The National

The National –
I Am Easy to Find

Somos fáciles de encontrar cuando nos atamos a otra persona porque todo tiende a terminar supeditado a ese menester, e incluso una parte de nosotros se queda ahí para siempre, aunque la historia termine. The National regresan con su álbum más ambicioso, destilando la esencia de todo lo que implica una relación de pareja, aunque tal intensidad no agrade a todos y en ocasiones cueste digerirla. No obstante, el resultado final es de una belleza inusitada, siguiendo la estela de sus últimos trabajos y todo ello coronado por la ya inmortal “Light Years”.


Un nuevo álbum de The National siempre es un asunto complicado de abordar. Más aún si el que se nos presenta es el noveno de la banda, dentro de una carrera que ha ido sumergiéndose en la introspección aunque, eso sí, ampliando sus horizontes musicales y artísticos en favor de una majestuosidad e intensidad creciente difícil de igualar en la actualidad.

El álbum más grande y profundo de The National

I Am Easy to Find (2019) es el disco más largo de los de Cincinnati, un conjunto de dieciséis canciones que superan la hora de escucha, con un tono general bastante reposado, una instrumentación apoyada en sintetizadores y un esquivo y marcado ritmo de batería (espectacular el trabajo de Bryan Devendorf).

I Am Easy to Find (2019) es el disco más largo de los de Cincinnati, un conjunto de dieciséis canciones que superan la hora de escucha, con un tono general bastante reposado, una instrumentación apoyada en sintetizadores y un esquivo y marcado ritmo de batería (espectacular el trabajo de Bryan Devendorf). La musicalidad y el discurso siguen la línea de Sleep Well Beast (2017), aunque el trabajo que nos ocupa en esta ocasión es más grande y menos directo.

Lo que distingue a este disco de los anteriores es la pretensión de trascendencia, desde su construcción argumental a su extrapolación y reconversión en película. Gran parte de la culpa de esta ampliación de miras la tiene Mike Mills, productor del álbum y director del impresionante corto de 24 minutos que protagoniza la oscarizada Alicia Vikander, que da vida a una mujer a la que podemos ver en las diferentes fases de su vida, desde el nacimiento hasta la defunción. Detrás de un filtro en blanco y negro, y con apenas unos susurros y leves sonidos de ambiente, la narración transcurre y se nos explica mediante subtítulos situacionales, mientras la actriz se mantiene perenne durante el transcurso de las diferentes etapas; la vida discurre y el cuerpo y el entorno cambian, pero la persona se mantiene.

La inclusión de varias canciones de I Am Easy to Find convierten el producto audiovisual en auténtica poesía, provocando un desasosiego que paradójicamente acaricia el alma, pues nos hace contemplar sin prisa y de forma simple y bella lo que hemos vivido, tengamos la edad que tengamos, y lo que todavía nos queda por recorrer.

Pretensión de trascendencia

La musicalidad y el discurso de I Am Easy to Find siguen la línea de Sleep Well Beast (2017), aunque el trabajo que nos ocupa en esta ocasión es más grande y menos directo.

Centrándonos ya en el trabajo exclusivamente musical, el elemento que más llama la atención es el paso atrás que da el cantante Matt Berninger en favor de un elenco de voces femeninas que prestan su voz en prácticamente todas las canciones, incluso adueñándose de ellas en algunos casos. Esta arriesgada decisión tiene su explicación en el concepto narrativo del disco, relacionado con la sinopsis del corto de Mills pero más centrado en la relación de pareja, presentado desde la doble perspectiva de quienes la forman, y recreada en las canciones mediante la combinación de voces de Berninger con unas invitadas de lujo: Lisa Hannigan, Sharon Van Etten, Gail Ann Dorsey, Kate Staples y Mina Tindle, grandes voces con sobrado reconocimiento y antiguas amigas de la banda.

Fotografía: Graham MacIndoe

En busca del sentido de las pasiones

El elemento que más llama la atención es el paso atrás que da el cantante Matt Berninger en favor de un elenco de voces femeninas que prestan su voz en prácticamente todas las canciones, incluso adueñándose de ellas en algunos casos. Esta arriesgada decisión tiene su explicación en el concepto narrativo del disco.

You Had Your Soul with You” es una introducción muy personal, con un juego rítmico que impulsa su reposada base general. El primer problema en plantearse versa sobre la necesidad de tomar decisiones y realizar aquellas cosas que se tienen claras desde hace tiempo pero siguen retenidas en el interior. La espectacular entrada en escena de Gail Ann Dorsey hacia el final cierra por todo lo alto el primer tema, y desprendiendo un mensaje claro: hay que obviar las heridas que arrastramos para poder continuar y no perdernos el presente.

Seguidamente, “Quiet Light” se adentra en nosotros como el contenido de una vacuna. Un sintetizador celestial lo envuelve todo y nos recarga de paz. El escenario es perfecto para discurrir sobre el hecho de dormir con alguien. Muchas veces no es algo que nuestro yo racional necesite, pero sí el inconsciente: protección, apoyo silencioso, alguien que ocupe nuestros pensamientos sin saber muy bien por qué. Y cada vez que ocurre, despertamos en otra mañana insoportable, asumiendo que el ciclo se volverá a repetir, porque somos débiles.

La realidad que duele

Centrándose en la relación de pareja, The National presentan las canciones desde la doble perspectiva de quienes la forman mediante la combinación de voces de Berninger con unas invitadas de lujo: Lisa Hannigan, Sharon Van Etten, Gail Ann Dorsey, Kate Staples y Mina Tindle.

La convivencia encuentra su sitio en “Roman Holiday”, una canción que poco a poco va entonándose y creciendo en intensidad, a la vez que reflexiona sobre tener claras las cosas y esquivar la dependencia mutua. Finalmente, la conclusión es que lo que suele existir es una imperiosa necesidad de que la relación vaya bien, y hacia ese objetivo suelen dirigirse los esfuerzos. Ese camino que se inicia cuando se fuerzan las cosas por proteger algo que siempre se presupone superior y que trasciende al individuo, y que suele terminar en deterioro. “Oblivions” es la siguiente etapa, la de la desconfianza y el miedo. Un piano solemne y unos sintes que aparecen en los momentos adecuados imprimen un dramatismo acorde con lo que se cuenta.

Do you think you can carry me over this threshold over and over again until oblivion? / It’s the way that you’re gonna stop needing to tell me you want me as much as I want you to tell me

Este fragmento dibuja perfectamente la sensación de inseguridad que se vive, percibiendo en el otro más condescendencia que sentimiento real, mostrando de forma cristalina el miedo a quedarse solo.

Un desasosiego que paradójicamente acaricia el alma

La pregunta sin respuesta que se lanza sirve para dibujar una situación de estancamiento en la que, pese al paso del tiempo, uno no ha evolucionado desde que comenzó la relación. Por ello, llega un momento en que existe una necesidad de bajarse del carro y no seguir esperando que, a ciertas alturas de la película, la cosa mejore.

Con “The Pull of You” el disco recupera cierta potencia, un sonido que recuerda más a los anteriores The National. La canción trata ahora el tema de la atracción, la conexión que se establece entre dos personas que se atraen y la posterior y consecuente labor de entendimiento entre lo que sucede y lo que la razón dice que debe suceder. En este caso, Berninger asume que es una cuestión inevitable, que perdurará y que ha de soportar aun sabiendo que en cierto modo le está lastrando.

Hey Rosey” nos devuelve el protagonismo de Gail Ann Dorsey, que está espectacular en sus apariciones y es lo mejor de esta pieza sobre el destino y la providencia que se antoja demasiado largo. El tema que da nombre al disco arroja luz sobre el sentido principal del álbum, y el porqué del título. “I Am Easy to Find” relaja aún más el tono para llegar hasta la misma esencia del malestar que se trata de purgar.

“How long have we been here? Am I ever coming down?”

La pregunta sin respuesta que se lanza en este caso sirve para dibujar una situación de estancamiento en la que, pese al paso del tiempo, uno no ha evolucionado desde que comenzó la relación. Por ello, llega un momento en que existe una necesidad de bajarse del carro y no seguir esperando que, a ciertas alturas de la película, la cosa mejore.

En el ecuador, “Her Father in the Pool” divide de forma tangible el disco en dos, materializándose con coros de Iglesia. Por su parte, “Where Is Her Head” es, posiblemente, el tema más contundente de todo el álbum. La cadencia y el increíble ritmo de la percusión recuerda a sus colegas Arcade Fire, y acompaña a la pareja en una huida ante los problemas, preguntándose donde se encuentran y asumiendo que el viaje les transformará irremediablemente. Y tras la tormenta, llega la calma: el retorno a casa con “Not in Kansas”. Una canción prácticamente acústica donde Berninger nos transporta con él a su ciudad natal, volviendo a contactar con familia y conocidos, donde todo sigue igual pero uno ya no se siente parte de ello.

Lugares a los que cuesta volver, o llegar

Quizá la clave de tanto sufrimiento por amor esté en esa distancia tan inmensa de la que habla “Light Years”, y que se vuelve invisible por culpa de los instintos, el destino, las presiones sociales o, directamente, la necesidad. ¿Qué cojones nos pasa?

So Far So Fast” va entrando poco a poco, sin prisa; como todo lo bueno en la vida, llega sin esperarlo. Una canción nostálgica sobre no recordar muy bien la propia identidad y, ante varios intentos fallidos de hacerlo, se cuelga del presente, de la persona que en ese momento es su eje. Para “Dust Swirls in Strange Light” la banda cuenta con el Brooklyn Youth Chorus acompañando para conseguir un efecto de solemnidad a la hora de tratar el tema del origen primario: el nacimiento. El título hace referencia a una de las primeras cosas que se ven cuando se es un bebé y solo se conoce la cuna, que no es más que el polvo que flota en el aire y que se hace visible con la persiana entornada.

Hairpin Turns” resulta densa, en parte por llegar después de la parte más pesada del disco. Verse siempre en una situación de hastío, discutir sobre las mismas cosas, compararse con las demás parejas y creerse diferentes, peores. La canción sirve para dar paso a la cuestión de los hijos. “Rylan” es, sin lugar a dudas, uno de los platos fuertes del álbum. Con un ritmo muy atrayente y unos sintetizadores que sacan del letargo, el tratamiento de la paternidad es sorprendente, ya que podrían parecer celos en el análisis preliminar, pero no resulta ser más que una resignación ante la vida, un prematuro reflejo en el vástago que muestra que será aquello que ha sido y está siendo su padre: uno más. Tras este último coletazo, el disco se prepara para su final y “Underwater” nos sumerge y purifica, llevándonos al lugar al que los protagonistas de esta historia nunca quisieron llegar.

Con cuatro acordes y una maravillosa cadencia de piano, “Light Years” consigue lo que el resto del álbum pretendía y solo alcanza en contadas pinceladas. Poco tengo que decir sobre esta canción, salvo que la escuchéis hasta la saciedad, que os envuelva, os haga llorar y os de paz. Quizá la clave de tanto sufrimiento por amor esté en esa distancia tan inmensa de la que habla la canción, y que se vuelve invisible por culpa de los instintos, el destino, las presiones sociales o, directamente, la necesidad. ¿Qué cojones nos pasa?

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