Nilüfer Yanya

Nilüfer Yanya –
Miss Universe

Más orientada al synth-pop y a un sonido más audaz pero también más accesible, Nilüfer Yanya le hace una finta a las expectativas con un disco rotundo, cohesionado, ecléctico y bien recortado que se adhiere a un concepto difuso pero que sirve para confirmar el debut más sólido en lo que llevamos de 2019.

Nominada al BBC Sound 2018 junto a una pléyade de incipientes estrellas como Sigrid, que finalmente resultó vencedora, Billie Eilish, Jade Bird, Khalid, Lewis Capaldi o Rex Orange County, la británica de ascendencia turco-barbadense Nilüfer Yanya podía presumir de una de las personalidades más peculiares de la lista de finalistas, además de algunos de los mejores sencillos, de los más auténticos. Su ascenso fue sólido, demostrando desde el principio tener las cosas claras y llamando la atención con mucha seriedad desde finales de 2017 gracias a un estilo que servía para sumarse a su modo a la oleada de músicos empeñados en la renovación, no sólo conceptual sino (y sobre todo) de espíritu en el indie de guitarras británico. A la altura de Yellow Days y King Krule, con quienes comparte la defensa de la guitarra como medio de expresión y la inclusión del jazz, del soul y de ritmos casi hip-hop como faros estilísticos.

Pero en su ambiciosa paleta cabían también aires internacionales, mezclas de sabores inusuales y vibes de calma, de un romanticismo soleado, mientras se intuía por otro lado un muro de gravedad y épica sonora, una preciosa melancolía, lamentos eternos y etéreos. A Daughter o a The xx, por ejemplo, remite en “Small Crimes”, su primer EP de 2016, a esas progresiones escarchadas de guitarra y esas mareas cambiantes en la intensidad.

Nada de eso se pierde en su debut, “Miss Universe” (ATO Records/[PIAS], 2019), y sin embargo la artista le tira una finta a lo que podríamos esperar y ofrece un disco mucho más enfocado al synth-pop, producido en parte por John Congleton y el que fuera su profesor de guitarra Dave Okumu (de The Invisible) y en el que podemos encontrar todas las referencias anteriores y otras nuevas, más electrónicas incluso, dentro de un discurso cohesionado del que en última instancia emerge una voz personalísima.

Una finta a las expectativas en dos pasos

“Miss Universe” se estructura en torno a un concepto: un programa de recuperación personal, el “WWAY HEALTH™”, que se desarrolla a través de una especie de línea caliente conducida por la voz de la propia Yanya (la ficticia Miss Universe que da título al largo) y que a lo largo de los interludios va dando continuidad al disco, atravesando las distintas fases del proceso y sirviendo de paso para estructurar de algún modo el discurso en bloques temáticos de unas dos o tres canciones.

Y es que finalmente hay dos grandes diferencias respecto a lo que podríamos esperar de este primer ejercicio. La primera y la más evidente es que el jazz que podríamos etiquetar como elemento definitorio en el rock de guitarras de Nilüfer Yanya ha quedado relegado a un plano más ambiental, más de marco referencial, y que finalmente “Miss Universe” es un trabajo mucho más ecléctico que se quita con elegancia de en medio las etiquetas y que se puede relacionar, como apuntábamos antes, más con el pop sintético, con el indie-rock alternativo y con propuestas de calado más amplio. Buscando conquistar más oyentes, sí, pero sin renunciar a su fuerte personalidad y a su estilo, que aunque desdibujado parece cobrar más enjundia en el que seguramente sea el debut más sólido y cumplidor de lo que llevamos de 2019.

Y la segunda es que el disco se ha pensado desde el principio, queriendo poner tierra de por medio con los EPs previos (en los que encontramos grandes temas que nos hicieron poner la vista fijamente en ella, como “Keep on Calling”, “The Florist”, “Baby Luv” o “Thanks 4 Nothing”) y estructurándose, aunque es cierto que de forma algo vaga, en torno a un concepto: un programa de recuperación personal, el “WWAY HEALTH™”, que se desarrolla a través de una especie de línea caliente conducida por la voz de la propia Yanya (la ficticia Miss Universe, entendemos, que da título al largo) y que a lo largo de los interludios va dando continuidad al disco, atravesando las distintas fases del proceso y sirviendo de paso para estructurar de algún modo el discurso en bloques temáticos de unas dos o tres canciones.

Fotografía: Hollie Fernando

Fase 1: “Nos preocupamos por ti”

La primera fase sirve como forma de presentación, definiéndose como un programa para ayudar a gente que se siente sola, que tiene paranoias, que busca constantemente el reconocimiento de los demás, que no se siente a gusto a la vista de los demás. En ella tienen cabida las canciones más enérgicas del disco, esas en las que más protagonismo tienen las guitarras y que más se acercan a los parámetros más clásicos del indie-rock británico.

La primera fase sirve como forma de presentación, definiéndose como un programa para ayudar a gente que se siente sola, que tiene paranoias, que busca constantemente el reconocimiento de los demás, que no se siente a gusto a la vista de los demás. “We care for you…”. En ella tienen cabida las canciones más enérgicas del disco, esas en las que más protagonismo tienen las guitarras y que más se acercan a los parámetros más clásicos del indie-rock británico, siempre aportando ese engole vocal como elemento distintivo y dejándose llevar por un estado de nerviosismo perpetuo que estimula y agita las canciones y las hace llegar siempre a secciones explosivas, significando quizá todas esas angustias y tribulaciones que tenemos en nuestras cabezas, como bien ejemplifica esa “In Your Head” que ya se había adelantado como sencillo y que arranca con contundencia “Miss Universe”, aportando también esos bajos gravísimos heredados del UK garage que van a estar siempre sutilmente presentes en él.

En “Paralysed” se acerca a un ritmo más latino para hablar del miedo a estancarnos, a no ser capaces de salir adelante y quedarnos atrapados en memorias o momentos malos, y con “Angels” vuelve a la intensidad indie-rock para hablar de empoderarse en las relaciones sentimentales.

Fase 2: Miedo a sufrir, miedo al amor

La artista le tira una finta a lo que podríamos esperar y ofrece un disco mucho más enfocado al synth-pop, producido en parte por John Congleton y el que fuera su profesor de guitarra Dave Okumu (de The Invisible) y en el que podemos encontrar todas las referencias anteriores y otras nuevas, más electrónicas incluso, dentro de un discurso cohesionado del que en última instancia emerge una voz personalísima.

Experience?” abre la segunda fase del tratamiento, un escenario ficticio en el que el participante experimenta el paraíso, que está representado en la siguiente canción, “Paradise”. Un tema que continúa la línea de los anteriores, con su estallido guitarrero final y con su reflexión sobre la inseguridad, y en el que Nilüfer afronta esa dualidad:

En el paraíso, estoy aterrorizada
Por lo que podríamos encontrar, por lo que encontremos…
Todo depende”

Pero que ya empieza a aportar más claramente una pátina sintética, un no-sé-qué a Fleetwood Mac y todos sus herederos sonoros, y que tiene que ver más con el groove pop que con el indie-rock de trazas jazz en la que podíamos haberla encasillado desde un principio, en la línea de la primera gran diferencia que reconocíamos al principio.

Queda claro, clarísimo, en la canción post-ruptura “Baby Blu”, un experimento dentro de la coherencia general del trabajo que se incendia con un pulso disco y que se fundamenta en un bombo a negras machacón y en una elegante coral progresiva que recuerda a Florence + The Machine y que es espoleada por sampleos y latigazos de electrónica en la línea de las producciones de Jamie xx.

Fase 3: Altas temperaturas

El jazz que podríamos etiquetar como elemento definitorio en el rock de guitarras de Nilüfer Yanya ha quedado relegado a un plano más ambiental, más de marco referencial. Además, “Miss Universe” es un trabajo mucho más ecléctico que se quita con elegancia de en medio las etiquetas y que se puede relacionar más con el pop sintético, con el indie-rock alternativo y con propuestas de calado más amplio.

Warning” sirve como aviso de entrada en la tercera fase, una en la que se experimentará en un aumento de la temperatura, bien representado en la caja de ritmos, a hi-hat seco y frenético, casi motóriko, que sustenta “Heat Rises”, un tema que ofrece una versión menos histriónica de lo que pueden hacer Future Islands.

Es esta una parte más positiva del disco, significando la primera vez que Nilüfer se permite algo parecido a dejarse llevar por el amor. Un tema que se mantiene, junto a la caja de ritmos y el ánimo más sintético (y aunque este regrese más a esos terrenos de vibes latinos, a los aires jazzy gracias a las trompetas), en “Melt”, uno de los cortes más soleados del disco.

Fase 4: El miedo a dejarse llevar

Si acaso hubiera respuestas o soluciones para cada uno de los problemas y ansiedades que repasa Nilüfer Yanya en todo el trabajo, lo cierto es que da la sensación de que ella misma aún está en su búsqueda.

En el interludio ““Sparkle” GOD HELP ME” se pregunta al oyente qué ha sentido de esta última fase, la del calor que se relaciona simbólicamente con la experiencia del amor, siendo la respuesta uno de esos aullidos generacionales que tanto ahogan a una generación nihilista que ha visto cómo los ídolos caían sin posibilidad de renovación y cómo los valores se desmoronaban: “No siento nada”. Así que, naturalmente, “Safety Net” ofrece de nuevo una visión de la relación amorosa pero desde el miedo a la inseguridad en una relación, a dar de uno mismo y mostrarse vulnerable frente al otro, pero también del miedo a no ser lo suficientemente bueno para la otra persona:

I’ll never be a safety net
It doesn’t matter what you get, go
So go on and place a bet
I’ll never be a winner, babe, I know”

En la siguiente, “Tears”, los complejos se liberan dejando el tema más directo del disco (el que sirvió además para presentarlo oficialmente) y en el que también se disfruta del nerviosismo de dejarse llevar y caer enamorado a lomos de un beat ochentero y un estribillo irresistible, y ese cierto momento de reconocimiento personal se mantiene vívido en “Monsters Under the Bed”, una canción que Yanya compuso con 14 o 15 años y que mantiene el pulso original de balada melancólica a la guitarra pero que para este “Miss Universe” se redondea con un subidón muy à la Daughter, entre guitarras correosas y encharcadas en reverb y un bombo ampuloso y atemperado.

La guitarra mantiene el lugar protagonista en la minimalista “The Unordained”, de discurso ambiguo y no sabemos si refiriéndose a una forma de no encontrarse a gusto con uno mismo (“I can’t look at you, standing there / All your problems solved, while it’s getting cold” o “Can’t recognize, I can’t look at me / ‘Cause it brings me down when you hang around”). Y una pieza que demuestra también lo bien que se desenvuelve la inglesa de ascendencia turco-barbadense en revoluciones más bajas para apuntalar un gran disco.

Fase 5: No hay respuesta al otro lado del hilo

Hay cosas que conviene no llevar más lejos; hay cosas que mejor quemar al momento, cualquier noche, y quedarse a ver cómo arden, y que la poca luz que desprenden se difumine en el pozo oscuro de la pupila.

Si acaso hubiera respuestas o soluciones para cada uno de los problemas y ansiedades que repasa Yanya en todo el trabajo, lo cierto es que da la sensación de que ella misma aún está en su búsqueda, pues el proceso, el programa, la aplicación (o como queramos llamarlo) se rompe en el último interludio, “Give up Function”. Estás listo para la fase 2, o eso crees… “Siéntete mejor y probablemente vivirás más”. Pero “la función seleccionada ya no existe”.

La única respuesta que se permite dar Nilüfer es la contenida en el anti-single “Heavyweight Champion of the Year”, colofón sorprendente para el trabajo: Hay cosas que conviene no llevar más lejos; hay cosas que mejor quemar al momento, cualquier noche, y quedarse a ver cómo arden, y que la poca luz que desprenden se difumine en el pozo oscuro de la pupila. La respuesta es un grito con su voz engolada en el que Yanya se esfuerza en forzar sus propios límites, recordando a la fallecida Dolores O’Riordan, y consiguiendo por tanto un logrado espíritu de abatimiento. Como si se recostase en la barra del bar de la esquina mientras llueve a mares fuera y dejase ir todos sus problemas en un vaso de ginebra. Como si pudiese estar, por un segundo, a salvo en algún lugar remoto de la mente.

This is the bar I’m waiting
This is the bar I’m staying
This is the bar where I don’t want no one else
Don’t want no one
Don’t want anyone”

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