Canciones de nuestra vida (XXXVIII): Hola chata, ¿cómo estás?

Con el tiempo, 20 de abril del 90 se ha convertido en una fecha que todo español (y una parte importante de Sudamérica) identifica con Celtas Cortos, y que conforme se aleja en el tiempo refuerza una sensación de melancolía intensa, necesaria y agradable.



Es muy curioso lo sencillo que resulta identificar los factores que hacen que una canción pase a formar parte del acervo cultural popular de un país y, por el contrario, lo caprichoso y aleatorio que tiene el concurrir en dicha circunstancia. El chascarrillo y la verbena siempre han sido el principal caldo de cultivo de hits generacionales en España, aunque también la nostalgia ha jugado un papel importante a la hora de calar en una sociedad tan pasional como la nuestra.

No se puede decir que “Cuéntame un cuento” (1991) supusiese un punto de inflexión en la carrera de Celtas Cortos, puesto que el lanzamiento de ese tercer disco ya tuvo lugar cuando la banda ostentaba una posición privilegiada en cuanto a dimensión mediática, pero sí será recordado por contener dos de los temas más icónicos de la banda: la homónima al álbum “Cuéntame un cuento” y, sobre todo, “20 de Abril”.

Las canciones son, por su propia idiosincrasia, máquinas del tiempo; se escuchan en momentos concretos y se asocian a los recuerdos o sensaciones recogidos en aquel segmento temporal. Ese poder evocador del himno por antonomasia de la formación vallisoletana se intensifica gracias al factor de estar escrito en clave de carta, recurso habitual en el panorama musical patrio (“Querida Milagros” de El Último de La Fila, “Cartas de Amor” de Mikel Erentxun o “A Quien Corresponda” de Joan Manuel Serrat son algunos ejemplos). Con el tiempo, 20 de abril del 90 se ha convertido en una fecha que todo español (y una parte importante de Sudamérica) identifica con Celtas Cortos, y que conforme se aleja en el tiempo refuerza una sensación de melancolía intensa, necesaria y agradable.

Como todo elemento cultural que pasa a ser referente patrimonial, la historia ha suscitado debates y azuzado la creación de leyendas en torno a la identidad de la mujer a quien se dirige esta correspondencia, aunque Jesús Cifuentes, líder de Celtas Cortos, siempre ha mantenido que la historia que se narra no está basada en hechos reales.

28 años después, la banda ha sorprendido a todos publicando el videoclip oficial del tema, coincidiendo el estreno con la fecha que le da título y renovando el sonido con una nueva versión. El guion sitúa como eje a una mujer madura que recibe una carta cuyo contenido le transportará a un momento concreto de su infancia, donde aparece jugando con otros tres amigos en el bosque. Ese lugar no es otro que el monte de Estós en Huesca, paraje donde se encuentra la famosa Cabaña de Turmo que se menciona en la canción. El refugio, objeto de peregrinación para los fanáticos de la banda y nostálgicos varios, ejerce como punto de desenlace del videoclip, condensando la amistad de los protagonistas bajo su techo.

En los últimos compases de la canción aparece en escena Cifu, vocalista y autor de la letra, mezclando presente y pasado junto con el recurso de una brújula con la que juegan los niños durante la narración. El objeto cumple una función de conexión espacio-temporal cuando la mujer del principio la extrae del sobre al acabar de leer la carta, poniendo el broche a la versión visual de este clásico imperecedero.

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