The Stone Roses

The Stone Roses –
The Stone Roses

A finales de los ochenta, en Mánchester se gestó un nuevo movimiento musical que mezclaba el rock, la música de baile y la psicodelia. Las propuestas fueron variadas, pero ninguna tan redonda como la que presentaron The Stones Roses en su debut homónimo. Una sección rítmica compleja y precisa, una guitarra sinuosa y exquisita, y un sentido impecable de la melodía pop junto con altas dosis de arrogancia. Así se impulsó el futuro.


En 1987, el acid house había llegado a Inglaterra desde Ibiza, tomando posiciones fuertes en algunos clubes como el Shoom de Londres y The Haçienda, en Mánchester. Con la nueva música llegó también la MDMA (éxtasis) y el deseo de evasión que esta droga proporcionaba en fiestas que los asistentes pretendían infinitas. No conformes con el horario legal al que estaban sujetos los locales, al año siguiente la juventud comenzó a organizar sus propias celebraciones, conocidas como raves. Música, drogas y libertad, el coctel que replicaba el sentimiento del movimiento hippie de 1967 y que acabó conociéndose como el Segundo Verano del Amor. Fue en este contexto cuando surgió una nueva tendencia musical que amalgamaba el rock con los ritmos que marcaban los nuevos tiempos.

Si el punk se había gestado en torno al CBGB neoyorquino, la zona cero del Madchester, como se conoció al nuevo estilo, hemos de situarla en The Haçienda, el local propiedad del empresario Tony Wilson y los miembros de New Order. Atentos a las nuevas corrientes, los grupos de rock se dejaron permear por la música electrónica de baile a la par que abrazaban la psicodelia sesentera. Cada uno elaboró su propia mezcla, entendiendo el estilo a su manera, lo que dio lugar a una escena interesante y, sobre todo, variada. Entre las formaciones más importantes del movimiento encontramos nombres como Happy Mondays, 808 State, The Charlatans y James. Así como Inspiral Carpets, quienes contaban con un jovencísimo Noel Gallagher como roadie.

Una puerta hacia el futuro

El sonido de los Stone Roses no era novedoso en absoluto, pero su ejecución se presentaba impoluta. El cuarteto de Mánchester no hacía sino situarse a la estela de otras bandas como The Smiths, The Housemartins o The La’s. Formaciones que habían trabajado un jangle-pop de guitarras refinadas y presentaban una fuerte querencia por el sonido sixties.

Sin embargo, los principales protagonistas fueron The Stone Roses. Tal vez la suya no fue la fórmula más proporcionada. Puede que en su obra el cariz dance se encuentre más diluido que en otras propuestas como la de Happy Mondays, cuyo Pills ‘n’ Thrills and Bellyaches (1990) podría resultar paradigmático al conjugar con acierto su característico matiz funky. Pero una base rítmica tan potente, bien armada y, en muchas ocasiones, por supuesto, altamente bailable como la que presentaba el binomio Mani Mounfield (bajo) y Reni Wren (batería), era más que suficiente para hacer de la propuesta de The Stone Roses una de las más destacadas. La que más cuando nos subimos a las líneas sinuosas que salen de la guitarra de John Squire y escuchamos cantar a Ian Brown, quien, a pesar de tener un registro vocal limitado, posee un sentido impecable de la melodía pop.

El grupo se había formado en 1983, pero no fue hasta dos años después cuando se establece la formación definitiva y lanzan “So Young”, su primer single. De corte post-punk, poco tiene que ver con “Elephant Stone”, el sencillo que ponen en la calle a finales de 1988. El tercero. Con él se subían al incipiente carro del Madchester y delineaban el sonido que desarrollarían en su álbum debut.

Punta de lanza del movimiento

No descuidaron la herencia psicodélica de los Byrds, los Beatles y los Rolling Stones, como tampoco el trabajo minucioso que acarreaban las guitarras expansivas, las armonías vocales y los largos desarrollos instrumentales que resultaban idóneos para dejarse llevar por las sensaciones que provocaba la MDMA.

The Stone Roses llegaba al mercado el 2 de mayo de 1989. El sonido no era novedoso en absoluto, pero su ejecución se presentaba impoluta. El cuarteto de Mánchester no hacía sino situarse a la estela de otras bandas como The Smiths, The Housemartins o The La’s. Formaciones que habían trabajado un jangle-pop de guitarras refinadas y presentaban una fuerte querencia por el sonido sixties. No descuidaron la herencia psicodélica de los Byrds, los Beatles y los Rolling Stones, como tampoco el trabajo minucioso que acarreaban las guitarras expansivas, las armonías vocales y los largos desarrollos instrumentales que resultaban idóneos para dejarse llevar por las sensaciones que provocaba la MDMA. No en vano se convirtieron en la punta de lanza del movimiento. Las letras, por su parte, presentan una fuerte impronta narcisista y política. Ian Brown proclamaba sin rubor que eran la mejor banda del mundo, y no tenía reparo alguno en manifestar su descontento con la monarquía británica y la política de Margaret Thatcher.

Fotografía: Brian Rasic (Rex Features)

La semilla del Britpop

Las letras de los Stone Roses presentan una fuerte impronta narcisista y política. Ian Brown proclamaba sin rubor que eran la mejor banda del mundo, y no tenía reparo alguno en manifestar su descontento con la monarquía británica y la política de Margaret Thatcher.

De hecho, ya desde la primera canción del álbum lo afirma explícitamente:I Wanna Be Adored”. Conscientes de la potencia de sus canciones, The Stone Roses se permiten el lujo de no tirar de inmediatez para presentar la contundencia y el hipnotismo que encierra este corte. En su lugar se recrean en un crescendo de minuto y medio durante el cual el bajo, la batería y las guitarras entran de forma escalonada, armando la canción ante nuestros oídos. Tan seguro estaba Brown de su potencial que no tarda en lanzar, sin paliativos: “I don’t have to sell my soul / He’s already in me”, en referencia a las viejas leyendas que cuentan cómo los músicos pactaban con el diablo para llegar a ser los mejores en el dominio de su instrumento, con el consiguiente atractivo de alcanzar la fama y la gloria. Es el hedonismo en su máxima expresión. La semilla que cinco años más tarde dará lugar a aquello que conocemos como Britpop.

Más desenfadada se presenta She Bangs the Drums, de gran estribillo y con guitarras jangle que no se alejan demasiado de las tendencias británicas de la época comentadas anteriormente. Particularmente llamativo resulta aquí la rotundidad metálica que desprende el bajo, haciéndola manifiesta hacia el ecuador de la pieza, donde también dejan al descubierto una guitarra abrasiva que inyecta altas dosis de vigor a la composición.

Sin perder la contención en ningún momento, “Waterfall” constituye un ejercicio de intensidad que se antoja infinito. Lo cierto es que no parece que haya grandes cambios durante casi tres minutos, pero la espiral en la que nos imbuye Squire con sus arpegios de guitarra, la calidez de la voz onírica de Brown y el ritmo trotón al que a menudo recurre Reni, nos transportan plácidamente hacia un último tercio de atributos funk y riffs distorsionados que explotan en una suerte de jam a la que imprimen algo de nervio.

Rock, música de baile y psicodelia

The Stone Roses se alzaron como la cabeza visible del Madchester. Y no por capricho. Nadie consiguió un entramado instrumental tan perfecto como ellos, y mucho menos unas melodías tan memorables.

El tema más extravagante del larga duración llega con “Don’t Stop”, que no es sino la canción anterior reproducida al revés, al más puro estilo Beatles. Con la excepción de la melodía vocal, a la que Brown le adapta una nueva letra. Lo más interesante es que podemos comprobar cómo se intensifica la percusión de la pieza para adoptar unas coordenadas más bailables, acortando las distancias en relación al acid house. Desde luego, no creo que esta sea la favorita de nadie. Termina siendo aburrida. Pero es curioso escuchar cómo a partir de “Waterfall” nos proporcionan las dos caras del Madchester.

Bye Bye Bad Man” es un tema de carácter desenfadado que, sin embargo, relata una escena violenta inspirada por las revueltas del mayo del ‘68 francés: “I’ve got bad intentions / I intend to knock you down / These stones I throw / Oh these french kisses / Are the only way I’ve found”. En un viaje por el continente europeo, Ian Brown había conocido a una persona que participó en aquella insurrección estudiantil. Su relato fue tan influyente que terminó plasmado en esta canción y en la propia portada del álbum. Su diseño corrió a cargo del propio John Squire, imitando los diseños que había popularizado el artista Jackson Pollock. Sobre dicho cuadro, además del nombre del grupo, añadió los colores que componen la bandera de Francia y añadió tres rodajas de limón. Y es que el interlocutor de Brown le había contando que los estudiantes chupaban limones para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos que les lanzaba la policía.

Una vez metidos en materia de rebelión contra la autoridad establecida, The Stones Roses colocan a continuación Elizabeth My Dear”, un ataque directo a la monarquía. Con un aire trovadoresco deudor del “Scarborough Fair” de Simon & Garfunkel, Brown subraya que se trata de una institución propia del medievo, declarando en el segundo verso: “I’ll not rest till she’s lost her throne”. El cantante se muestra bastante menos combativo en “(Song for My) Sugar Spun Sister”, donde clama por el amor de una chica que no le presta atención alguna. Guitarras brillantes, un bajo pujante, buenas melodías y unas armonías vocales discretas hacen de esta canción un tema agradable al que regresar.

Altas dosis de arrogancia…

Con este debut homónimo, The Stone Roses se ganaron por derecho un hueco en la historia de la música popular. No sólo habían contribuido a forjar un nuevo estilo junto con otras bandas, sino que además se establecieron como los precursores del laureado Britpop.

Acto seguido nos topamos con uno de los tótems del disco: Made of Stone”. Posiblemente inspirada por el accidente automovilístico en el que Jackson Pollock perdió la vida, sus estrofas desprenden un aura misteriosa que nos llevan en volandas hacia un estribillo de talante apesadumbrado pero de exquisita melodía. La sección rítmica se muestra radiante y las guitarras formidables, especialmente en el solo, donde todos los elementos confluyen para conformar uno de los pasajes más fascinantes del álbum. La sinergia entre los cuatro miembros del grupo queda al descubierto en Shoot You Down”. Una pieza íntima y contenida, sin guitarras que llenen todo el espacio, de base jazzística y una voz que rememora al mismísimo Lennon cuando entona: “I’d love to do it and you know you’ve always had it coming”.

El contraste con la anterior viene dado por la rotundidad que desprende “This Is the One” en golpes instrumentales esparcidos durante los dos primeros minutos de la composición. Antes del desparrame más extraordinario que se desarrolla durante la segunda mitad de la canción. ¿Puede Ian Brown repetir hasta el infinito el título de la canción sin caer ni un segundo en la monotonía y conseguir que no queramos que termine? Sí, puede, si cuenta con una melodía tan brillante, coros y una base instrumental tan sublime como la que tiene para hacerlo posible.

El álbum concluye como empezó, con Ian Brown como centro de todo. En esta ocasión autoproclamándose como “la Resurrección” (“I Am the Resurrection”), en la que es una crítica a la religión cristiana que se extiende más allá de los ocho minutos. Estilísticamente mira a la década de los sesenta y está dividida en dos partes claramente diferenciadas. Una en la que muestran un extraordinario sentido de la melodía pop; y otra instrumental y salvaje, con guitarras funky distorsionadas y unas congas que, en conjunto, evocan el “Sympathy for the Devil” de los Rolling Stones. Un rito cuasi tribalesco de donde se desprenden dos lecturas complementarias. La primera, The Stone Roses como la antítesis a la religión a la que critican; y la segunda, la que conecta directamente por el primer tema del álbum. Brown, al inicio, manifestaba: “I don’t have to sell my soul / He’s already in me”. Si el diablo ya está dentro de Brown, si el propio Brown es el diablo, evocando el éxito de Sus Satánicas Majestades, Ian no hace sino halagarse a sí mismo, cerrando así el círculo. De modo que esa experiencia cercana a la mística no es sino pura pleitesía al ego.

… Para hacerse un hueco en la historia

Los Stone Roses tuvieron una gran influencia en los grupos que constituyeron el Britpop, pero resulta evidente que fueron determinantes en lo que respecta a los también mancunianos Oasis. Los Gallagher siempre han declarado que ver a los de Ian Brown tuvo mucho peso a la hora de lanzarse a formar una banda y, sin duda, tanto su sonido como su actitud descarada y arrogante provienen directamente de estos.

En noviembre de 1989, el grupo lanzaba el singleFools Gold”, que en las reediciones posteriores del álbum podemos encontrar como la duodécima canción, cerrando el elepé. La composición mantiene una orientación similar a la segunda parte del corte anterior, aunque menos salvaje. Un coctel de rock, funk y psicodelia despojado de cualquier atisbo de melodía pop y que ronda los diez minutos de duración.

Con este debut homónimo, The Stone Roses se ganaron por derecho un hueco en la historia de la música popular. No sólo habían contribuido a forjar un nuevo estilo junto con otras bandas, sino que además se establecieron como los precursores del laureado Britpop. Tuvieron una gran influencia en los grupos que constituyeron tal movimiento, pero resulta evidente que fueron determinantes en lo que respecta a los también mancunianos Oasis. Los Gallagher siempre han declarado que ver a los de Ian Brown tuvo mucho peso a la hora de lanzarse a formar una banda y, sin duda, tanto su sonido como su actitud descarada y arrogante provienen directamente de estos. The Stone Roses se alzaron como la cabeza visible del Madchester. Y no por capricho. Nadie consiguió un entramado instrumental tan perfecto como ellos, y mucho menos unas melodías tan memorables.

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