Foxygen

Foxygen –
Seeing Other People

Foxygen han decidido que ya era hora de dejar atrás la farsa y el cliché de estrella del rock, que tenían que afrontar la vida y aceptar que ya son adultos hechos y derechos. “Seeing Other People” muestra al dúo alcanzando su madurez, pero a costa de perder parte de la magia y la chispa que tanto nos enamoraba.

Todos nos hemos dado un batacazo con la realidad en algún momento. Puede venir antes o después. Puedes hacer todo lo posible por retrasarlo y engañarte a ti mismo todo lo que quieras, pero en algún punto vas a tener que dejar de huir y afrontarlo. La manera en que te lo tomes ya depende de ti. Puedes dejarte llevar por la frustración, la tristeza y la desesperación o, en cambio, puedes montar una tragicomedia de ello. Foxygen, que siempre han sido muy peliculeros, han intentado hacer esto último en “Seeing Other People”. Sin embargo, esta vez no han estado tan inspirados como en otras ocasiones.

Acéptalo: eres un pringado

Si “Hang” era un musical de Broadway con multitud de actores, “Seeing Other People” representa todo aquello que se esconde tras el telón cuando la función ha terminado, cuando el protagonista se da cuenta de lo solo que está y decide irse a un bar para cantar sus penurias sin que nadie le escuche.

Hace apenas un par de años, ante el clima de pesimismo y desesperación que dejaron las últimas elecciones estadounidenses, Foxygen quisieron escapar de la realidad y ser felices en su propio universo Disney, creado a partir de una paleta de colores tan viva como las canciones que encontrábamos en “Hang” (2017). No obstante, después de la fantasía siempre vuelve la realidad, y, así, tras un puñado de discos viajando a diversos mundos de la piruleta o disfrazándose de embajadores de la magia y la paz, Sam y Jonathan se han dado cuenta de que todo lo que estaban viviendo era una mentira y de que es el momento de dejar de engañarse a sí mismos.

Por eso, “Seeing Other People” puede interpretarse como un disco de madurez, al menos en cuanto a su temática. Pero es que su sonido también ofrece uno de los mayores cambios que el grupo ha experimentado. Si “Hang” era un musical de Broadway con multitud de actores, “Seeing Other People” representa todo aquello que se esconde tras el telón cuando la función ha terminado, cuando el protagonista se da cuenta de lo solo que está y decide irse a un bar para cantar sus penurias sin que nadie le escuche.

Fotografía: Nicky Giraffe

El alto precio de alcanzar la madurez

“Seeing Other People” es el disco en el que más notorias son las múltiples referencias que Rado y France toman del rock viejuno. Y no es que eso sea malo per se, pero sí es cierto que aquí se echa en falta (más de lo que nos gustaría reconocer) una mayor presencia del sello Foxygen.

Una de las características que siempre ha definido a Foxygen es su habilidad para tomar elementos de aquí y allá, mezclándolos y aderezándolos a su gusto para conseguir una fórmula propia, similar a las demás pero con un sabor propio. De esta forma, si en el anterior veníamos de ABBA, aquí el dúo norteamericano no tiene reparo en apuntar al David Bowie de la Trilogía de Berlín en temas como “Work” o “The Thing Is”, que también toma elementos del Bruce Springsteen de “Born to Run” (1975). Es, de hecho, el disco en el que más notorias son las múltiples referencias que Rado y France toman del rock viejuno. Y no es que eso sea malo per se, pero sí es cierto que aquí se echa en falta (más de lo que nos gustaría reconocer) una mayor presencia del sello Foxygen.

“Adiós a las drogas, a las fiestas, a mis veinte años, a mi cuerpo de modelo de Saint Laurent y a los conciertos” declaraba el dúo en una nota de prensa acerca del disco. Es cierto: este trabajo tiene un aire mucho más melancólico y de desencanto con el mundo y la vida, las canciones ahora hablan de relaciones fallidas, de afrontar que nunca vamos a ser quienes queríamos ser. A veces, incluso, el álbum intenta escapar de todo eso, pero baladas como la nostálgica “Seeing Other People” o la rompedora “Livin’ a Lie” no se lo permiten. La madurez ha llegado a un grupo que no quería crecer y se han visto obligados a ello. Pero el problema no es ese, sino que parte de su magia se ha ido en el proceso.

Cuando pienso en Foxygen lo primero que se me viene a la cabeza siempre es ‘impredecibles’. Escuchar sus discos siempre ha sido muy emocionante porque nunca sabías por dónde iban a salir, incluso cuando ya los habías oído cientos de veces. Pero esta vez no es así. Temas como “Mona” o el cierre con “The Conclusion” sorprenden por el hecho de ser tan lineales. “Seeing Other People” es un disco que, continuamente, te tiene esperando su clásico volantazo, ese brusco cambio de marcha. Sin embargo, ese momento nunca llega.

Nos hemos cansado de ser unos farsantes

Este trabajo tiene un aire mucho más melancólico y de desencanto con el mundo y la vida, las canciones ahora hablan de relaciones fallidas, de afrontar que nunca vamos a ser quienes queríamos ser. La madurez ha llegado a un grupo que no quería crecer y se han visto obligados a ello. Pero el problema no es ese, sino que parte de su magia se ha ido en el proceso.

Y no es que las canciones sean malas, para nada. El horterismo ochentero de “News” o la stoniana “Flag at Half-Mast” tienen alma suficiente para convertirse en grandes temas y probablemente lo serían si habláramos de otro grupo, pero, en este caso, la única junto a “Work” que consigue salirse de la norma e incluso ofrecer un sonido nuevo en la propuesta de Foxygen es “Face the Facts”, casualmente la más irónica y que menos en serio se toma a sí misma.

Y es que ese siempre ha sido precisamente el punto fuerte de una banda como Foxygen. Reírse de sí mismos. Y de nosotros, por supuesto. Hacernos creer que son unos farsantes e incluso creerse su propia mentira; hacer del cliché una parodia y de la parodia un cliché. ¿Os acordáis de esos episodios de Los Simpson en los que Bart y Lisa descubrían que Krusty no era en realidad el payaso feliz que parecía en la televisión? Aquí sucede eso. Es obvio que Jonathan Rado y Sam France tienen derecho a estar tristes, a hacerse mayores y no tienen por qué ser los payasos de ninguna función. Pero nosotros también tenemos derecho a preferir recordarlos como esos héroes que siempre nos hacían olvidarnos de todo lo malo que pasaba en el mundo. Porque, si no, ¿qué es lo que nos queda?

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