MUCHO

MUCHO –
¿Hay Alguien en Casa?

Martí Perarnau abre una nueva etapa con su trabajo más experimental y personal a nivel lírico, entremezclando a la perfección versos cargados de crítica social con otros de carácter más personal y romántico sobre melodías que fluctúan entre lo electrónico y lo orgánico.




Cuando hace tres años hablamos con Martí Perarnau, cabeza pensante de MUCHO, concluimos que, a tenor de lo que se podía escuchar en su más reciente disco por entonces, el synth-pop era una especie de nuevo punk al encontrarnos con un Perarnau capaz de mezclar letras muy reivindicativas con melodías sintéticas que seguían la línea marcada por grupos como Miss Caffeina, Love of Lesbian o Varry Brava. Abrazó los sintetizadores ochenteros y el pop más fresco para acabar facturando un álbum con temas bien pegadizos (“Nuevas Ruinas”, “Fue”) en el que, además, Martí realizó una crítica mordaz al gobierno y a la sociedad española del momento.

De banda al uso a proyecto unipersonal sin límites

Por elección propia o por obligación, Martí Perarnau se vio solo al mando de MUCHO en el momento de confeccionar ¿Hay alguien en Casa?, algo que le ha permitido replantear la fórmula y construir un álbum que no se encuentra limitado por la instrumentación clásica de una banda (guitarra, bajo, batería y sintetizadores).

En aquella entrevista, Martí me depositó frente a una ventana donde pude vislumbrar trazas de un futuro aún borroso. Parecía tener una primera idea acerca del sonido que quería explorar en su siguiente referencia (“samples y electrónica oscura”), pero poco más. En cualquier caso, sí tenía bien claro que el futuro de MUCHO sería complicado:

Seguro que el camino será diferente, pero, como digo, de momento lo que tengo compuesto sería difícil llevarlo a un grupo de música al uso.

Llegamos a 2019 y nos encontramos con ¿Hay Alguien en Casa?, un trabajo en el cual se deja patente que, ahora, Martí Perarnau es a MUCHO lo que Kevin Parker a Tame Impala: un proyecto unipersonal en el estudio, donde se desarrolla sin límites, con una banda de grandes músicos y colaboradores sobre el escenario (antes contaba con, por ejemplo, Víctor Cabezuelo y Miguel de Lucas de Rufus T. Firefly). Para entender del todo ¿Hay Alguien en Casa? todavía podemos trenzar una última comparación: La evolución de MUCHO desde Pidiendo en las Puertas del Infierno hasta ¿Hay Alguien en Casa? es Bon Iver pasando de Bon Iver, Bon Iver a 22, A Million. Ojo ahí.

Por elección propia o por obligación, Martí Perarnau se vio solo al mando de MUCHO en el momento de confeccionar ¿Hay alguien en Casa?, algo que le ha permitido replantear la fórmula y construir un álbum que no se encuentra limitado por la instrumentación clásica de una banda (guitarra, bajo, batería y sintetizadores). Martí sale de la zona de confort y apuesta por sonidos más electrónicos, pop claramente influenciado por Daft Punk, modulaciones vocales y ambientes nocturnos. ¿El resultado? Excepcional.

La nueva crítica social será con vocoder, artificios electrónicos y pop à la French Touch

Martí sale de la zona de confort y apuesta por sonidos más electrónicos, pop claramente influenciado por Daft Punk, modulaciones vocales y ambientes nocturnos. Pese a todo, cabe decir que ¿Hay Alguien en Casa? no es ninguna locura lisérgica ni un registro extremadamente vanguardista.

Pero, antes de nada, centrémonos en eso de ambientes nocturnos. El músico de Manresa logra que respondamos de manera afirmativa a la pregunta que da título a este álbum. Jugando con efectos sonoros (“Soy un Aeropuerto”), rompiendo melodías desde su OP-1 (“Nunca Pegarías a un Hombres con Gafas”) o invocando el espíritu del Bon Iver de canciones como “21 M♢♢N WATER” (escuchad el inicio de “Sé Que Soy una Anomalía”), Martí nos sitúa en una habitación cualquiera de ese edificio abandonado que protagoniza la carátula del disco para pasar junto a él una noche de reclusión en la que van transcurriendo, una a una, las canciones de este LP.

Ante todo y a pesar de lo expuesto, cabe decir que ¿Hay Alguien en Casa? no es ninguna locura lisérgica ni un registro extremadamente vanguardista. Sin embargo, sí se trata de un excelente trabajo de transición con el cual Martí Perarnau empieza a pavimentar su futuro al frente de este proyecto. No ha querido romper con todo lo establecido previamente ni apostar de lleno por una deriva electrónica como Bon Iver en 22, A Million (2016). Más bien, Perarnau ha sacado la patita y nos muestra lo que podría venir en su carrera con el paso de los años. Para verlo de forma más clara, podríamos hablar de, a grandes rasgos, tres tipos de canciones. Por un lado tenemos desarrollos similares en cuanto a melodías y estructuras que nos retrotraen a los ochenta, el French Touch y Talking Heads (1985”, “¿Hay Alguien en Casa, Mcfly?”, “Teléfono, Mi Casa); por otro los manierismos habituales de MUCHO y, por último, viajes hacia territorios desconocidos (el tramo más interesante de todo el álbum y una nueva vía por donde podría moverse en el futuro).

Delirios de una noche en soledad

¿Hay Alguien en Casa? es un excelente trabajo de transición con el cual Martí Perarnau empieza a pavimentar su futuro al frente de este proyecto. Para verlo de forma más clara, podríamos hablar de, a grandes rasgos, tres tipos de canciones. Por un lado tenemos desarrollos similares en cuanto a melodías y estructuras que nos retrotraen a los ochenta, el French Touch y Talking Heads, por otro los manierismos habituales de MUCHO y, por último, viajes hacia territorios desconocidos (el tramo más interesante de todo el álbum).

A lo largo de ¿Hay Alguien en Casa? se intercalan, nuevamente, momentos más o menos amigables con letras que inspeccionan la sociedad que rodea a Martí Perarnau y, en definitiva, a todos nosotros. No obstante, la novedad llega conforme nos adentramos progresivamente en este trabajo y pasamos más y más horas dentro de esa habitación abandonada; nos damos cuenta de que Martí centra toda la acción en sí mismo y pasa de lo colectivo a lo individual para configurar su obra más personal hasta la fecha. ¿Os suena?

Esos momentos de confesión forman parte del tramo con un sonido más orgánico y conocido. Las atmósferas aireadas de “Nunca Pegarías a un Hombre Con Gafas” y “Ahí Te Quedas, Perarnau” (construida de manera similar a “Fue”) inician un proceso de introspección que intercala confesiones íntimas (“Buscaba una canción y encontré el dolor”) con letras más críticas (“Buscaba la paz, pero aún tiene el brazo levantado el constructor de pantanos”, “Ahora que lo malo parece normal”) para acabar con una asunción de derrota (“Siempre acabo mal”, “Todo me da igual”) que da paso a la ya mencionada “Soy un Aeropuerto”, la canción más personal e íntima de Perarnau:

“Soy un aeropuerto
Condenado a recibirte con los brazos abiertos
Soy un corazón muy viejo
Obligado a latir con cada nuevo tropiezo”

Perarnau abandona las cajas de ritmos, los sintetizadores azucarados y cualquier esencia pop para confeccionar una pieza en la que se entremezcla la propia persona y el colectivo, el mal de uno mismo y el mal de España. Martí y todos nosotros estamos obligados a avanzar cargando con el peso de los errores del pasado.

Liberación, crítica e intimismo

Martí habla de su liberación personal, así como de la de todos los colectivos oprimidos en una España cada vez más rancia y restrictiva. ¿Y cuál es la mejor forma de combatir todo eso? Bailar. Y esa es la razón por la cual Martí ha decidido realizar este nuevo capítulo de crítica social en clave de pop electrónico.

Estas reflexiones que decimos aparecen de forma más o menos amigable en Las Ventanas Se Encienden” y en “Sé Que Soy una Anomalía”, donde Martí esboza canciones de pop electrónico algo vitalista (ciertos instantes nos podrían recordar a las propuestas de Roosevelt o Cut Copy). Sin embargo, lejos de acabar con una nota amigable, Martí se guarda para el final un último golpe. En “Putochinomaricón” se asoma por la ventana y señala desde su posición a todos los posturetas, influencers, racistas, fascistas y xenófobos mientras los somete a la furia de la electrónica más clubber, house y queer posible.

¿Hay Alguien en Casa? es una crítica a todo que rodea a Martí Perarnau, pero también es una serie de reflexiones muy íntimas fruto de la maduración que ha experimentado desde la publicación del anterior Pidiendo en las Puertas del Infierno (2016). Martí habla de su liberación personal, así como de la de todos los colectivos oprimidos en una España cada vez más rancia y restrictiva. ¿Y cuál es la mejor forma de combatir todo eso? Bailar. Y esa es la razón por la cual Martí ha decidido realizar este nuevo capítulo de crítica social en clave de pop electrónico.

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