FIDLAR

FIDLAR –
Almost Free

Tercer disco de los californianos liderados por Zac Carper. Tras dos dignos álbumes de punk blandito, animado y noventero, FIDLAR tratan de evolucionar pero sin tener claro hacia dónde. Si a eso se le suman unas letras que en ocasiones rozan el bochorno (incluido un verso jodidamente perturbador conociendo el pasado de Carper), el resultado hace aguas por todas partes.


Si la de pop-punk es la etiqueta de subgénero del rock más sospechosa de todas, por algo será. Grupos con números en su nombre, peinados ridículos, estética entre skater y emo… La que fuera una plaga juvenil durante la primera década de siglo se ha ido desvaneciendo, o adaptándose a los nuevos tiempos. En ese contexto de cambio y rechazo, al menos a nivel estético, de sus raíces, nacen hace una década la banda FIDLAR, acrónimo de “Fuck it dog, life’s a risk” (una especie de “You Only Live Once” para gente malota y skaters, valga la redundancia). Lo suyo es por tanto pop-punk, sí, pero mimetizado en lo que es ‘cool’ en ese momento, esto es: la ola de garage californiano surfeada por Wavves, Black Lips y compañía. Así, tras hacerse un nombre a base de directos y un buen puñado de singles pegadizos y con alma de hit, entre los que destacan “Cheap Beer” o “No Waves”, sacaron en 2013 un primer largo algo previsible, pero merecedor sin duda de la atención generada.

Un par de años más tarde repiten jugada, de nuevo tratando de sacar a relucir la parte más punk de la dichosa etiqueta. Too fue un heredero directo del debut, algo más afilado y sólido, pero con cierta sensación de estar quedando obsoleto desde su mismo lanzamiento. Los tiempos cambian y FIDLAR no parecieron haberlo hecho, ganándose a pulso la etiqueta de grupo fiestero y peterpanesco, con poco que ofrecer más allá de un buen rato de juerga y alcoholismo. Cosa que, en realidad, no es poco.

FIDLAR son tu amigo el desfasado

FIDLAR se han dado cuenta de que eran ese amigo que sigue bailando una vez han encendido todas las luces en la fiesta y la gente está volviendo a sus casas. Pero en vez de recogerse para minimizar los daños de la resaca, parecen haber decidido que, llegados a este punto, más nos valía salir en busca de un after.

Por lo visto en el tercer disco que aquí nos ocupa, su reciente Almost Free, FIDLAR se han dado cuenta de que eran ese amigo que sigue bailando una vez han encendido todas las luces en la fiesta y la gente está volviendo a sus casas.

Pero en vez de recogerse para minimizar los daños de la resaca, parecen haber decidido que, llegados a este punto, más nos valía salir en busca de un after. El problema es que no conocen el barrio y tienen las mismas probabilidades de acabar en un kebab, una churrería o en un callejón desvalijados.

Fotografía: David Black

Nadie al volante y los frenos saboteados

La popularidad de FIDLAR en Estados Unidos es ya sorprendentemente grande, comparada con otras bandas sustancialmente mejores de su generación, con lo cual la jugada de apostar por el mainstream en este disco, a la manera de Portugal. The Man, hubiera sido más lógica que este caos que nos ofrecen a cambio.

Y es que, adelantando acontecimientos, estamos ante un tercer LP que es un engendro de estilos de rock absolutamente dispares. Arranca Get Off My Rock y podríamos estar ante un single de los del Beck jaranero (no de los más inspirados, eso sí), fraseo rapeado sobre una base sintética y perros ladrando incluido.

Pero es que le sigue Can’t You See, que suena, al menos en su primera mitad, a un fusilamiento de Ty Segall con menos gracia que vergüenza. Y si uno ya estaba torciendo el gesto de extrañeza y escepticismo, que se agarre que vienen curvas.

Un pulpo en un garaje o el vuelo de Malaysia Airlines

“Sólo soy feliz cuando estoy deprimido”; “Quiero drogarme, creo que soy un suicida / quiero follarme a alguien, volverme jodidamente primario”; “Empecé desde abajo y sigo en el fondo / ayer estuve en la cárcel, resulta que no era el fondo”.  Versos así terminan de poner los clavos al ataúd que se ha ido fabricando este disco por méritos propios.

…son cosas menos perdidas que FIDLAR en busca de un sonido al que aferrarse. El descontrol es tal que lo mismo aciertan al azar (By Myself) que fallan estrepitosamente (Kick), o se visten de los últimos Black Keys en Flake. Lo que no puede faltar nunca en un disco de los angelinos es el clásico himno a las drogas que parece obligado por contrato. En este caso es un pegadizo Alcohol, que huele más a viejo que esa media cebolla de la puerta de tu nevera. Ni Scam Likely ni el tema que titula el disco hacen que remonte el vuelo, mientras siguen los palos de ciego.

Más reseñable es Called You Twice, aunque lo sea principalmente porque en ella se alían con la fulgurante estrella K. Flay, con un resultado que parece apuntar hacia las radios comerciales. El caso es que la popularidad de FIDLAR en Estados Unidos es ya sorprendentemente grande, comparada con otras bandas sustancialmente mejores de su generación, con lo cual la jugada de apostar por el mainstream en este disco, a la manera de Portugal. The Man, hubiera sido más lógica que este caos que nos ofrecen a cambio. Por si acaso faltaba anarquía, en Nuke se ponen heavies. Durante 38 segundos, no vaya a ser que alguien se asuste. Thought. Mouth. al menos es un poco lo que eran ellos antes, incluyendo la cháchara sin motivo de Zac en medio de la canción. Y para terminar, Good Times Are Over comienza como una balada de Sum 41 para acabar maquillando ligeramente el resultado final a partir de un rock limpito con ínfulas rebeldes.

He querido dejar el tema de las letras para el final porque creo merece un párrafo aparte. “Sólo soy feliz cuando estoy deprimido”; “Quiero drogarme, creo que soy un suicida / quiero follarme a alguien, volverme jodidamente primario”; “Empecé desde abajo y sigo en el fondo / ayer estuve en la cárcel, resulta que no era el fondo”.  Versos así terminan de poner los clavos al ataúd que se ha ido fabricando este disco por méritos propios. La guinda del pastel la pone ese “las drogas me salvaron la vida” de “Too Real”, que cobra tintes francamente retorcidos cuando uno se acuerda de que la novia de Zac Carper, cantante de FIDLAR, murió de sobredosis mientras estaba embarazada y él de gira. Novia, por cierto, a la que él mismo reconoció haber metido en la heroína. Está claro que esto no tiene mucho que ver con la calidad de un álbum, que es lo que se está evaluando aquí, pero personalmente creo que el mal gusto y la psicopatía son dos cosas distintas. Prefiero ahorrarme para mí dónde pienso que encaja más esa afirmación.

error: ¡Contenido protegido!