Wallows

Wallows –
Nothing Happens

“Nothing Happens” tiene todo lo que se puede esperar del debut de una joven banda: energía, vitalidad, frescura y estribillos contagiosos. Pese a un inicio algo predecible, es un álbum que trata de sorprender constantemente, con muchos detalles y texturas a nivel musical y lírico. Obviamente, les falta depurar su sonido, pero Wallows son algo más que una promesa y este álbum no es algo meramente pasajero.


Es bastante común entre los artistas probar suerte en disciplinas culturales que están fuera de su ámbito de actuación. Véase actores o actrices que combinan su inquietud por la interpretación con el mundo de la música, o viceversa. En algunos casos este desdoblamiento de personalidad resulta exitoso, pero en otros lamentablemente la iniciativa es infructuosa.

Afortunadamente, al actor Dylan Minnette la jugada le ha salido bien.

En la ficción, Minnette interpreta al atormentado adolescente Clay Jensen en la aclamada serie de Netflix “13 Reasons Why”, pero en la vida real se cuelga la guitarra dejando al descubierto su particular aventura musical como miembro de la formación californiana Wallows.

La banda compuesta por Dylan Minnette (voz, guitarra y teclados), Braeden Lemasters (voz, guitarra y bajo) y Cole Preston (batería) ha lanzado varios singles y un EP («Spring”, 2018) en los últimos años. Dicho esto, si navegamos a través de su discografía nos daremos cuenta rápidamente de que el estilo de Wallows es algo difícil de precisar. Aunque lo fundamental aquí es un indie-rock coloquial, informal y de ritmos calurosos, la banda pilota con soltura más registros.

Una propuesta jovial y accesible con retazos extravagantes

Aunque lo fundamental aquí es un indie-rock coloquial, informal y de ritmos calurosos, la banda pilota con soltura más registros. En su primer larga duración, titulado “Nothing Happens”, Wallows han ido varios pasos más allá de su material anterior envolviendo su estilo con una producción más experimental y cargada de gran cantidad de matices.

Hasta ahora, los chicos de Wallows se habían mostrado como una banda capaz de desplegar eso a lo que en el nuevo siglo hemos llamado indie de manera jovial y accesible, ofreciendo algunas versiones extravagantes del género. Sin embargo, en su primer larga duración, titulado “Nothing Happens”, han ido varios pasos más allá de su material anterior envolviendo su estilo con una producción más experimental y cargada de gran cantidad de matices.

La voz principal, compartida entre Dylan Minette y Braeden Lemasters, se une a los coros del batería Cole Preston para entonar letras juveniles sobre melodías potencialmente tarareables acompañadas de ritmos alegres y bailables. Al fin y al cabo, la definición perfecta de una noche ruidosa con amigos o un vibrante concierto.

Fotografía: Alexis Jade Gross

Naturaleza juvenil y caótica, pero sensación de madurez

En su primer álbum de estudio, Wallows logran capturar la misma naturaleza juvenil y caótica de sus anteriores singles, pero se aprecia una sensación de madurez. Mientras que algunas canciones están cargadas de contundencia propiamente punk con un pesado ritmo de pedal, otras se tiñen de ambientes más profundos e intimistas.

Como cabría esperar, “Nothing Happens” arranca como un auténtico vendaval con “Only Friend”, una acelerada pieza empapada de riffs guitarreros y arreglos rítmicos en la senda de The War on Drugs que sirven como sustento para unos sintetizadores que bien podríamos alinear con el post-punk más ochentero. A nivel lírico la canción aborda temáticas como la soledad y la pérdida, reforzando aún más el concepto de inspiración en el post-punk.

Seguidamente, aparece “Treacherous Doctor”. Este tema trata de engañarnos con un animado ritmo empujado por la guitarra y el sintetizador, lo cual contrasta con la oscuridad y el pesimismo que desprende su letra.

Tras la vibrante apertura, el álbum reduce la marcha con “Sidelines, una romántica canción de indie-pop canónico llena de sedosos teclados que se apoyan en un sutil riff de guitarra inspirado –según la banda– en el sonido del álbum “Flower Boy” del rapero Tyler, the Creator. “Sidelines” da paso a la colaboración de Wallows con la cantante Clairo en “Are You Bored Yet?”, un medio tiempo meloso donde se acentúa la vertiente más electro-pop de la banda.

En “Scrawny”, el trío pisa nuevamente el acelerador. Esta quinta pista de “Nothing Happens” se presenta como un sucedáneo rítmico de los primeros Strokes, con unos acordes monótonos de guitarra típicamente Albert Hammond Jr. que trazan una melodía capaz de aportar un momento de alegría y despreocupación dentro del conjunto de temas del álbum, en su mayoría mucho más melodramáticos. Musicalmente, quizás sea la canción más estándar de la colección.

Envolviendo su estilo con una producción aparentemente experimental

Tras el primer tramo de álbum, observamos que Wallows se sienten cómodos en un estilo que podríamos denominar como indie pop-rock de base. No obstante, hay un sentido de exploración en la composición que se muestra mayoritariamente en la segunda parte de “Nothing Happens”.

A partir de este momento, el disco comenzará a moverse por derroteros más experimentales y la banda se atreve con nuevos sonidos y arreglos bastante diferentes. Lo vemos de primera mano en “Ice Cold Pool”, donde adquieren protagonismo vientos, órganos y sintetizadores para crear un paisaje sonoro cercano a Vampire Weekend y Foster the People con una letra que reflexiona sobre la transición de la adolescencia a la edad adulta.

A continuación, en la balada “Worlds Apart” las voces combinadas de Minette y Lemasters brillan por encima de teclados y una batería que rompe al final en un estallido frenético a modo de puente para enlazar con “What You Like”, tema en el que la percusión cabalga entre un mar de sintetizadores al más puro estilo Arcade Fire hasta el repentino estruendo de la guitarra.

Cualquiera de las canciones de este “Nothing Happens” contiene referencias sonoras a otras bandas de la escena independiente de la última década, aunque todo funciona bien como parte de una experiencia sonora global. Junto a esto, un sentimiento constantemente explosivo en muchos de los coros y estribillos provoca una adicción a la música de Wallows que realmente ayuda en las sucesivas escuchas.

Enfilando la sección final del álbum, cabe destacar que, ciertamente, no podíamos anticipar de ningún modo cómo iba a acabar todo. Dylan Minnette y compañía nos devuelven a las melodías pegadizas y sencillas con la eufórica “Remember When”, en la cual el elemento predominante no es otro que un potente riff de bajo que remite directamente a Joy Division.

El último aliento se produce con el frenesí guitarrero de “I’m Full” y la genial maniobra para concluir de “Do Not Wait”, una larga y sinuosa sinfonía de arreglos electrónicos, guitarras, trompetas y coros que envuelven a Dylan Minette mientras recita una letra introspectiva que encapsula la temática global del álbum (capturar el viaje de la banda hacia la edad adulta). Una manera más que sublime de cerrar su ópera prima.

En el buen camino para encontrar su estilo

La mejor baza de “Nothing Happens” es que las canciones fluyen de manera natural: el álbum rompe de inicio con un ritmo arrollador y gradualmente va bajando las revoluciones, permitiendo aparentemente que Wallows encuentren equilibrio en la navegación por las inquietudes características de un debut. Estamos ante un disco absolutamente intenso, crudo y lleno de emociones conflictivas, motivos e imágenes subyacentes.

La mejor baza de este “Nothing Happens” es que las canciones fluyen de manera natural: el álbum rompe de inicio con un ritmo arrollador y gradualmente va bajando las revoluciones, permitiendo aparentemente que Wallows encuentren equilibrio en la navegación por las inquietudes características de un LP debut.

Es un disco absolutamente intenso, crudo y lleno de emociones conflictivas, motivos e imágenes subyacentes. Todo es confuso y comprensible al mismo tiempo, y esto hace que se perciba como auténtica música indie-pop (sea lo que sea) que sacude tu ser.

Otro punto fuerte es, sin duda, su fino detalle en la producción al que nos referíamos antes y que Wallows utilizan como una herramienta para dinamizar cada canción.

En definitiva, la sensación con la que nos quedamos al final es que, para labrarse un futuro en la industria, a buen seguro van a luchar por ampliar sus horizontes musicales y ver realmente lo que pueden dar de sí como banda. Dylan Minette y compañía van muy en serio.

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