Peter Doherty & The Puta Madres

Peter Doherty & The Puta Madres –
Peter Doherty & The Puta Madres

Da igual las vueltas que les des y por dónde o cuándo lo cojas, los discos firmados por Pete Doherty siempre se sostienen. En esta ocasión ha decidido poner a su banda junto a él en la firma, quizá para no sentirse tan solo en su alocada odisea por ese mundo del que dice no comprender nada, pero del que toma todo cuanto le da. Haciendo, como siempre, lo que le ha dado la real gana, solo nos queda acomodarnos y disfrutar, como siempre, de la enésima joya del genio de Hexham.


Tal y como mandan los cánones en este nuestro mundo, la conjugación entre las almas díscolas y una incombustible necesidad de crear, y consecuentemente producir arte, siempre ha sido una fórmula infalible de generar felicidad y jolgorio en los demás. Peter Doherty encarna perfectamente ese arquetipo de artista perdido en su propio mundo y en guerra con el ajeno, siempre inmerso en algún proyecto donde dar rienda suelta a esas inquietudes irrefrenables que sacia gracias a un talento descomunal y que, tan a menudo, se empeña en camuflar bajo algún tipo de escándalo.

Ese carácter, contra todo pronóstico, nunca ha terminado empañando una vida que parecía querer encontrarse con un dramático final a la vuelta de cada esquina. Superó en uno de sus peores momentos de adicción la mística barrera de los 27 años que a tantos artistas atormentados se ha llevado, consiguió mantener enderezado ese buque llamado The Libertines pese a las tremendas disputas que se traía con Carl Barât, y a sus 40 años se sostiene de pie con un espíritu joven que encandila a propios y cada vez más extraños.

Una marca inconfundible puede mejorar sin perder su esencia

Decidiendo para el que es su tercer disco en solitario dar protagonismo a su banda (y poniéndolos prácticamente al frente con un nombre que funciona de punto de fuga), el trabajo no pierde ni un ápice de la esencia que caracteriza al ídolo británico, y es más, nos regala una buena colección de matices interesantes fruto del estado de gracia.

Tras una gira que el año pasado le llevó por sitios de lo más dispares, dilatando el tirón del notable Anthems for Doomed Youth (2015), Doherty ha aprovechado el buen momento de forma y ánimo para regalarse otro capricho que nosotros recibimos con los brazos abiertos. Decidiendo para el que es su tercer disco en solitario dar protagonismo a su banda (y poniéndolos prácticamente al frente con un nombre que funciona de punto de fuga), el trabajo no pierde ni un ápice de la esencia que caracteriza al ídolo británico, y es más, nos regala una buena colección de matices interesantes fruto del estado de gracia. No sé quién podría esperar otra cosa.

Peter Doherty & The Puta Madres (2019) ofrece once canciones directas, sobre las que Pete surfea con su fraseo arrastrado y desapegado de lo que está contando (que la mayor parte de las veces no es mucho), pero que, de forma mágica, transmite una pasión difícil de igualar. Un disco sobre el amor y sus reencuentros y pérdidas, pero sobre todo abordando la deriva de su protagonista, eterno náufrago en la vida, completamente perdido pero decidido a exprimir hasta la última gota de aquello que se encuentre en el camino.

Fotografía: Thibault Lévêque

Doherty acierta dándole protagonismo al violín

Peter Doherty & The Puta Madres (2019) ofrece once canciones directas, sobre las que Pete surfea con su fraseo arrastrado y desapegado de lo que está contando (que la mayor parte de las veces no es mucho), pero que, de forma mágica, transmite una pasión difícil de igualar.

Es muy destacable la labor de la violinista Miki Beavis en el resultado final del disco, marcando la estética general del sonido, complicado reto con el inabarcable aura que desprende su líder. Se puede hacer uno a la idea de lo que hablo al escuchar “All at Sea”, primera pieza del álbum que reúne todos los elementos que luego se extenderán al resto del trabajo. Canción sobre estar perdido, construida en torno al binomio Doherty-Acústica y arreglada por las cuerdas de Beavis. En “Who’s Been Having You Over” hallamos un extra diferencial a base de Hammond, un tema bestial que entra como un gancho directo a la nariz. Tal contundencia en las teclas redondea la canción, aprovechándolo en la introducción y en la salida final como recurso ornamental imprescindible, transformando “Who’s Been Having You Over” en una de las mejores canciones del disco y de toda la carrera de Doherty.

Experto en crear dobles sentidos que desconciertan y levantan sonrisas cómplices a partes iguales, “Paradise Is Under Your Nose” es una de esas canciones que caen simpáticas a pesar del esfuerzo por sonar nostálgicas. El disco, una vez se asume en su conjunto, es en su mayor parte introspectivo, relajado y en cierta medida homogéneo musicalmente, por lo que puede pillar por sorpresa encontrarnos tan pronto “Narcissistic Teen Makes First XI”. Ese riff se quedará en tu cabeza y seguirás tarareándolo doscientas canciones después. Además, cuenta con el privilegio de incluir la armónica de Pete como broche, ese recurso que tan poco utiliza y que tan bien le hace siempre a sus composiciones.

Es fácil arriesgar siendo un genio

Un disco sobre el amor y sus reencuentros y pérdidas, pero sobre todo abordando la deriva de su protagonista, eterno náufrago en la vida, completamente perdido pero decidido a exprimir hasta la última gota de aquello que se encuentre en el camino.

Someone Else to Be” es una genial reinterpretación de “Ride Into The Sun” de la Velvet Underground, con retoques en la letra que contribuyen a llevar la canción al terreno del disco, y coronándola con un medley apropiadísimo de “Don’t Look Back In Anger” de Oasis. Con “The Steam” llega otro puñetazo sonoro, manteniendo el equilibrio y continuando la línea de contar historias sin tomarse ni tomarnos demasiado en serio.

Uno de los puntos más interesantes se produce con la entrada del violín en “Travelling Tinker”. Una creación espectacularmente bella, que se toma su tiempo para materializarse ante nosotros y que crea una atmósfera tremendamente sensorial, como si alguien encendiera frente a nosotros una varilla de incienso. La extensa parte instrumental, de más de tres minutos, constituye un oasis dentro del propio disco, alargando hasta el infinito la melodía, al estilo de los primeros discos de Modest Mouse.

Esa nostalgia que, pese a los dramas que despierta, nos encanta

Peter Doherty encarna perfectamente ese arquetipo de artista perdido en su propio mundo y en guerra con el ajeno, siempre inmerso en algún proyecto donde dar rienda suelta a esas inquietudes irrefrenables que sacia gracias a un talento descomunal y que, tan a menudo, se empeña en camuflar bajo algún tipo de escándalo.

Lamentable Ballad of Gascony Avenue” cumple aquí el papel de corte prescindible, repitiendo esquemas argumentales y sonoros, no aportando nada nuevo. Pese a no encontrar remontada anímica tras la extensa “Travelling Tinker”, “A Fool There Was” funciona como balada centrada en el arrepentimiento tras los errores, perfectamente interpretada por la voz arrastrando palabras de Doherty.

Un contundente bajo nos recibe en “Shoreleave”, reabriendo un debate sobre la contundencia global de un disco que por momentos despertaba el temor de venirse abajo en su segunda mitad. Como el que canta, la canción es un alma descarriada que se deja llevar, y de qué manera. Los continuos cambios de tempo no dan tregua y cada salto es un estímulo placentero que a su vez dibuja ese alma del autor, en constante huida del tedio.

Cierra el álbum “Punk Buck Bonafide”, un tema acústico que plantea una reflexión final sobre la forma que ha tomado el mundo actual y el sentido que tenemos nosotros en él, qué podemos hacer aquí. ¿Dónde quedó el pasado? lanza Pete en la canción, una pregunta que se contesta sola y que sólo sirve para alimentar la nostalgia, esa que, pese a los dramas que siempre despierta, nos encanta. Él siempre lo ha sabido.

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