Yak

Yak –
Pursuit of Momentary Happiness

Oliver Burslem ha sabido convertir sus dramas e inquietudes vitales en canciones, moderando el sonido de Yak en favor del argumento. El resultado ha sido un disco bien estructurado y equilibrado que aporta contundentes episodios de adrenalina fuzz, encontrando espacio para la reflexión personal y forzando así al grupo a explorar otro tipo de tesituras. Un ejercicio de evolución del que sin duda han salido bien parados.


Cuando uno escucha a Yak por primera vez no se imagina que son británicos, al menos ese fue mi caso. Pese a tener similitudes con formaciones como Kasabian, Muse o IDLES, existe un componente de singular anarquía, una especie de pulsión que les aleja del arquetipo rockero de las islas. La asociación natural que se produce en los primeros escarceos es con Jack White, Ty Segall, King Gizzard & The Lizard Wizard o incluso The Black Keys; todos ellos dueños de una visceralidad que la banda de Oliver Burslem también ha decidido llevar por bandera, desligándose de la inconfundible costumbre anglosajona de cuadricular todo aquello que hacen.

El gran paso

El nuevo trabajo que ve la luz, y que dejó a Burslem prácticamente al borde de la mendicidad, destinando prácticamente todo su patrimonio al proyecto, tiene como objetivo dar el gran paso y afianzarse como una banda a tener en cuenta.

Alas Salvation” (2016) no dejó indiferente a nadie, desde ese inolvidable pisotón que es “Victorious (National Anthem)”, un inicio que aventuraba futuros directos grandiosos envueltos en ritmos frenéticos e insondables muros de sonido. Pese al intento de ceder algunos espacios a la calma, como quedó patente en “Roll Another” o “Please Don’t Wait For Me”, Yak nacieron como un grupo hecho por y para el sonido fuzz. La energía empapaba cada una de las canciones de este apasionado y apasionante primer álbum, pero en ocasiones esta se desbordaba, pudiendo llegar a saturar al oyente. Tras unos años de rodaje y en un recorrido que no ha sido fácil, el trío (relevo mediante: Andy Jones dejó su sitio a Vincent Davies en el bajo) regresa con “Pursuit of Momentary Happiness” (2019).

El nuevo trabajo que ve la luz, y que dejó a Burslem prácticamente al borde de la mendicidad, destinando prácticamente todo su patrimonio al proyecto, tiene como objetivo dar el gran paso y afianzarse como una banda a tener en cuenta, limando asperezas y buscando mayor empaque en el sonido sin perder esa naturaleza salvaje e impulsiva. El primer single, “White Male Carnivore”, no dejaba entrever el cambio que sin duda se produciría, pero que los siguientes dos adelantos evidenciaron.

Fotografía: Press

Un segundo álbum mucho más introspectivo y personal

Desde el principio se nos deja clara la angustia del protagonista, el malestar físico fruto del estrés derivado del día a día.

Como apertura del disco se sitúan estos dos últimos singles, cumpliendo a posteriori la función de introductoras tras servir de escaparate previo. “Bellyache” aparece entre soplos tribales y un marcado ritmo de percusión que pronto se funde con el inconfundible fraseo de Oliver. La guitarra en esta ocasión sirve para jugar con el tempo y la estructura de la canción, que encuentra su identidad en el resto de complementos. Desde el principio se nos deja clara la angustia del protagonista, el malestar físico fruto del estrés derivado del día a día. Su final relajado da lugar a un pasaje acústico, aparentemente grabado de forma casera, y que utilizando el apropiado lema “What you got is what you make it” como mecha lo revienta todo.

Fried” se erige como punta de lanza de «POMH”. La que con mucha probabilidad será una de las mejores canciones del año reúne por fin las mejores cualidades de Yak en un mismo tema. La contundencia y arrojo de la guitara y voz de Burslem encuentran cauce en una estructura que evita los rebases innecesarios. Como último detalle, la batería de Elliot Rawson redondea la canción controlando los cambios de intensidad y llevando todo el equipo hacia la catarsis final. Una verdadera joya que incendiará los conciertos de estos muchachos.

La dualidad enérgico-depresiva se traslada al sonido

En “Pursuit of Momentary Happiness”, el trío ha querido limar asperezas y buscar mayor empaque en el sonido sin perder esa naturaleza salvaje e impulsiva que caracteriza la propuesta de Yak.

Tras disparar todas las alarmas, el disco nos sumerge en una inesperada y extraña reflexión, escondida bajo el título que le da nombre. “Pursuit of Momentary Happiness” es una balada introspectiva que ahonda en la necesidad de encontrar sentido a una vida sostenida a base de entretenimientos vacuos. En la misma línea se sitúa “Words Fail Me”, otro medio tiempo que completa el mensaje anterior con la incapacidad de expresar los sentimientos, especialmente con las personas que más nos importan (tremendo y a la vez habitual problema).

Sin embargo, en “Blinded by the Lies” la banda retoma su rumbo habitual. Se trata de una ácida crítica a las expectativas que se crean ante la posibilidad de alcanzar el éxito y, consecuentemente, la fama. Mediante una instrumentación que nos cae encima como un chaparrón, se escupen reproches por una postura ante la vida equivocada y, a todas luces, autobiográfica.

Tras un interludio que divide el disco en dos, aparece “White Male Carnivore”, un primer adelanto del disco que no aventuraba lo más mínimo el resultado final. Desenvolviéndose en su faceta más cruda, la canción reflexiona sobre la figura del hombre blanco, sus privilegios y la coraza que a menudo se ha de fraguar (no siempre voluntariamente) en el mundo en que vivimos. “Pay off vs. the Struggle” es una lucha de equilibrios entre un objetivo que se desea alcanzar y las vicisitudes a soportar para alcanzarlo. Siendo consecuentes con el planteamiento de esta dualidad, el tema se desarrolla como una sucesión de ataques sonoros golpeándose entre sí, recreando así la lucha interna del individuo. Llegando al final de la historia, “Encore” emerge como un lamento resignado ante las relaciones agotadas. Pese al tono desfallecido, se trata de una canción de una belleza muy personal, honesta y auténtica.

Se advierte el esfuerzo por encauzar su singular anarquía

“This House Has No Living Room” sirve como resumen esencial del concepto del álbum, utilizando una casa como metáfora del alma de Burslem; un refugio donde guarnecerse de las inclemencias, pero cuyas finas paredes no evitan mostrar a los demás nuestra realidad individual, y donde no nos queda más remedio que vivir pese a la exposición, conformándonos con la aparente sensación de seguridad que aporta.

Layin’ It on the Line” es uno de los temas más interesantes del disco. Recordando desde los primeros compases a sus paisanos Kasabian, la canción va creciendo sobre un riff de guitarra y bajo que atrapa y convierte en un paseo sus más de cuatro minutos de duración. La intensidad se va a amontonando de forma que al final se palpa una necesidad irrefrenable de liberar toda la energía, creando una simbiosis con el ejercicio de sinceridad de Oliver a la hora de abordar sus poco ortodoxos métodos de subsistencia, fruto de vivir acorde a sus impulsos.

Como colofón nos encontramos con “This House Has No Living Room”, una extensa pieza de ocho minutos y medio de duración que cuenta con la colaboración estelar de J. Spaceman, líder de Spiritualized. La idea se fraguó en los estudios de éste último, donde se juntó y terminó de dar forma al disco. El tema podría estar firmado perfectamente por Jason Pierce y los suyos, con una estética muy característica, mezclando vientos y sintetizadores para crear la atmósfera adecuada. La canción sirve como resumen esencial del concepto de «POMH”, utilizando una casa como metáfora del alma de Burslem; un refugio donde guarnecerse de las inclemencias, pero cuyas finas paredes no evitan mostrar a los demás nuestra realidad individual, y donde no nos queda más remedio que vivir pese a la exposición, conformándonos con la aparente sensación de seguridad que aporta.

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