Beirut

Beirut –
Gallipoli

En general y a pesar del esfuerzo de reinvención que trata de hacer Zach Condon, prevalece la sensación de estar ante canciones algo anodinas. Desde los mariachis pisando fuerte en "Varieties of Exile" hasta las bellas resonancias electrónicas en "When I Die" o "Landslide", "Gallipoli" suena a la marca registrada de la banda. Beirut empapan este disco del sonido que han venido cultivando en la escuela berlinesa y la soleada Italia, dejándonos esta última referencia como unas agradables vacaciones de verano.


Habiéndose gestado a caballo entre Nueva York y Europa durante los últimos cuatro años, los Beirut de Zach Condon están de regreso con “Gallipoli”, un quinto trabajo de estudio en el que ofrecen su repertorio más emotivo hasta la fecha.

Desde aquel decente aunque un tanto descafeinado “No No No” (2015) han pasado cuatro años. En ese tiempo más que prudencial, Beirut se han adentrado en nuevos terrenos sonoros (lo cual es de agradecer), pero sin renunciar a su esencia más pura. En “Gallipoli”, Condon continúa enmarcado en su zona de confort: indie-pop de reminiscencias barrocas y balcánicas, aunque en este caso llena su pasaporte de sellos y retoma la inquietud por la experimentación con las músicas del mundo, tal y como ya hizo en sus primeras obras.

Música global como base de experimentación sonora

En “Gallipoli”, Zach Condon continúa enmarcado en su zona de confort: indie-pop de reminiscencias barrocas y balcánicas, aunque en este caso llena su pasaporte de sellos y retoma la inquietud por la experimentación con las músicas del mundo, tal y como ya hizo en sus primeras obras.

Sin agudizar mucho los oídos percibimos evidencias de sonidos auténticamente europeos con su clásico teclado Farfisa y la introducción de un sintetizador Moog que dota a su música de texturas modernas a la par que folclóricas. Sin duda, el Berlín más electrónico ha encandilado a Condon.

Tampoco quieren perderse la fiesta los vientos mariachis, omnipresentes en la discografía de Beirut. Condon siempre ha tenido algo con las músicas balcánica y mexicana. Y no es una mezcla tan extravagante como pueda parecer. A finales de los noventa, en “In The Aeroplane Over The Sea”, Neutral Milk Hotel también hicieron un guiño a la música étnica tiñendo su indie-rock con ritmos balcánicos.

La elegancia instrumental de “Gallipoli” hace que lo disfrutemos con la misma relajación que una brisa estival. Y esta amplia variedad de elementos sonoros son encajados con precisión orquestal por Gabe Wax, séptimo ‘miembro’ de la banda, quién coge nuevamente las riendas de la producción.

Fotografía: Olga Baczynska

Una combinación lograda de arreglos instrumentales dispares

La música de Beirut es como esa fotografía borrosa que te hiciste con tus amigos en unas vacaciones mochileras inolvidables y que recuerdas gracias a ella. “Gallipoli” no es ninguna excepción y nos hace viajar a lugares maravillosos desde nuestra propia casa.

Sin más preámbulos, subámonos a bordo de la nave “Gallipoli”.

El disco da el pistoletazo de salida con “When I Die”. Al escucharla, me vienen a la mente ecos dream-pop de The Radio Dept. con ese órgano ambiental. Unos vientos magníficos también toman protagonismo gracias en su totalidad a Zach Condon, quien se ha encargado de la mayoría de instrumentos en casi todas las pistas del trabajo.

Una sección que brilla de nuevo en el tema homónimo, idea que les sobrevino al presenciar una procesión en la ciudad italiana. Tras “Gallipoli”, nos sumergimos en un mar de ukeleles y cuerdas en “Varieties of Exile”, que súbitamente se hacen a un lado para dar entrada a los vientos hacia el final. Proseguimos nuestro viaje por el globo con “On Mainau Island”, un interludio instrumental repleto de silbidos electrónicos que actualizan de alguna manera el característico sonido de Beirut.

Las piezas centrales “I Giardini” y “Gauze für Zah” son quizás las canciones más desiguales del disco, con un piano resonante y una percusión insatisfactoria que se extienden demasiado y provocan cierta fatiga.

Sin poder sacudirse la sensación de música de fondo

A veces, el uso intensivo de los ritmos electrónicos de estilo vintage dejan al disco en la frontera entre lo ‘moderno’ y el hilo musical de ascensor; unas ínfulas artísticas que acaban pasando factura a la calidad global de “Gallipoli”.

No obstante, “Gallipoli” recobra fuerza con los interesantes ritmos baleares de la ambiental “Corfu”, una pieza instrumental breve que incluye un uso muy convincente de los teclados. El momento culmen de “Gallipoli” llega con “Landslide”, un tema cargado de Farfisa y Moog que remite directamente al Brian Eno de los setenta, sin cuyo trabajo no hubiera sido posible lo que hoy conocemos como ‘La trilogía de Berlín’ de David Bowie.

Le sigue “Family Curse”, un tema también con ecos al Eno de los setenta que trata las dinámicas familiares, pero con poca profundidad y relevancia. Lo que sí es realmente atractivo en esta pista es el uso de un loop de una caja de ritmos vintage que te hace flotar entre nubes de vientos y teclados. Finalmente, “Gallipoli” cierra con tres piezas de gran belleza, bien facturadas y que se mueven por las coordenadas habituales de Beirut: “Light in the Atoll”, “We Never Lived Here” y “Fin”. En las dos primeras, además, aparecen Kyle Reznick y Ben Lanz a la trompeta y el trombón, respectivamente.

Viviendo en los días de gloria del indie-folk

A pesar del trabajo de innovación que ha realizado Condon en “Gallipoli”, lo que termina saliendo a la superficie es un álbum cargado de buenos efectos retro sacados directamente de los años setenta pero falto de frescura.

Así pues, “Gallipoli” se compone de doce canciones enormemente hermosas y profundamente melancólicas que, aun siendo un tanto depresivas, contienen un principio de esperanza. Porque la música de Beirut es como esa fotografía borrosa que te hiciste con tus amigos en unas vacaciones mochileras inolvidables y que recuerdas gracias a ella. El álbum nos hace viajar a lugares maravillosos desde nuestra propia casa.

Beirut siempre permanecerán enraizados a 2006, año en el que se publicó su primer álbum de estudio («Gulag Orkestar”). No hay nada negativo en seguir haciendo música que permanece anclada a un momento cultural que ya ha pasado. Sin embargo y a pesar del trabajo de innovación que ha realizado Condon aquí, lo que termina saliendo a la superficie es un álbum cargado de buenos efectos retro sacados directamente de los años setenta pero falto de frescura.

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