Paraíso Festival 2019: Allanando el camino para un Sónar en Madrid

La segunda edición del festival madrileño cierra con una gran sensación de salto hacia delante con respecto a la primera y sella la promesa de regresar bajo la tutela del Sónar

25.000 personas confirman la buena marcha del festival madrileño, que poco a poco y sin grandes aspavientos va haciéndose hueco como la oferta más completa y suculenta de electrónica alternativa y propuestas colindantes con el pop más estable en la capital. Y es que el Paraíso Festival prefiere ir dando pasos comedidos e ir ocupando con racionalidad todo el espacio disponible en el campo de rugby de la Complutense de Madrid que pretender masificarlo desde el principio. Testando su propio entorno, sus propias capacidades y características como festival, al final Paraíso es una propuesta asequible, cómoda y relajada en la que se disfruta de buena música al aire libre y con bastante espacio, una consecuencia natural de que el recinto, a priori, esté preparado para albergar a unas 50.000 personas, como ya ha demostrado alguna vez el DCODE.

El Paraíso Festival prefiere ir dando pasos comedidos e ir ocupando con racionalidad todo el espacio disponible que pretender masificarlo desde el principio. Testando su propio entorno, sus propias capacidades y características como festival, al final Paraíso es una propuesta asequible, cómoda y relajada en la que se disfruta de buena música al aire libre y con bastante espacio.

Esta circunstancia, el excesivo espacio, se traduce a veces en una cierta sensación de vacío, pero seamos prácticos: también te permite acercarte a primera fila a ver la mayoría de conciertos principales, rebaja bastante los tiempos de cola para baños y barras y en general evita cualquier atisbo de sensación de agobio. Pero, claro, para tan ‘pocas’ personas no se necesita un escenario principal que parezca claramente un escenario principal, como ocurrió esta vez, igual que no hacen falta pantallas ni realización de ningún tipo.

La edición pasada, en la que el concierto de más renombre recaía en manos de Róisín Murphy, podía valer con un escenario de corte medio, pero para esta edición CHVRCHES, que venían con esa misma vitola, sí sufrieron las consecuencias de tocar en un escenario que está muy por debajo del nivel comercial que actualmente manejan los escoceses. El sonido estaba demasiado embarullado y las grandes canciones que tienen los de Lauren Mayberry (el único punto a favor de la mezcla en directo, su voz) quedaban a veces deslucidas, ya sea por el poco acierto de varios temas de su último disco (“Miracle” es aún más horrible en directo) o por el excesivo protagonismo de bombos y bajos. Quedaron para el recuerdo una acertadísima revisión de “Science/Visions” y otros estandartes de su debut como “Lies”, “Recover” y la climática “The Mother We Share”.

Fotografía: Rodrigo Mena

Viernes tropical en Paraíso

¿El resto? Una buena fiesta que el viernes se quedó más flojita, un poco a medio gas entre el conciertazo que dieron Maribou State prácticamente para abrir la jornada y mucho más pulsares que en su versión de estudio (bailables y funkyes a la vez que experimentales, ruidistas y en ocasiones delicados como la seda) y el DJ holandés Young Marco, que literalmente salvó una noche en la que no estuvieron muy finos ni Solomun (le faltó techo y no supo generarlo y tumbarlo sobre el público) ni KiNK (con pachanga electro entre una buena maleta de ritmos africanos y elementos tribales). El set de Young Marco ofrecía una revisión muchísimo más personal de un mismo tipo de electrónica vamos a decir de tintes tribales y globalizados que fue en general la protagonista de la jornada del viernes. Empezó su sesión en deep house, la fue llevando hacia el disco y comenzó a adentrarse en terrenos africanistas, en ritmos mucho más orgánicos, viajando a Cuba y a la salsa, manteniendo el pulso disco y después retirándolo todo en servicio del techno pero sin renunciar al four on the floor, solo para llegar después a los terrenos del free jazz y despedirse entre aplausos y sudor. Sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR.

El holandés Young Marco empezó su sesión en deep house, la fue llevando hacia el disco y comenzó a adentrarse en terrenos africanistas, en ritmos mucho más orgánicos, viajando a Cuba y a la salsa, manteniendo el pulso disco y después retirándolo todo en servicio del techno pero sin renunciar al four on the floor, solo para llegar después a los terrenos del free jazz y despedirse entre aplausos y sudor.

Todo lo contrario que Nicola Cruz, que decepcionó sinceramente en Paraíso con un dj-set en el que primaba su versión más accesible, la más light y la más encauzada en los cánones globales del deep house británico, pareciéndose más a una versión tropical de Jamie xx que a lo que esperamos realmente de Cruz, un show étnico que sepa reproducir pulsiones orgánicas, que logre viajar en un palmo entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre lo sagrado y lo puramente funcional. No fue el caso, y eso que la expectación era máxima: el escenario del bosque, el más reducido de los tres principales, se quedó pequeño para el DJ francés con sede en Ecuador, que seguramente tendría que haber sido programado en el escenario principal; incluso tuvo que montar la organización un improvisado control de aforo.

Entre tanto, el relativo descalabro de CHVRCHES se compensó con el efectista show de Cerrone, mina de oro del disco y acompañado de unos visuales en directo espectaculares. Un show que hizo deslucir un poco a unos Ross from Friends que sufrieron esencialmente de una mezcla que limitaba el sonido de las guitarras, aunque estuvieran listos y lo compensaran con más bombo y una sesión más cercana finalmente al dj-set que al live que plantearon. Tampoco estuvo muy bien el infalible Talabot, algo previsible y sacando una sesión un poco del montón que acabó con muchos asistiendo a Polo & Pan, house francés con aires un poco pretenciosos y que tampoco consiguió dar el do de pecho en Paraíso. Sí lo dio IAMDDB con una buena voz pero un show todavía algo verde, entre cadencias de nu-soul y jazz, ritmos trap y melodías R&B.

Fotografía: Arturo de Lucas

Charlotte Gainsbourg (ELLA) y el disco reinan en la noche del sábado

El sábado empezó encaminado con Superorganism, que sin embargo han perdido el factor sorpresa y con él un buen palmo del impacto de su presentación. Esa misma circunstancia podría haber lastrado también el concierto de la gigante Charlotte Gainsbourg, pero no. Ella, que parece estar por encima del bien y del mal, dio una lección con mayúsculas en el Paraíso, toda vez que además su show no pretende invadir escenarios enormes ni sonar por encima de nadie. Ya sabíamos lo que veríamos, pues la sorpresa enorme llegó en el Primavera Sound de 2018, donde acabó coronada con una de las mejores actuaciones de la edición y donde ya nos mostró ese impactante decorado de cuadrados de luces superpuestos, su camiseta blanca remetida en el vaquero ajustado y su actitud de poetisa de la decadencia, cortando con su delicadísima voz y sus letanías en francés la tormenta de synthwave, electro con clase, retrosynth y electrofunk que dibuja su banda en directo, tremenda, equipada con una fantasía de máquinas vintage en la que cabe hasta una torre de modulares original de los años ochenta. Pero volvió a hacerlo en Madrid, elegante, impecable, demoledora. Volvió a enamorarnos con “Deadly Valentine”, con “Paradisco”, con la cariciosa “Such A Remarkable Day”, con la explosión final que es la versión en directo de “Les Oxalis”, mucho más colosal y contundente… de largo el mejor concierto del festival.

Gainsbourg dio una lección en mayúsculas, con su actitud de poetisa de la decadencia, cortando con su delicadísima voz y sus letanías en francés la tormenta de synthwave, electro con clase, retrosynth y electrofunk que dibuja su banda en directo, tremenda, equipada con una fantasía de máquinas vintage en la que cabe hasta una torre de modulares original de los años ochenta.

Rhye, por su parte, estuvo bien, delicadísimo como siempre y esta vez levantando un poco el ánimo y el rumbo del concierto gracias a outros de corte más experimental y ruidista orientados al jazz. Su banda es impecable, con contrabajos, violines y vientos en directo, percusiones de todo tipo y un sonido clínico y francotirador. Aunque a veces cueste aguantar su show en el contexto de un festival y se antoje más disfrutable sentado o de resaca.

Mount Kimbie se vieron afectados por un problema técnico y tuvieron que limitar su live a sólo siete canciones, dejando muy libre la hora para que Pional hiciera todas las perrerías que no consiguió sacarse de la manga Motor City Drum Ensemble, más enfocado a sus amplísimos conocimientos de a tradición disco-funk que a sus legendarias noches de techno-disco Detroit. El español se atrevió hasta con un remix de “Di Mi Nombre” de Rosalía y puso la pista patas arriba, lo que se pide de un DJ a esas horas de la noche.

Rhye, delicadísimo como siempre, levantó esta vez el ánimo y el rumbo del concierto gracias a outros de corte más experimental y ruidista. Su banda es impecable, con contrabajos, violines y vientos en directo, percusiones de todo tipo y un sonido clínico y francotirador.

Y en el ‘enfrentamiento’ entre dos de las DJs con más proyección actual de Reino Unido, la ya reputada Peggy Gou y la incipiente Or:la, terminó ganando (y por goleada) la segunda. Technazo con trazas ambient y momentos más bailables que bien podía haber comparecido bien entrada la madrugada, en el mismo slot en el que Peggy no supo caldear ni aportar esas características chocantes que hacen sus sesiones tan especiales.

Para terminar, un Laurent Garnier preciso como siempre pero bastante bajo de volumen debido a las limitaciones horarios dejó paso a un buen Mano Le Tough y sobre todo a un Antal divertidísimo que a bailar al bosque con disco de manual y pop para cantar.

El año que viene y gracias a la entrada del Sónar en la marca, esperamos ver la conversión definitiva de este festival que aspira a encarnar el Paraíso de la electrónica en la capital española.

Fotografía: Nacho Nabscab

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