Fontaines D.C.

Fontaines D.C. –
Dogrel

La banda liderada por Grian Chatten entrega un debut redondo en el que no sobra nada. Temas políticos, existenciales y humanos se entremezclan con capas de riffs imparables, directos, rotundos. Por sus recovecos emerge la humedad de su Dublín natal, la búsqueda desesperada de una razón identitaria frente al nacionalismo o el Brexit, los lazos, la incertidumbre y el malestar de una juventud en permanente estado de crisis, expresada a través de una incontenible energía que recuerda a los mejores The Clash, The Fall y a la tradición post-punk.


Con el auge de los nacionalismos y populismos en Europa, la deriva que ha tomado la sociedad parece ser clara: cabreo, descontento y desilusión. Sobre todo entre las clases populares que, cansadas de ver cómo sus demandas y necesidades materiales son desatendidas por aquellos que decían representarles, ahora ven cómo sus barrios se gentrifican, sus hijos deben emigrar para buscar una oportunidad y la despoblación rural se acelera a medida que la edad media de la población aumenta. Son las causas de una crisis económica que ya todos conocemos.

Esta crisis, no sólo económica, sino de identidad, es de la que bebe el argumentario de los últimos movimientos musicales, entre los que destaca un resurgir claro del punk, sobre todo en países como Reino Unido. Aquí, en España, parece que la respuesta a este descontento ha sido el fenómeno del trap, tanto por parte de la élite cultural que vino reciclada del indie-rock, como por la urbana, hasta ahora dividida entre el hip-hop, el flamenco, el reggaetón o el techno. Todas ellas son la nueva ética y estética musical de nuestra época, que tarde o temprano también mudarán o se extinguirán para dar paso a otra. Volviendo a las islas británicas, la actualidad musical nos deja una escena diferente a la española: fresca, vivificante, llena de esperanza y contestaria. Ya lo han demostrado bandas como IDLES, Cabbage o Shame; ahora toca echar la vista al norte, a la lluviosa Irlanda.

Una ‘nostalgia alegre’ que retumba

Fontaines D.C. se erigen como una alternativa musical destinada a dar voz al descontento juvenil por la necesidad de recuperar el espíritu de comunidad e insurrección presente en los años ochenta de Margaret Tatcher, y que ahora tiene como foco los problemas del paro, el auge de los nacionalismos, el Brexit y la globalización.

Fontaines D. C., la banda liderada por el cantante Grian Chatten, ha sentado las bases de lo que sueñan, padecen y sienten en Dogrel, un debut redondo de doce canciones con el que esperan ser una de las voces punk del futuro. Sus composiciones beben de la tradición británica que dio luz al género, desde The Clash y The Fall, hasta sus compatriotas, The Pogues. Una nostalgia alegre que cada día coge más fuerza entre músicos y público, como una respuesta ante los tiempos complicados que nos ha tocado vivir y, sobre todo, a su industria musical nacional, demasiado obsesionada por salir en la New Musical Express, repleta de egos y glamour.

Fotografía: Press

Canciones frescas, vivificantes, directas

Una nostalgia alegre que cada día coge más fuerza entre músicos y público, como una respuesta ante los tiempos complicados que nos ha tocado vivir y, sobre todo, a su industria musical nacional, demasiado obsesionada por salir en la New Musical Express, repleta de egos y glamour.

De este modo, se erigen como una alternativa musical destinada a dar voz al descontento juvenil por la necesidad de recuperar el espíritu de comunidad e insurrección presente en los años ochenta de Margaret Tatcher, y que ahora tiene como foco los problemas del paro, el auge de los nacionalismos, el Brexit y la globalización. Así lo reflejan en canciones como “Boys In the Better Land”, en la que bajo una tormenta de guitarras y batería, dan testimonio de la creciente anglofobia de los irlandeses. “Brits out!”, grita el protagonista de la canción, un taxista de origen extranjero que reafirma su amor a la patria tan sólo por fumar unos cigarrillos que los ingleses odian. “La intención era mostrar cómo de frívolas son estas cosas y lo mucho que están basadas en el ego personal y en querer sentirse parte de algo, en lugar de sentir un odio genuino hacia otra cosa”, explica Chatten en una reciente entrevista para el rotativo The Guardian.

Precisamente, Fontaines D.C. establecen una relación entre la violencia y las formas de gestionarla (si la entendemos como una de las maneras más comunes de hacer salir el odio) en el que quizás sea el tema más adictivo del disco, “Liberty Belle”, un hit que engancha desde la primera escucha por su gran melodía y su ritmo surf. Amo esa clase de violencia / que obtienes por ahí / ese tipo de violencia estática y espontánea / que te pregunta: ‘¿Cómo estás?’”, como podrían traducirse los primeros versos, en los que dejan patente esa clase de violencia subliminal, posmoderna, que se da en casi todas las situaciones cotidianas sin querer entre unos y otros. Tal vez el problema esté ahí, como señalan los de Dublín: no saber gestionar apropiadamente esa sensación de ira o resignación que aparece cada vez que pretendemos imaginar un cambio o una alternativa al modo de vida que llevamos, y en vez de eso, la encauzamos a través de conceptos imaginarios excluyentes, ya sean raza, nacionalidad, género o tribu cultural.

Violencia subliminal, posmoderna

Junto al productor Dan Carey, los irlandeses han dado forma a una colección redonda de canciones en las que impera un espíritu fresco, directo y sin demasiadas pretensiones, lo que les puede diferenciar de otras propuestas más sobrecargadas.

Estos quizás sean los temas que mejor guardan las formas clásicas del punk primigenio, pero también hay otros como “Television Screens” que, por su sonido, ritmo y producción, quedan más cercanos al emo-rock de los noventa. Gracias a la perfecta unión entre bajo y batería, la canción adquiere vida propia a medida que avanza, sorprendiéndonos en un progreso digno de los mejores American Football o The Appleseed Cast. Algo que también sucede en “Too Real”, mucho más combativa, en la que la línea continua y casi inmutable de bajo, acompañada de un intenso riff de guitarra y efectos de sintetizador les acercan más a sus coetáneos, como IDLES. La sombra de Joe Strummer y The Clash emerge del pasado en cortes como “Sha Sha Sha” (construida por un seco palm mute de guitarra que recuerda a “London Calling”) o “Roy’s Tune” (en su vertiente más melódica e intimista).

Vale la pena mencionar que para grabar el disco llamaron al productor Dan Carey (Kate Tempest, Bloc Party, Franz Ferdinand), lo que implica un salto evidente en la evolución de su sonido. Para ser un álbum debut, se trata de una colección redonda de canciones en las que impera un espíritu fresco, directo y sin demasiadas pretensiones, lo que les puede diferenciar de otras propuestas más sobrecargadas. Así lo demuestran en las que parecen ser sus canciones menores pero no por ello menos importantes, como “Hurricane Laughter”, en la que un riff en fuzz nos da la bienvenida llenando todo el espacio sonoro de energía vitalista, mientras Chatten repite versos con una entonación cercana a la de Mark E. Smith.

The Lotts”, en cambio, nos sumerge en un ambiente frío de post-punk con un bajo borracho de New Order en el que cantan a la abolición del trabajo: “La muerte está cayendo sobre tu rutina de trabajo / y está cayendo aún más fuerte sobre todas tus iglesias y reinas”. También en “Chequeless Reckless” se mantiene ese malestar juvenil fruto de la ansiedad que proyecta un futuro incierto. De alguna forma, volvemos al palmario lema que esgrimieron los Sex Pistols cuarenta años antes: “No future”.

Llueve en Dublín y, como en todas partes, no hay nada que hacer

Otra de las patas narrativas de “Drogel” es la descripción de su Dublín natal. Al fin y al cabo, Chatten y los suyos tan sólo son un grupo de amigos de toda la vida que se criaron juntos por las calles lluviosas de la capital irlandesa y que un día decidieron montar un grupo. Se reafirman en lo popular, lo cotidiano y lo anodino.

Otra de las patas narrativas de “Drogel” es la descripción de su Dublín natal. Al fin y al cabo, Chatten y los suyos tan sólo son un grupo de amigos de toda la vida que se criaron juntos por las calles lluviosas de la capital irlandesa y que un día decidieron montar un grupo. Se reafirman en lo popular, lo cotidiano y lo anodino, como reflejan en “Big”, donde dejan entrever el complejo de inferioridad que existe respecto al resto del país británico: “Dublin in the rain is mine / A pregnant city with a catholic mind (…) / My childhood was small / But I’m gonna be big”. De algún modo, es el mismo motivo que inspiró a otros grandes artistas que comenzaron desde abajo cargados de sueños y de voluntad, locos por asumir la responsabilidad de forjarse una carrera en la música para desprenderse de esa futilidad vital. Un espíritu que recuerda a genios como Springsteen en sus primeros álbumes, ya sea Greetings from Asbury Park, N.J. (1973) o Born to Run (1975).

El álbum también tiene una intención cíclica, ya que la última canción regresa a Dublín y a una de las bandas compatriotas que más les han inspirado: The Pogues, con el ‘enfant terrible’ de 61 años Shane MacGowan al frente, leyenda viva del punk tabernario. En “Dublin City Sky” dedican una especie de égloga nostálgica a su ciudad natal en una balada que nos retrotrae a aquel inmortal “Dirty Old Town” que popularizó la banda de MacGowan. Un final de diez para un conjunto que promete mucho de cara al futuro.

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