Noel Gallagher’s High Flying Birds

Noel Gallagher –
Black Star Dancing EP

Parece que tendremos que esperar más de lo previsto para escuchar el próximo larga duración de Noel Gallagher. Mientras tanto, el compositor nos propone tres epés con los que amenizar la espera. Black Star Dancing es el primero de ellos, y el resultado no es del todo satisfactorio. Una pretensión de cambio estilístico anecdótica que acompaña con las canciones de siempre.


Cuando Noel Gallagher nos presentó a finales de 2017 Who Built the Moon?, pudimos comprobar que el cambio estilístico que presentaba tenía más que ver con las demandas del público que le criticaba por no ser capaz de cambiar el sonido Oasis que con su propia convicción como compositor. Más que influencias, aquel disco estaba repleto de préstamos musicales que no había conseguido hacer suyos, abandonándose también a nuevas estructuras que no terminaron por concretar un resultado del todo satisfactorio. Sin embargo, era un primer paso para escapar de la alargada sombra de su banda madre y había algunos buenos ganchos.

Black Star Dancing o la falacia del cambio

Tal vez con intención de estudiar la respuesta de los fans ante posibles nuevos giros estilísticos antes de aventurarse con el elepé, formato al que siempre otorgamos un carácter más trascendental, Noel pretende poner en el mercado varios EPs este año.

Poco más de año y medio después desde aquel lanzamiento, el mayor de los Gallagher regresa con Black Star Dancing, el primero de tres EPs que pretende poner este año en el mercado. Tal vez con intención de estudiar la respuesta de los fans ante posibles nuevos giros estilísticos antes de aventurarse con el elepé, formato al que siempre otorgamos un carácter más trascendental.

Fotografía: Mitch Ikeda

Esclavo de su propio estilo

Noel Gallagher parece estar en mitad de un desierto sin brújula, guiado unas veces por su instinto y otras por las voces lejanas que le llegan desde un lugar incierto y que le piden que deje atrás sus automatismos compositivos.

¿Y por qué decimos esto? Porque de las cinco canciones que integran el disco en cuestión, llama poderosamente la atención cómo tres son la misma Black Star Dancing”, con sus diferentes mixes y revisiones.

El de Mánchester tiene la presión de desligarse de su pasado, por eso avanzó esta entrega con dicho corte, el más diferente en relación con los otros dos que lo completan. Quiere meternos ese ritmo setentero bailable con calzador y hacernos ver que está trabajando en expandir sus horizontes musicales. Por eso, de los 26 minutos que dura el nuevo artefacto, 19 los pasamos escuchando la composición homónima. Lo cierto es que sorprende e incluso agrada al principio, pero como ocurría en el álbum anterior, termina siendo plana y monótona.

Con ella, efectivamente, se aleja de lo que hizo, pero escuchando el resto del álbum Noel demuestra ser esclavo de su propio estilo. Lo diferente aquí es anecdótico, aunque se haya encargado de darle un peso importante.

Las canciones de siempre

El tan ansiado viraje estilístico del artista no pasa por una ruptura radical, sino por una amplitud de miras desde su posición natural que le permita hacer un poquito más holgado el corsé que lo limita.

Con Rattling Rose vuelve a la estética de su debut con los High Flying Birds. De hecho, esta podría ser perfectamente un descarte de aquel, como deja ver esa atmósfera sombría y a veces misteriosa por sus arreglos. Va a lo seguro, pero lo hace bien. Puestos a ser irrelevantes, mejor explotando una fórmula contrastada y que funciona.

Por su parte, en Sail On apuesta por una canción de country-pop melancólica, de alta carga nostálgica, que seguramente sea la aportación más interesante que hace el músico con este registro a su catálogo.

Noel Gallagher parece estar en mitad de un desierto sin brújula, guiado unas veces por su instinto y otras por las voces lejanas que le llegan desde un lugar incierto y que le piden que deje atrás sus automatismos compositivos. Ya lo dijimos en la crítica del álbum precedente: el tan ansiado viraje estilístico del artista no pasa por una ruptura radical, sino por una amplitud de miras desde su posición natural que le permita hacer un poquito más holgado el corsé que lo limita.

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