Primavera Sound 2019: Nuevo rumbo hacia la diferencia

Repasamos una edición histórica que será recordada por la paridad encima de los escenarios, por la asimilación de todas las opciones de sexo y género, por la celebración de la diferencia y por el triunfo de la normalidad



El año pasado titulé mi crónica del Primavera Sound así: “La madurez, una nueva juventud”. El festival de Barcelona cumplía la mayoría de edad y lo hacía dando evidentes pistas de un relevo generacional, de un desvío controlado hacia las mareas de un nuevo público que revitalizara sus arterias. El rap se imponía definitivamente en los escenarios principales, Primavera Bits adquiría verdadera forma como festival paralelo, centrado en propuestas de corte más electrónico; futuro y pasado colisionaban y ya empezaban a convivir en armonía festivales completamente opuestos que hermanaban el colosalismo de los mitos (viejos y nuevos) del indie-rock con la provocación y la ruptura de los movimientos urbanos, que tanto rendían homenajes o saldaban cuentas pendientes con la historia reciente de la música como anticipaban futuros brillantes y estimulaban corrientes vanguardistas.

Primavera Sound cerraba de algún modo otro ciclo más al mismo tiempo que abría uno nuevo, con las dudas que aquello implica, con los temores y las voces conservadoras que clamaban por lo innecesario de tocar un motor que ya funcionaba casi a la perfección. Y claro, lo hacía dando a veces pasos apresurados, cometiendo pequeños errores de principiante y dejando un espacio amplio a la improvisación, circunstancias que este año se han repetido sobre todo en las barras (desbordadas en general pero hasta niveles insoportables el sábado, completamente agotados los refrescos, los Red Bull, el agua…). Quien quisiera ver ahí los síntomas de un viraje comercial, de una rendición ante el poder de las marcas o del peso de la inexperiencia podía tener sus argumentos, de acuerdo, pero como yo mismo decía de la edición pasada, “el Primavera lo soluciona todo con música. Y con buena música, además”. Si hubiera un atisbo de pérdida de calidad editorial, el festival barcelonés lo notaría como un cercenado en la garganta.

Hay al menos 6 Primavera Sounds distintos dentro de la imposible configuración horaria del festival, y lo mejor de todo es cómo ninguno se aísla y todos convergen, cómo ninguno se dibuja rígido y todos se traicionan a sí mismos en brazos de propuestas que obligan a mantener los oídos y los ojos bien abiertos, bien despiertos.

The New Normal: conseguir cambiarlo todo y que el espíritu permanezca

Y no lo hay. El Primavera Sound madura a marchas forzadas y vuelve a darse la vuelta a sí mismo sin cambiar nada, mordiendo una muesca más en su historia de ascenso, magnificación, consolidación e internacionalización. Ampliando su público sin renunciar a su público de siempre y abrazando a los que nos quedamos en medio, que al final somos los más en Primavera Sound. Los curiosos y los melómanos, los amantes de la música. Los que perrean con J Balvin y se van a recibir la caricia áspera de Low, los que quieren asistir tanto al alumbramiento de 070 Shake (triunfadora donde las haya) como a los de Amyl and The Sniffers tumbando un Apolo de resaca o Nilüfer Yanya desafiando en Pitchfork al impulso de siesta, los technófilos que ven a Apparat pero han de renunciar a Tim Hecker y los que se quedan en Róisín Murphy por lo sorprendente de su set, puro fuego bailable a la altura de sus comparecencias en Sónar. Hay al menos 6 Primavera Sounds distintos dentro de la imposible configuración horaria de este Primavera Sound, y lo mejor de todo es cómo ninguno se aísla y todos convergen, cómo ninguno se dibuja rígido y todos se traicionan a sí mismos en brazos de propuestas que obligan a mantener los oídos y los ojos bien abiertos, bien despiertos.

Este año, más que nunca, Primavera Sound se ha convertido en un ecosistema vivo en el que aparecían y desaparecían focos y focos de atención, en el que se multiplicaban los escenarios y las áreas y en el que el aprovechamiento alcanzaba la máxima optimización, consiguiendo que (salvo que los números de la organización no digan la verdad) en la jornada con mayor asistencia de público de la historia del festival, el sábado con unas 62.500 personas, la sensación de overbooking fuera, salvo en las barras, bastante menor a la de otras jornadas de llenazo histórico como las de Arctic Monkeys el año pasado o Radiohead en 2016.

Fotografía: Paco Amate

El nuevo mapa del Primavera Sound

La culpa la tiene la profesionalización de Primavera Bits, uno de los grandes avances de esta edición. Ya se ha convertido en un festival por derecho propio, y este año, con ese crossover entre el grueso de las propuestas electrónicas y la gran mayoría del cartel urbano, han conseguido que una gran cantidad de público se acumule al otro lado del puente y prácticamente no pise el recinto propiamente dicho del Primavera Sound. Y es que casi toda la escena urbana estatal se congregó en torno a la pista de fútbol de El Punto by Yung Beef, un escenario frente a la playa que terminó con un saboteo a Adidas, patrocinador, liderado por Fernando y en el que se combinó lo nuestro con el perreo de Japanese o Uzielito Mix y con trap de nivel por parte de Rico Nasty, Kodie Shane, Gangsta Boo o el colectivo de emo-rap Gothboiclique, con Fish Narc liderando y Goa siempre presente.

A un lado, Desperados Cube quedó más bien como un buen punto de encuentro con banda sonora (y es que el sonido, para ser un escenario destinado fundamentalmente a pinchadas, adolecía en comparación a otros años); al otro, el que fue seguramente el escenario revelación del festival gracias actuaciones estelares como la de Princess Nokia (muy reivindicativa pero algo desinflada en la performance), la de SOPHIE (no fue un live, sino un pinchada transgresora en la que aparecieron su pareja y Arca), la de una contestataria y agresiva Ivy Queen (pionera y bandera empoderada del reggaetón feminista), la de Lizzo asestándole un bofetón de ritmos funk a los complejos y al solape más duro de este año (Rosalía/Pusha T) o la de Richie Hawtin acercándote a las entrañas de su techno implacable y alienígena en las postrimerías de la última noche: el Lotus Stage.

Otro de los aciertos ha sido la invención del Your Heineken Hidden Stage justo al lado del Pitchfork y concebido como una carpa circense iluminada de verde Heineken. No sólo porque ofreciera un gran sonido y se aislara perfectamente de los escenarios colindantes, también por ofrecer buenas propuestas musicales que o daban opciones en horas de menor engagement con los escenarios principales (que se lo digan a Kokoshca, que acabaron petando la carpa con su homenaje post-punk al repertorio de Las Grecas) o que directamente se convertían en highlights de la edición, como el concierto de The Comet Is Coming, tan hipnótico como frenético, o la aparición de Él Mató A Un Policía Motorizado junto a Amaia, Jota de Los Planetas y Manu Ferrón.

Fotografía: Dani Cantó

El Primavera es para todos, como la música

Pero, con todo, al final lo que ha diferenciado al Primavera Sound 2019 ha sido el éxito de la proclama The New Normal, que se ha traducido no sólo en el eclecticismo más sano y radical de la historia del festival, que pasaba tanto de un concierto de Miley Cyrus presentando nueva música en primicia a una reunión de Stereolab como de propuestas clasiconas (Mac DeMarco, Interpol, Tame Impala, Suede) a otras rompedoras (Mykki Blanco, Beak>, Flohio, Julia Holter, El Misterio de las Voces Búlgaras) a través de mitomanías varias como Built to Spill, Erykah Badu o la deuda saldada con Guided by Voices, sino en el público más loco y random que uno pueda imaginar, algo que tampoco le pasó desapercibido a Geoff Barrow.

Se acabaron los complejos, se acabó el mirar por encima del hombro al que no disfruta con lo mismo que tú, se acabaron esos que presumen de escuchar música más sesuda y se acabó ligar al Primavera Sound con la música culta. Música buena para todos, para el pueblo, que la pide, que la desea, que la demanda y que la consume. La revolución se hace desde abajo y mira siempre hacia el futuro.

Pero es que también estaban esas confirmaciones más corales que hacen del Primavera Sound un festival diferente: el homenaje a las divas del nuevo pop a través de Charli XCX, de Christine and the Queens, de Sigrid, de Robyn, de Miley, de SOPHIE, de Carly… ese otro a la nueva generación de mujeres con guitarras con Nilüfer Yanya, Soccer Mommy, Snail Mail, Lucy Dacus, Julien Baker, Aldous Harding, PAVVLA, Alice Phoebe Lou o Elena Setién, lideradas todas ellas por el mito Liz Phair. Cientos de Primaveras en pequeño que incluyen a Solange y FKA twigs, rap en toda su extensión, metal en manos de Carcass o Myrkur, folk, jazz y todos los rangos de electrónica, desde el techno industrial de Nina Kraviz al organicismo digital de Objekt.

Se acabaron los complejos, se acabó el mirar por encima del hombro al que no disfruta con lo mismo que tú, se acabaron esos que presumen de escuchar música más sesuda y se acabó ligar al Primavera Sound con la música culta. Música buena para todos, para el pueblo, que la pide, que la desea, que la demanda y que la consume. La revolución se hace desde abajo y mira siempre hacia el futuro.

Fotografía: Paco Amate

Road to Primavera 2020

Y el futuro más inmediato del Primavera Sound pasa por la celebración de su vigésimo aniversario. Uno que verá la mayor ampliación de la marca desde la apertura de la sucursal de Porto con la organización de un miniPrimavera en un resort de Benidorm (el mismo del Fuzzville!!!) en noviembre, el Primavera Weekender (con un cartel en el que destacan IDLES, Weyes Blood, Primal Scream, Whitney o Carolina Durante), y con la fiesta de culminación que supondrá el Primavera Sound de Los Ángeles en septiembre de 2020. Y si alguien tenía miedo de la conversión urbana del Primavera Sound, que no tema: ya tenemos también la primera confirmación para las próximas ediciones de Barcelona y Porto. Será la siempre retrasada reunión de los míticos Pavement, en exclusiva además para ambos festivales durante todo el 2020. La primera gran prueba de que habrá para todos en el twenty-twenty. Estad preparados.

Fotografía: Paco Amate

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