Joyas ocultas Primavera Sound 2019 (I)

Seleccionamos veinte promesas (y alguna más por el camino) de entre la interminable letra pequeña del cartel mastodóntico del PS2019, el de la paridad de género y el del desembarco de la flota urbana.



Como siempre, es muy difícil tomarle el pulso a la totalidad del cartel del Primavera Sound. El festival de Barcelona hace en nuestro país de ojeador y selector de las tendencias y tiene organizada en torno a su marca toda una superestructura musical que le permite presentar año tras año y de maneras más o menos transgresoras (acuérdense ustedes del año del corto y la lona, o del del videojuego, o del del cohete…) un cartel inmenso e inabarcable que compite en calidad y acierto siempre con los mejores del mundo.

Y que, además, este año ha querido dar un contundente y simbólico paso hacia adelante representado en la idea ‘The New Normal’: por primera vez en un evento musical de esta envergadura, paridad de género en cuanto a los artistas participantes (y situándose a la avanzadilla del movimiento ‘50/50 by 2022’ por el que más de cien festivales se comprometen a ecualizar su cuota de género). Y, por primera vez también, esta vez en su historia, el género urbano y todas sus derivaciones en forma de hip-hop de nueva ola, trap, reggaetón, electrónica fractal de garaje, PC-music, post-club o new-pop dominan con su presencia un cartel en el que el presente del rock es más una reivindicación de los últimos orígenes, los que explican la nueva oleada de indie-rock de guitarras noventeras que están llevando a cabo muchas mujeres por todo el mundo.

‘The New Normal’ es, como reconoce el propio festival, la auto-imposición de un nuevo estado de normalidad. La aspiración a un mundo de carteles paritarios en los que se reconozca y se ensalce el trabajo de las mujeres tanto como el de los hombres, pero también uno en el que el rock alternativo y las guitarras puedan convivir en armonía y respeto con el perreo, en el que el jazz más erudito lo haga con la música callejera o el metal con el pop de masas, en el que la electrónica ambiental se confunda con una rave. Cada uno elige su propia historia en el Primavera Sound.

Una historia que este año va a pasar de puntillas por los cabezas de cartel (no es ningún secreto y ya lo han dicho todos los promotores de España hasta la saciedad: “hay muy pocos cabezas de cartel que hayan decidido salir de gira”), pero que se sumerge hasta las profundidades en un universo de estrellas emergentes llamadas a componer no solo la ‘nueva normalidad’, sino las nuevas coordenadas del pop, del rock, de la música urbana. De la música en general. Recorremos la letra pequeña del mastodóntico cartel del PS2019 en busca de veinte promesas imprescindibles para entenderlo… De momento, os dejamos la primera parte.

Sigrid

Noruega y con tan sólo veintitrés años, Sigrid lleva desde principios de 2017 despuntando en el panorama internacional del pop con sencillos efectivísimos como “Don’t Kill My Vibe” y una actitud muy naive, lejos de la imagen sexualizada de la mayoría de popstars y más en conexión con iconos más ‘indies’. Este año hemos asistido ya a su debut discográfico, que puede presumir de resultar un ecléctico crisol de colores y de albergar temazos como “Sucker Punch” o “Strangers”. Y sólo falta comprobar si en directo la promesa es capaz de hacerse realidad.

Kali Uchis

También será su primera vez en España, pero Kali Uchis lo que menos parece es una promesa. Su debut, lanzado a mediados del año pasado, entró en todas las listas de mejores discos de 2018, fue alabado como uno de los estrenos más sólidos del curso y contaba con colaboraciones de gigantes como Kevin Parker, Tyler, the Creator, Steve Lacy o Damon Albarn, así que la estadounidense de ascendencia colombiana viene casi con vitola de zona noble de la tabla. “Isolation” lo vale: una fiebre de soleada psicodelia que sobrevuela la brasileña Plastic Beach de Gorillaz tras el desastre nuclear, inundada en efluvios radioactivos, y que confunde el soul con el pop, el hip-hop con la bossa y la realidad con la ficción.

Lizzo

Podría decirse que Lizzo está enfrentándose este año a su personal nuevo comienzo. La aventura de “Lizzobangers” con EMI no salió todo lo bien que la de Detroit podría haber esperado y ha permanecido unos cuantos años autoeditándose y participando en distintas bandas, permaneciendo como una eterna promesa. Esta vez la situación no es muy diferente, pero el disco sí es mucho más sólido y ahora hay respaldando un contrato estable con Atlantic Records que la ha dado un empujón de visibilidad gracias a actuaciones en festivales de primera línea como Coachella, apariciones en televisión y menciones regulares en medios de alcance internacional.

Una explosión de positividad y una reivindicación de las curvas y del estar bien con uno mismo físicamente en clave de soul-pop electrónico con momentos más baladísticos, rapeo y arranques más funk pensada para quemar zapatilla y con cierto recuerdo a la última versión de Janelle Monáe.

Linn da Quebrada

“Bicha, negra, trans, pobre”. “El azote de Bolsonaro”. Una de las voces del queer-pop brasileño más personales y fulgurantes. En la música de Linn da Quebrada caben los experimentos de ruptura sonora que Mykki Blanco lleva realizando casi una década, la reivindicación extrema y revolucionaria, la subversión visual y sexual o la reapropiación de la favela funk global y del perreo carioca, además del carnaval urbano y el reggaetón volcánico. El fin del mundo nos pillará en las barricadas del carnaval, reivindicando la calle y sin fronteras de género, sexualidad o color, bailando con las piernas en llamas y listos para combatir sudando el Apocalipsis.

Amyl and The Sniffers

Todo lo que rodea a esta banda de Melbourne es, en definitiva, un homenaje perfectamente diseñado (y bastante fresco en cuanto a sonido) a lo que se llamó a finales de los setenta la ‘Little Band Scene’, un movimiento de la ciudad australiana que incorporaba todo el influjo de los primeros coletazos del punk frenético y contestatario de Brisbane y de bandas referenciales como The Saints y que quiso mantenerse en pequeño y localista, asociándose al pub-punk, viendo el fracaso de las bandas que pretendieron sin éxito lograr el reconocimiento en Reino Unido.

Incorporaba el dramatismo del glam, la rabia e inmediatez del punk, la oscuridad y la seriedad del post-punk y directos salvajes, y terminó dando a luz bandas tan importantes como Young Charlatans, La Femme, The Birthday Party (los antiguos Boys Next Door, la banda seminal de Nick Cave) o los referentes del pub-rock Cosmic Psychos. Y con el tiempo ha dado noticias como Amyl and The Sniffers. Las premisas son claras: emborracharse y liarla un poco, pero siempre de buen rollo.

070 Shake

Su debut, aún no anunciado, debería llegar en algún momento de este 2019, y la expectación alrededor suyo es máxima. No sólo porque Danielle Balbuena sea la nueva protegida de Kanye West y haya aparecido en los highlights de varios de los discos que parió el año pasado (ese góspel emocional que es “Ghost Town” en “ye”, “Not for Radio” en el retorno de Nas o la brutal “Santeria” del “DAYTONA” de Pusha T), también porque su voz se ha convertido en poco tiempo en una de las más personales del hip-hop.

Subida en la herencia de Kanye y Kid Cudi de pop-rap amigo de las producciones bombásticas y megalómanas, 070 Shake rapea envuelta en autotune con ese engole gravísimo tan característico y de pronto estalla, rompe, desgarra su voz y la eleva con una implosiva calidez, demostrando que está en otro nivel, que aún falta todo por ver de una artista que está llamada a dominar una nueva era del hip-hop.

Hatchie

Habrá que esperar hasta finales de junio para poder hincarle por fin el diente a “Keepsake”, el esperado debut en largo de Hatchie, pero la joven australiana ya va para emergente victoriosa de 2019. En 2018 despuntó como promesa con un estilo que amenazaba seriamente con renovar el dream-pop y adaptarlo a la generación millennial, sospechas que empezaron a confirmarse con el delicado EP “Sugar & Spice”. Melodías melosonas, inspiración new wave y una clara vocación pop, pero siempre esa caricia y bruma entre lo industrial y lo dreamy y la sutileza por bandera. El pop del sigo XXI se parece mucho a esto.

CHAI

Autodenominadas como redefinidoras de lo ‘kawaii’, el ultracolorismo cute asociado a la cultura japonesa, lo que este cuarteto femenino de Nagoya está haciendo en parte es subvertir el término, manejando una estética que contrarresta con un sonido mucho más deudor de géneros tradicionalmente asociados con Occidente como el after-punk, el dance-punk, el rock electrónico, el electro-clash o hasta el garage y que, además, se caracterizan por su contundencia. Es un poco el juego de palabras que han hecho entre el título de su primer largo, “Pink”, y el de su segundo, “Punk”… Ya está bien de asociar lo dulce con lo inofensivo. Como Arya Stark, CHAI no van a dejar de sorprenderte.

Ivy Queen

Ya que está tan de moda reivindicar a los ‘pioneros’ (lo que serían los ‘O-G’ al hip-hop) del reggaetón, la que es la reivindicación más necesaria es la de LA pionera. La única e inimitable Ivy Queen. Desde Puerto Rico, encarna la pureza del perreo desde que es perreo, empezó su carrera en el hip-hop y ha sido siempre más calle que la calle misma. Una diva, ‘La Caballota’ se fue alejando de los manidísimos temas de violencia y puteo de la vertiente masculina del género y puso todas las piedras necesarias para una desexualización del género, convirtiéndose en poco menos que una leyenda, pasando del reggaetón más purista a la salsa, al urban (donde también ha destacado como pionera) o a la bachata.

Desconocida, imaginamos, para la mayoría del público ‘habitual’ del Primavera Sound, nos parece justo reivindicarla como una de las joyas que más brillará en esta edición pensada para dinamitar prejuicios y complejos. No seas de estos, anda…

Seat Village Stage

El último anuncio (hasta ahora; que sepamos falta todavía la programación del Hidden Stage) del Primavera Sound pasa por un escenario a la orilla del mar (donde las antiguas zonas de descanso y sesiones de DJ) que viene con la idea de profundizar en distintas ramificaciones del hip-hop. Entre toda la programación, que incluye a una estrella nacional como Mucho Muchacho, Erik Urano (un eslabón perdido de la escena, entre el boom bap y el trap y siendo uno de los introductores de las bases electrónicas), el alma latina y el perreo callejero de Kaydy Cain, un asentado americano como IDK, la new old school de Junglepussy (alabada por Erykah Badu) o el ganador del concurso de videoclips de El Bloque Ninhomalo, destacan varias promesas:

Little Simz: No es tan promesa, pero desde luego su reciente “Grey Area” le ha valido el salto definitivo a la primera línea del rap británico. Feminista y combativa, su fraseo es ágil y vigoroso, y sus influencias maleables y virtuosamente eclécticas, entre el jazz, el soul, la electrónica downtempo, el big-beat y el trap clínico. Un cañón.

AJ Tracey: La del Reino Unido se está convirtiendo en una escena (siempre lo ha sido un poco) especialmente efervescente, y AJ Tracey es otro ejemplo clarísimo. La nueva voz del grime mezcla inteligentemente el espíritu underground con ganchos musicales más comerciales, cercanos a los canales de BBC Radio, y sobre todo vuelve a demostrar que es este género donde se están haciendo los avances más claros en cuanto a experimentación electrónica. PC-Music, post-club, electro de nueva ola, post-EDM, UK-Garage, soul electrónico, house tropical… de todo cabe en el debut de AJ Tracey, incluida una canción en la que samplea a Jorja Smith e interpola a Post Malone y a Skepta. Dejen paso a la generación Z.

Quay Dash: Otra revolucionaria enmarcada en los cánones de transgresión electrónica y hip-hop apocalíptico de Mykki Blanco, esta rapera negra, trans y feminista del Bronx se ha convertido en una de las voces más importantes de la escena neoyorquina en contra de la transfobia. Vogue, látigos, electroclash, neoperreo, fantasías fractales, producciones de SOPHIE… Cuero y azote.

Chynna: Desde Filadelfia, ex modelo y ex drogadicta, historias personales sobre depresión y adicciones serpenteando entre atmósferas opresivas y brumosas.

Celeste: Nacida en EEUU pero residente en Reino Unido desde muy joven, las influencias de Celeste están claras desde el principio: divas del soul alternativo como Erykah Badu o Solange y grandes del jazz como Aretha, conectando con contemporáneas de éxito como Jorja Smith. Su último EP, “Lately”, cuenta con la participación y la producción del colectivo de soul jazz Gotts Street Park, responsable de, entre otros, los debuts de Kali Uchis o Rejjie Snow.

La Tiguerita: Desde Cornellá, hip-hop de la calle en la línea de la primera Mala Rodríguez mezclado con un rollo latino muy Kaydy Cain y un regusto a perreo balviniano.

BbyMutha: Madre soltera de dos gemelas cuyo padre era pedófilo, Brittnee Moore emplea sus experiencias personales como principal combustible lírico mientras experimenta con un hip-hop de raíces sureñas inspirado fundamentalmente en Gansta Boo y Gucci Mane. En algún momento de 2019 se espera su debut en largo, “Christine”.

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