Leiva

Leiva –
Nuclear

Leiva vuelve a las andadas con sus canciones llenas de estribillos pegadizos, perfección melódica, producción impecable y letras que, en esta ocasión, suenan un poco menos a lo mismo de siempre. Puede que a muchos les resulte más de lo mismo, pero si cruzamos esa barrera y le damos una oportunidad, encontraremos joyas como “Lobos”, “Expertos”, “Maniobras Suicidas” o la balada sabinera de “Costa de Oaxaca”. Un artista que ya no tiene nada que demostrar, pero que sigue creciendo álbum tras álbum.


Leiva nos prometió, a mí y a todas vosotras, que se había acabado el calvario. Después de «Monstruos, cerraba una trilogía (iniciada con el gran «Diciembre” en 2012 y continuada con el mediocre «Pólvora de 2014) y se abría ante él un nuevo camino. Iba a cambiar de rumbo y su próximo disco, en palabras de Iván Ferreiro, iba a ser el mejor que había hecho hasta la fecha. Esto forma parte de las tres mentiras que siempre dicen los músicos. Que la última canción que han compuesto es la mejor, que el último disco es el más maduro, y la tercera no sé qué de que ellos avisan.

Abriendo una nueva etapa

El artista madrileño regresa con una colección de doce temas que nacen desde ese concepto que tanto le gusta: lo vulnerable del ser humano. En este caso, él mismo. Ya ha comentado en muchas entrevistas que le encantaría tener la pluma de Sabina para crear personajes de la nada, pero que él siempre se ve obligado a recurrir a sus historias cotidianas para escribir canciones. Es su manera de desahogarse.

Ahora, con «Nuclear”, el artista madrileño regresa con una colección de doce temas que nacen desde ese concepto que tanto le gusta: lo vulnerable del ser humano. En este caso, él mismo. Ya ha comentado en muchas entrevistas que le encantaría tener la pluma de Sabina para crear personajes de la nada, pero que él siempre se ve obligado a recurrir a sus historias cotidianas para escribir canciones. Es su manera de desahogarse. Y en este nuevo trabajo encontramos esas canciones tan personales y, como siempre, una producción de alto nivel.

Fotografía: Press

Una colección de grandes estribillos y canciones disfrutables

Leiva regresa con doce canciones llenas de estribillos pegadizos, perfección melódica, producción impecable y letras que, en esta ocasión, suenan un poco menos a lo mismo de siempre.

Así que sólo por eso merece la pena darle una nueva oportunidad a este músico que se ha ganado nuestro respeto con el paso de los años. El prometedor inicio con “Expertos” nos hace pensar que ese cambio del que hablamos puede ser real. Una canción con muchos recovecos en la que lo mismo hay parte de esa melancólica canción de autor de Quique González que guitarras beatlelianas hacia la parte del puente. Y sigue con una disfrutable “Superpoderes”, donde la letra dibuja una bonita historia de amor-desamor que crece sobre todo en su estribillo.

Continuamos con “No Te Preocupes por Mí”, uno de esos temas que tan bien se le dan a Leiva en los últimos años aunque, en mi opinión, la mejor parte ocurre en los diez primeros segundos. Aquellos que se mostraron en el tráiler de la canción. El resto incide en los mismos mitos románticos y problemas de Leiva. Eso sí, no se le puede negar que es uno de los artistas que mejores estribillos construye en este país. Si Sabina se quejaba de que “para ser comercial” a sus “cuarenta y diez” le faltaba “un buen estribillo”, a Leiva parece que le sobran. Da igual lo que cante, los estribillos son casi siempre perfectos y generalmente siguen con un puente que aporta oxígeno a la canción. Supongo que de eso se trata el pop.

Para muestra, “Maniobras Suicidas”. Un inicio con una guitarra tenue que va brillando progresivamente hasta ese cambio que los productores de Hollywood no quieren que conozcas, pero que llaman internamente el ‘intervalo del dinero’. Eso que hace al oyente mojar los pantalones cuando lo está escuchando. Seguidamente, continúa con un estribillo de los que se pegan (¿cuántas veces habremos escuchado un “nada es para siempre” en la historia de la música?) y un puente a la altura de la composición, con un piano y unas guitarras que remiten a George Harrison.

Mucho pop y poco rock and roll

No sólo de pop vive Leiva. Y es que algunos seguimos creyendo que en algún momento volverá a hacer rock and roll, aunque él diga que ya lo hace. La realidad es que cuando se pone a darle ‘duro’ la cosa pinta muy, pero que muy bien. Tanto que “Lobos” es, sin duda alguna, el tema más interesante del álbum con un imponente riff inicial que recuerda por igual a Jack White y a los Black Keys.

Pero no sólo de pop vive Leiva. Y es que algunos seguimos creyendo que en algún momento volverá a hacer rock and roll puro, aunque él diga que ya lo hace (y Jota de Los Planetas asegure que el flamenco es un palo de este género). Ya. La realidad es que cuando se pone a darle ‘duro’ la cosa pinta muy, pero que muy bien. Tanto que “Lobos” es, sin duda alguna, el tema más interesante del álbum. El imponente riff inicial que recuerda por igual a Jack White y a los Black Keys. La batería hipervitaminada de Niño Bruno. Una historia que sigue incidiendo en aquel desengaño que tuvo con un mánager que le estafó. Imaginemos por un momento un disco con doce canciones de este palo. Pausa para llorar.

Hasta aquí todo bien. Pero con “Nuclear” vuelve el Leiva excesivamente pop de los últimos años que a veces aburre y otras parece que tiene la fórmula del éxito. No en vano, es el artista español que ha firmado un contrato discográfico de cuantía más alta. A destacar aquí el sutil cambio de armonía entre la primera y la segunda parte del estribillo, que casi no se nota pero que engrandece la canción. Del mismo modo, “En el Espacio” sigue moviéndose por ese pop radiable, aunque la letra, que parece hablar de una especie de fantasma que vuelve de vez en cuando, es bastante loable.

Por su parte, “Como Si Fueras a Morir Mañana” tiene, que alguien me corrija si en alguna entrevista el señor Conejo lo desmiente, una importante correlación con aquella carrera a nado para la historia del cine que se echaban los hermanos Vincent y Anton en Gattaca (1997). Una lucha contra uno mismo que siempre ganaba el hermano imperfecto y humano, porque nunca guardaba energía para darse la vuelta. Éste podría ser un poco el mensaje de la canción.

Brillante producción y brillantes estribillos

Escuchar a Leiva se ha convertido en un placer culpable que cada vez resulta más fácil de confesar. ¿La razón? En este disco se aleja de su parte más ‘radiofórmula’ y presenta un trabajo sólido, con grandes estribillos y un rock más moderno que le sienta de maravilla.

Seguimos bordeando la “Costa de Oaxaca”, un homenaje a su amigo Sabina y una de esas canciones que a Leiva le encanta meter en sus discos; inesperada, parece que no pinta nada ahí, pero acaba encontrando su lugar con las escuchas. Muy en sintonía con aquella “Por Delicadeza” que cantaba junto al de Úbeda en su último álbum y muy emparentada melódicamente, en la estrofa, con “Peor Para el Sol”. Mención especial para el solo de piano y el redoble de paso de Semana Santa. Parece que hay un muchachito nuevo al que le gusta esto de experimentar.

La siguiente colaboración habría estado genial, si no fuera por Bunbury. Abro paraguas, pero me parece personalmente el tipo más sobrevalorado de la música en España (al ladito de Loquillo, aunque éste al menos tiene buenas canciones). Es escuchar la voz engolada del aragonés y sufrir un gatillazo irreparable. Y eso que “Godzilla” tenía las papeletas para ser una de las mejores piezas del LP, quizá un poco lenta, pero con un estribillo brutal (y no sé cuántos van en este «Nuclear”).

Para finalizar, tenemos eso que tanto le gusta hacer a Leiva. Una de cal y otra de arena. “A Ti Te Ocurre Algo” es una canción potente y autodestructiva que tiene un poco (en el buen sentido) del «Baba O’Riley” de The Who. Pero… ¿y la de arena? Una balada para dejar llegar el final del disco como ese trozo de madera que llega a la costa. “El Gigante de Big Fish” tiene una historia que mejora lo que es la canción en sí misma, tal vez un tanto ramplona y que no termina de romper, pero bueno, supongo que es una elección coherente para echar el cierre.

Terminado el disco, llega el momento de poner la nota. Y me pasa lo mismo que cuando escucho, en secreto, los últimos discos de Fito Páez o aquella colección de éxitos de Camela. Y lo mismo que cuando aprieto los puños muy fuerte e intento que se me vaya de la cabeza eso deyo sólo pido pausa”, o cuando disfruto de la electro-samba en japonés de Capsule o de alguna canción de Ricardo Arjona o Alejandro Sanz. Siento un placer culpable. Una voz en mi cabeza que me dice: a la mayoría de gente en España le gusta Leiva y a la mayoría de gente en España le gusta el PP, Gran Hermano y la tortilla con cebolla. ¿No serás uno de ellos? Yo, derrotado en el sofá, respondo que sí. Que me encanta escuchar a Leiva.

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