Niño de Elche

Niño de Elche –
Colombiana

El uso efectivo de materiales, mezcla de flamenco, percusión colombiana y bases electrónicas, produce un armazón caótico pero prometedor. Queda pendiente la singularidad melódica o armónica que sí presentaba su anterior Antología del Cante Flamenco Heterodoxo, pese a una mayor unidad en este Colombiana.


Niño de Elche propone para este año, previo a su colaboración con Los Planetas,  n trabajo experimental, en la línea de su anterior Antología del Cante Flamenco Heterodoxo, pero esta vez empleando sonidos de la música sudamericana, que al juntarse con el nuevo flamenco, confirman la vanguardia que pretenden imprimirle los músicos españoles en los últimos años.

Un collage inconcluso, freak y surrealista

Conocido por su afán experimental y su lucha continua contra la imitación y la falta de riesgo, Niño de Elche lleva a cabo un nuevo mestizaje entre la música latinoamericana y el flamenco, aderezados con intervenciones de música electrónica en un intento por reivindicar las tendencias musicales actuales.

El alejamiento del flamenco original que llevara a cabo La Leyenda del Tiempo de Camarón y compañía no ha visto probablemente hasta la fecha un ejemplar tan freak como el nuevo trabajo de Niño de Elche.

Conocido por su afán experimental y su lucha continua contra la imitación y la falta de riesgo, el ilicitano lleva a cabo un nuevo mestizaje entre la música latinoamericana, centrándose en la cumbia y la guaraná, y el flamenco, aderezados con intervenciones de música electrónica en un intento por reivindicar las tendencias musicales actuales, como ya hicieran el reggaetón y Rosalía en “Con Altura” (su sencillo en colaboración con J Balvin). El resultado difiere bastante en calidad con el de la cantante, aunque tampoco llega a establecer las bases de un nuevo Nuevo Flamenco.

Fotografía: Álvaro Perdices

Un trabajo más homogéneo que su antecesor y con propuestas originales

Pese a la experimentación, la propuesta termina decayendo debido a la simplicidad de los elementos y la falta de variedad entre cortes. Los motivos tienden a repetirse y aparecen apenas modificados en las distintas canciones.

Otra de las características de las formaciones determinadas por Niño de Elche son las colaboraciones de los personajes más variopintos, un elemento fundamental en la música flamenca y que sirve para ofrecer nuevos enfoques. Para esta ocasión el escogido es Eblis Álvarez, miembro de la banda Meridian Brothers, a quienes escuchara el artista en Barcelona y cuya música impactó notablemente. No son las únicas intervenciones. Los Piranas y Daniela Sanmiguel participan en “Peteneras Mexicanas”, y los versolari (poetas que improvisan en lengua vasca) Maialen Lujanbio y Beñat Achiary en “Colombiana Vasca”, títulos que dan a entender a las claras las pretensiones conciliadoras entre estilos de su autor. El resultado presenta algunos altibajos, pero en general demuestra la sorna, la actualidad y la evolución de Niño de Elche.

El uso de sintetizadores se vuelve frecuente, véanse “El Pregón de los Caramelos” o “Ni Chicha ni Limoná”, empleados como si de bases de trap se tratara. La propuesta puede parecer ridícula en una primera escucha, pero tiene cierto sentido en un contexto de sátira y proporciona momentos de hipnosis interesantes. Sin embargo, su uso podría haber sido más desarrollado, disonante y complejo. Porque pese a la experimentación, la propuesta termina decayendo debido a la simplicidad de los elementos y la falta de variedad entre cortes. Los motivos tienden a repetirse y aparecen apenas modificados en las distintas canciones, acercándose a las correrías guitarrísticas de Elvis en su canción “Viva las Vegas”.

Un efecto extramusical prometedor

Las letras son muy originales y practican un discurso moderno, a veces difícil de concretar pero fácil de entender en sus ideas generales, y se encuentran fielmente adheridas al itinerario musical, que se aparta de las convenciones de melodía y ritmo para plantear elementos extramusicales como ya hiciera Antología del Cante Flamenco Heterodoxo.

Sin embargo, existen algunas ideas efectivas, como el leve zumbido de “Flor-Canto” sobre el que el artista canta con su particular estilo flamenco, y que recuerda a los fragmentos sobresalientes de su anterior disco; la recitación de los poetas invitados en “Colombiana Vasca”, donde se funden las melodías tradicionales del norte de España con el ritmo de la cumbia; o “Tangos de la Ayahuasca”, en la que se narra el ritual de elaboración del conocido enteógeno tras un fondo hipnótico. Otro de los aciertos consiste en el empleo de escasas melodías y la sobriedad de elementos, pues conforman un estilo coherente cargado de posibilidades, de las que desgraciadamente no puede hacer gala el álbum en su totalidad.

Las narraciones y declamaciones de Niño proponen una aproximación al hip-hop dominante en los últimos días, y el empleo de palabras inglesas o de elementos extramusicales como el grito de “¡Petenera! ¡Mujer mala!” ponen de manifiesto problemas de actualidad. Sin embargo, estas intromisiones se convierten en un arma de doble filo, pudiendo caer en el ridículo o en la ausencia de un contexto explicativo. Las palmas son un recurso fácil para indicar la esencia flamenca, pero su aparición no alberga ningún desarrollo. Tampoco la retirada de instrumentos y las recitaciones compaginan perfectamente con las artes rítmicas y melódicas. Esto ayuda a infundir en el oyente la sensación de que está ante un collage inconcluso, freak y surrealista como los vídeos de Venga Monjas, trazado con perspicacia, pero carente de peso.

Algunos momentos más tradicionales, como la introducción de “Los Esclavos” o el estribillo de “Ni Chicha ni Limoná”, son de suma relevancia para la continuación del disco pues, lejos de regresar a los estándares del género, aportan sutiles variaciones que pueden contentar al gran público y al mismo tiempo innovar.

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