El legado de Scott Walker

Si algo puede destacarse de su trabajo y de su legado es la capacidad de reinventarse a través de un distanciamiento de los circuitos comerciales. Un amante del cine de Pasolini y de Ingmar Bergman está destinado a esforzarse por llegar más allá, por tocar una fibra más profunda del itinerario humano.



Una de las más dolorosas pérdidas de este año ha puesto fin al impredecible camino de un artista en continua evolución. Scott Walker falleció el pasado 22 de marzo de 2019 sin pena ni gloria, habiendo sido influencia confesa de artistas de la talla David Bowie y uno de los pocos artistas que se ha atrevido a renacer una y otra vez, proponiendo en cada una de sus etapas un legado más terrorífico y existencial. Sus primeros pasos con The Walker Brothers a mediados de los sesenta no podían preconizar su conversión al mundo esotérico, industrial, y su completo abandono de la estética comercial que le dio sus primeros éxitos.

Si algo puede destacarse de su trabajo y de su legado es precisamente eso, la capacidad de reinventarse a través de un distanciamiento de los circuitos comerciales. Aunque siempre se vio venir. Un amante del cine de Pasolini y de Ingmar Bergman está destinado a esforzarse por llegar más allá, por tocar una fibra más profunda del itinerario humano.

En el siguiente artículo vamos a intentar dar unas pinceladas de su obra a través de varias canciones que son imprescindibles para los amantes de su música y que, del mismo modo, pueden servir de introducción a aquellos que hayan pensado dar una oportunidad a sus clásicos pero también a sus extravagancias.

Fotografía: G. Wilkes (Getty Images)

1. “Jackie”

Aunque la singladura de Walker comienza con The Walker Brothers y en especial su éxito “The Sun Ain’t Gonna Shine (Anymore)”, la valía en la voz del cantante queda perfectamente reflejada en su posterior éxito en solitario, “Jackie”, incluido como apertura de Scott 2 en 1968, aunque la canción data de un año anterior. La autoría de la obra se debe al principal mentor de Walker, Jacques Brel, respetando la traducción al inglés de Mort Shuman, aunque la chanson original no tarda en ganar el carácter del pop tradicional estadounidense. Los arreglos para viento metal y cuerda acercan la música al Western, mientras que la letra, que fue censurada en numerosas ocasiones por las referencias al opio y a la ambigüedad sexual, abarca el tópico de la juventud perdida, pues si el protagonista estuviera acabado, hundido en el alcoholismo, o por el contrario rodeado de dinero o en el mismísimo paraíso, su esencia sería seguir cantando “Jackie”.

2. “Amsterdam”

Compuesta posteriormente a “Jackie”, pero por el contrario incluida en el trabajo anterior, Scott (1967), “Amsterdam” destaca como uno de los primeros atrevimientos del cantautor. Un marinero cuya desgracia mantiene paralelismos con el organillero del “Viaje de Invierno” del compositor Franz Schubert, rechazado y hundido, en sus manos sostiene el acordeón que le sirve de guía a través de una composición muy francesa, entreverada por melodías de carácter británico (en algunos momentos la línea recuerda a “Greensleeves”). Su originalidad y calidad hicieron que David Bowie no dudara en incluir su propia versión en Pin Ups.

3. “It’s Raining Today”

El comienzo de su tercer LP, Scott 3 (1969) tampoco tiene nada de convencional. La cuerda comienza generando una disonancia muy estridente, que se mantiene casi a lo largo de toda la canción. Por el contrario, la voz suave y cálida de Scott narra los recuerdos de una muchacha y la compañía perdida, que como él mismo remarcará, ha conducido a la pareja a encontrarse sin éxito en otras personas. Para el puente el sonido estridente de los violines se detiene, aumentando la intriga alrededor del argumento. La oscuridad está presente en todo momento, y contrasta con los temas de carácter más tradicional que contiene Scott 3, antesala de lo que muchas consideran la cumbre de la primera etapa del artista.

4. “The Seventh Seal”

El paso que acomete Walker al introducir la metafísica y el miedo a las preguntas fundamentales de la existencia resulta evidente en la primera composición del Scott 4 (1969), referencia directa a la obra maestra del cineasta Ingmar Bergman donde se reproduce la conocida escena del hombre que juega con la muerte al ajedrez en busca de una sencilla concesión de tiempo. La trompeta se abre paso marcando el ritmo de los caballos y el regusto a las bandas sonoras de Ennio Morricone (El bueno, el feo y el malo, Hasta que Llegó su Hora…) resulta evidente. A medida que la cabalgadura avanza, se añaden los coros y unos arreglos orquestales abundantes (pero no excesivos) empujan el carácter épico de la canción sin caer en la cursilería.

5. “Boy Child”

Igualmente incluida en Scott 4, “Boy Child” plantea una atmósfera interesantísima, compenetrada en el álbum pero con un tinte melancólico sumamente distinto. La juventud llega para derrocar al viejo, y sólo el amor puede salvarlo. El timbre de la guitarra, casi convertida en un sitar, se une a las cuerdas para formar una misteriosa y sobria reunión. A pesar de encontrarse en un lugar poco preferente dentro del álbum y de no ser uno de los temas más recorridos de Walker, éste lo consideraba uno de sus favoritos, llegando a titular de igual modo uno de sus recopilatorios de la primera etapa.

6. “The Old Man’s Back Again (Dedicated to the Neo-Stalinist Regime)”

El título completo de otro de los éxitos de Scott 4 habla ya por sí mismo. Las imágenes del desierto americano y el sol de los filmes de Sergio Leone se unen a la temática anti-autoritaria de la canción, que critica sin tapujos la invasión de Checoslovaquia por parte de los aliados integrados en el Pacto de Varsovia, y su posterior hundimiento en la miseria y la tiranía. El bajo y la voz de Scott comienzan despojados de los característicos arreglos, que no tardan en llegar en pos de un carácter épico y accesible. Cada vez que se repite el estribillo la intensidad aumenta hasta un apogeo final, en el que se dejan ver posibles referencias a La infancia de Iván de Andrei Tarkovsky, otro de los directores obsesionados con las capacidades de la mente humana y el más allá.

7. “The Electrician”

La transición al mundo experimental llevada a cabo por Scott durante los noventa y el nuevo siglo tuvo lugar unas décadas antes, con el regreso de The Walker Brothers y su LP Night Flights de 1978. En él se reúnen temas de toda índole y muchos de ellos de una calidad inferior a las canciones de los sesenta. Sin embargo, “The Electrician”, cuya mórbida temática aborda la tortura llevada a cabo por un agente de la CIA, se yergue como cumbre de la década para el artista. Como un híbrido del Bowie previo y de sus experimentos futuros (algunos momentos suenan al mismísimo Blackstar), la canción recorre aterradoras millas sobre las disonancias en la cuerda que ya anticiparan “It’s Raining Today”. John Walker se suma a la tesitura de Scott para sugerir una melodía de góspel, silenciosa, buscando la parte placentera del dolor.

8. “Farmer in the City”

La última etapa del cantante estuvo caracterizada por un claro avance hacia un mundo más trascendente, incluyendo experimentos sonoros en ocasiones de una gran belleza, como es el caso de su LP Tilt, publicado en 1995 e inaugurado por “Farmer in the City”. Dedicado al trágico asesinato a los cincuenta y tres años del director de cine italiano Pier Paolo Pasolini (como ya hicieran Coil en “Ostia (The Death of Pasolini)”), parte de la letra pertenece a un joven director quien a los quince años escribió un poema a su amante de veintiuno, Ninetto Davoli. La línea del bajo y el piano llenan la canción, que se purifica por medio de las cuerdas y una triste entonación del experimentado Scott, que suena casi como ANOHNI en sus primeros trabajos con Antony and the Johnsons.

9. “Tilt”

El corte que da nombre al disco no carece de experimentación. Una letra surrealista, introspectiva y envidiablemente perfilada se sumerge en la oscuridad del cantautor y propone una homogeneidad de estilo completamente nueva. El sonido industrial campa a sus anchas y un solo de guitarra distorsionado hará las delicias de los amantes de lo estrambótico. Los arreglos han desaparecido y en su lugar hay una reveladora desnudez.

10. “Cossacks Are”

Hasta el último momento, Scott Walker siguió evolucionando su sonido, y así lo demuestran sus dos últimas grandes piezas: The Drift y Bish Bosch; y su colaboración con el grupo de Drone Metal, Sun O))). Lanzado en el 2006, The Drift esconde varias joyas, como el caso de “Cossacks Are”, el primer corte. La caja toma el protagonismo en una composición oscura, similar al ambiente del álbum previo, pero resaltando la irregularidad y la convivencia de ritmos dispares. Esto sin evitar la colocación de arreglos y melodías dramáticas, que hacen de la introducción del álbum un apetente entrante para descubrir el mundo efímero, cerebral y misterioso de la última etapa del artista.

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