Anderson .Paak

Anderson .Paak –
Oxnard

Anderson .Paak se distancia de The Free Nationals para un nuevo disco en solitario firmado junto a Dr. Dre en el que trata de sintonizar su propio estilo, ese crisol clásico de funk y soul angelino, con la escuela de G-Funk y west coast rap de la edad de oro del boom-bap.


Obviamente es un reto seguir cualquier línea propuesta en Malibu, el disco con el que, junto a The Free Nationals, Anderson .Paak se coronó en 2016. Porque era y es un disco clasicista, completamente reverencial con la herencia negra de la que es resultado. Una amalgama colorista y soleada de bajos seductores y lúbricos, ritmos frenéticos de batería heredados del jazz, guitarras diluidas y calenturientas, sudor y psicodelia soul, sol, arena y mar y marihuana, y G-Funk, y samples, y góspel, y sexo, amor, lágrimas… Anderson .Paak inventaba poco pero recuperaba con frescura cada género o sonoridad que tocaba de la mano de una de las mejores bandas de acompañamiento contemporáneas, esa relojería suiza que son The Free Nationals. Es muy difícil trazar líneas hacia adelante cuando tú trabajo está más enfocado en sacarle brillo actualizado a lo pasado, así que es una decisión acertada por parte de .Paak lanzarse a otra dirección y mirar en otra cantera para sacar nuevo mármol.

Encontrando en el rap una nueva dirección

Anderson .Paak se metió en el estudio sin The Free Nationals y con la idea de retrotraerse a su Oxnard natal, a un sonido que le recordara a sus primeros años en la calle, escuchando west coast rap, para darle desde ahí su propia signatura, la del funk angelino.

Y qué mejor que hacerlo con una buena ingeniería detrás, sin tener que bajar solo hasta la fría piedra y ponerse a picar. El exitazo a todos los niveles de Malibu le abrió las puertas de los estudios de Aftermath y la producción de su jefazo, nada más y nada menos que Dr. Dre (que ya se había fijado en él y había contado con sus servicios para Compton en 2015), así que la expedición de espeleología era más bien una obra de envergadura. Con todos esos medios, Anderson .Paak se metió en el estudio ya sin The Free Nationals y con la idea de retrotraerse a su Oxnard natal, a un sonido que le recordara a sus primeros años en la calle, escuchando west coast rap, para darle desde ahí su propia signatura, la del funk angelino.

La idea estaba bien, sonaba ambiciosa, y además esta suerte de esfuerzo ‘Anderson .Paak goes rap’ tenía para soportarlo voces respetadísimas del hip-hop como Pusha T, J. Cole o Kendrick Lamar, leyendas como Q-Tip o Snoop Dogg y hasta al mismísimo Dre. Y veníamos de “Bubblin”, un divertido y resultón sencillo más infectado de ritmos trap que luego le valió un Grammy a Mejor Actuación de Rap y que incomprensiblemente no tuvo cabida en Oxnard, como tampoco la tuvo la cinemática “Til It’s Over”.

Fotografía: Hollie Fernando (Rolling Stone)

Una producción sublime para un disco desenfocado

El resultado, aunque funcione relativamente bien por separado, como conjunto de canciones agradables, no encuentra en ningún momento una línea sólida en torno a la que estructurarse ni ofrece una personalidad verdaderamente propia. Sí hay, muy por encima, una cierta ambientación peliculera que va desde la portada y el diseño de carátulas de los sencillos a algunos momentos del largo.

Pero el resultado, aunque funcione relativamente bien por separado, como conjunto de canciones agradables, no encuentra en ningún momento una línea sólida en torno a la que estructurarse ni ofrece una personalidad verdaderamente propia. Sí hay, muy por encima, una cierta ambientación peliculera que va desde la portada y el diseño de carátulas de los sencillos a algunos momentos del largo, empezando por la intro “The Chase” con Kadhja Bonet, una abstracción de flautas psicodélicas y violines setenteros, y hasta el viaje final de “Sweet Chick”, más un recorrido algo superficial por distintas amantes del protagonista. Mientras tanto, sí, hay varias canciones que van rodando y apelan al movimiento, pero es ahí, en esa superficialidad sexual, donde se estanca verdaderamente el trabajo.

No es en la producción de Dre y compañía aunque muchas veces sea tan poderosa que se lleve por delante cualquier atisbo de la marca personal de .Paak, como en “Who R U?” (con todo una de las mejores canciones del disco, la más dura seguramente), la vagamente política “6 Summers” (con referencias de dudoso buen gusto a la esclavitud, la presión policial sobre los afroamericanos y una hipotética hija viciosilla y lesbiana de Trump) o la final y bailonga “Left to Right”, en la que sobra un poco el imposte jamaicano. Tampoco en la sonoridad en sí misma, un valiente esfuerzo de desempolvar el boom-bap desde un punto de vista más orgánico y que deja por el camino beats deliciosos como el de “Smile / Petty”, más cerca de los grandes actualizadores de George Clinton, esa Solange, ese Thundercat, ese Lamar, ese Flying Lotus, ese Devonté Hynes, ese Tyler, the Creator, ese Earl Sweatshirt, ese Kaytranada.

La pose de pimp no le sienta bien a .Paak

Vemos a .Paak forzar una imagen de hustler, de chulo, de seductor machirulo que las tiene a todas locas por ir de malote en el barrio y tener muchos millones. Al final vemos a un artista nadando con relativa comodidad en unas aguas que no le pertenecen. Que es loable, por supuesto, y valiente. Pero se queda vulgar y frío, en contraposición con lo que consigue, con el mismo repertorio, de nuevo junto a The Free Nationals en directo.

Ni son las colaboraciones, con un Push en estado de gracia rapeando sobre sus orígenes en el dúo Clipe en una “Brother’s Keeper” con outro de funk-soul suavísimo o un siempre preciso Q-Tip rapeando sobre la pérdida en “Cheers”, que también le sirve a .Paak para brindar por Mac Miller. Y eso que “Trippy”, con J. Cole, como tema parece más bien música incidental y que la presencia de Snoop Dogg en “Anywhere” es más un homenaje a su propia figura y a su lugar en el G-Funk que una canción que podamos tomar verdaderamente en serio, pese a la excelente producción y la calidad y visión quirúrgica de bajos y baterías (aspectos comunes a todo el trabajo).

Es más bien que vemos a un .Paak forzar una imagen de hustler, de chulo, de seductor machirulo que las tiene a todas locas por ir de malote en el barrio y tener muchos millones. Que el mismo .Paak que disfruta de una buena y apasionada mamada mientras conduce en “Headlow”, el mismo que no tiene vergüenza para poner a Norelle, que le hace los coros, a atragantarse al final, justo antes de tener un accidente, es el mismo que luego pide tener ventanas tintadas en “Tints”, single fallido en todo regla que parece más en la línea de Bruno Mars y que se salva por los pelos por la presencia de Kendrick Lamar. A la suya, tanto como a la de Bootsy Collins en otro extremo, se parece la voz de .Paak, pero sin embargo su rapeo no llega ni a esos puntos de lirismo ni a esas cotas expresivas, así que al final vemos a un artista nadando con relativa comodidad en unas aguas que no le pertenecen. Que es loable, por supuesto, y como he dicho antes valiente. Pero se queda vulgar y frío, en contraposición con lo que consigue, con el mismo repertorio, de nuevo junto a The Free Nationals en directo. La dirección a seguir parece estar clara.

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