Pond

Pond –
Tasmania

Pond cierran su capítulo más ambicioso con “Tasmania”, una continuación de aquel “The Weather” (2017) en la que el carácter social sigue tan vigente que acaba repercutiendo negativamente en unas canciones algo faltas del gancho y la frescura que tenía su álbum anterior, dejando algunos temas muy destacables pero un conjunto bastante desequilibrado.

Segundas partes nunca fueron buenas, dicen. Cuando entrevistamos a Pond hace un tiempo con motivo de la publicación de “The Weather” (2017), nos revelaron que ya tenían su siguiente disco prácticamente terminado. Lo que entonces no sabíamos es que “Tasmania”, su nuevo trabajo, iba a ser una continuación del anterior. Aquel mencionado “The Weather” gustó mucho a un servidor que, sin haber sido nunca un gran fanático de la banda australiana, encontró un disco bastante maduro y sobre todo fresco.

Disco is the new psychedelia

El grupo de Nicholas Allbrook tenía en mente algo más para este álbum: sacar a la gente a bailar, algo muy palpable a lo largo de todo un trabajo que consigue mantener mayor unidad en cuanto al sonido pero que, en cambio, pierde la parte conceptual que caracterizó a “The Weather” (2017).

Las similitudes entre esta segunda parte y su hermano mayor son diversas, destacando principalmente el contenido político (centrado una vez más en Australia) y, por otro lado, la producción de Kevin Parker. Pero el grupo de Nicholas Allbrook tenía en mente algo más para este álbum: sacar a la gente a bailar, algo muy palpable a lo largo de todo un trabajo que consigue mantener mayor unidad en cuanto al sonido pero que, en cambio, pierde la parte conceptual que caracterizó a “The Weather”.

Ya sea por casualidad o por cosas del destino, “Tasmania” tiene un sonido más cercano a la música disco que a la psicodelia en sí, al igual que el nuevo single que lanzaban Tame Impala recientemente. Sin perder tampoco el carácter psicodélico de sus álbumes anteriores, Pond se muestran bastante alejados de la locura jam de discos como “Man, It Feels Like Space Again” (2015) o “Beard, Wives, Denim” (2012), dando cada vez más protagonismo a los sintetizadores y, en general, tratando de buscar nuevas atmósferas y alternativas a las guitarras.

Fotografía: Pooneh Ghana

Algunos buenos momentos y otros a medio gas

Sin perder tampoco el carácter psicodélico de sus álbumes anteriores, Pond se muestran bastante alejados de la locura jam de discos como “Man, It Feels Like Space Again” (2015) o “Beard, Wives, Denim” (2012), dando cada vez más protagonismo a los sintetizadores y, en general, tratando de buscar nuevas atmósferas y alternativas a las guitarras.

El problema está en que esa premisa de juntar lo bailable con lo político acaba por no cuajar demasiado bien y se queda simplemente en buenas intenciones. Es innegable que “Tasmania” tiene instantes brillantes y canciones muy divertidas, como esa “Daisy” que abre el álbum y que es puro pop ochentero con unos arreglos orquestales que le sientan estupendamente, pero también tiene otros bastante poco inspirados y con un resultado algo pobre al echar en falta eso que precisamente en “Daisy” manejan muy bien: la dinámica y el equilibrio.

Hay muchos momentos en el álbum que se sienten bastante vacíos. Varias canciones dan la sensación de estar cocinándose a fuego lento o creciendo poco a poco para estallar, pero finalmente no lo hacen. Y es una pena porque esa sensación de quedarse a medias con un tema se repite más de lo que me gustaría a lo largo del trabajo. Creo que Pond tienen la capacidad de mantener su carácter alocado con temáticas y canciones más maduras como demostraron en “The Weather”, pero aquí fallan en más de una ocasión al dar más importancia a lo segundo y olvidarse un poco de la diversión y del groove, algo que nunca pensamos que podría faltarles.

Me gustan los finales de las canciones, las jams y los solos de “Tasmania”, “Hand Mouth Dancer” y el cierre fatalista de “Doctor’s In” en contraposición al buenrollismo con el que cerraba “The Weather”, y me encanta “Burnt Out Star” con ese sonido espacial heredado de sus producciones anteriores y la locura desatada del outro (es probablemente el único corte en el que consiguen crear una atmósfera sugestiva y melodiosa con un posterior contraste equilibrado entre la calma y la tormenta). Pero más allá de estas y de la funky “Sixteen Days”, me cuesta engancharme y encontrar motivos para volver a escuchar el álbum de principio a fin.

Muy por debajo de su hermano mayor

Hay muchos momentos en el álbum que se sienten bastante vacíos. Varias canciones dan la sensación de estar cocinándose a fuego lento o creciendo poco a poco para estallar, pero finalmente no lo hacen. Pond tienen la capacidad de mantener su carácter alocado con temáticas y canciones más maduras como demostraron en “The Weather”, pero aquí fallan al dar más importancia a lo segundo y olvidarse de la diversión y del groove.

No sé si es que el rollo R&B de “The Boys Are Killing Me” y los medios tempos de piezas como “Goodnight, P.C.C.” o “Selené” no les pegan o que hay demasiados, pero son canciones que, lejos de darme motivos para bailar, me inducen bajona cuando las escucho, especialmente esa “Shame” que falla estrepitosamente en la melodía y te saca del disco completamente a pesar de su original propuesta.

Al final, con “Tasmania” tengo la sensación de estar dando muchas oportunidades a un disco que, si no estuviera firmado por quien está firmado, probablemente no volvería a escuchar salvo por algún tema suelto. Y la verdad es que es una pena viniendo de un grupo que, sin tener ninguna obra maestra, para mí tan sólo contaba con una mancha en su historial (aquel “Hobo Rocket” de 2013). Como ya he dicho, no todo es insalvable, hay canciones y momentos suficientes como para hacer que este álbum esté fuera del horror, pero la verdad es que el hecho de que los malos momentos pesen tanto y que en general esté bastante por debajo del anterior hace que acabe dando más motivos para dar la razón a la frase con la que abríamos este texto.

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