Los Estanques

Los Estanques –
Los Estanques

Los Estanques comienzan a sacar la artillería en su tercer larga duración. El sucesor de aquel notabilísimo II no viene a romper la fórmula que trabaja el cuarteto, pero sí le da un enfoque ligeramente diferente, inclinando en esta ocasión la balanza hacia la vertiente progresiva. Este nuevo álbum homónimo suena más técnico que el anterior, más rico en matices y dinámicas, sin comprometer en ningún momento su accesibilidad.

Irrumpieron en el panorama musical nacional en 2017 con dos álbumes de altura. Se presentaron como Los Estanques, pero no eran unos recién llegados. A la cabeza se encontraba el cántabro Íñigo Bregel, quien ya tenía cuatro discos a sus espaldas con Crayolaser. Se definen como una banda de pop progresivo psicodélico, aunque de pop sólo tienen la estructura: “Lo de Los Estanques es progresivo escondido dentro de una forma de pop”, nos decían en esta entrevista.

Jugando con diferentes posibilidades expresivas

En Los Estanques, su tercera referencia de estudio, el conjunto apuesta una vez más por un compilado de canciones eclécticas que lo hacen muy ameno y variado. Siguen cuidando los textos, trabajando los matices, las dinámicas y las melodías, a la vez que descubrimos una voz más refinada por parte de Bregel. Más consistente y madura.

Cualquiera que ya se haya acercado a los trabajos del grupo o los haya visto en directo sabe que derrochan electricidad y potencia. Desde esa casi inexistente parcela que hoy ocupa el rock progresivo en nuestro país, este cuarteto proyecta una propuesta diferente, repleta de inventiva, ejecutada con una técnica bien depurada y virtuosismo. Un grupo contra natura. Último reducto de los de su especie.

En Los Estanques, su tercera referencia de estudio, el conjunto apuesta una vez más por un compilado de canciones eclécticas que lo hacen muy ameno y variado. Siguen cuidando los textos, trabajando los matices, las dinámicas y las melodías, a la vez que descubrimos una voz más refinada por parte de Bregel. Más consistente y madura. Plasman ese sonido tan propio y reconocible que han encontrado, al que son capaces de sacarle el máximo provecho a través de las trece canciones que integran este nuevo trabajo.

Fotografía: Sergio Albert

Los últimos de una especie en peligro de extinción

Los Estanques plasman ese sonido tan propio y reconocible que han encontrado, al que son capaces de sacarle el máximo provecho a través de las trece canciones que integran este nuevo trabajo.

La formación clásica y el dominio del piano de Íñigo quedan patentes desde “Ahora”, el primer corte del elepé. Un ejercicio frenético de escalas hacia arriba y hacia abajo que, entre murmullos ininteligibles, se establecen como una suerte de preludio, a modo de calentamiento, con el que nos preparan para lo que está por venir. Encontraremos un segundo ejercido clásico durante los primeros compases de “La loa que añoré”, a cargo de un piano que sugiere un momento onírico antes de tornar en una pieza jazzística que evoca el “Take Five” de Dave Brubeck.

Mucho jazz y funky escucharemos también en cortes como “No te subestimes”, con sus ritmos intrincados y pasajes instrumentales que reclaman una escucha activa para conseguir sacarle el mayor partido posible a la composición. Con “Suerte” nos acercamos a un funky de salón, mientras que “Desde ahora hasta el final” se presenta con un pie en la música disco, mostrándose muy bailable y pegadiza. Por su parte, con “¡Joder!” y “Ahora el tiempo te sobra” nos metemos de lleno en terreno hardrockero, con baterías complejas, riffs incandescentes de guitarra y letras más combativas:

“Ahora el tiempo te sobra, y tú le sobras a él también”

Un mayor énfasis en su vertiente progresiva

A día de hoy, pocas bandas de nuestro país pueden competir en técnica con estos cántabros, que más allá de demostrar un dominio absoluto de sus respectivos instrumentos, saben hacer canciones pegadizas y muy accesibles.

Hay lugar para el pop-rock en temas como “Clamando al error”, “Deceso inmortal” y “Carne de cañón”, quizá el paradigma de lo que puede ser el pop progresivo psicodélico con el que se define el propio grupo. Una composición muy accesible en la que enarbolan la bandera del prog mientras juegan con diferentes recursos expresivos. Toda una montaña rusa. Y lo mismo ocurre con “Amor-odio”, repleta de subidas, bajadas, aceleraciones y desaceleraciones en un cóctel de psicodelia, macarrismo y una cadencia superadhesiva que entona: “Y ahora siento que tengo un amor-odio intenso por ti”.

Por otro lado, “Vincenzo II Camminante” se presenta tranquila, onírica. Se lanzan a la búsqueda de nuevas formas de expresión, en esta ocasión, a través del idioma. Canta Conti, el batería, en italiano. Y lo hace con una ejecución lánguida que contrasta con el vigor que habitualmente impone Íñigo. Cierran el disco con esa misma placidez. “Mientras tanto…” supone un largo crescendo instrumental que según avanza va incorporando instrumentos hasta explotar con la llegada de la guitarra eléctrica.

Sin perder de vista el elemento pop, en este tercer álbum, Los Estanques ponen algo más de énfasis en su vertiente progresiva. Íñigo juega con las diferentes posibilidades expresivas que le brinda su vasto conocimiento musical para romper la regularidad del ritmo y la métrica. Y lo más importante, está arropado por tres músicos capaces de exprimir esas partituras. A día de hoy, pocas bandas de nuestro país pueden competir en técnica con estos cántabros, que más allá de demostrar un dominio absoluto de sus respectivos instrumentos, saben hacer canciones pegadizas y muy accesibles.

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