Kevin Morby: «“Oh My God” es una respuesta a los acontecimientos caóticos del mundo»

Kevin Morby para a tomar aire y regresa a su Texas natal. Desde allí, rodeado de una olvidada normalidad, se ha sentado a observar el curso del mundo que habitamos, violento, envidioso, conservador, competitivo y cruel, y no ha podido sino exclamar “oh, dios mío”. Nos vamos a la mierda.



Tras un periplo por Norteamérica viviendo en las dos costas y girando por todo el mundo, encontrando su voz recluido en una habitación y exorcizando sus demonios on tour, Kevin Morby para a tomar aire y regresa a su Texas natal. Desde allí, rodeado de una olvidada normalidad, se ha sentado a observar el curso del mundo que habitamos, violento, envidioso, conservador, competitivo y cruel, y no ha podido sino exclamar “oh, dios mío”. Nos vamos a la mierda. El único motivo por el que un rockero, que ya ha consagrado su vida a saltarse las normas que aceptamos por morales, se pondría el traje de predicador para recordarnos todas las cosas bellas que nos quedan por salvar. Entrevistamos al Kevin Morby más espiritual…

¿Por qué decidiste, después de “Singing Saw” (2016) y de “City Music” (2017), hacer un disco conceptual sobre la religión?

En 2016 escribí una canción llamada “Beautiful Strangers” en la que incluía una frase que decía “oh my god”. La razón de incluir esa frase es porque parecía que cada vez que veía las noticias, el curso de los acontecimientos políticos, el racismo, la violencia… me veía a mí mismo diciendo “oh, dios mío”. Lo único que podía entender racionalmente de todo aquello era la cantidad de veces que decía esa frase en tan poco tiempo; era mi respuesta a las situaciones caóticas del mundo. Por eso la puse ahí, en la canción, y creo que el público reaccionó de alguna manera ante aquello. Se terminó convirtiendo en una especie de mantra para mí, empecé a incluirla en otras canciones mías y terminé dándome cuenta de que podía hacer un disco sólo con esas canciones. Con todo ese material empecé a darle rienda suelta a un pensamiento mucho más espiritual. Tratando de ver la religión como una forma de sentir, o de observar el mundo para la gente.

¿Qué ha significado la religión para ti, tanto ahora para escribir este disco como anteriormente?

Un poco lo mismo para los dos. Crecí en la América interior, un lugar bastante conservador, con mucha presencia de la religión, etc. La verdad es que yo no he sido practicante nunca, ni mi familia, pero sí es algo que he visto constantemente mientras crecía. Y que siempre me ha suscitado cierta fascinación. La forma en que la gente habla de ello, cómo lo vive, cómo va a la iglesia y se siente parte de algo superior a sí mismo. Me interesaba como podía hacerlo el salvaje oeste o los platillos volantes. Son cosas que la gente se toma realmente en serio, que tratan como si fuera absolutamente real y parte de sus vidas. La gente cree en demonios, cree en ángeles. Eso cala en la cultura y cala en el vocabulario, y todos finalmente terminamos interiorizando y adoptando esos conceptos, esas palabras y esas expresiones. Y eso es lo que verdaderamente me fascina. Soy fan de eso.

«La religión siempre me ha suscitado cierta fascinación, pero más como espectador»

¿Más como un espectador?

Exacto.

¿Y qué has aprendido de la experiencia de la religión en tu vida?

He vivido a dios y la espiritualidad en mis propios términos siempre, pero nunca me ha interesado organizarlo bajo una religión. No sé, desde una perspectiva más outsider, la religión parece tener muy buenas y muy malas capacidades o poderes. Ha provocado cosas buenas y cosas malas, pero si lo piensas bien la mayoría de los fundamentos que sustentan una verdadera religión son muy positivos. Ser buena persona y ayudar a los otros desinteresadamente… ya sabes. Pero no he aprendido mucho más de ella de lo que he podido desde mi posición de, como tú dijiste, espectador.

Después del viaje que suponía “City Music”, un reflejo de girar de costa a costa, ¿es quizás “Oh My God” un disco de asentamiento?

Es posible, sí. Pero de alguna manera sigue siendo muy transicional, así que quizá no es tanto un disco de asentamiento como un paréntesis para invocar la paz [un, en sus palabras, making-peace record].

¿Has encontrado algo que quizá creías haber perdido por el camino al volver al medio-oeste, a regresar a tus raíces?

Volver a vivir en el interior después de haber vivido en las dos costas te vuelve a rodear de ‘gente normal’. En la costa siempre estás rodeado de artistas, gente liberal… volver al interior te recuerda que hay mucha más gente ahí fuera de la que existe en tu burbuja.

Y en ese retorno… ¿va el disco al final sobre encontrar la luz, algún tipo de luz?

A ver, no necesariamente. Quizá sí un poco… Creo que el disco es… Bueno, sí, de hecho sí que es en cierta manera una búsqueda de ‘esa’ luz. Y de tratar de encontrarla tanto fuera como dentro de ti mismo.

Fotografía: Barrett Emke

¿Has encontrado esa luz?

Me gusta pensar que sí. También me gusta pensar que esa ‘luz’ es como una búsqueda de la conciencia. Algo que quizá nunca llegarás a alcanzar verdaderamente pero que te mantiene en pie. Detrás de algo, bregando.

¿Fe?

Encontrar el propio camino. Una especie de fe, sí. Esa luz que te guía, como quieras llamarlo.

¿Qué o quién es dios para ti?

La música es una de las cosas más espirituales que tenemos, y una prueba de que dios, de alguna manera, está en todas partes, en cada uno. Todos somos parte de algo que es superior, que está por encima, y con eso podemos entender que es necesario mantenerse en contacto con uno mismo y tratar de reconocer el lugar propio en ese todo superior. Intentar no dar nada por sentado y participar de una forma que pueda ayudar, ser amable con todo lo que te rodea.

¿Y cuáles son las posibilidades o el papel de ese ‘dios’ en un mundo como el que nos toca ahora, que es un mundo conservador, combativo, caótico…?

Es lo que te decía antes, las dos caras de la religión. Puede llevar a la gente a hacer cosas horribles… la gente mata en nombre de dios. Pero al final creo que eso es el reflejo de la humanidad en su estado más crudo. Los seres humanos necesitamos una razón superior para justificar nuestras humanidades. Las personas que quieren hacer el bien a veces necesitan razones para hacerlo, igual que las personas que quieren hacer el mal. Necesitan una excusa, un motivo. Algo quizá intangible con que justificar sus propios actos. En función de eso las personas le dan un nombre a sus emociones.

¿Crees que era necesario un disco tan espiritual en estos momentos?

Sí, claro. Como te decía, me había visto a mí mismo demasiadas veces diciendo la misma frase, “oh, dios mío”. Terminé haciéndolo todo de una forma muy natural y es de alguna manera lo que sentía que necesitaba verdaderamente expresar. Oh, dios mío. Es un concepto poderoso.

¿Y qué mensaje hay detrás de ese “Oh, dios mío”?

Todo. Ya te digo, tras esa apariencia exterior de mí viendo las noticias y diciendo que es una puta locura, todo lo que hay detrás de ello. Es que ves las noticias y [piensa, un buen rato, y balbucea tratando de encontrar una definición más o menos coherente, digo yo, del mundo que nos rodea. Imagino, como me pasa a mí y supongo que a muchos que estén leyendo, que no la encuentra]… no sé, es todo un caos. Todo ha perdido su inocencia, es como si el mundo ya no pudiera tenerse en pie en este momento.

«Los seres humanos necesitamos una razón superior para justificar nuestras humanidades, ya sea para bien o mal»

¿Qué es para ti lo ‘sagrado’?

En términos muy sencillos y muy simples, algo como ser amable, pensar en el otro, en esas cosas que nos hacen mejores. Tenemos muchísimas distracciones ahora, estas cosas, estos iPhones, estos ordenadores que nos apartan quizá de lo que es verdaderamente importante. Y es muy fácil caer atrapado en el ego, en la vanidad, en el egoísmo… Las cosas sagradas son en cierta manera las cosas más mecánicas del mundo [entendemos cosas mecánicas como esos mecanismos naturales e instintivos que tiene la naturaleza]. Tenemos que aprender a invocar verdaderamente lo sagrado, aprender a disfrutar de las cosas buenas, de las cosas simples, de todo eso que fluye de forma natural. La comida, un paseo, lo que sea. Creo que la música siempre termina siendo una de esas cosas sagradas que tiene el mundo.

¿Es posible que vea algo de instrumentación jazz en el disco?

Sí, es una forma musical que quería explorar un poco más y he sentido que este ha sido el momento de incidir quizá un poco más en ello. En parte porque el jazz comparte ese feeling conmovedor y espiritual que quería transmitir en este disco; supongo que ha sido importante para acercarme más esta vez.

Fotografía: Barrett Emke

Has puesto el piano como instrumento principal. ¿Alguna razón en especial?

Después de “City Music”, que era un disco más de guitarras, quería algo que sonara bien por ejemplo en una catedral, con arreglos de piano, órgano y poco más, tratando de ir a por todo el espacio. Ya venía trabajando más al piano desde aquel disco y ha sido un proceso muy natural.

Has trabajado con Sam Cohen otra vez. ¿Qué tal? ¿Qué buscabas?

Es un tío increíblemente talentoso, muy creativo y una persona maravillosa. Es muy bueno en el estudio, puede con casi cualquier instrumento y me complementa muy bien en esa faceta. Nada es lo suficientemente imposible con él.

¿Y de dónde viene la colaboración con Robin Pecknold en “Oh My God”, el tema titular del disco y que sirve como apertura?

Es muy buen amigo mío, de hecho su hermana es mi mánager. Sólo me lleva a mí y a Fleet Foxes. Cuando empecé a trabajar con ella hace como cinco años nos hicimos muy buenos amigos y de ahí viene todo. Sucedió de forma muy natural en este caso concreto. Paró por el estudio, se puso a cantar, grabamos las voces… poco más.

«Después de “City Music”, que era un disco más de guitarras, quería algo que sonara bien por ejemplo en una catedral, con arreglos de piano, órgano y poco más»

El rock and roll siempre se ha considerado ‘música del diablo’, pero a la vez encuentra algunos de sus pilares fundacionales en el soul o en el góspel, en géneros totalmente espirituales. Piensa, por ejemplo, en los Rolling Stones. ¿De dónde crees que viene esa especie de paradoja?

Hay algo, cuando te sientes como un bicho raro, cuando creces y te hacen sentir diferente a los demás, cuando tienes a todo el mundo dictándote unas reglas y unas formas de comportamiento con las que puedes no comulgar, que te empuja a una forma de rebeldía como puede ser el rock and roll. Es ‘música demoníaca’, pero para ti puede ser un refugio sagrado. Al final es otra perspectiva más para ver esa paradoja de lo ‘sagrado’, que realmente es algo subjetivo con que nombramos nuestras emociones.

¿Qué podemos esperar del tour europeo que se avecina?

Pues seremos yo y una trompeta. Voy a hacer shows con banda completa pero no aquí en Europa; aquí seremos yo al piano y a la guitarra y un trompetista. Quería representar este disco en dos facetas distintas, una más grande, con la banda, y otra que realmente es más cercana a lo que quiere transmitir el disco ya que muchas canciones están hechas solo conmigo y vientos. No quería renunciar a esa parte.

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