disco editado), y, sobre todo, aquella primera maqueta grabada en los míticos estudios de Producciones Peligrosas que recogía varios de los temas posteriormente regrabados para Super 8.

Y es que ya desde la apertura con “De Viaje” queda clara la tónica general del disco: canciones con guitarras llenas de distorsión y una voz principal menos protagonista que nunca, algo que crearía escuela, en una escena española muy acostumbrada a que la voz del cantante sobresaliera en primerísimo primer plano y por encima del resto de instrumentos. En esta pieza (firmada por todos los miembros de la banda) psicodélica en su letra más que en su sonido, encontramos uno de los momentos más conocidos de la banda, un tema con el que años después cerrarían muchos de sus conciertos.

Aunque, si hablamos de canciones conocidas, el primer éxito real de los granadinos fue “Qué Puedo Hacer”. Una canción que se coló de lleno en las radios españolas y que casi no necesita presentación. Un hitazo pop que vino a confirmar que Los Planetas, aparte de ruido y distorsión, eran capaces de armar composiciones de lo más pop, con estribillos pegadizos y melodías facilonas. Y, por supuesto, también baladas noise enternecedoras, como esa “Si Está Bien” en la que empieza a despuntar su lado más visceral en las letras. Un pequeño oasis sobre la mitad del disco que continúa con la enigmática “10.000”, probablemente el precio de algunos placeres en Granada por aquella época, donde se habla, metafóricamente y con sutileza, de drogas, sexo adolescente y primeras veces.

Entender la letra completa de primeras es todo un reto, porque Jota, quizá consciente de no ser el mejor vocalista del mundo o quizá homenajeando a los buenos del noise y el shoegaze, escondía su voz tras la distorsión de Florent. Una distorsión que sigue, pero con un brusco cambio de tercio, en “Jesús”, una potente canción de power-pop donde afloran tanto los miedos de la juventud a los que Jota es adicto como una imaginativa crítica a la religión. Todo eso continúa en “Esos Últimos Días”, el primero de los temas que incluyeron en aquella primigenia maqueta que, al fin y al cabo, fue el germen de este disco.

La respuesta que esperaba el público alternativo

Este indie es otra cosa. Hace referencia a la música alternativa, el subgénero donde se ubican las propuestas menos comerciales que no encajan en el resto de espacios, y no tanto a la verdadera acepción del término indie como independiente. Por eso, Los Planetas fueron la respuesta para todo ese público que realmente quería un cambio de tercio en la música de este país. Oyentes que demandaban temas pop, pero de otra manera.

Y es que los chicos (y la chica) ya venían apuntando maneras desde los tiempos en que se hacían llamar Los Subterráneos (en honor a la Velvet), pasando por el EP Medusa (su primer disco editado), y, sobre todo, aquella primera maqueta grabada en los míticos estudios granadinos de Producciones Peligrosas. Ahí estaban “El Centro del Cerebro” y “Mi Hermana Pequeña” del Medusa EP, así como “Esos Últimos Días” y “La Caja del Diablo” (de la cual hablaremos más adelante).

La culpa de que tanto la maqueta como el EP tuvieran repercusión, permitiendo grabar a Los Planetas su primer disco, la tiene, en gran medida, Radio 3, emisora que premió al grupo dos años consecutivos con la Mejor Maqueta del Año. Aunque, siendo precisos, más que el programa de Julio Ruiz fueron sus propios oyentes. El resto fue gracias a Javier Liñán, por entonces A&R de RCA (filial de Sony), quien los fichó tras un concurso de maquetas a pesar de quedar segundos.

Como ya hemos visto, este álbum suena a algo diferente, y es por eso que habrás escuchado a tu cuñado (el que todavía va de festivales) decir que es el disco fundacional del movimiento indie en España. Bien, no estamos aquí para debatir qué grupo empezó el indie. Más que nada porque, como he comentado muchas veces (y defenderé ante el juez), el mal llamado indie actual no es más que la evolución lógica del pop-rock (ese cajón de sastre) de toda la vida. Este indie es otra cosa. Hace referencia a la música alternativa, el subgénero donde se ubican las propuestas menos comerciales que no encajan en el resto de espacios, y no tanto a la verdadera acepción del término indie como independiente; es decir, aquellos grupos que auto-producen sus discos, como Taburete (LOL).

Por eso, Los Planetas fueron la respuesta para todo ese público que realmente quería un cambio de tercio en la música de este país. Oyentes que demandaban temas pop, pero de otra manera, como la resplandeciente “Brigitte” que Jota firma junto a May (la bajista que tocaba de espaldas). Sin duda, uno de los mejores cortes de Super 8 junto a la deliciosa “Rey Sombra”, cuya letra está fuertemente influenciada por la afición de Jota a los cómics y quién sabe a qué más. O “Desorden”, paso previo al épico cierre del disco que sirve, asimismo, como homenaje al líder de Joy Division a través de una letra que habla sobre el suicidio de Ian Curtis.

Un trabajo fundacional

Ahora, décadas después de su publicación, Super 8 continúa siendo un referente en cuanto a lo que probablemente sean los inicios del noise, el indie o el shoegaze en España.

Pero el tema final, “La Caja del Diablo”, merece un capítulo aparte en esta historia. Aquí se concentran, en nueve densos minutos, todo lo que son Los Planetas. La voz ininteligible de Jota, la pasión por el noise más descarnado, la melodía y los arreglos de guitarra disonantes que todavía producen escalofríos… La historia tiene, nuevamente, un punto de partida químico, y sigue transitando paisajes lisérgicos sobre un viaje aterrador al interior del cerebro. Los minutos finales, donde los granadinos dan rienda suelta a todos sus demonios, encierran a los Jesus and Mary Chain, a los My Bloody Valentine de Loveless y a cualquier otro grupo que entienda que hacer ruido es más importante que el resultado final de la canción. Este suicidio comercial supone, igualmente, un gesto de desafío hablando de un álbum debut. Un gesto que inauguraría la carrera de Los Planetas y que perduraría en el tiempo como una de las canciones más queridas por los fans.

Ahora, décadas después de su publicación, Super 8 continúa siendo un referente en cuanto a lo que probablemente sean los inicios del noise, el indie o el shoegaze en España. Y, también, el disco más reconocido de la banda debido a su singular portada, diseñada por un joven Javier Aramburu que firmaría las siete siguientes y que se encargaría de los artes de la banda hasta 2005 (ha vuelto a trabajar con ellos nuevamente para celebrar el vigésimo aniversario de Una Semana en el Motor de un Autobús). Todo para lograr un trabajo fundacional. Un viaje iniciático por los universos tóxicos de una banda llamada a hacer historia del pop en España desde su primer disco.

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