Los mejores conciertos del Primavera Sound 2019

Así vivimos los que para nosotros fueron los quince mejores conciertos del festival

En un evento de dimensiones tan inabarcables como el Primavera Sound, en el que todo el rato van sucediendo cosas noticiables, en el que te suena el móvil con ese WhatsApp furtivo que te dice que no sabe dónde estás pero que por qué no estás en el Pitchfork, o en el Lotus, que te estás perdiendo el concierto del festival. “Pero si estoy viendo a Rosalía”, puede contestar uno, y seguramente para él también será el mejor concierto del festival. “¿Cómo voy a estar en un sitio en el que no esté tocando Robyn?”, dice otro, y se le responde: “Pues para mí lo mejor del festival fueron Jungle”…

Esta es simplemente nuestra forma de aproximarnos a esos momentos que seguramente quedarán grabados a fuego en la historia del festival, pero sólo la nuestra. Nosotros mismos seguramente nos hemos perdido el mejor momento del festival, pero lo que tenemos claro es que hemos vivido el nuestro. De eso se trata el Primavera Sound.

La caricia oscura de Apparat

Literalmente se pasó el festival. Desde el miércoles subyugando la sala Apolo con technazo desde las 3 hasta pasadas las 5 de la mañana hasta el jueves celestial en el que se presentó en el Auditori junto a su banda para desatar su apoteósico live, una especie de viaje a través de las cuatro estaciones que transita períodos de calma para luego colapsar en tormentas, reflejadas todas ellas en las intermitencias de las barras de luz que, dispuestas de forma pareciera aleatoria, conforman el único decorado del escenario. Unas veces parecen tormentas, sí, pero luego se asemejan al fluir de los ríos, al paso del pleamar al bajamar, a las ramas de los árboles.

Inyecciones de vida al calor de las cuerdas, del trombón o de un contrabajo palpitante, todas en procesamiento sobre bases vívidas y temblorosas, loops atroces y catastróficas anomalías ruidosas. Y una caricia que lo corta todo como un cuchillo, la de la voz de Sascha, que penetra entre la mezcla para arrancar el llanto de los asistentes, conmocionados. Así repasa la práctica totalidad de su nuevo disco, poniendo en primer lugar los movimientos más centrados en el beat como “In Gravitas” o “Dawan” y dejando para el final lo más parecido a éxitos que puede tener, “Heroist” y “Voi_do”. Entre todo ello, una filarmónica de texturas y sensaciones electrónicas, una combinación en sincronía perfecta, celestial, matemática y aurea de lo orgánico y lo digital, música fractal. Una experiencia a flor de piel para las dendritas y para el alma. Y, para terminar, “Black Water” a todo color. No podíamos pedir más.

Fotografía: Paco Amate

La fiesta mayor de Robyn

En el Primavera Sound de las divas del nuevo pop, cómo no, la pionera y madre de todas dio toda una lección de todo lo que se puede dar. Repaso su trayectoria perfectamente actualizada al lenguaje deep house de su último disco, el descomunal Honey, bailó, cantó como pocas y ofreció un show completo, rotundo, con sonidazo y un setlist casi perfecto que desataba fiesta tras fiesta mientras dejaba momentos de hiperestesia y sensibilidad aguda, bajones controlados y subidones enfervorecidos.

La intimidad con la que se confiesa en Honey se reflejaba en el escenario en la preciosa configuración de telas blancas imitando la seda y la confidencia del dormitorio, un montaje aséptico que abrazaba perfectamente lo clínico de los beats de “Send To Robin Immediately” y “Honey”, que sirve para abrir el set. Con “Indestructible” es la propia Robyn la que arranca las telas blancas y empieza a liberarse, y tras una sección más reptil y suplicante en la que repasa en un tono muy funk-club (ojo a esos bajos ostentosos y redondísimos que tanto recuerdan a los bajos de Metronomy en Nights Out y que parecen sacados de “Heartbreaker” o de “Holiday” según la intensidad que requiera la fiesta de Robyn) temas de Honey como “Ever Again” o “Because It’s In The Music”, llega el despiporre definitivo. Fiestón ibicenco empalmando el “Love Is Free” de La Bagatelle Magique con “Don’t Fucking Tell Me What To Do”, karaoke colectivo en el primer estribillo de “Dancing On My Own” y comunión sincera en el final, catarsis en “Missing U” y abrazos colectivos en “Call Your Girlfriend”, todo antes de desaparecer y volver a salir para rematar con la progresiva “With Every Heartbeat”. Te queremos, Robyn.

Fotografía: Sergio Albert

Éxtasis, religión, FKA twigs

Si hubo una performance superior en el Primavera Sound seguramente fue esta. Por todo. Pero en primer lugar por lo inmersivo y lo subversivo, por la emoción que suscita y la sorpresa que genera. Tras una intro en vídeo con referencias a María Magdalena y a la sanación del cuerpo por medio del alma y la mente, la británica se apoyaba en un equipo de bailarines para desgranar clásicos de sus trabajos previos, “Figure 8”, “Hide”, “Water Me” o “Pendulum” entre ellos. Pero pronto la ligera familiaridad que puedes tener con aquellos temas se torna en bruma y el show se adentra en pasajes más extáticos y se abandona a pulsos mórbidos y psicodélicos.

Haciendo fácil el inhóspito recorrido que puede existir entre Björk y Beyoncé, FKA twigs volvió a hacerlo en el Primavera Sound 2019 tras su sonado despertar en 2014. Los cielos se han abierto otra vez para permitirnos adorarla. ¿Qué nos deparará la próxima alineación?

Hipnotizado por esos beats hondísimos y pantanosos, la voz de falsete de casa de los eternos de Tahliah Debrett Barnett y los movimientos fluidos y coordinados, vas entendiendo que las referencias a María Magdalena son parte de la nueva encarnación de la británica y que lo que estás escuchando con extrañamiento pero enamorado son las canciones del nuevo disco de FKA Twigs, seguramente titulado Magdalene. Un vistazo a Setlistfm basta para desentrañar títulos como “Fukk Sleep”, “Mary Magdalene”, “Holy Terrain” o “Mirrored Heart”, de hecho. Tras esto, y cerrada la segunda parte de un show perfectamente configurado en tres actos, “Rise”, “Fall” y “Rebirth” (asociados de algún modo a sus temas previos, el repaso narrativo a Magdalene y el empoderamiento desde su propio cuerpo que acomete en el espectacular tercer acto), el escenario desvela una estructura de andamios de la que se van descolgando los bailarines mientras ella va descendiendo.

Integrados todos en la estructura y mientras los beats se muestran en su versión más retorcida, el show va desenvolviendo “Lights On” y “Two Weeks” con ella ya en el suelo y lista para acometer su propia redención en “Cellophane”, su último y espectacular single, subida a la barra de pole-dance. Haciendo fácil el inhóspito recorrido que puede existir entre Björk y Beyoncé, FKA twigs volvió a hacerlo en el Primavera Sound tras su sonado despertar en el escenario Pitchfork en 2014. Los cielos se han abierto otra vez para permitirnos adorarla. ¿Qué nos deparará la próxima alineación?

Fotografía: Sergio Albert

Janelle Monáe, la voz de los desheredados, reina en Primavera Sound

Hecha desde abajo, pansexual, negra, mujer… Janelle Monáe ha decidido erigirse como heroína de los desheredados, los “dirty computer”, en su última encarnación, el androide rebelde Cindi Mayweather, y así se mostró en el Primavera Sound. Empoderada y sobre un pedestal pirámide, acompañada de un equipo de bailarinas y de una bandaza en directo, con constantes referencias al afrofuturismo en los outfits, que guiñaban a Wakanda. Intercalando los discursos cantados que componen algunos de los temas de Dirty Computer (“Screwed”, “Django Jane”, “I Like That”) con sus propios discursos, lanzando al aire sus loas a la vagina y al pussy power en un temazo como “Pynk”, rapeando tranquilamente en “Django Jane” o en “Yoga”, de lo más explosivo del concierto.

Breve y por momentos demasiado teatralizado, no hubo featuring de Solange en “Electric Lady” y el bis, “Come Alive”, quedó algo deslucido tras haber disparado justo para cerrar el set principal las balas de “Make Me Feel” (el recuerdo a Prince fue evidente) y la be-bop “Tightrope”, seguramente uno de los highlights de la edición. Pero, sin duda, Janelle Monáe cumplió con la enorme responsabilidad de ejercer como lo que esta vez le tocaba ser: cabeza de cartel.

Fotografía: Sergio Albert

Stereolab. STEREOLAB

La reunión que merecemos. El quinto concierto de Stereolab tras más de diez años lejos de los escenarios y celebrando el XX aniversario de la banda podría haber decepcionado, pero ni de broma lo hizo, dejando toda una lección de motorik de nueva edad en la que quedaron retratados todos los grupos que en algún momento de los 2.000 han pretendido hacer algo parecido. “French Disko” casi de primeras, ondas eternas y mareantes en “Miss Modular” o en “Metronomic Underground”, “Percolator” y su acidez rutilante… Toda una suerte y toda una lección.

Fotografía: Sharon López

Madre mía, Rosalía, bájalo

La Rosalía jugaba en casa. Y convenció. Primero porque reunió a la mayor cantidad de público que yo pude contar en los escenarios principales del Primavera Sound, algo que podría ejemplificar hablando de mi propio círculo: por primera vez (y seguramente por última) vi en el Primavera Sound a personas que otrora me hubieran parecido inimaginables por allí. Y segundo porque su show está muy por encima de lo que se puede esperar de un artista con su escasa trayectoria. Una máquina perfectamente engrasada de beats y bailes, de momentos más contemplativos y pequeños arranques de fiesta en clave urbana que se llevan a Las Grecas de la mano al trap, de cantes que silencian explanadas como “Catalina” y jaleos coreados en las climáticas “Aute Cuture” y “Malamente”.

Manejando a la perfección el difícil equilibrio entre un concierto de auditorio y un fiestón de escenario principal, Rosalía dio muestras claras de que su show es una máquina perfectamente engrasada de beats y bailes, de momentos más contemplativos y pequeños arranques de fiesta en clave urbana que se llevan a Las Grecas de la mano al trap, de cantes que silencian explanadas y jaleos coreados.

Algo forzada hablando en catalán (en algún momento se le escapó algo en castellano) para homenajear a su ciudad, en cualquier caso Rosalía está impecable vocalmente y puede con todo, y pone los pelos de punta a los asistentes y les arranca alguna lágrima con las maldiciones de “De Aquí No Sales” o de “A Ningún Hombre”. Y ha conseguido que varias canciones aún por publicar, como “Santería”, “Como Ali”, “De Madrugá” y “Lo Presiento”, sean coreadas por la masa enfervorecida como si fueran de toda la vida.

Manejando a la perfección el difícil equilibrio entre un concierto de auditorio y un fiestón de escenario principal, Rosalía se enfrentó probablemente a la que ha sido su crowd más amplia, por encima de aquel concierto en la plaza de Colón (no olvidemos que en sus conciertos por festivales de América y Europa está tocando en escenarios secundarios), y la superó con notaza. No hubo featuring de J Balvin ni en “Brillo” ni en “Con Altura” (dicen las malas lenguas que por peleas de royalties o porque Balvin andaba a esas horas aterrizando en la ciudad condal), pero sí lo hubo de James Blake para hacer la meditabunda y sutilísima preciosidad que es “Barefoot in the Park”.

Fotografía: Sergio Albert

Big Thief o el valor de las pequeñas cosas

El mejor esfuerzo de banda al uso que se presentó en el Primavera Sound 2019. Una máquina orgánica y totalmente rupestre en perfecta sincronización, viajando en un palmo de la sutileza desgarradora a la furia contenida. No hicieron todos los temazos que son capaces de hacer y quizá el momento “Pareidolia”, clásico de Buck Meek, con X a la voz cantante estuvo un poco de más, pero la voz de Lenker cortó una explanada entera a la luz del sol como un cuchillo. “Cattails”, “Contact” u “Orange” ya tienen su sitio en la historia dorada del Primavera Sound.

Fotografía: Eric Pàmies

Alerta: The Comet Is Coming

Incendiaron literalmente la carpa-circo Your Heineken Hidden Stage pasada la entrada a la madrugada del jueves. Abarrotado, el rondó inundado de luz verde psicotrópica se postró al jazz enfervorecido del trío liderado por el saxofonista Shabaka Hutchings, una mezcla de afrofuturismo cósmico y electrónica atrevida. Fue breve pero intenso, y los asistentes salieron en gran parte sudando la gota gorda. Alguno seguro que vio cosas ahí dentro que aún no se atreve a contar.

Silencio, emoción, María José Llergó

Silenció el auditorio junto a su banda y mostró el paso adelante que está experimentando su música hacia honduras más tribales y milenarias, adelantando temas de lo que será su disco de debut, maravillando a un público atónito y al borde del llanto acongojado con su reciente estreno “Me Miras Pero No Me Ves” o con su tema de alumbramiento, la rutilante y hondísima “Niña De Las Dunas”, y dejando un concierto para el recuerdo que seguramente será la prueba de un futuro brillante.

Fotografía: Paco Amate

El techno tiene un nombre: Richie Hawtin

Si Hawtin se pone serio es imposible que algo salga mal, y los precedentes en el Primavera Sound pasaban por un cierre en el que le tuvieron que echar literalmente del escenario mientras se disculpaba bien pasadas ya las 6 de la mañana. Volvió a ponerse serio para llegar incluso a saltarse hacia el final de su inclemente set los guiones microscópicos de CLOSE, su espectáculo audiovisual de microcámaras para acercarnos a su experiencia de DJ e hipnotizarnos con su destreza, y sacudió la arena del mar con techno del de antaño, del de F.U.S.E., motores de movimiento infinito aplastando con violencia cualquier atisbo de raciocinio. Marcha marcial hacia la galaxia privada del mejor deejay que ha conocido el mundo.

Fotografía: Dani Cantó

Sons of Kemet XL: Incendio de baterías al sol

Fuego en manos de nuevo del saxofonista británico Shabaka Hutchings, esta vez con su proyecto central y acompañado de cuatro baterías incandescentes para amenizar con uno de los conciertos más contundentes de la edición la tarde del escenario Ray-Ban. Completamente orgánico aquí y encomendado al ritmo y a sus fluctuaciones, se libera más en lo intrumental y da rienda suelta a todo un ejército de instrumentos de viento, tuba incluida, para repasar el jazz desde el ángulo de sus raíces más tribales y naturalistas, viajando en diáspora junto con el género de las profundidades de África a las humeantes calles del underground londinense.

Fotografía: Christian Bertrand

El resurgir de la old-school: Nas

Todo un homenaje a la vieja escuela del hip-hop y al rap consciente, Nas fue tan grande que prácticamente de primeras recitó su “The Message” cabalgando el sample del tema del mismo nombre que supuso un antes y un después en la historia del género, a la cola de los acordes de “Get Down” y poco antes de soltar alguna de sus obras maestras, del estilo de “Got Ur Self A Gun”. Y así, en general, se desarrolló la primera parte del regreso del autor de Illmatic, homenajeando a la cultura de la calle y su autenticidad para ir hilvanando a la vez otro al disco que cambió la historia del hip-hop, con puntadas de altura como “N.Y. State of Mind” o “Life’s A Bitch”.

También tuvo espacio para guiñar a Kanye West (presente espiritualmente en esta edición más que en ninguna otra), pero no exactamente repasando NASIR (solo dos temas y ninguna aparición estelar, ni la esperada de 070 Shake), sino con viejos temas que dan pistas de lo que sería su producción en el futuro como “Hate Me Now”. Quizá a partir de entonces fue un poco hacia abajo, introduciendo demasiadas cantaditas R&B de las de la época de la megaradiofórmula mainstream (“I Can” y su pretenciosísimo sample del “Para Elisa”), pero en general Nas dio una clase de old school hip-hop en el Primavera Sound. Otra deuda saldada.

Carly Rae Jepsen: euforia y sentimiento

Se la veía feliz a la canadiense, radiante ante su público. Tanto que no tardó en contagiar a un respetable que para una tempranera “I Really Like You” ya estaba completamente entregado. Hubo de todo, empezando por un buen sonido y una buena banda, siguiendo por un baño de masas durante una “Call Me Maybe” que cedió su posición final ante el verdadero temazo de Carly, la comunional “Cut To The Feeling” (highlight indiscutible de la edición), y un repaso bastante digno a su último disco, el que menos hits tiene pero seguramente el más completo en conjunto. Reconvertida ya por completo en diva del circuito alternativo, seguramente la veremos más por aquí en el futuro, sin tanto esperpento de estadio y sin sobrevalorar “Call Me Maybe”. La Jepsen es mucho, muchísimo más, y estamos solo a las puertas de comprobarlo.

Fotografía: Eric Pàmies

Y si el pueblo pide… J Balvin

Sólo una pega: durante “Mi Cama” sacó a una chica semidesnuda a que le bailara sensualmente haciendo de Karol G y terminó hundiéndole la cabeza entre las tetas y dándole una palmadita en el culo. Algo chocante teniendo al lado la enorme insignia de The New Normal y escuchando al festival hablar hasta la saciedad del respeto a la mujer (temas en los que, pese a todo, Primavera Sound ha demostrado colocarse a la cabeza del mundo). Si hacemos la vista gorda y no nos lo tomamos tan a pecho, sinceramente el concierto del colombiano terminó convertido en una de las grandes fiestas que recordará la historia del evento barcelonés.

Desde el inicio con “Reggaeton”, temazo donde los haya, Balvin se encargó de hacer notar que este era el primer show del género en un escenario principal del Primavera, y tiñó de color un espectáculo poco sexualizado y muy en la línea estética de su presentación en Coachella y que está marcando la gira post-Vibras, con el rollo kawaii, las nubes michelín, caracoles y setas gigantes y mucho confeti y megatrón. Todo para repasar sus hits más que sus trabajos, dejándose sólo en el tintero “Safari” y repasando muchas colaboraciones: “X” con Nicky Jam, “Otra Vez” con Zion & Lennox, “Baila, Baila, Baila” con Ozuna, “Sensualidad” con Prince Royce y Bad Bunny, “Con Altura” con (pero sin, inexplicablemente aunque hayamos tratado de explicarlo en el concierto de ella) Rosalía… La fiesta final, lógicamente, se la reserva “I Like It”, con los cabezudos de Cardi B (te echamos de menos) y Bad Bunny (tenías que haber estado), y la inconmensurable “Mi Gente”. “Mi música no discrimina a nadie, así que vamos a romper”.

Fotografía: Eric Pàmies

Deerhunter: disparo indie de salida

Casi pareciera que no hayan pisado el Primavera Sound, pero la banda de Bradford Cox lo abrió por todo lo alto el lunes desde la sala Apolo con un bolazo mayúsculo. Sonidazo, un repaso tímido y equilibrado a su último disco, que les pone en coordenadas más relajadas, y un asumido sentido ascendente de la intensidad en torno a clasicazos irrepetibles del indie como “Helicopter” o “Agoraphobia”. Dotándole siempre de una marcha más a sus canciones en directo, Deerhunter demostraron por qué son una de las bandas que mejor ha superado la resaca del oleaje indie-rock, manteniendo el respeto hacia sí mismos, hacia su público y hacia una carrera que aunque con timidez siempre está en movimiento evolutivo. No deja de resultar curioso, además, que en el año del desembarco urbano en Primavera Sound sean ellos los encargados de dar el pistoletazo de salida, demostrando por su parte el festival que el viraje no es tal, sino simplemente una ampliación del abanico de oferta.

Fotografía: Paco Amate

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