Little Simz

Little Simz –
GREY Area

Con un sonido mucho más orgánico y una voz mucho más madura y exteriorizada, la rapera británica Little Simz se enfrenta a la crisis de entrada a la madurez y a la dificultad de ser mujer en un mundo de hombres con un disco sólido y ecléctico, que bascula entre el hip-hop soul, el grime y cualquier género que se cruce por los suburbios londinenses. Su mejor trabajo.


Con ‘grey area’, Simbi Ajikawo quiere hacer referencia a ese espacio gris, relativo, intangible y volátil que se extiende entre la primera y la segunda juventud, ese período entre los diecinueve y los veintitantos en el que, sin darnos mucha cuenta y de forma intermitente, terminamos entrando de lleno en la madurez. Una zona de confusión, de búsqueda personal y de búsqueda de un lugar en el mundo, en una sociedad, en un sistema. Una zona de desinfle de expectativas, de aceptación de mortalidades, de estoica racionalidad, de desequilibrio, ansiedad, prisa, pausa, orden, caos, éxito que es bipolar en el fracaso.

Tras adentrarse en la madriguera en su anterior trabajo, Stillness in Wonderland (2016), y rebuscar entre sus inseguridades, sus ideas, sus principios y, en definitiva, su propia naturaleza para encontrarse y conocerse mejor a sí misma, en este GREY Area Little Simz consigue esputar hacia fuera, situarse en un contexto exterior y, desde ahí, combatir con un rapeo explosivo y enfurecido. Puro fuego.

En el epicentro de un mundo de hombres

Más en conexión consigo misma y, por lo tanto, mucho más segura de sus capacidades y de su discurso, en el que es su tercer largo de estudio vemos a la británica totalmente desatada, pero en un control medido de sus impulsos.

Más en conexión consigo misma y, por lo tanto, mucho más segura de sus capacidades y de su discurso, en el que es su tercer largo de estudio vemos a la británica totalmente desatada, pero en un control medido de sus impulsos. El resultado es el mejor disco de su carrera y el que puede ser el mejor disco de rap de lo que llevamos de 2019, curiosamente desde una Inglaterra que pese a llevar varios años colocando el grime en la cumbre internacional del hip-hop no consigue hacerle frente (obviamente) al mercado americano.

Y si dudamos para este curso es posible que salgan otros nombres británicos como Loyle Carner, AJ Tracey o Dave, probando quizá que el género está en mejor momento que nunca en las islas por su efervescencia urbana y por la riqueza multicultural de sus barrios, con Londres recordando casi a una Toledo del hip-hop europeo.

Fotografía: Jack Bridgman

La madurez, un paso hacia fuera

GREY Area se estructura y coge fuerza en torno a tres pilares fundamentales: en primer lugar, la reflexión personal, más madura y entroncando con el proceso de descubrimiento personal; en segundo, la posición dificultosa que ha tenido que experimentar a nivel social como negra y a nivel profesional como mujer; y, en tercero, la efervescencia genérica y cultural de la escena londinense, que se traduce en un disco ecléctico y plagado de saltos estilísticos.

En el epicentro de ese entorno encontramos a Little Simz. Pero ella, al contrario que la inmensa mayoría de sus compañeros de género y generación, no es un hombre. Es una mujer cansada de tenerlo más difícil que ellos a la hora de hacerse un nombre en el rap, y así lo expone en el temazo “Venom” sobre una base tarántula, la más oscura de todo el trabajo:

“Fuck those who don’t believe
They would never wanna admit I’m the best here
From the mere fact that I’ve got ovaries
It’s a woman’s world, so to speak
Pussy, you sour
Never givin’ credit where it’s due ‘cause you don’t like pussy in power”

Y con todas estas ideas previas podemos deducir que GREY Area se estructura y coge fuerza en torno a tres pilares fundamentales: en primer lugar, la reflexión personal, más madura y entroncando con el proceso de descubrimiento personal que se desarrollaba fundamentalmente en su anterior trabajo (“I followed the white rabbit, got a couple carrots I know that I got bad habits”, dice en “Offence”); en segundo, la posición dificultosa que ha tenido que experimentar a nivel social como negra y a nivel profesional como mujer; y, en tercero, la efervescencia genérica y cultural de la escena londinense, que se traduce en un disco ecléctico y plagado de saltos estilísticos, que tanto abraza los cánones sonoros del neo soul, del jazz y del R&B (en la línea de Khelani, H.E.R. o Nao) como los funde con hip-hop más clásico (à la Noname o Tierra Whack) y que se va libre a ritmos electrónicos británicos como el big-beat o al grime más puro de sus orígenes.

Eclecticismo orgánico en un disco que pretende resaltar lo ‘real’

La amplitud de miras estilísticas se plasma desde el principio, igual que lo hace la idea de pasar más de samples y perseguir junto a su productor y amigo de la infancia Inflo un sonido orgánico reproduciendo la mayor cantidad de sonidos posibles con instrumentos reales.

La amplitud de miras estilísticas se plasma desde el principio, igual que lo hace la idea de pasar más de samples y perseguir junto a su productor y amigo de la infancia Inflo (conocido por su trabajo en el notable Love & Hate de Michael Kiwanuka, que por su parte hace una aparición en la ensoñación nostálgica en clave de jazz-soul “Flowers”, plagada de menciones al club de los 27) un sonido orgánico reproduciendo la mayor cantidad de sonidos posibles con instrumentos reales.

Y es que en “Offence” y “Boss”, dos canciones en las que Simz pone lo real por encima del fantasmeo generalizado del hip-hop, pasa de una base de bajo de big-beat a un bajo mucho más grasiento y pesado, de jazz mórbido, y se va a trayectos de psicodelia urbana muy Gorillaz (no es raro, Little Simz ha colaborado con la troupé simiesca de Damon Albarn en varias ocasiones y les ha llegado a acompañar como invitada en gira) a momentos más experimentales en clave electrónica y a procesamientos vocales de riot callejero. Mientras tanto, Simbi deja claras todas las virtudes que luego va a desarrollar en el disco: el fraseo agresivo, la velocidad y contundencia, la acidez lírica, que llegan al extremo en “Venom”.

La ambientación heredada de este trayecto inicial, de hecho, la podemos ver bien reproducida en “Therapy”, psicodelia cibernética conducida por un bajo subgrave. El tema, sobre lo inútil de ir a terapia en la experiencia personal de Simz, supone una de esas exploraciones personales que se suceden en el disco, igual que “Selfish”. En colaboración con la cantante londinense de R&B Cleo Sol, muestra con la instrumental más puramente neo-soul de todo GREY Area a una Simbi vulnerable que explica por qué prefiere estar sola.

Una mirada exterior y preocupada al mundo que nos rodea

GREY Area es, en definitiva, un disco sobre hacerse mayor en un mundo hostil que, sin embargo y contra todo pronóstico, por culpa de la nostalgia, del amor o de cualquier idea que le dé sentido para cada cual, sigue mereciendo la pena salvar.

Pero además de estas incursiones entre las que también podemos encuadrar la más incidental “Sherbet Sunset”, sobre una ruptura difícil, y de algunos temas más enfocados a la nostalgia del pasado como la ya mencionada “Flowers” o “101 FM” (“Playing PS2 / Crash Bandicoot, Mortal Kombat / I mastered my flow like Dizzee and Busta / And one day buy real weed from a rasta”), probablemente la canción más experimental de todo el disco con esa instrumental de inspiración asiática

Donde el álbum llega a otro nivel es cuando es capaz de exteriorizar el mensaje y lanzarlo en contra de la sociedad. Cuando se preocupa por la situación de la mujer en la descomunal “Venom”, la más grime de todas, o en “Boss”. Cuando ataca temas sociales como la violencia callejera, ciertos códigos callejeros inútiles o esa manía de los ‘raperitos maleantones’ (como los llamaba Residente) de presumir de cuchillos y pistolas en “Wounds”, con una atmósfera jamesbondiana reforzada por las cuerdas y junto a la voz de Chronixx, una de las estrellas emergentes de reggae más importantes de Reino Unido. Cuando repasa a vista de pájaro cientos de las cosas que están mal en el mundo en “Pressure”, rematada por Little Dragon. Disparos, tropas violentas, “same motherfuckers that be killin’ off the planet are the same fuckers advising you”, mentiras disfrazadas de verdades, la ira y el dolor con el que empiezan las páginas de cualquier historia negra, privilegios, hostigamiento de clase, presión… Cuando llega a la conclusión de que todo sería más fácil si demostráramos amor los unos por los otros. “Peace signs, peace signs… all that around us”. Y a veces parece que no queremos verlo.

GREY Area es, en definitiva, un disco sobre hacerse mayor en un mundo hostil que, sin embargo y contra todo pronóstico, por culpa de la nostalgia, del amor o de cualquier idea que le dé sentido para cada cual, sigue mereciendo la pena salvar.

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