Big Thief

Big Thief –
U.F.O.F.

El tercer trabajo de Big Thief muestra a un grupo alcanzando la madurez de su sonido, con canciones que encuentran la comodidad en lo desconocido y que, a pesar de que rara vez levantan la voz, se muestran más poderosas que nunca.


Cuando pasas mucho tiempo en la carretera, actuando, trabajando, descansando, conviviendo y, en definitiva, pasando las veinticuatro horas del día con un grupo de personas, se acaban convirtiendo en algo así como tu familia. Pasar tanto tiempo con alguien puede derivar en dos situaciones totalmente opuestas: que estrechéis vuestra relación hasta convertiros en inseparables o, en cambio, que acabéis tirándoos los trastos a la cabeza y no podáis ni miraros a la cara. Por suerte, la relación entre los miembros de Big Thief entra dentro del primer caso. Estar cada vez más unidos les ha permitido grabar un disco como U.F.O.F.

La consolidación de un gran grupo

U.F.O.F. muestra a una banda que no deja de crecer y de progresar, cuyos miembros cada vez se conocen mejor y se sienten más cómodos, a la par que encuentran un sonido que los define.

Hasta el año pasado, el cuarteto neoyorquino no se había permitido un descanso desde su formación. Debutaron en 2016 con Masterpiece tan sólo seis meses después de haberse conocido y, al año siguiente, lanzaron Capacity. Por contra, en 2018 decidieron darse un poco de espacio para trabajar en proyectos personales: Buck Meek publicó un álbum homónimo en solitario, mientras que Adrianne Lenker lanzó abysskiss. Ahora vuelven con U.F.O.F., un disco que muestra a una banda que no deja de crecer y de progresar, cuyos miembros cada vez se conocen mejor y se sienten más cómodos, a la par que encuentran un sonido que los define. Sin embargo, ¿cuál es la clave para ello?

Desde el primer momento, los cuatro tuvieron claro que si querían que Big Thief fuera un proyecto a largo plazo y que funcionase, debían ser totalmente transparentes entre ellos. Esto les ha permitido profundizar más en su relación tanto en lo personal como en lo musical, lo cual se refleja en unas canciones que, a pesar de esconder un misticismo y un simbolismo cada vez más notables, no dejan de sonar personales e íntimas. U.F.O.F., de hecho, ha sido el trabajo más fácil de hacer para el grupo hasta la fecha, ya que grabaron varias de sus canciones en una sola toma. Esto les ha permitido pasar más tiempo en el estudio experimentando y adornando los temas que lo componen.

La evolución de Big Thief ha sido coherente y progresiva: Masterpiece dio el perfil de grupo de indie-rock con canciones muy potentes, mientras que Capacity puso a Adrianne al frente y sacó a relucir su capacidad para componer letras y melodías desgarradoras. En U.F.O.F. también encontramos un poco de todo eso, pero sobre todo se siente como una evolución lógica y el asentamiento definitivo de lo que es Big Thief. Ellos mismos cuentan que es el primer trabajo en el que realmente se han sentido como una banda a la hora de componerlo.

Fotografía: Michael Buishas

Entablando amistad con lo desconocido

La evolución de Big Thief ha sido coherente y progresiva: Masterpiece dio el perfil de grupo de indie-rock con canciones muy potentes, mientras que Capacity puso a Adrianne al frente y sacó a relucir su capacidad para componer letras y melodías desgarradoras. En U.F.O.F. también encontramos un poco de todo eso, pero sobre todo se siente como una evolución lógica y el asentamiento definitivo de lo que es Big Thief.

La ‘F’ que el título añade a las siglas ‘UFO’ (OVNI en inglés) significa ‘friend’, lo cual viene a traducirse en algo así como entablar amistad con aquello que desconocemos, una especie de mantra que las canciones reflejan perfectamente. En Capacity, la tensión y la crudeza eran palpables en cada una de sus notas; el dolor estaba muy presente y los fantasmas del pasado seguían inquietando a una Adrianne Lenker que, aquí, parece haber hecho las paces consigo misma y, sobre todo, con aquello que la rodea.

“She makes me sing / She is both dreamer and dream” canta Adrianne antes de parar en seco y escuchar un grito de alivio y de dolor a la vez. Es el momento en el que la artista despierta, el instante en el que recupera la capacidad de sentir lo que vive. Así abre “Contact”, tema que parece continuar desde donde Capacity lo dejó: “I wanna see / To feel my body sinking, sinking”. Como tema de apertura es muy potente tanto en lo lírico como en lo instrumental, con unos arpegios que la cantante cada vez domina con mayor soltura y en los que el grupo encuentra su razón de ser: si antes todos parecían intentar fortalecer a Adrianne, aquí los cuatro suenan en perfecta armonía, como si las canciones no tuviesen sentido sin la suma de cada una de sus partes.

De hecho, “From” y “Terminal Paradise”, rescatadas de abysskiss, el álbum en solitario de Adrianne, adquieren aquí una nueva dimensión gracias a Buck Meek, que hace un trabajo excelente a la guitarra, y sobre todo por la propia Adrianne, llevando un paso más allá esa forma de cantar con cierto toque de freak folk.

El eclecticismo como virtud

En Capacity, la tensión y la crudeza eran palpables en cada una de sus notas; el dolor estaba muy presente y los fantasmas del pasado seguían inquietando a una Adrianne Lenker que, aquí, parece haber hecho las paces consigo misma y, sobre todo, con aquello que la rodea.

La mayor virtud de este trabajo es conjugar de manera tan efectiva música y lírica. Por un lado, tenemos unas letras que nos hablan de enfrentarse a lo desconocido, de aceptar los miedos, tomar riesgos y sentirlos con la misma intensidad que las cosas más agradables de la vida. The best kiss I ever had is the flickering / Of the water so clear and bright” canta Adrianne en “UFOF”, una frase que resume a la perfección el enfoque del disco al que recurre en otras ocasiones como en “Open Desert”, con ese verso que dice Kiss the water. En contraposición a unas canciones más cercanas que nunca al folk, encontramos elementos ficticios y sobrenaturales como representación de aquello que desconocemos y a lo que tenemos que mirar sin miedo.

En cuanto a la música y en contraste con sus anteriores trabajos, decía un artículo de The Ringer que aquí no encontramos la estructura loud-quiet-loud tan característica del indie-rock y que sí predominaba en sus primeros discos, sino que tenemos algo a medio camino que nunca se decanta ni por una cosa ni por otra, que se mantiene, lo cual aporta un carácter muy especial. No hay momentos claros de subida, pero tampoco los hay de descanso, como alguien que nunca baja la guardia. En ese sentido y junto al carácter más folkie y naturalista, recuerda mucho a A Moon Shaped Pool (2016), la última referencia de Radiohead. Canciones como “Century” o “Strange” muestran a la perfección ese eclecticismo y temple emocional que, a pesar de no llevar la tensión al límite, resulta misteriosamente atractivo.

Sentir sin preguntarse por qué

Adrianne y compañía han encontrado por fin su hogar en los lugares más inhóspitos, donde lo incorpóreo, desconocido y espeluznante se convierte en algo mágico, atractivo y extrañamente apacible.

Los nombres propios vuelven a hacer acto de presencia una vez más, como ya es habitual en el grupo. Desde canciones con títulos como “Betsy” (que sirve como contrapartida de aquella “Haley” de su anterior disco) o “Jenni” (el momento en que los paisajes y bosques de U.F.O.F. se tornan oscuros y aterradores) hasta versos de canciones, como “Jodi” en “Contact” o Caroline en “Cattails”, pieza clave del disco, que refleja a la perfección esa manera de enfocar las complicaciones, con unas guitarras luminosas que contrastan con el estribillo (“You don’t need to know why when you cry”). Acaba siendo “Magic Dealer” la pieza que sentencia el álbum con ese verso que reafirma una vez más el sentido de toda la obra antes de dejarnos con la nocturnidad del bosque:

“The blood is parting all the time, but I don’t mind

Big Thief no sólo se muestran aquí totalmente conscientes de sí mismos, sino que se encuentran en estado de gracia, consiguiendo con U.F.O.F. si no su mejor trabajo, como mínimo el más equilibrado. Adrianne y compañía han encontrado por fin su hogar en los lugares más inhóspitos, donde lo incorpóreo, desconocido y espeluznante se convierte en algo mágico, atractivo y extrañamente apacible.

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